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A mediados de los ochenta, vimos a Kyle
McLachlan (el Paul Atreides cachetón de Duna) actuar como el huésped
de un detective extraterrestre parecido a una babosa que se encontraba en
nuestro planeta dando caza a un feroz criminal de su especie (altairianos,
creo que se llamaban). La película se tituló The hidden, que en el
español televisivo se tradujo como El extraterrestre oculto. Si
pueden verla háganlo, es una muy buena mezcla de policial y ciencia ficción.
Lo mismo puede decirse de Persecución cósmica (Needle), novela
en la que – se dice- se basa el argumento de la película comentada líneas
arriba. Si bien hay puntos de contacto, no se trata de una adaptación.
La historia principia con el arribo y amarizaje forzoso del Cazador -llamado
así por que carece de nombre personal - , un policía extraterrestre cuyo
cuerpo tiene la apariencia de una masa coloidal, sin forma y prácticamente
incolora. Esta forma de vida es simbiótica, es decir (como si no lo
supieran) que necesita necesariamente de un huésped para sobrevivir,
moverse, ver y demás funciones. Ingresa primero al cuerpo de un tiburón, al
que dirige hacia la costa más cercana, la cual pertenece a una isla del
archipiélago de las Hawai. Para su fortuna, cerca del lugar hay un grupo de
muchachos jugando, y dado que deduce que se encuentra ante una especie
inteligente, decide “entrar” en el cuerpo del adolescente Robert Kinnaird, a
través de los poros de su pie. Por supuesto, dada la ética del Cazador, el
muchacho apenas advierte el ingreso del simbionte a su cuerpo.
Robert debe dejar pronto la isla para continuar con su educación escolar en
el continente, lo cual frustra los planes del Cazador de seguir buscando a
su presa en la isla. Inicia un metódico estudio del lenguaje y
comportamiento terrestre (norteamericano, diríamos mas bien), dado que se ha
propuesto comunicarse con su huésped.
Un accidente deportivo hace que Robert deba guardar reposo unos días, los
que son aprovechados por el Cazador para manifestarse ante su huésped. Lo
hará de la manera más singular: habiendo aprendido el alfabeto y gran parte
del lenguaje inglés, hará aparecer letras en los ojos de Robert,
oscureciendo determinadas áreas de sus pupilas (pan comido para un ser que
puede filtrarse en cualquier lugar del cuerpo). Una vez superado la
sorpresa, Robert decide cooperar con el Cazador.
Se inicia aquí un sorprendente argumento policial, con toques de buddie
movie o películas de compañeros. Además de simbiontes, la dupla
Robert/Cazador se convierte en una pareja de detectives al mejor estilo de
Starsky & Hutch, aunque esta relación carece del humor e irreverencia
de los personajes televisivos.
Así, la pareja de detectives compuesta por un hiperecuánime quinceañero
norteamericano y un policía extraterrestre sin forma inicia sus
investigaciones, y debo decir que, a partes iguales, tanto el seguimiento de
pistas como las deducciones a lo Sherlock Holmes son de lo más elaborado que
se pueda imaginar. El Cazador le ha informado a Robert que no hay forma de
descubrir a simple vista en qué cuerpo se encuentra su presa. Sin embargo,
es posible que ésta si se haya percatado de la presencia del Cazador en el
cuerpo de Robert. Además, varios de sus amigos empiezan a desarrollar
extraños comportamientos – uno de ellos se aficiona a la biología de virus,
conocimiento considerado como esencial para sobrevivir en la Tierra para la
especie del Cazador- . Otros manifiestan súbitos deseos de abandonar la
isla. Además, un perro ha desaparecido, hecho bastante extraño dado lo
reducido del lugar.
La pareja simbionte decide incorporar un miembro más al equipo, el doctor
Seever, médico local. Sus conocimientos especializados les darán a nuestros
detectives nuevas pautas de investigación.
Comienza entonces la etapa del “descarte”, es decir, la evaluación de los
posibles sospechosos de portar al enemigo, a quien el Cazador llama Matador.
Y como en las mejores novelas de detectives, la identidad del huésped del
Matador resulta ser una sorpresa total.
La novela toma un nuevo giro a partir de este punto. ¿Qué hacer con el
Matador? ¿Qué evidencias tiene Robert de que el Cazador esté diciendo la
verdad? ¿Qué pasará después, dado que ninguno de los extraterrestres puede
volver a su planeta?
Interrogantes que, por supuesto, se resuelven al final de la novela.
Excelente. Y comparto la admiración del Cazador respecto al padre de Robert
Kinnaird: lo ha educado muy bien.
© Daniel Salvo; 30-01-06.
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