Características que
distinguen a la colección de relatos:
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Facilidad para
conectar a través de datos actuales extrapolados con situaciones
catastróficas que devendrán casi inevitablemente sino cambiamos
nuestros valores y opciones frente a la realidad.
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Indisoluble
ligazón entre la temática futurista abordada y la realidad
concreta “tica” en un alarde culto que mezcla compromiso y
capacidad de observación con una intencionalidad decidida por
trazar un camino nacional para la CF.
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Investigación
sociológica como un constituyente imprescindible de la
investigación científica integral, adhiriendo a una de las más
potentes y actuales corrientes vinculadas al paradigma de la
complejidad.
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Aproximación
mediante lo que llamo el IEMA: imágenes integrales, enfoque
holístico, metodología sistémica y actitud prospectiva, a la
consecución de sus propósitos, que comparto en sumo grado.
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Filo irónico en
ocasiones irreverente que se filtra entre líneas o se convierte
en el motor impulsor de las peripecias.
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Discurso de
crítica sociopolítica que no deja títere con cabeza y demuestra
que la corrupción, la negligencia estatal, el poder económico,
el neoliberalismo, el imperio USA y la ignorancia generalizada
se confabulan para demoler la felicidad de la gente y las
innumerables posibilidades que se le abren a la humanidad para
mejorar intelectual y emotivamente.
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Gusto por la
luz y los espacios abiertos, por los ventanales que se abren
sobre los paisajes del infinito con una cierta vena ecológica y
ambientalista latiendo más o menos explícito.
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Latido de
nostalgia siempre presente no resuelto mediante la huída hacia
utopías pasadistas y melancólicas, sino enfrentándonos con las
manifestaciones del poder para exigirnos que de la complicidad
pasemos a abordar el vehículo de la conciencia.
Febrero 2034: Aparte de algún
que otro toque macondiano y de un cierto parecido a un relato de Elia
Barceló (no temáticamente hablando ni en el estilo, sino en la puesta en
escena, tomando en cuenta los elementos que se prodigan para crear la
sensación de escenario) tuve un conflicto con la imagen que aparece en el
relato sobre las PC, posee un cierto aroma sesentero, cuando creíamos que la
evolución sería por una ruta colosalista y con especialidades que nunca se
dio, no se vincula con los avances reales de la informática. El humor negro
socava y se instalan los nubarrones de la desesperanza, en este caso a
través de los suicidios colectivos como manera de protestar contra el
sistema electoral, evento quizás demasiado dramático para una acción que no
revela la condición humana o no expresa el valor de la existencia más allá
de la democracia (no se vive por elegir), la pregunta que acosa al lector
apunta a ¿por qué acontece ese fenómeno tan singular? Quizás por que en
Costa Rica los golpes de estado han estado ausentes de su historia, las
transiciones se han cumplido a rajatabla y no existe ejército. De allí que
para que el país no siga dando ejemplo de entereza y queja máxima con sus
propios cuerpos la ONU decide intervenir, el mal ejemplo podría cundir y el
mundo enfrentar una desbandada de proporciones épicas e imprevisibles. Las
jugosas notas explicativas del proceso tanto nacional como
internacionalmente sirven de contrapunteo a la decisión del protagonista que
como único interlocutor tendrá su programa digital y la inmensidad que se
abre frente a su balcón. Como aviso es potente: el grupo de poder “tico” no
tiene remedio, si se desea cambio habrá que refundar el país, las
intervenciones humanitarias de la ONU también son criticadas de soslayo y al
insertar a la clase dominante “tica” en el concierto de sus semejantes
mundiales parece trasladar a ellos también la incapacidad para captar el
anhelo de la humanidad y su ceguera condicionada por el aroma de la
ganancia.
Craks: No hubiera querido arrancar por el relato anterior,
pero debo respeto a la organización que quería darle el autor, como no
existen referencias de la fecha de su redacción doy por supuesto que ha
deseado imprimir un ritmo, plegar un mensaje mediante la sucesión indicada y
desplegarlo al correlacionarlo con el resto de la recopilación; así, aunque
he continuado por la huella trazada mi elección para iniciar la lectura se
inclinaría por este relato terso cual espalda de estrella y potente como un
ariete, que nos conecta con diversos autores, casi de inmediato salta al
recuerdo P.K. Dick y su Minority Report (sólo por lo que evoca pero
no por la intención de abrevar en su material, que no es homenaje), o los
adolescentes organizados en torno a la figura del conquistador Kuin en
Los Cronolitos de Robert Wilson, en un caso por el control preventivo
ejercido y en el otro por la ineluctabilidad aparente de su acontecer. Acá
además ligado a la figura del perpetrador, o quien tira del gatillo y del
entorno explicado mediante una mirada que busca integrar los fenómenos
planetarios, pero colocando como una rutilante cereza en lo alto de un tazón
de frutas las particularidades “ticas” sobre los procesos.
