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Alastair Reynolds (Gales del Sur, 1966- ) es
uno de los escritores más listos de la actualidad.
¿Lo dudan?, entonces lean este artículo.
En su penúltima novela, Century Rain (2004) nos presenta una
narrativa casi esquizofrénica, escindida entre un París de los años 1950 que
nunca ocurrió, y una Tierra post-“Nanocausto” que eventualmente se integra y
llega a trascender.
Cuando al detective Wendell Floyd se le pide investigar el supuesto suicidio
de Susan White en dicha versión de París, se las ve con que ella era una
inquilina muy poco usual, que compraba toneladas de artículos culturales y
los hacía desaparecer en el metro de París. Que tenía una antigua máquina
Enigma de descifrado en su cuarto y que coleccionaba música pero que no la
escucha.
Verity Auger es una ciudadana del siglo 22 perteneciente a una de las
facciones en guerra de la humanidad –los Threshers- y una arqueóloga del
“Siglo Perdido”, pero tras una expedición fallida y un juicio arreglado -en
parte por la infiltración de una traidora de una facción rival, los Slashers-
es forzada a involucrarse en un proyecto secreto de los Threshers que
cambiará espectacularmente su vida.
Resulta que en el universo de Century Rain, han pasado eventos
históricos en ambas líneas temporales que han cambiado la faz del universo
terrestre como lo conocemos.
Primero están los Nanocaustos. Hubo cuatro. El primero se causo con la
invención del “clima inteligente”, nanomáquinas que controlarían a fines del
siglo XXI la mierda que causaron Bush Jr. y su club de amigos. Obviamente no
funcionó, porque nanomáquinas tan avanzadas no tardarían en alcanzar
independencia. Se comieron el fitoplancton, destruyeron la cadena
alimenticia y de ahí la humanidad terrestre fue lo siguiente. Solo la
humanidad en el espacio sobrevivió.
Se encontró un misterioso portal en el planetoide Sedna que abría la puerta
a una más enigmática “Híper-red” capaz de crear un pseudo-hoyo de gusano
entre este planetoide y otros portales diseminados por la galaxia que
controlan los Slashers, quienes obtienen recursos de toda la galaxia de esta
manera. Y entonces se dio el segundo Nanocausto.
En Marte, las áreas terraformadas por los Slashers fueron infiltradas por
los Threshers con nanomáquinas para que desintegraran la vida orgánica a
escala atómica. Eso mató a 300,000 personas sin contar animales. Si no
hubiera sido por el hecho que esto fue planeado por una facción radical de
Threshers, la guerra que se dio después habría costado más gente de lo que
lo hizo. Se hicieron las denuncias apropiadas por los canales correctos y se
hizo justicia. Entonces vino el tercer Nanocausto.
Hubo una enfermedad nanotecnológica que borró todos los recuerdos del siglo
XX. De los Threshers; obviamente acción Slasher, pero no fue confirmado.
Entonces vino el cuarto Nanocausto.
El virus Amusica, fue desarrollado por los Slashers para oprimir a los
Threshers por quitarles la capacidad neuronal de sentir los patrones de la
música. Solo uno en un millar de las nuevas generaciones nace sin este
defecto. ¿Por qué? No se sabe.
Ahora bien, nada de esto ha pasado en la Tierra donde vive Wendell. No es
que vaya a pasar en el futuro sino que ya ha pasado. ¿Cómo así? Bueno existe
más de una Tierra en la galaxia de Auger y Floyd. Según nos describe el
autor, en un momento dado de 1939, todo el planeta fue fotocopiado a escala
cuántica por misteriosos alienígenas (¿los mismos de la Híper-red? ¿Quién
sabe?), y una réplica fue creada dentro de un ALS o Estructura Largamente
Anómala, una especie de gigantesca concha protectora que simula la Luna, el
Sol y las estrellas, solo que… congelada en el tiempo, sin incertidumbre
cuántica en lo absoluto… hasta que alguien entró y puso las cosas en
movimiento. ¿Quién? Eso es algo que Auger y Floyd tendrán que resolver.
Porque los Threshers han estado manteniendo el tráfico entre ambas tierras
para explorar el “Siglo Perdido”, aunque sea en una versión alterna. Y Auger
debe reemplazar a Susan en su papel como arqueóloga local, bajo la condición
de no revelar la verdad de su mundo construido a los nativos, pero algo
sucede que…
En la “Tierra” de Floyd, la invasión nazi de las Ardenas de 1942 a Francia
fracasó, porque se tuvo una flota de bombarderos lista para destruir su
ofensiva. Y al poco tiempo Rommel y Hess dirigieron un golpe de estado
contra Hitler, terminando de ese modo la II Guerra Mundial. Pero parece que
alguien, sabiendo la historia del Siglo Perdido, ha manipulado los eventos
para que no se de la guerra como catalizador de la carrera espacial, y nadie
detecte la falsedad de su mundo.
Cuando Floyd y Auger tienen que enfrentarse a misteriosos niños asesinos que
supuestamente no pertenecen a este mundo, sino al mundo de Auger, descubren
que alguien ha estado desarrollando tecnología del mundo de Auger en el
mundo de Floyd para un propósito macabro, uno que amenaza la vida de todo un
planeta. Alguien planea recrear el Nanocausto de Marte… con la Lluvia del
Siglo.
Reynolds llega a llenar sus páginas con un aire de novela negra que nos hace
recordar a Agatha Chirstie o Georges Simenon con su melancólica narración de
un París que pudo ser, para saltar a una novela de terror escrita por
Stephen King a la hora de describir a los misteriosos “niños”, o cuando
describe como Cassandra, una Slasher, sigue “viva” después de su muerte
física, para saltar a un debate filosófico entre la terraformación y la
herencia de la Tierra devastada.
Wendell sirve como el punto de vista del hombre común del siglo XX o del XXI
ante las maravillas y horrores que ofrece este mundo futuro, que créanme, es
mucho mejor que muchos sitcoms de CF. Y podemos compartir su sentido de la
maravilla y/o el miedo ante las sorpresas que se le presentan. El autor como
siempre usa los elementos más fantásticos de su historia como el viaje
interestelar, como una excusa para darnos una maravillosa aventura y
profundiza en los elementos científicos como las posibilidades de la
nanotecnología, la perspectiva a futuro del cambio climático o el impacto de
los nuevos avances en la sociedad, así como un contrapunto entre
conservadores como lo son los Threshers contra los innovadores que son los
Slashers. Algo típico de él es presentar facciones en conflicto
irreconciliable como ya lo hizo con las varias humanidades de Espacio
Revelación (2000). Al contrario de esta novela, Century Rain es
una novela autoconclusiva y no está relacionada en ninguna manera con el
fascinante universo que Reynolds ha creado en sus previas cuatro novelas.
Reynolds no en vano se graduó en física de una universidad inglesa y trabajó
con una rama de la ESA (Agencia Espacial Europea) hasta el 2004. Esta novela
está dedicada a su esposa Josette, a la que conoció en Holanda.
Esperemos pues que cuando La Factoría de Ideas termine de publicar la saga
de Espacio Revelación pueda sacar esta excelente novela al mercado.
© Daniel Mejía; 16-04-06.
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