Algún tiempo atrás,
estaba yo viajando por el estado de Morelos en México central,
buscando el lugar de nacimiento de Emiliano Zapata, el pueblo de
Anenecuilco. Me detuve y pregunté a un campesino, cuan lejos estaba
el pueblo. Él contestó que "Si usted hubiera salido al alba, estaría
allí ahora." Este hombre tenía un reloj interior que marcó su propio
tiempo y el de cultura. Para los relojes de todos los hombres y
mujeres, de todas las civilizaciones, no es la misma hora. Uno de
las maravillas de nuestro globo amenazado es la variedad de sus
experiencias, sus recuerdos, y sus deseos. (Yo con Otros,
199)
Un devoto de empresas narrativas
enciclopédicas y un entusiasta de laberintos intelectuales como Jorge Luis
Borges,(1) Carlos Fuentes tiene su propio reloj interior. Completamente
bilingüe y bicultural, él nació en la Ciudad de Panamá en 1928, pero fue
educado en Washington, D.C., Buenos Aires, y México. Formado en el ritmo de
dos civilizaciones diferentes, la hispana de América Latina y la anglosajona
de los Estados Unidos, ese ritmo, se enmascara o manifiesta y a menudo
aparece en su ficción.
La oposición entre el tiempo histórico y mitológico, podría decirse que es
su obsesión artística primaria. Maestro del pastiche, entre los géneros
populares que él acaricia están los de detectives y espías. Cada vez él
trata de ellos en su ficción hace uso de anacronismos, prolepsis, y
anticipaciones en el argumento. Narrar el argumento de una manera lineal,
parece, un imposible en él. Los personajes se ven en los eventos futuros,
sueñan los acontecimientos venideros, y viajan a través del tiempo para
entender su papel en la sociedad. A Fuentes le gusta poner la sucesión
natural de cosas al revés. En El Aura (1962), una novela corta que
incorpora el arte de Henry James y un abierto tributo al satírico del siglo
XVII Francisco de Quevedo, un historiador descubre los diarios de un
lugarteniente revolucionario para encontrar que él es una reencarnación del
héroe de guerra. La voz narrativa usa el tiempo futuro ("Usted abrirá la
puerta.... ") para crear un mosaico suplicante de presente, pasado, y
futuro. La muerte de Artemio Cruz (1962) es una recolección de las
cosas pasadas desde un punto de vista futuro. Y en la extensa novela
Terra Nostra (1975), un narrador anónimo viaja de 1492 en América a 1992
en París investigando el impacto de la civilización ibérica en el llamado
Nuevo Mundo. Como el campesino con el que habló en Morelos, Fuentes parece
ver a México como una nación enamorada con el tiempo mitológico, con su
reloj puesto fuera de la historia.
Todavía a pesar de su ambiciosa y duradera preocupación acerca del tiempo,
en ninguna parte en su obra se puede encontrar un tributo explícito o
incluso un comentario profundo sobre la CF, una tradición literaria que es a
él como un territorio alienígena (2). Nombres como Julio Verne, J.G. Ballard,
Philip K. Dick, o Frank Herbert no están en su vocabulario; a sus ojos ellos
son totalmente extranjeros, incompatibles con el arte serio. En su escritura
crítica él ha alabado a menudo a Borges a quien ve como un mentor querido;
el cuento neoplatonico argentino, "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"
(1940), un clásico de CF, es uno de sus relatos favoritos. Y él es un
re-lector fiel de Adolfo Bioy Casares autor de la sorprendente novela de CF
La invencion de Morel (1941), una adaptación de la novela de H.G.
Wells La isla del Dr Moreau. Pero eso es hasta donde él ha llegado.
Su obsesión es el pasado de México y su idiosincrasia, desde la derrota de
los aztecas por los conquistadores en 1525 hasta el peligroso y volátil
clima político y económico del presente. Él es y era un amigo fiel de Kurt
Vonnegut e Italo Calvino, dos practicantes nada convencionales de CF, pero
su falta de interés en la ciencia y tecnología y su adhesión a un tipo de
naturalismo a lo Balzac, hacen de Fuentes un realista, con el ojo puesto en
el cambio social y político.
