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Michael John Harrison (Londres, 1945) es uno
de los escritores del género que me ha concitado más atención recientemente
y al cual he leído más bien erráticamente: Mi primera lectura fue su última
novela, Luz (2002),
que es un regreso a la Ciencia Ficción y que ha sido anteriormente
comentada.
Mi segunda lectura, su novela “de culto”
El Curso del Corazón (1991) ha sido uno de los libros más
interesantes, estimulantes y tortuosos que he leído. La colección de cuentos
que me ocupa hoy, Preparativos de viaje es una serie de cuentos que
profundizan en la temática fantástica antes que en la ciencia ficción
propiamente dicha, pero que le guiñan al género desde diferentes ángulos.
Es también una colección de ideas provocadoras y de vínculos estimulantes
entre diversos terrenos de la psique humana, tal como ya se había visto en
los trabajos anteriormente citados, en los cuales aborda la construcción de
personajes desde el punto de vista del catálogo del desastre humano, es
decir, lleno de personajes atormentados en medio de retos que los sobrepasan
o culpas que los torturan, así tenemos el insoportable drama de lo ordinario
y preestablecido en el primer cuento, Señoras mayores donde su óptica
ultrarrealista se da de cara vinculando referencias disímiles:
conversaciones en un bar o fragmentos de palabras que enarbolan una serie de
hechos paralelos que no ocurren
El segundo cuento de la colección: Pequeñas reliquias, enarbola, a
partir de la historia de una mujer que viaja a encargarse de las posesiones
de su hermano, recientemente fallecido, un relato conmovedor acerca de la
forma en que los fantasmas del pasado pueden atormentarnos y como en
realidad es la duda y la ignorancia el estado natural respecto a las
relaciones entre las personas, es que el fantasma del recuerdo no es sino la
culpa que, sublimada de algún modo busca un discurso que haga la pérdida
tolerable.
Lo cotidiano como ventana hacia lo fantástico es también el leit motiv de
otro cuento de esta colección: Los asesinos del corazón de neón, la
cual tiene guiños a Poe (los ambientes urbanos oscuros, la humedad) y a Lem
(en la forma en que se centra en los detalles, me recuerda mucho a La
Investigación, en especial porque cuando lees la primer línea casi
puedes adivinar como terminará el caso) por lo cual no sabemos si se trata
de los asesinatos o si Harrison sólo los usa cual excusa para relatar otra
vez el exótico catálogo de nuestros usuales miedos y limitaciones.
El caballo de hierro y cómo conocerlo, es un cuento que podría
llamarse de los mejores de esta selección, en especial por su relación con
la novela Luz, en la
que un hombre guía sus viajes de tren mediante cartas de Tarot (¿no les
recuerda eso a un personaje de esa novela) contando con la omnisciente
presencia del “caballo de hierro,” cuya apariencia traiciona otra vez a un
personaje de la novela anteriormente mencionada.
Las trampas que podemos encontrar en el camino y que, como la ilusión de
Maya en el Hinduismo, sirven para hacernos perder el camino de la verdad es
el tema de El don, donde varias vidas en paralelo, que se narran sin
un orden cronológico aparente, donde, caprichosamente aparecen intercaladas
largas parrafadas sobre impresiones como narraciones de hechos que rozan lo
fantástico. Trata, a grandes rasgos de un hombre quien recibe un libro de un
vagabundo (Llamado El corazón de Neón) que lo empuja a salir a la
búsqueda para encontrar respuestas a preguntas que aun no se han formulado y
de una mujer que busca y al mismo tiempo se oculta tanto de sí misma como de
los demás a causa de una particular seña suya que parece ligeramente ser una
conexión a otro cuento posterior.
Comdo es lo que podríamos llamar una fantasía urbana cuyos elementos
recuerdan a Cortazar (el universo como lo hogareño, cotidiano) y la
narración lineal de la constante transgresión de esa armonía.
