
No recuerdo si fue en
segundo o tercero de media, pero en algún momento de la secundaria
descubrí que la biblioteca de mi colegio tenía un estante lleno de
ciencia ficción (CF). Y en inglés.
Debo haber leído autores como Asimov, Bradbury, Heinlein y Clarke sin
saber que eran los grandes de la CF. Simplemente los leía.
Casi siempre eran recopilaciones tipo Lo mejor de 1966 o Diez
Historias en el Espacio. De todas esas historias, recuerdo dos
cuentos. Uno de un tigre artificial. El personaje principal lo compraba
como un regalo, creo que era para la ex-novia. El problema comienza
cuando el personaje usa el regalo para asegurarse que funcionaba. Con
cada día que pasaba, y sin que el se diera cuenta, se iba volviendo
adicto al tigre, al punto de no querer saber nada de la chica y abocarse
100% al regalo. No recuerdo como terminaba.
El otro cuento era de un colono en un planeta extraño. Su vehículo
sufría un desperfecto en camino de regreso al domo. Resignado, emprende
a pie el tramo restante. Sólo eran unas horas. Conforme pasaba el
tiempo, la oscuridad iba jugando con su mente (no contaba con una
linterna), pensando que quizá algún ser desconocido podría estar
acechándolo desde atrás, esperando el momento perfecto para atacarlo. El
cuento finaliza mencionando que su cazador no estaba atrás, sino
adelante.
Eran buenos cuentos, buenas historias.
Empero, salí del colegio y me desconecté. Mi conocimiento se limitó a
Star Trek y Star Wars. Un par de años después redescubrí la
CF. Mi hermano trajo un libro llamado Fundación, en la edición verde de
BestSeller de la Editorial Oveja Negra.
Me volví un fan de Asimov y me compré todos los libros de la saga.
Cuando los terminé, quería saber más, así que me compré la saga de
robots: Bóvedas de Acero (The Caves of Steel), El Sol
Desnudo (The Naked Sun), Los Robots del Amanecer (The
Robots of Dawn) y Robots e Imperio (Robots and Empire).
Pero, ¿había más? Sí, los libros del Imperio, pero ya no se conseguían
(recién los pude conseguir de segunda mano el año pasado): En la
Arena Estelar (The Stars, Like Dust), Las Corrientes del
Espacio (The Currents of Space) y Un Guijarro en el Cielo
(Pebble in the Sky).
Cuando pensé que todo había quedado ahí, me enteré que tres autores de
CF (Gregory Benford, Greg Bear y David Brin) iban a sacar una nueva
trilogía que giraba alrededor de la saga de las fundaciones. Las tres
nuevas novelas se iban a llamar Foundation's Fear, Foundation
and Chaos y Foundation's Triumph.
Inocente yo, no sabía que era una forma de las
editoriales/herederos/ambos para sacar más dinero (algo que no es
reciente: a Salgari lo obligaron a escribir hasta la muerte y Conan
Doyle sobreexplotó a Sherlock Holmes).
Compré los dos primeros libros (en tapa dura, ¡ouch!) y no me gustaron.
Usaban los mismos personajes, la trama era jalada de los pelos e incluso
describían tecnologías, que a mi gusto, eran impropias al universo de
Fundación. Por ejemplo, recuerdo que utilizaban agujeros de gusano para
las naves que llevaban carga a Trantor.
Y volví a repetir mi error con unas novelas que giraban alrededor de los
robots de Asimov, más conocidas como la trilogía de Caliban. Aunque debo
admitir que el autor, Roger MacBride Allen, hizo un buen trabajo, no
terminaban de encajar en el mundo creado por el buen doctor.
Terco yo, hice lo mismo con libros que giraban alrededor del universo de
Star Wars o de Star Trek. Algunos eran entretenidos, pero
la mayoría eran bastante malos. Después de El Regreso del Jedi,
el pobre Luke debe haber salvado unas 30 veces la Nueva República. Y ni
que decir al capitán James T. Kirk. Entre el y Picard han salvado su
propio universo más veces que los capítulos en que hay viajes en el
tiempo.
Así, juré no volver a leer un libro escrito por otro autor que no fuera
el original. Eso hasta que llego el 2003.
De chico siempre quise escribir ciencia ficción (alimentado por la
trilogía original de Star Wars, la serie original de
Battlestar Galactica, el Capitán Futuro, Sangokai y
Festival de Robots), más nunca lo llegué a concretar. Sólo tenia
algunas ideas e historias sueltas que no llegaban a nada. Sin embargo,
en el 2003, y producto de una serie de acontecimientos en mi vida,
decidí que era momento de concretar mi sueño infantil. En agosto
publiqué mi primer libro, 8+1, con cuentos cortos de ciencia
ficción, fantasía y terror. Me convertí en escritor, aunque no muy
exitoso. A la fecha vengo perdiendo dinero.
Planeo cambiar esa situación en los próximos meses.
En estos 3 años he aprendido dos cosas como escritor. Primero, corregir
una y otra vez. Hace poco terminé de corregir todos mis cuentos.