En esto él es típicamente mexicano. Comparado a Argentina dónde un número
considerable de novelas e historias del futuro han aparecido desde los años
cuarenta, México tiene poco para estar orgulloso en cuando a creatividad en
CF. Preocupados más con la historia trágica de México que con su posible
futuro, los autores mexicanos han escrito loables narrativas de SF a lo sumo
una docena, incluyendo Cerca del fuego (1986) de José Agustín, Al
norte del milenio (1988) de Gerardo Cornejo, Gran teatro del fin del
mundo (1989) de Homero Ardjis, y la colección de relatos La sangre de
Medusa (1958) de José Emilio Pacheco (3). Unos podrían decir que no es
que el género este menos desarrollado en México y el hemisferio del sur sino
que se promueve de un modo diferente. Es decir, una nueva definición tiene
que ser acuñada para entender cómo luminarias como Amado Nervo se acercan al
tiempo y al conocimiento. El legendario Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo
(1955) y El llano en llamas (1953) exploró los mitos en sus cuentos
cortos y largos. Y lo mismo hicieron Agustín Yáñez, Elena Garro, Inés
Arredondo, y otros escritores del siglo XX. El mito en lugar de la ciencia:
ellos logran el viaje en el tiempo sin tecnología; penetran territorios
distantes por medio de un truco mágico o bebiendo un elixir milagroso;
exploran el pasado y los eventos futuros desde un punto de vista actual.
Ciertamente no pertenecen a la tradición de la CF, pero sin duda alguna han
pedido prestado sus elementos característicos. Fuentes también pertenece a
esa lista.
Aunque el arte de Stanislaw Lem e Isaac Asimov no le interesan, en la obra
de Fuentes es útil distinguir entre escritura de CF y mítica (también
llamada "realismo mágico" al hablar de Gabriel García Márquez, Isabel
Allende, o Salman Rushdie). El primero, como define Darko Suvin, esta
marcado por la interacción de lo "extraño" y lo cognitivo y tiene como su
dispositivo formal principal a una alternativa imaginativa en el argumento,
que esta ligado empíricamente al ambiente del autor (4), el otro es una
exploración de elementos tomados como expresión y por consiguiente
simbolizan implícitamente, ciertos aspectos profundamente misteriosos de la
existencia humano o transhumana. A veces las dos se entrelazan, pero es no
obstante obvio que nosotros estamos tratando aquí con dos modos diferentes
de literatura: una tiene relación con alguna clase de conocimiento
científico, la otra esta envuelta con las verdades absolutas. No es por
consiguiente casual que la América debajo del Río Grande prefiera esta
última mientras las naciones industrializadas prefieran la anterior.
Una interesante mezcla entre estos dos tipos de literatura pueden ser
hallados en la sólida pasión de Fuentes por la literatura utópica. Sus
futuristicas visiones del mundo hispano como una geografía constantemente al
borde del caos son evidentes en sus ensayos, y en las novelas como Terra
Nostra, y en las obras e historias (5). Un revisionista por excelencia,
sus trabajos también incluyen una novela Rabelaisiana y anti-utópica,
Cristóbal Nonato (1987) (6), interesado con un armagedon en un futuro
cercano, una visión de un mundo horrible como un prospecto de la evolución
sociobiologica de la humanidad. Ubicada a unos seis años después de su
publicación (en 1992) es una parodia de los días obscuros del México por
venir. Según Fuentes, por entonces la nación estaría viviendo bajo un
régimen totalitario derechista que controla casi todo, desde la maquinaria
burocrática al sistema reproductor de cada ciudadano. Yuxtaponiendo
comentarios en temas diversos como la psicología, metafísica, filosofía,
sexo, política, y gastronomía con un estilo carnavalesco que agradara a los
seguidores de Mikhail Bahktin, el ruso formalista, Fuentes hace a los mitos
y las figuras históricas del México contemporáneo, como la Virgen de
Guadalupe, el antropólogo Fernando Benítez, y el actriz María Félix,
desfilar a través de las páginas; y como el Gran Hermano de George Orwell,
una figura femenina mítica, parte Mae West, parte Eva Perón, y parte Santa
María, tiene el poder de la ubicuidad.
