EXPLORACIONES

Poul Anderson fue uno de los maestros reconocidos de la Ciencia Ficción "Hard", hemos tomado el prologo de su libro Explorations, escrito por Anderson en 1981, allí Poul nos da un punto de vista sobre la exploración espacial y su impacto en la vida humana.

Cuando Jim Baen y yo estábamos discutiendo sobre este libro, y lo que debe entrar en el, Jim sugirió primero que el motivo y título debía ser "Las Maneras del Amor." Yo sentía que esto estaba limitando demasiado el tema, y concordamos en "Exploraciones". Cada historia trata de algún aspecto del movimiento futuro de la humanidad en el cosmos, que nosotros esperamos puede ocurrir. Entonces Jim notó, bajo nuestra mutua sorpresa, que cada uno también es sin embargo una historia de amor.

Quizás si lo pensamos detenidamente, esto no sea ninguna coincidencia. Los griegos distinguieron tres emociones que los ingleses reunieron y llamaron "amor". ¿Están las tres clases aun disociadas? ¿No puede el amor sexual (el eros), el amor a Dios (el ágape), y cada otra clase de afecto (el phile, del qué nosotros obtenemos palabras como "filosofía"' y "filantropía") provenir de una fuente común, o son ellos los diferentes rostros del mismo misterio?

¿Que pensamos sobre la emoción que motiva a los seres humanos a explorar?

El romanticismo al contrario de lo que se piensa, no es universal en nuestra especie. Por lo menos, en muchas personas esta subordinado a otros deseos. Ellos no son dados a mostrar atención pública a nada excepto a los objetos de sus propios anhelos. Los exploradores, incluyendo a los científicos en esta descripción, son normalmente más tolerantes, aunque esto puede ser mas por necesidad que por una cuestión de temperamento.

Después de todo, ellos son siempre una minoría, y como siempre están esforzándose por conseguir una pequeña porción de los recursos de la sociedad en apoyo de sus tareas; deben casi siempre transar. A los demagogos cuyas demandas pueden ser ilimitadas, siempre es mejor desenmascararlos.

Un caso típico es el programa espacial norteamericano. Nos han dicho que es inútil, una extravagancia costosa que no debemos permitirnos, hasta el día cuando los políticos hayan obtenido bastantes impuestos, promulgado bastantes leyes, y hayan establecido el aparato burocrático necesario para abolir la pobreza, la enfermedad, la desigualdad, la guerra, el crimen, la polución, la inflación, el urbanismo descontrolado, y el pensamiento errado. También nos han dicho que el público ya no tiene interés y que el espacio no da votos.

Ambas afirmaciones son falsas.

Si nosotros apartamos la retórica por un momento y vemos los hechos, es evidente que, aunque el programa espacial comparte los absurdos y las ineficiencias humanas, nunca ha sido una apuesta perdedora. Más bien, ya reembolsó la modesta inversión hecha en el, y ha devuelto una gran ganancia.

¿Modesta? Claro. El presupuesto de la NASA para todas sus variadas actividades alcanzo su máximo durante el periodo del Apolo 11. Por esos días el presupuesto fue casi el 8 por ciento de la cantidad que el gobierno federal gastó en salud, educación, y bienestar (allí no se toma en cuenta los gastos estatales o municipales o las actividades de caridad privadas). Es difícil comparar los logros reales, pero por lo menos podemos afirmar que la NASA nunca ha quitado el pan de las bocas de los pobres.

¿Ganancia? Ciertamente. Solo la revolución en la meteorología provocada por los satélites del clima, demuestra este aserto. Un ejemplo espectacular son las vidas salvadas debido a la precisa predicción de los huracanes. Sin embargo, previsiones precisas que ocurren rutinariamente, año a año, son abiertamente beneficiosas en la agricultura y transporte, y desde luego para la humanidad. O pensemos en las comunicaciones. No importa si muchos programas de televisión le desagradan; no importa, incluso, los usos educativos en áreas primitivas que no podrían ser alcanzados de otro modo —el hecho es que esa transmisión a través de las grandes distancias es un legado para el futuro y que la transmisión a través del espacio es más barata que llevarla por la superficie. Las economías monetarias son fruslerías si las comparamos con los recursos naturales conservados.

