COMENTARIO MONOLOGANTE DEL CUENTO
"EL RÍO DEL MUNDO"

Deseo introducir un recuerdo a la siguiente glosa: mi único ejemplar atómico de Fobos esa hermosa revista que dirigía Luís Saavedra me la regaló Pedro; gracias a la generosidad del equipo había accedido anteriormente a los ejemplares digitales y pude bajar algunos otros de esos números que colocaron en la red; así alcancé a constatar la belleza suplementaria que pueden albergar las páginas diseñadas para la web, lo que en digital es alcanzable, en atómico sería prohibitivo. En mi mente (tema del relato) sedimentó la imagen digital, de allí que sentí modesto el texto atómico, no hay duda que la mente nos juega diversas pasadas y nos arroja cristalizadas reflexiones, siendo una fundamental en tiempos de redes, matrices y fractales, retirar nuestra adhesión a formato o soporte alguno y mantener un diálogo con el universo tal y como propone la metáfora El río del Mundo.
Luís Bolaños.

Este río del mundo, nos sorprende con un caudal narrativo sutil, minimalista, monologante pero no por ello menos dialógico. Donde el narrador nos toma del cuello y nos obliga a irrumpir de nariz en el corazón de los acontecimientos narrados. Cual cómplice, socio o voyeur, el lector asiste a un discurso que pretende ser un monólogo por momentos; pero eso sería conceder demasiadas prendas antes de haber apostado algo. La voz en monólogo es un auténtico pretexto dialógico, es una forma sutil de conversación. Y para apuntalar lo sugerido quisiera citar a Seymour Chatman en "Historia y Discurso; la estructura narrativa en la novela y en el cine" cuando nos presenta las características de un monólogo –a propósito de un análisis del Ulises de James Joyce–:

  • La referencia del personaje a sí mismo, si la hay, está en primera persona.

  • El momento actual del discurso es el mismo que el momento de la historia, por tanto cualquier predicado que se refiera al momento actual estará en presente. No se trata de un "presente histórico" –por ejemplo Pizarro funda Lima en 1532– que expresa un pasado, sino un presente real que se refiere al tiempo contemporáneo de la acción. Los recuerdos y otras referencias al pasado van a aparecer en el imperfecto o indefinido y no en pretérito perfecto.

  • El lenguaje: modismo, dicción –en el caso de Luis Saavedra el chilenismo "huevá" y otros-, elección de palabras y sintaxis, se identifica como el del personaje, haya o no intervención del narrador en otras partes.

  • Las alusiones a cualquier parte de la experiencia del personaje se hacen sin más explicaciones que las que él mismo necesitaría, es decir;

  • No se supone que haya otro público que el pensador mismo y no hay deferencia alguna a la ignorancia o necesidades descriptivas del narratorio.

Así mismo quisiera recordar que las distinciones del Monólogo interior son variadas y sería ocioso detallarlas aquí. Lo cierto es
que como apunta Chatman citando a Edwin Steinberg (misma obra) cuando afirma que existen "una variedad de teorías sicológicas, viejas y nuevas, pero el resultado es poco más que la observación sobre una parte de la conciencia que no es verbal; de ahí que la tarea del autor sea simular elementos no verbales así como verbales en el momento que atraviesan la mente del personaje". Pero este punto ya había sido afirmado por Bowling sin necesidad de la documentación de los sicólogos. Lo que importa a la teoría narrativa en lo fundamental es tan sólo como suponen que es la mente los autores, cineastas, dibujantes de historietas y sus públicos. Sus suposiciones pueden estar muy equivocadas científicamente y aún así funcionar verosímilmente, como un tópico cultural.

Prospera entonces indicar que, con esta narración podemos observar como un peculiar monólogo nos permite adentrarnos en la mente de un personaje quien al pensar (está bien sea verbal o no verbalmente) nos va narrando una historia.

Invito a los amigos que aún no han leído esta obra que lo hagan; porque es un intento narrativo muy interesante en ciencia ficción.
Quizá algunos puedan pensar que no es lo suficiente Hard en lo que se refiere a ciencia propiamente dicha. Pero ¿quién pone la fórmula para mezclar la fantasía con la ciencia? Bajo el amparo de esta irreductible pregunta me despido, colocando dos fragmentos a manera de despedida (Una de Ulises de James Joyce y otra del propio relato comentado de Luís Saavedra).

"Estaba pensando en los riñones mientras andaba silenciosamente por la cocina colocando las cosas del desayuno de ella en la bandeja abollada. En la cocina, la luz y el aire eran gélidos, pero afuera hacía una suave mañana de verano. Le daba un poco de hambre. El carbón se estaba poniendo rojo. Otra rebanada de pan con mantequilla: tres, cuatro: bien. A ella no le gustaba tener el plato lleno. Bien. Se apartó de la bandeja, cogió el hervidor del agua de la repisa y lo puso al fuego de medio lado. Allí quedó oscuro y rechoncho, con el pitorro prominente. Taza de té en seguida. Muy bien. Boca seca. La gata andaba muy tiesa alrededor de una pata de la mesa con la cola en alto…¡Miau!
–Ah, estás ahí –dijo Mr. Bloom, apartándose del fuego."


"El señor Vigo salta sobre las luces. Las abraza. Las consume. Parece que lo excita. No es que me importe mucho. Pero a veces me preocupa. La carne se le pone translúcida. Entorna los ojos. La piel se le ampolla. Luego se pone agresivo. Sin embargo, no hace mucho daño.
Solo provoca escándalo. Vocifera en la cara de la gente. El señor Vigo no tiene modales. La mayoría lo ignora. Sobre todo Gustavo. Parece no verlo. Le digo que el señor Vigo le está hablando. Él no lo ve. Le indico cuando está a sus pies. Él no lo ve. En todo caso, no hay mucho que ver. Es tan pequeño. Al señor Vigo nunca le he entendido ni una palabra. Quiero que me conozcan. No mucho. Pero me gusta que la gente sepa cosas de mí. De nosotros. Sí, también de Gustavo P. Yo soy Emil S. y somos un equipo. No hay mucha comunicación pero lo somos. Llevamos muchos tiempos juntos. Hoy estamos de paseo. Me divierte ir de viaje. A Gustavo no. En realidad no le gusta nada. Hay veces que ni siquiera sé si algo le molesta.
Nunca habla más de la cuenta. La mayor parte del tiempo tiene una mano sobre su corvo. Es lo único que le interesa. Nadie puede tocarlo, sólo él. Me confesó que convenció a alguien para que le forjara la hoja. Allá en 1986. Por un par de Rolex. Los consiguió con el mismo corvo. Tiene doble filo y uno de ellos es serrado. La cacha está hecha de anillos de plata alrededor del cabo. En el mango tiene una figura. Una calavera atravesada por un clavo. También un número: 1879. A los peruanos les espanta. La enfunda en una pata de cabra y le agregó una lámina de metal blanco. En ella lleva doce marcas. Es un hermoso corvo historiado. Gustavo P. es un cuchillero fino, limpio. No actúa hasta que tira la puñalada certera. Si tú fuiste una de las doce marcas ni siquiera lo notaste"

© Pedro Novoa; 14-01-06.
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