Al principio de Cristóbal Nonato, el México que conocemos ha sufrido
varias transformaciones drásticas. Después del terremoto de 1985 y un no
especificado "desastre mayor" de 1990, un presidente clerical gobierna y la
política permanece como en el pasado. La superpoblación es aceptada, no
descorazona. Pero sobreenfatizando el simbolismo de un manojo de mitos y la
realidad anárquica del futuro descrito, Fuentes ridiculiza el presente de
México. El gobierno, por ejemplo, está patrocinando ahora un concurso
nacional para encontrar a un nuevo líder:
A QUIEN PUEDA
INTERESAR. El niño nacido precisamente al golpe de medianoche del 12
de octubre, y de quien el nombre familiar, no incluyendo su primer
nombre (sin decir que el muchacho se llamara Cristóbal) la mayoría
se parece al Navegante ilustre, se proclamará HIJO PRÓDIGO DE LA
NACIÓN. Su educación la proporcionará la República y en su
decimoctavo cumpleaños él recibirá las LLAVES DE LA REPÚBLICA, el
preludio para asumir la posición, a la edad de veintiuno, de REGENTE
DE LA NACIÓN, con los poderes prácticamente ilimitados de elección,
sucesión, y selección. ¿Por consiguiente, CIUDADANOS, si su nombre
familiar es Colonia, Colimbia, Columbario, Columba, o Paloma,
Palomares, Palomar, o Santospirito puede ser—¿por que no?—Genoves
(¿quién sabe? quizás ninguno de los mencionados ganará, y en ese
caso EL PREMIO ES SUYO), preste atención: ¡MACHOS MEXICANOS, PREÑEN
A SU MUJERES ENSEGUIDA! (67)
Siempre semejante a los narradores
excéntricos, Fuentes desarrolla el argumento desde el punto de vista de un
embrión —Cristóbal, un descendiente obvio del marinero (7) Genovés que
nacerá durante el quinto centenario de la llegada de Colón a las Bahamas.
Con esta premisa imposible, la historia cuenta la vida de Cristóbal y sus
opiniones durante los nueve meses de su gestación. Después de un preludio
breve ("yo me Creo"), cada uno de los nueve capítulos ("La Patria" Dulce,
"La Familia Santa, "Es una Vida Maravillosa", "Festivo Intermezzo", "Cristobal
en el Limbo", "El Huevo de Colón", "Accidentes de la Tribu", "La Patria de
ningún hombre", y "El Descubrimiento de América") pintan su desarrollo
anatómico precoz. El niño nonato juzga y condena, investiga y refleja,
discute sus intereses personales (la mitología precolombina, la Revolución
Socialista de 1910, y muestra los negocios del presente), sin comprometer su
posición privilegiada en la vida como el narrador omnipresente.
Sobre nacer, Cristóbal pondera su futuro austero como un ciudadano de
México, una nación "fea", medio-azteca, medio-español, con una identidad
colectiva irresoluta,. Él se pregunta si el nacimiento debe evitarse.
Fuentes, maestro del arte mítico (realismo mágico) de escribir, se aprovecha
de la tradición literaria anti-utópica para advertir contra un futuro
molesto, pero ninguno molesto debido a los efectos del cambio tecnológico.
Por su reloj interior, México deviene en una sociedad terriblemente enredada
debido a los políticos corruptos: ellos son los payasos a ser apuntados con
precisión por su mala conducta, no los científicos. El desorden prevalecerá.
El conocimiento será insignificante porque lo que importará es el poder
burocrático y un juego de verdades absolutas. México 1992, como visto en
1987, no será un experimento en la sociología pero si una pesadilla
gubernamental.
Durante su carrera, Fuentes ha mostrado una predilección hacia los
narradores maníacos siempre al filo de la navaja y por los monstruos
físicamente transformados. En Cambio de piel (1967), por ejemplo,
Freddy Lambert, un personaje marginal, describe toda la acción. Él es el
creador y juez, antagonista y ejecutor, de los personajes mayores, dos de
los cuales acaban por ponerlo en un asilo. El narrador de Terra Nostra
esta encantado con la religión, el milenarismo, y la resurrección. Y en
La cabeza de la hidra (1978), el fantasma Timón de Atenas controlara a
los protagonistas a través de los trucos del sadomasoquismo. Cristóbal
nonato puede verse como la culminación de esa tendencia: el flujo mental
del embrión es intenso, desorganizado, difícil de seguir. . . , nadie se
atrevería a pedirle lógica a tal entidad. La artificialidad, así, es el tono
de la novela: todo es literario, todo improbable e irreal —un objeto de
sátira. Los chistes pasan principalmente por los trabalenguas y los juegos
idiomáticos. Las pirotecnias verbales, citas descaminadas, y una acumulación
de referencias culturales le permiten a Fuentes pintar las insuficiencias
obvias del embrión para escribir, decir, ser. Por consiguiente, las palabras
se vueltas un laberinto Joyceano, un espejo que reproduce el caos del mundo
exterior (8).