¿Escribía tan mal? Al parecer sí. Y es probable que lo siga haciendo. En
un mes voy a volver a revisar todo y en un año también. Eso hasta que
pueda pagar un corrector que me diga cuando la obra esta pulida al 100%.
Segundo, leo todo. Malo, regular, bueno, lo leo. Para mí, es la mejor
forma de aprender sobre los “do's and dont's” de este trabajo. Y eso ha
implicado que rompa mi juramento.
De puro terco termine de leer La isla del día de antes. Aunque la
trama llama (¡el secreto del punto fijo! Qué concepto para más
extraordinario) es, a mi gusto, un bodrio literario. Pareciera que Eco
lo escribió para demostrar que sabe bastante de lenguas e historia
antigua. ¿Qué aprendí? Uno no sólo escribe para si mismo, también para
los lectores. Queramos confesarlo o no, los escritores somos seres
humanos y tenemos un ego. Si esperamos que nos feliciten por nuestra
obra, no tiene gracia espantar al lector.
Otro ejemplo son las continuaciones de 2001: Odisea al Espacio.
Sinceramente, ¿en que estaba pensando Clarke? Y ni que decir de 3001.
Pero bueno, me enseñó que en las editoriales, el concepto de control de
calidad o no existe o se sientan en él cuando se trata de dinero. Como
ingeniero industrial no concibo este tipo de prácticas. Es, por decir lo
menos, tonto.
La Isla Misteriosa de Verne. Personalmente me fregó un personaje
tan bueno como el Capitán Nemo. No era necesario que lo reflotara, pero
lo hizo. Hasta los grandes se equivocan ¿Qué aprendí? Hay que tener
cuidado con los personajes que tienen vida propia. No son nuestros
títeres para hacer de ellos lo que queramos.
Después de Asimov me conseguí los libros de Duna, una saga
impecable. La trama, el desarrollo de los personajes y la profundidad de
los temas la pone, en mi opinión, como la mejor en la CF.
No sé si hayan sido las editoriales, su hijo Brian o una combinación de
los dos, pero alguno debió pensar lo mismo; por lo que decidieron tomar
las notas de Frank Herbert (esos apuntes que un escritor hace para que
su universo tenga mas solidez) y las convirtieron en novelas. Pobre
Herbert, debe estar revolcándose en su tumba. Hasta me atrevería a decir
que me doy cuenta las partes que Frank Herbert escribió y las partes que
el hijo y Anderson escribieron. Personajes repetidos, tramas sin sentido
y un estilo que no se compara en nada con el padre echan al tacho una
obra de arte. Aunque soy capitalista, a veces me asusta lo que la gente
hace por dinero.
¿Cuál fue la lección? Cría bien a tus hijos. Les recomiendo leer
Dreamer of Dune: The Biography of Frank Herbert, escrita por Brian
Herbert. A lo largo del libro el hijo manifiesta, y en repetidas
ocasiones, un fuerte resentimiento al padre. Al terminar el libro mi
percepción de Brian Herbert era la de un hombre que se sentía opacado
por el papá. Viendo lo que ha hecho con la obra de su padre, no me
extrañaría que los motivos para hacerlo sean de gran interés para un
psiquiatra.
Pero, ¿hay casos buenos? Si. La saga de Fundación, aunque tiene
ciertas debilidades, es buena. Las aventuras de Sandokan me parecen
extraordinarias (si alguien sabe donde puedo adquirir toda la obra de
Salgari en español, avísenme. Estaré eternamente agradecido). La
trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson es un nuevo clásico de la
ciencia ficción. Es una muestra de lo que es un trabajo de investigación
profesional. Robinson describe la cultura corporativa, nuevas
tecnologías, el fenómeno económico-social que llamamos humanidad, y una
serie de conceptos más, a mi gusto, de manera impecable.
Así, mi recomendación para los lectores. No se molesten leyendo los
refritos de sagas antiguas. Es la forma que tienen los herederos y
editoriales para sacarles hasta el último centavo. Busquen autores
nuevos, hay muy buena CF allá afuera. No pierdan su tiempo y su dinero.
Y si se sienten tentados, lean las reseñas y criticas del libro en las
páginas especializadas. La mayoría de las veces los orientarán y
salvarán su bolsillo. También pueden consultar a su asociación de CF
local o acudir a sus reuniones. Hablando por experiencia personal, he
aprendido bastante en las reuniones mensuales de la Asociación Peruana
de Ciencia Ficción, Terror y Fantasía, Coyllur. ¡Yo que pensé que sabia
de CF!
En el mundo de ahora hay tanta información y tan solo una vida que hay
que tener cuidado donde se invierte este recurso escaso. Así, les doy
tres recomendaciones con las que la gran mayoría estará de acuerdo: la
saga de Fundación, la saga de Duna y El Fin de la
Infancia (Childhood's End).
Y para mis amigos escritores; resignación señores, hay que leer todo.