Los satélites climáticos nos brindan información para que podamos hacer buen uso de los recursos naturales: por ejemplo, identificando enfermedades en las plantas en áreas remotas, mientras todavía son prontamente tratables. Al examinar el ambiente cósmico de nuestro planeta y comparándolo con sus vecinos, hemos podido entender mucho sobre el comportamiento de la atmósfera terrestre: por ejemplo, los estudios de la química de la atmósfera de Venus nos dieron nuestra primera pista sobre la amenaza que los fluorocarbonos estaban ocasionando a nuestra propia capa de ozono. Algo similar es lo que ocurre con la comprensión real de la geofísica planetaria. Las aplicaciones prácticas, de tal conocimiento son obvias: por ejemplo, predicciones de terremotos, quizás la prevención de terremotos eventuales. Entretanto, la astrofísica ha sido por mucho tiempo la clave para una descripción y entendimiento de las interacciones de la materia y energía; y el mejor lugar para esa investigación es más allá de la atmósfera. Nosotros también podemos esperar visiones más profundas sobre cómo funciona la vida. Experimentos biológicos iniciales en el espacio han indicado cuan poco conocemos aun, cuan malamente llevamos a cabo los estudios, en condiciones que no son las mejores. Una edad dorada en la medicina y producción de alimentos pueden ser el resultado.

¿Si embargo, algunos dicen, nosotros no podemos ahorrar dinero haciendo esto con sondas, vehículos, o dispositivos robot?

Las máquinas son ayudas inestimables. ¿Pero pueden ellas tener y compartir las experiencias directas de un Cook, Stanley, Lyell, Darwin, Boas o más recientemente, Cousteau, Leakey, Goodall? Un ser humano es la única computadora que continuamente se reprograma, el único sistema sensor que graba los datos imprevistos en él, la única cosa que grita una maldición.

Seis visitas fugaces a un solo globo yermo constituyen la escasa exploración llevada a cabo. Si nosotros nos detenemos ahora, seria como que si los marineros europeos se hubieran detenido cuando Colón informó su fracaso para alcanzar la India —a la que él nunca realmente llego—, porque él nunca supo cuánto más grande era su descubrimiento. De lo que hallo, brotaron imperios en ultramar. Lo que los astronautas han encontrado en el pequeño tiempo concedido es increíblemente grande: no la riqueza material, pero si el material de conocimiento, de donde todo el resto se levanta. ¿Mataremos la empresa en su mismo principio?

Yo he dado énfasis al conocimiento que es completamente una ganancia cierta. Sin embargo, una presencia humana permanente en el espacio también debe rendir ingresos económicos casi ilimitados. Cuando los colectores solares alcancen su potencial total, podremos tener toda la energía que podamos usar en la vida, libre, limpia, inagotable. Tendríamos materias primas abundantes, ya no extraídas de la piel de la madre Tierra. Podremos tener industrias en lugares dónde ellas no pueden dañarla, y nuevas industrias enteras que entraran en existencia. Seremos capaces de abolir la pobreza, y quizá otros males de nuestra raza, y no sólo abolir la pobreza en Norteamérica sino a lo largo del mundo. Lo qué esto significaría en el espíritu humano es incalculable.

En cuanto a la falsedad de que el público ha perdido el interés, la popularidad de la ciencia ficción basta para refutarlo. Nosotros tenemos, además de los muchos miles que sufren el gasto y se incomodan al ir a observar los eventos espaciales en persona, los varios millones que jadeantemente siguen cada una de las jornadas espaciales en la televisión y en los periódicos. Hay también un volumen grande y creciente de correo a Washington, insistiendo un que el programa espacial reviva. (Ayudaría mucho si usted enviara cartas, breves y respetuosas, a sus legisladores nacionales y al Presidente.) Oh, sí, el cuidado de las personas.

Y para volver al tema con que empezamos, el amor y su indivisibilidad. Quizá la razón por la qué algunos no pueden imaginar lo que tenemos por ganar más allá de la Tierra es que ellos no han recibido ningún toque del cielo en sus corazones.

Yo les digo, "Salga, la próxima noche clara. Busque."

© Poul Anderson; 1981
Tomado de: Explorations
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Poul Anderson
(1926-2001)

Escritor norteamericano de Ciencia Ficción, considerado un "clásico" de la CF "Dura", es decir rigurosa desde el punto de vista científico. Sus obras se caracterizan por el gran sentido de maravilla que mantienen siendo una mezcla atípica de rigurosidad científica y amenidad narrativa.

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Diciembre 2006

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