La obsesión de Fuentes con el tiempo se expresa en Cristóbal nonato
de un modo diferente. Un tributo indirecto a 1984 de Orwell, La
maquina del tiempo de H.G. Wells y Un mundo feliz de Huxley, esta
novela revisionista es una historia del futuro vista desde el Tercer Mundo
—sin ley, sin sentido, una travesía entre CF y mito, una exploración de
verdades absolutas que simbolizan aspectos profundamente misteriosos de la
psique mexicana se presenta en una realidad caótica fuera del entorno
inmediato del lector.
Bibliografía
-
Juan Manuel Marcos,
"La fuente de Borges, el Borges de Fuentes, las fuentes de Fuentes,"
La obra de Carlos Fuentes: Una visión múltiple, ed. Ana María
Hernández de López (Madrid: Pliegos, 1988), 349-54; Britt-Marie
Schiller, "Memory and Time in The Death of Artemio Cruz," Latin
American Literary Review 29:83-103, Jan 1987); and David L.
Middleton, "An Interview with Carlos Fuentes," The Southern Review
22:342-55, Spring 1986.
-
Fuentes' "Borges in
Action," Myself and Others (NY: Farrar, Straus & Giroux, 1988),
140-59. I dealt with the Argentine’s interest in SF and the future
in my essay "Borges and the Future," SFS 17:77-83, #50, March 1990.
-
También gran numero
de historias de alta calidad han sido escritas por: Adriana Rojas,
Mauricio José-Schwartz, Federico Schaffler, y Héctor Chavarría.
Existe una antología en dos volúmenes editada por Schaffler: Más
allá de lo imaginado (Mexico: Tierra Adentro, 1991). Ver mi reseña,
SFS 19:263-65, #57, July 1992.
-
Darko Suvin's
Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a
Literary Genre (New Haven: Yale University Press, 1979), 7-8.
-
Para un estudio del
tiempo en otros títulos, vea: Malva E. Filer, "A Change of Skin and
the Shaping of Mexican Time," Carlos Fuentes: A Critical View, ed.
Robert Brody and Charles Rossman (Austin: University of Texas Press,
1982), 121-31; Debra A. Castillo’s interview with Fuentes, "Travails
with Time," The Review of Contemporary Fiction 8:153-67, Summer
1988.
-
En mi ensayo-reseña
—"The Life of an Embryo," The American Book Review 12:8-9, Sept-Oct
1990—I argue that Fuentes’ novel is a conscious homage to Laurence
Sterne's The Life and Opinions of Tristram Shandy, Esq. (1759-1766).
Tambien vea Julio Ortega, "Christopher Unborn: Rage and Laughter,"
The Review of Contemporary Fiction 8:285-91, Summer 1988.
-
Analizo la
imaginería colombina de la novela de Fuentes en: Imagining Columbus:
The Literary Voyage (NY: Twayne, 1993), 111-14.
-
Although a good
rendering of the Spanish text (Mexico: Fondo de Cultura Económica,
1987), the English translation by Alfred MacAdam and the author
reshaped the original Cristóbal Nonato. Both versions end up being
extravaganzas written for academic readers. While a patient
examination contrasting them is yet to be written, a glance at the
tables of contents indicates their differences: the English version
is shorter, more versatile and dynamic; it eliminates some chapters
and reads without too many extraneous diversions.
Trabajos citados
-
Fuentes, Carlos.
Christopher Unborn. Trans. Alfred MacAdam in collaboration with the
author. NY: Farrar, Straus & Giroux, 1987.
-
Myself with Others:
Selected Essays. NY: Farrar, Straus & Giroux, 1988.
©
Ilan Stavans, 1993.
Carlos Fuentes and the Future;
Science Fiction Studies
#61 Volume 20, Part 3 November 1993
Traducido por: Víctor Pretell
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