Los pandilleros juveniles a quienes alude el título abrevan en los
precedentes de los drugos de Naranja Mecánica (Anthony Burgess), y
quizás también en los grupos cyberpunks descritos por William Gibson en
diversos textos, o con los adolescentes transformados de Vitales (Greg
Bear) quienes por el contacto con nanomateriales y células madres adquieren
inmunidad frente a los impulsos de control de los poderes centrales. El
final reúne la tersura y la potencia en el recuerdo apenas esbozado de una
mirada.
Hazaña presidencial: Arranque prometedor, rompiendo un tabú
describe relaciones lésbicas derramando erotismo. Mientras algunas huellas
de Zardox (John Boorman) se empecinan en brotar entre las líneas, de
nuevo aparece flagrante la crítica social, tanto que en ocasiones casi
obtura la atención lectora, que empieza a cavilar más intensamente sobre las
brechas y diferenciaciones entre ricos y pobres y si deberían relacionarse
adecuada y armónicamente o desaparecer como antagonistas, en lugar de seguir
las peripecias de l@s protagonist@s; sin embargo, como ocurre con frecuencia
cuando un autor maneja su material, ese aparente desvío es para golpearnos
aún más duro en la sesera con otra idea: en este caso al poner de relieve la
relación que podría existir entre el hastío y el aburrimiento con las
acciones de rebeldía (como el profesor Urrutia lo señala en Aburrimiento,
rebeldía y ciberturbas). Luego deriva hacia un torrente de cinismo y
oportunismo desenvuelto por el bloque de poder en su afán de canalizar hacia
cauces provechosos lo acontecido y culmina con un desagradable y visceral
“perjuicio extremo”. Como siempre existe el nivel técnico necesario
(sistemas de seguridad, controles físicos y bloqueos virtuales) para tornar
creíble lo planteado, los personajes no son planos ni siquiera en su magna
malevolencia, pero no se trepida en señalar que siempre pulularán ejecutores
de menor cuantía para convertir las vacilaciones morales de los poderosos en
abono para la toma de peores decisiones posteriormente. Preñado de juicios
políticos y cargado de insolencia es profundamente reflexivo y bajo su tono
aparentemente ligero mantiene la tensión narrativa para que la desfachatez
no provoque asombro sino rechazo.
Peregrinos del Mar: los ecos de Harry Harrison (¡Hagan
sitio, hagan sitio!), de James Graham Ballard (Bilenio) y de
Brian Aldiss (Entorno Total) resuenan en esta terrible historia donde
el capital privado se ha apoderado de casi todo rincón terrestre con valor
paisajístico o económico. Una imagen potente que nos conecta con Futurama
de Matt Groening: “...un cielo tan colmado de aviones y naves espaciales
que, sólo por excepción se veía el titilar de alguna estrella”, da la tónica
entre desmesurada y apocalíptica por la que transitara este relato con
abuelo y recuerdos. El vertiginoso crecimiento del transporte probablemente
aunado al de la producción (con aparición de combustibles alternativos, por
que de no ser así la biosfera colapsaría) y sin abandonar la codicia como
aliciente han cerrado todo espacio y todo tiempo, la gente mora de prestado,
casi inútil, empobrecida y hacinada, concentrada en los ghettos de las
“sociedades de control” anunciadas por Deleuze y Guattari, en un mundo ahora
ajeno que fue para todas las especies, horrible visión de destrucción
ecológica y ambiental que da miedo por la forma como se adaptan y
sobreviven, se parece tanto a la actualidad que deviene creíble más allá de
la contundente invectiva de un testimonio donde se combinan angustiosamente
superpoblación y poder del capital privado.
La Miel de los Mudos: Impresionante a pesar de su brevedad,
deviene casi en una broma pero con regusto a tristeza, uno quisiera que
fuera más largo, no por algo lo eligió para título de la recopilación. Una
historia de “amour fou” con cronotraslado que puede observarse al fulgor de
Robert Silverberg (Rumbo a Bizancio o Por el tiempo), Poul
Anderson (Viaje al pasado o El hombre que llegó temprano) pero
sobre todo de Vagabundeos pálidos de Christopher Priest, con la
diferencia que la presentación del caso de Federico Zeledón debe mucho a los
protocolos de la investigación científica y sus informes. Su sociedad ha
estandarizado las visitas al pasado y establecido los reglamentos adecuados,
y como es imperioso para la fluidez mecánica de la pesquisa, ha eliminado
las posibles implicancias emocionales, que no por ello dejarán de acontecer,
ya que la realidad no se construye con edictos sino con acontecimientos
globales donde tod@s participamos de una manera u otra conectados por la
gran trama matricial del universo, evento que estallará cuando el aroma de
la belleza derramada por Yolanda, la depositaria de un enamoramiento que va
más de la época y la presencia se esparza sin tomar en consideración las
imperativas burocráticas… y entonces el lance: el misterio está servido y
combina con la delicia propia del panal los cronodesplazamientos y sus
paradojas, la investigación sociológica, y la nostalgia febril de un gran
amor no consumado que nos acribilla desde sus líneas (Connie Willis se
sentiría cómoda en este marco). Rinde discreto homenaje a “Gabo” al otorgar
al protagonista la personalidad falsa de un periodista colombiano: Gabriel
Márquez.
