En un numero
anterior de Velero 25 (marzo 2005) nuestro colaborador Daniel Salvo
hacia una reseña de En
Çiron vuelan, ahora Daniel Mejía revisita la novela de
Delany y nos entrega un interesante análisis de la misma y los
relatos anexos que redondean ese universo.
Creemos que es interesante mostrar estas dos visiones antagónicas de
una misma obra, lea y saque su propia conclusión.
Samuel “Chip”
Delany (Nueva York, 1942- ) es un autor fuera de lo usual. A lo largo de
los años nunca se ha dejado encasillar como tantos otros de su
generación. Podría decirse que es el J.G. Ballard de los USA. Chip
Delany comenzó a escribir desde los 20 años ciencia-ficción y ha ganado
numerosas veces el Hugo y el Nebula a si como otros premios. Su labor ha
variado de autor de CF, con obras que defienden otras posiciones
sexuales a crítico literario y profesor de letras en diversas
universidades de los USA por más de 11 años. El no escribe por escribir.
Escribe por una razón, escribe porque es escritor; ha explorado a fondo
las consecuencias del lenguaje y lo que implica ser humano en sus
novelas tanto eróticas como de CF y en este trabajo suyo, uno de los
primeros y últimos que ha hecho, por paradójico que parezca (al ser uno
de sus primeros manuscritos, hecho en colaboración con el desaparecido
Jim Sallis, pero que solo vio la luz décadas después) explora un tema
tan de actualidad como lo puede ser la pérdida de inocencia de un pueblo
ante dos civilizaciones mas avanzadas.
En En Çiron vuelan
(1993), se nos introduce a una cultura primitiva: Çiron, que ni siquiera
es pastoril o cazadora-recolectora. Es una especie de paraíso digno de
Jean-Jaques Rosseau; pero ese paraíso está en peligro. Una sociedad
“avanzada”: los myetranos, quienes amenazan con llevarlos a la
extinción, impulsados por un loco afán de poder y expansión militarista
digna del III Reich. Debe comprenderse que todo esto es una especie de
fábula moderna, al entenderse que los postulados básicos de donde parte
Delany para Çiron son imposibles, pero lo que lo amenaza no lo es. Es la
locura imperialista que en los últimos tres siglos ha destruido
civilizaciones enteras en nuestro mundo. Es la expansión del modelo
imperialista que hoy podemos ver en Afganistán, Irak o Palestina. Es la
creación de un imperio. Y como todo imperio que se digne, Myetra está
corrupta hasta la médula. Solo piensa en el “ideal”, se vive y se muere
por el “ideal” pero no se lo cuestiona ni por un momento. Aquí entrará
un tercer bando: los Alados, una especie no humana que revela a los
Çironianos conceptos tales como el dinero, Dios y el asesinato, que
terminarán su edad de oro y los introducirá en la “civilización” como
tal, destruyendo un paraíso, que no podía permanecer aislado para
siempre. Y en su tristeza melancólica, Delany nos da pistas que ese
proceso ha pasado muchas veces a lo largo de la locura myetrana de
expansión.
Con los cuentos cortos: Ruinas y Regreso a Çiron, Delany
complementa la obra y nos introduce ya en la “civilización” de ese
mundo, a través de los ojos de una aventura howardiana, pero sin un
Conan que la complemente (¡gracias al cielo!); y el descenso a los
abismos de un antropólogo que investiga la civilización Alada. Cuentos
muy recomendables por cierto.
Pero volviendo a la novela corta, la verdadera tragedia colectiva no es
la posible destrucción de Çiron físicamente, sino la destrucción de su
espíritu pacifista. Como sus habitantes que no les interesaba otra cosa
que la vida en comunidad y el vivir en paz consigo mismos, día a día, se
vuelvan verdugos más crueles que sus antagonistas por la mera
supervivencia. En ese sentido es una gran novela corta trágica que nos
narra el colapso espiritual de un pueblo. Después de todo el camino al
Infierno está pavimentado de buenas intenciones…como las de los Alados.
La obra se puede enmarcar dentro de su periodo “mitológico” al ser un
cuento moral sobre la pérdida de la inocencia como proceso para entrar a
un mundo más complejo de reglas más abstractas. Y por lo tanto también
puede verse como un pasaje por ese infierno que llamamos adolescencia.
Como la inocencia infantil es reemplazada por el cinismo y la
indiferencia a pesar de las mejores intenciones de los padres y como el
individuo es asimilado en la sociedad. Luche quien luche, siempre gana
el colectivo.
En cierto modo Delany puede verse en esta obra de juventud como un
cínico al retratar el mundo moderno mediante esta fábula moral, pero
también como un gran visionario de la destrucción de las pequeñas
culturas por el mundo occidental.
Y puede aplicarse esta historia a toda la noción occidental sobre el
“progreso”. Si para los myetranos, la conquista era su ideal que les
llevaba a destruir toda forma de vida que no fuese la suya, ¿somos
nosotros los "modernos" mas santos? ¡No! Hemos destruido y seguimos
destruyendo a las civilizaciones selváticas, aquí no más en el Perú.
Incluso en nuestro afán de progreso, hacemos remodelaciones urbanas
totalmente absurdas que serán reemplazadas por remodelaciones
posteriores con una visión a corto plazo que asusta. Negamos nuestros
orígenes por seguir el “ideal” y por lo tanto nos negamos a nosotros
mismos. Los verdaderos Çironianos del cuento y como termina su historia,
se plasman en nuestro enloquecido mundo. Desearíamos que alguien nos
salvase…pero no hay Alados en esta historia, lo siento.
De nosotros depende que el paraíso se pierda o se restablezca. De
nosotros.
© Daniel Mejía, 10-07-2006
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