Ánima es, irónicamente, un relato que nos enfrenta al vacío de la
existencia, el cliché de lo que José Ingenieros llama El hombre mediocre
lineal y sin propósito, y cuando el discurso existencial lo ha rechazado
todo, casi alcanzando el nihilismo ¿qué nos queda? Los sueños, los
recuerdos, los arcoiris y los sucesos que de veras dejaron marca.
Vacío es un cuento acerca de las varias acepciones de la palabra
“Vampiro” como el ser sobrenatural y eterno (por lo tanto consabidamente
aburrido) y de los otros vampiros: explotadores, angurrientos y
desagradables personajes dados al celebre oficio de vivir de otros.
Siete enigmas del corazón, acaso el cuento mejor logrado de la
colección, transcurre en un entorno plenamente de fantasía, donde un mago no
es capaz de perdonarse por la muerte de su hija al usar la magia que él le
había negado, una culpa que lo persigue incluso en sus sueños y que lo
confronta directamente con sus limitaciones y sus miedos, en especial, el
miedo a dejar de ser importante, por lo que se le hace imposible ver el
cambio, el nuevo estado que toma su hija y que escapa a sus ojos. El cuento
es especialmente bueno por sus imágenes (¿se han imaginado la luz de la luna
derramándose cual leche sobre los pechos de una bruja?)
El Este, nos habla acerca de las desconexiones entre mundos: en este
caso entre un mundo alternativo, al cual algunos logran pasar (lo cual me
recuerda a Instrucciones para un descenso al infierno, de Doris
Lessing) aunque ningún poder natural ni sobrenatural pueda cambiar el
destino de los que allí se encuentran y la historia se narra como una
lección para un joven terrestre.
En La costa del suicidio, Harrison vuelve a hablar de uno de sus
temas preferidos: la escalada, aunque con el ojo hacia lo fantástico, hacia
lo que ocurre durante y después de la caída, sumado esto a una perspectiva
urbana de tonos grisáceos y sepia.
Una divertida iteración acerca del fanatismo en los deportes es el cuento
Lo hice en el que Harrison hace un magnífico uso del discurso en primera
persona con tintes que van desde lo surrealista hasta lo casi
esquizofrénico, o que resultan en la aceptación de la patología como moda
(la ex novia que acepta deformarse el rostro tras ser atormentada por este y
que no lo deja aun cuando él si lo hace)
Lo fantástico como evasión desde el punto de vista de la separación podría
ser el tema del cuento Casas negras, relato en el que las cartas que
envía el protagonista a su pareja forman una especie de imaginario que
refleja a la vez que difumina las emociones del autor.
Finalmente La ciencia y las artes, en el cual Harrison vuelve a
narrar desde el punto de vista del desencuentro y del predominio del miedo a
enfrentarse a sí mismos, logrando una faena más que redonda.
Es difícil establecer un significado o patrón en los cuentos, por la
cantidad de elementos y discursos entrelazados o traslapados propios del
estilo de Harrison.
Así, podríamos afirmar que la colección de cuentos, desde cierto nivel de
interpretación son como puertas vinculadas entre sí, en las que un elemento
aparentemente intrascendente reviste un enlace con otra historia (la herida
de la mujer en El Don, la isla de Siete enigmas del corazón,
El caballo de Hierro, los viajes en tarot, el misterioso libro El corazón
de Neón y otros elementos) nos muestran que probablemente la compleja
máquina de narrar que es la mente de Harrison esté constantemente sometiendo
a los mismos personajes (los de El
Curso del corazón) bajo las leyes del Karma y el Dharma, siendo cada
historia una nueva iteración, una nueva oportunidad para entender que la
única forma de terminar la historia es salir de ella y mirarla a través,
cosa que no podrán hacer dada su bidimensionalidad.
Altamente recomendable y como todo lo que ha escrito Harrison, absolutamente
no para los débiles de corazón y los lectores de Best sellers.
© Isaac Robles; 26-04-06.
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