Así evitamos caer en el mismo error que nuestros compatriotas. Eso hasta
que seamos realmente buenos, ganemos mucho dinero y podamos pagar a un
buen equipo de control de calidad; que nos diga si hemos escrito una
obra de arte u otro relleno de librería. Entretanto les puedo dar
algunos consejos prácticos basados en mi experiencia y en mi opinión
(con ese disclaimer evito que me nieguen, excomulguen o persigan con
picas y estacas).
Idiomas: Como mínimo, deben poder hablar, escuchar y escribir en otro
idioma además del original. De esa manera podrán apreciar las
diferencias entre uno y otro. Por ejemplo, y modestia aparte, yo me
puedo comunicar en español e inglés a nivel nativo. De esa manera puedo
darme cuenta como cada idioma tiene sus pros y contras cuando se trata
de escribir ciertas historias. Lean Cryptonomicon de Neal
Stephenson en castellano, luego en inglés, y verán la diferencia. Ojo
que no quiero decir que el castellano sea malo para escribir cyberpunk.
Al contrario, a lo que voy es que cada historia esta amarrada al
lenguaje del escritor. Son pocos los casos en que la traducción es
exitosa y más escasos los casos en que mejora al original. Por cierto,
si estas pensando que es mucho trabajo, reconsidera tus ganas de ser
escritor. En una empresa puedes pasar como un trabajador mediocre y
vivir en la penumbra corporativa. En cambio, un escritor mediocre nunca
será capaz de resaltar y nadie se interesara en él. Este trabajo es mas
duro de lo que se cree.
Harry Potter: Muchos pensaran que soy un hereje por decir que me gusta
la saga de Harry Potter, pero el que sea mainstream no quiere decir que
sea malo. Personalmente siento que JK Rowling ha hecho un gran trabajo
en desarrollar el universo del niño (ahora adolescente) mago. Tomen en
cuenta que Charles Dickens era considerado "popular" en su época. Ahora
se considera como lectura "culta". Después de leer cada libro de Harry
Potter, vean la película y aprecien cuanto pierde la trama. Y si son
capaces de darse cuenta en que momentos la película va perdiendo la
fuerza de la historia original, ¡enhorabuena!
El Señor de Los Anillos: Lean los libros (a diferencia de Harry Potter,
se tienen que leer todos de golpe pues son una sola historia que fue
partida en tres tomos) y luego vean cada película, incluyendo las 7
horas de documental extra (solo disponible en las versiones extendidas).
Ahí se darán cuenta del titanesco trabajo detrás de las películas. A
diferencia de lo que paso con Harry Potter, las películas no son la
sombra del texto literario. Aportan una gran cantidad de información que
no figura en los libros, pero que esta sincronizada con lo que Tolkien
quiso transmitir. Personalmente, las películas me parecen mejor que los
libros.
Enlatados de Hollywood: Por algún motivo no entiendo porque la CF es
rara vez llevada bien a la pantalla. En todo caso, vayan a ver esas
películas malas que nos mandan desde Norteamérica. Dense cuenta cuales
son los "ganchos" o clichés con los que buscan ganarse a la audiencia.
Así, evitarán usarlos en sus historias. Consejo: háganlo solos o con
amigos que son igual de marcianos que ustedes. No lleven a la/el chica/o
con la/el que están recién saliendo.
Dan Brown: Voy a comentar sobre dos libros que he leído, The Da Vinci
Code y Deception Point. Ambos demuestran el estilo de Brown a
la perfección: el héroe, la heroína, los malos que hacen el trabajo
sucio, el malo oculto que los maneja, y el malo "a la luz". A todo esto
sumen como la trama se desarrolla de tal manera que mantiene al lector
interesado. Cada capítulo acaba de tal manera que querrán saber que pasa
en el siguiente.
De por vida: Al igual que el ejercicio para mantener la condición
física, uno es escritor las 25 horas del día. Aprovechen esos tiempos
muertos cuando están en el colectivo, haciendo cola o esperando a
alguien. Si cuentan con el dinero, cómprense una agenda portátil que les
permita leer libros electrónicos. Así me he leído decenas de libros y
debo decir que valió cada centavo invertido.
Para terminar. Son pocos los autores de CF que viven de ella. Y siendo
un arte que toma varios años en dominar, no recomiendo que abandonen sus
trabajos para dedicarse a eso. En su biografía Asimov mencionaba que se
la pasaba todo el día encerrado escribiendo. ¡Que horrible! Yo no podría
hacer eso. Allá afuera hay una vida y una gran variedad de experiencias
que pueden ser usadas como fuente de inspiración para un sinfín de
historias (por ejemplo, comienzo a sospechar que los Fremen de Herbert
tienen algo de la cultura prehispánica de México, donde paso varios años
de su vida).
Recuerden, el mito del héroe solitario no existe en la vida real. Nos
guste o no somos seres sociales y no podemos cambiar eso tras millones
de años de sociedad. Es igual con los escritores. No sirve irse a una
cabaña en el bosque en la mitad de la nada. Simplemente, no es humano.
© Manuel Antonio Cuba; 03-02-06.
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