Finalis: ¡¡Tremendo!! La gracia humorística con que acompaña
sus droláticas descripciones es tan natural que caemos presos de las
palabras de Isaías, las cuales rompen el marco del encallecimiento en que
podrían quedar encerradas para nutrirse de la frescura del canalla que nunca
perdió por completo una cierta ingenuidad egoísta propio del período
narcisista infantil. Parece imposible que un ganador del Premio Nóbel (y en
varias ocasiones, tres para ser precisos) sea tan deslenguado y cínicamente
aprovechado, provoca una sensación de irrealidad -que no de extrañeza al
estilo Brechtiano- desde el inicio, con el objetivo de que el rechazo que se
gesta contra el personaje (o esa tendencia que tiende a fortalecerse a
medida que se desenvuelven las peripecias) transite hacia la comprensión de
que los iconos científicos también deben ser reconsiderados, por lo que no
hay hagiografía sino despliegue de características. Y son desagradables. Sin
embargo, me proporcionó material para varias carcajadas, el material
sicalíptico está tratado con tan exacta medida que sobreviene saleroso. Lo
notable es que combina lo anterior, ya de por si estimulante, con el
descubrimiento imposible de un artefacto en Marte proveniente del siglo XVI
(la caja de Erasmus Finalis con su poema) al estilo de Frederik Pohl (serie
Pórtico) o Arthur Clarke (Cita con Rama), o Gregory Benford (Ciclo
del Centro Galáctico) bebe de la sustancia maravillosa de la CF clásica.
Así que lo revelado, empieza a excitar, las papilas a secretar y las
neuronas a tejer imágenes, lo que demuestra que humor, sexo, investigación
científica y misterio trazan también las coordenadas de un excelente relato
de CF. Advierto que no soy lector de poesía pero la adjuntada para probar
las teorías de Finalis resuena a exploración espacial , armoniza con las
evocaciones propias de un viajero cósmico y presta un andamiaje de
verosimilitud al mecanismo del relato.
Premiére: No nos engañemos, esta viñeta demuele el apoyo
estatal a la producción cinematográfica si va uncida a la consecución de
propósitos formales y aceptables por “tod@s” y cercena la creatividad del
autor o la frondosidad compleja de su temática. Y además recorre la relación
entre literatura y cine, como distintos soportes cada cual con su lenguaje
específico que permiten recrear un tema. Critica además la adhesión a
modelos de aspecto primoroso pero vacíos de contenido, cual cascarones de
gasterópodos envilecidos por sucesivos hervores y alentándonos a tomar sus
aguas insípidas como si fueran deliciosas sopas. Se inserta rigurosamente en
la vida e historia de Costa Rica con un agregado que apunta al derecho de
asilo y solidaridad entre pueblos. Si añado que todo esto se expresa en tan
sólo cuatro páginas la prisa los acuciará a leerlo.
Despedida: Una carta breve e intensa que compendia las
relaciones de una pareja, puede ser dolorosa… o enaltecedora. Acá la
preferencia ha sido por la diatriba enmascarada de observación objetiva (una
vez más pasa por la criba el método científico aprovechando la redacción de
una carta inocua en su traza pero lastrada de venenoso contenido), y aunque
me adhiero a la visión de la esposa, por ese ¡Te extraño tanto! ligado a
“segunda oportunidad” acepto que su carta de despedida puede -como cualquier
protocolo de investigación- estar sujeta a variadas lecturas, y la
competencia profesional al interior de un matrimonio convertirse en
zancadillas y emboscadas epistemológicas. No cometo infidencia si amplifico
el espectro avisando que el divorcio se avecina.
Algodón de azúcar: Esta caricatura de retorno a una época
periclitada se torna un ejercicio de nostalgia inconsistente, frustrante,
blando y condescendiente, trata de ser bradburiano pero sólo llega a
semejarse a las telenovelas mexicanas (por lo lloronas) y donde Daniel Drode
metía fierro a fondo (En la superficie del planeta) o Dick mostraba
las entretelas del poder (La penúltima verdad), acá se inscribe en
refocilarse y clamar por las bellezas de la abominable década del 50, para
proponerla como el paraíso perdido. Comprendo o quiero comprender al autor,
pero en este o perdí el rumbo a la forma barrió la intención.
Catarata: Nuevo lamento, el tema daba para mucho más, pero el
laconismo sólo nos permite intuir lo que habría sido desplegado trabajando
con las referencias históricas y ecológicas, las explicaciones sobre las
paradojas temporales y el “genius loci”, la ampliación de lo ambiental como
sujeto indispensable de lo social, o la referencia a las puertas Qhal
propuestas por C.J. Cherryh en su serie sobre Morgana (La Puerta de Ivrel);
lo lesiona la brevedad, apenas dos páginas… y aún así tan evocadoras.
La carátula del libro basada en una foto del Álbum de Vistas de Costa
Rica de Fernando Zamora, refleja el encuentro entre esas dos realidades,
la del 1934 y la galáctica.
© Luís Bolaños; 15-01-05.
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