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Basada en la saga de novelas de Sergei
Lukyanenko, Guardianes de la Noche (Nochnoi Dozor, 2004) es una nueva
incursión en lo sobrenatural cotidiano.
La historia se inicia con una batalla campal, en tiempos muy lejanos, aunque
la apariencia de los participantes da la impresión de ser medieval.
En esta batalla, los ejércitos de la luz y la oscuridad se enfrentan en una
sangrienta lucha sin cuartel, en la que ninguno es vencedor, y tras la cual,
como una especie de pacto, se establece el sistema de la Guardia Nocturna y
la Guardia Diurna, como las fuerzas que equilibran la balanza entre los
seres sobrenaturales (llamados otros en esta producción) así, las fuerzas de
la oscuridad forman parte de la guardia diurna (que conduce autos de lujo y
cuya apariencia denota una vida de opulencia) y, análogamente, los miembros
de las fuerzas de la luz forman parte de la guardia nocturna, que, haciendo
honor a su denominación, forma parte de la compañía de luz de la ciudad.
De vez en cuando, un ser humano cualquiera demuestra aptitudes de ser otro,
cual es el caso de protagonista de esta historia, Antón Gorodetsky (Konstantin
Khabensky) quien, al visitar una hechicera para hacerle perder a su ex
pareja el hijo que habían concebido, ve el ritual interrumpido por la
aparición de tres miembros de la guardia nocturna, a los que puede ver.
Siendo asimilado a sus filas casi de inmediato.
Varios años después, Antón es un cuerpo andante por las calles de Moscú, sin
motivaciones ni deseos y un trabajo, que por más sobrenatural que sea, lo
deja profundamente frustrado. Curiosamente, su vecino Kostya (Alexei Chadov)
un vampiro (nombre que también llevan los “otros” de la oscuridad) es una de
las pocas personas con las que habla, a pesar de la evidente rivalidad entre
sus bandos y de la declarada enemistar de su padre (Valeri Zolotukhin).
Al mismo tiempo, existe la profecía acerca del otro por encima de todos
(bastante semejante al mito mesiánico) siendo entonces cuando se decidirá la
suerte del mundo de los otros, al ver hacia que lado de la balanza se
inclina la decisión de este otro. Además, la profecía menciona una señal, la
aparición de un vórtice, una persona que concentre una enorme cantidad de
energía negativa, causada por la maldición de otro (esto basado en una
leyenda bizantina) a la que, cazando a un vampiro, Antón encuentra.
Esto es el inicio de una historia que se desenvuelve a una velocidad
vertiginosa, en la que los efectos especiales están a la orden del día, y
son notorias las animaciones computarizadas en 3D, cuya calidad supera a la
media.
La trama progresa a marchas forzadas, poco a poco nos vamos enterando de los
diversos personajes y sus motivaciones, en la que una serie de elementos
repetidos constantemente a lo largo de la película (sobre todo la habitación
de Zavulon) dan a entender que hay un misterio mayor, de lo cual depende la
resolución de la trama.
El director Timur Bekambetov, hace buen uso de los recursos visuales, aunque
sus cuadros, restallantes de colorido y diversidad, no aportan demasiado a
la construcción de una historia coherente, jugando demasiado a asumir la
complicidad del espectador, lo mismo se puede decir del trabajo de
fotografía, a cargo de Sergei Trofimov, en la que se manifiesta una
abundancia de planos abiertos y close-ups que no ayudan a la historia, sobre
todo debido a la inexpresividad de los actores.
En resumen, una película que cumple con entretener –amenazando incluso
varias secuelas- y con un poco más, pero cuya historia y actuaciones, con un
trato mejor, podrían haber deparado un desenlace más satisfactorio tanto en
términos cinematográficos como de entretenimiento.
© Isaac Robles;
06-02-06.
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