
¿Por que me enamoré de
Philip José Farmer (Peoria, 1918-)?
Simple, porque él es un genio.
Los primeros libros que leí de Farmer fueron Relaciones Extrañas
(1960) y Los Amantes (1961). A esos le siguieron Las Ballenas
Volantes de Ismael (1971), Dare (1965) y Noche de Luz
(1966), concluyendo con su no tan lograda hexalogía del Mundo del Río.
Y claro como olvidarlo, su relato ganador del Hugo: Jinetes del
Salario Púrpura (1967).
Aunque se que hay mucho de él que no he leído (mayormente por falta de
traducción) como The Green Odissey (1957), Time’s Last Gift
(1972), los cuatro libros finales de la saga del Mundo de los Niveles
-los dos primeros son El Hacedor de Universos (1965) y Las
Puertas de la Creación (1966) y los tres últimos son A Private
Cosmos (1968), Behind the Walls of Terra (1970), The
Lavalite World (1977) y More Than Fire (1993)- o The Other
Log of Phileas Fogg (1973), se que con el tiempo se le hará justicia
a uno de los autores más imaginativos y brillantes que ha dado el
género.
Farmer parece tener una obsesión casi fetichista con los personajes de
revistas pulp que poblaron su infancia. No en vano, ha creado el Mundo
de Wold Newton, en el que teoriza que la caída de un meteorito
radiactivo en la localidad inglesa del mismo nombre causó la llegada de
superhombres tales como Tarzán, Doc Savage, Sherlock Holmes y Mowgli a
nuestro mundo. E incluso da relaciones históricas y biográficas extensas
al respecto en las pseudo-biografías que dedico a Tarzán –Tarzan
Alive (1972)- y Doc Savage –Doc Savage:His Apocalyptic Live
(1973)- creando una especie de fanfic que se ha vuelto la obsesión de
muchos internautas, quienes han creado sus propias teorías sobre este
universo tan particular y han llegado a plasmarse en libro en Myths
for the Modern Age (2005).
Por otra parte, Farmer es un ser creativo, original y promiscuo hasta el
extremo: desde el complicado método de reproducción por sueño que
describe en Noche de Luz a la concepción del universo como una
célula de un ser mucho mayor en The Unreasoning Mask (1981);
desde su complejo mundo donde solo se puede vivir un día a la semana
debido a la sobrepoblación en Mundo de Día (1984) a la
explicación de la fascinante evolución de las lalithas en Los Amantes.
Este autor ha mostrado una exploración tanto del espacio exterior como
del espacio interior como no se había visto desde Theodore Sturgeon. En
las novelas de Farmer hay pulsiones sexuales tremendas, poderosas, pero
justificadas; se puede decir que el es el autor que trajo el sexo sin
tabúes a la CF contemporánea durante la represiva década de los '50 y de
ahí no ha parado (citando a John W. Campbell y Horace, L. Gold cuando
leyeron por primera vez Los Amantes: “¡Nauseabundo!”), saliendo
siempre con nuevas y más desconcertantes soluciones como las de La
Imagen de la Bestia (1968) y ¡Cuidado con la Bestia! (1969),
donde usa todo tipo de perversiones sexuales ad infinitum. Pero eso si,
en vez de usarlas con carácter repulsivo o chocante, las usa de modo
creativo e inesperado.
Los mundos de Farmer nunca son sencillos; siempre son ambientaciones
fantásticas a mas no poder, pero que al final resultan siendo tan reales
como la vida misma, con personajes creíbles, vulnerables, a veces
súper-humanos, a veces no, pero siempre en situaciones realmente
extraordinarias que algunos señores “escritores” quisieran para si (¿me
escuchas Orson Scott Card?).
Como ejemplo tomemos el Mundo de los Niveles o el Mundo del
Río o el mundo de Las Ballenas Volantes de Ismael: todos son
mundos que ha primera vista son imposibles –uno un gigantesco mundo
piramidal, el otro un río a escala planetaria, y el último un mundo de
ciudades aéreas- pero conforme transcurre cada obra, estos escenarios
fantásticos son justificados científicamente, hasta el punto de hacerlos
familiares al lector.
Volviendo a los personajes, estos son en muchas ocasiones más grandes
que la vida misma, tales como el Tarzán moderno que es Ras Tyger en
Lord Tyger (1970), quien por los caprichos de un excéntrico
millonario tiene que arreglárselas para emular las hazañas de este
héroe; el Richard Burton del Mundo del Río, quien está dedicado
en cuerpo y alma a recorrer el interminable Río y descubrir el misterio
de sus amos, los Éticos; o el Robert Wolff del Mundo de los Niveles,
quien pasa de ser un simple ciudadano de los USA a ser un ser cósmico
que controla universos enteros..
Su genio lo llevó a ser uno de los primeros en ganar el Premio Hugo en
1953 como mejor nuevo talento con la versión corta de Los Amantes,
el ya mencionado Hugo del '68 por Jinetes del Salario Púrpura, el
Hugo de 1972 por A Vuestros Cuerpos Dispersos –el primero y en mi
opinión el mejor de los seis de la saga del Mundo del Río-, los Nébula y
Damon Knight Memorial Grand Master a la obra de toda una vida en el 2000
y el World Fantasy en 2001 por los mismos motivos.
Este autor no ha envejecido en lo absoluto, ni su obra, ni su genio, y
ha sabido retirarse. Cuando a su edad otros autores (léase Heinlein) se
gastan en mamotretos comerciales. Aunque ha participado en experimentos
como el cadáver exquisito de la Saga del Calabozo, se ha
mantenido fiel a su independencia como autor con la conclusión a la Saga
del Mundo de los Niveles publicada en 1993, la conclusión a la
saga de Mundo del Día, Dayworld Breakup (1990) y su
irreverente aproximación al mundo de Oz –con contenido sexual y
explicación científica incluidos-, A Barnstormer in Oz (1982).
Actualmente publica novelas de misterio, pero no se ha retirado del
medio de la CF.
Farmer es un ser desinhibido por completo respecto a lo que fe o sexo
significa; para el ser mujer u hombre, cristiano o musulmán, alienígena
o humano es lo mismo y se pone todas esas máscaras para exponer la
riqueza de la condición humana y como el amor no es algo que deba ser
reprimido, y como la civilización siempre logrará hacerse un camino a
pesar de los elementos represivos. En esa línea se puede decir que es
uno de los últimos grandes optimistas de la CF (otro era Sturgeon). Lo
siento realmente por el que viva horas tan oscuras en un país tan
represivo como los USA, donde parecen volverse estúpidos a cada rato au
contriare de sus maravillosas novelas donde como en Rabelais : “Todo
está permitido”
Y realmente Farmer es eso, un escritor rabeleisiano, quien no deja de
mentir ni exagerar a mogollón para dedicarse a contar buenas historias
(e histerias) que ponen de cabeza todo cuanto tenemos por seguro, hasta
la muerte misma y cuyo genio lejos de eclipsarse con el tiempo, sin duda
se hará tan brillante y espectacular como una nova. Así pues señores
editores de España, ¿para cuando nuevo Farmer?.
© Daniel Mejía; 26-01-06.
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