LEM, UN BREVE HOMENAJE

Stanislaw Lem (Lvov, 1921 - Cracovia, 2006) fue uno de los más grandes autores de la Ciencia Ficción del Siglo XX y probablemente el más reconocido en una lengua que no fuera la inglesa. Siendo incluso mencionado por algunos críticos como una de las voces más notables de la literatura fantástica en el siglo que se fue, junto con Kafka y Borges. En el caso de la ciencia ficción, nos probó que era posible combinar una especulación pura y dura con la belleza literaria propia del mainstream.

Su obra, tal como se indica en el siguiente y, extraordinario Obituario que le ha dedicado el Times, si bien se centraba inicialmente en las convenciones del realismo socialista, escapó de este a través de la ciencia ficción, que ya era practicada en la entonces URSS. De hecho, podríamos emparentar conceptualmente a Lem con los Hermanos Arkady y Boris Strugatsky, con los que comparte varios elementos, entre ellos la irrupción de lo fantástico en lo cotidiano desde un punto de vista humorístico y satírico y una narración ágil al mismo tiempo que incitante.

Su involucramiento con las ciencias, en especial con la medicina y la cibernética, complementaron enormemente su capacidad literaria, siendo responsable de obras tan llenas de contenido como Diarios de las Estrellas, donde el ingenuo Ijon Tichy se da de cara -literalmente- con todos los accidentes posibles, tales como un campo de huecos gravitacionales, donde sus "yo" de diferentes tiempos convergen, un planeta donde la solución de un sabio a un problema social es sólo protésica y por tanto, ridículamente insuficiente, y sin embargo creída, o el enredo de la OTHUS (organización de regulación del tiempo) que introducen todas un fuerte elemento de humor negro, sátira y crítica a los sistemas preestablecidos.

Quizás el otro lado de la moneda sea el Piloto Pirx, opaco surcador del espacio conocido –y unas cuantas provincias del desconocido- para el cual los problemas siempre se resuelven de acuerdo con lo que el teórico de la innovación Roni Horowitz ha dado en llamar "El principio del mundo cerrado", es decir, Pirx es un vehículo de Lem que nos sirve para darnos cuenta, a través de una ironía con tonos grisáceos, que a veces mirarse el ombligo resulta ser el método –casualmente obtenido- para solucionar los problemas, dicho esto, no sorprende que Pirx sea un descreído de las posibilidades de la inteligencia artificial, más aun teniendo en cuenta aquellas características que separan al humano del robot, tan mencionadas por autores como Asimov y como esas aparentes diferencias los emparientan mucho más en un grado mayor: el de la estupidez.

No es tampoco casualidad que sea uno de los autores que más he reseñado en mi período como colaborador de esta página, comenzando con Regreso de las estrellas, en la que una narrativa sólida y fría como un témpano nos describe un mundo que podría ser la utopía pacífica o la distopía de la blandura. Tal como sostiene John Byrne en la reedición del Comic OMAC: “me he dado cuenta que la humanidad es como acero sin templar, necesita grandes pruebas para cambiar.” Sin embargo, tal digresión es dejada por entero al lector, sin tomar partido ya sea por la vuelta a la “emoción” (tan temida por la celebérrima especie Vulcano de Star Trek) o por la dócil aceptación de un mundo desprovisto de cimas y simas mediante la betrización, suerte de vacunación anti-violencia, tal vez con el oculto interés que mostrarnos lo que los sofistas ya habían declarado 1600 años atrás: que bien, mal, conveniente, inconveniente, etc. son conceptos que dependen por entero de quien los enarbola, no siendo más ni menos humano con ello.

En su prosa no queda títere con cabeza, Lem nos demuestra con un lenguaje simple, convincente y literariamente sólido las limitaciones tanto del capitalismo como del comunismo a la moscovita, la falsedad de las soluciones "ingeniosas" y nos introduce, sin quererlo, al mundo de la complejidad, sin perder un ápice de belleza literaria o estilo, lo cual lo hace una rareza en el mundo de la ciencia ficción con un canon establecido a la norteamericana: escritores literarios que no saben mucha ciencia, y escritores científicos que no saben mucho de estilo.

La prosa de Lem tiene una gran carga de expresividad y precisión milimétrica en los detalles, ya sean científicos o cotidianos, así tenemos novelas decididamente raras como la fiebre del heno o la investigación en las cuales la única explicación plausible resulta ser la decididamente más ilógica y es que a fin de cuentas: ¿no es la lógica una utilidad accesoria para la mente humana? ¿no es el lenguaje del asombro y la magia el más primigenio? Lem nos demuestra en estas obras algo de lo que Edgar Morin habla en su introducción al pensamiento complejo: los horrores de la ilusión y el error, que nos someten a todo tipo de explicaciones “racionales” que de todos modos sólo lo son aparentemente.

Esta tendencia a la búsqueda socrática del asombro como medio de entendimiento de la realidad llega a la cúspide en sus relatos de Robots: Ciberiada y Fábulas de Robots, donde los sabios -aunque algo torpes- e increíblemente poderosos Trurl y Clapaucio hacen desastre y medio por allí, saliendo siempre de todos sus enredos a base de ingenios y/o torpezas de las más alucinantes, que además están directamente inspiradas por Esopo, entonces al final del día siempre queda una lección que aprender y una sorpresa. Además, si bien Trurl y Clapaucio hacen de jueces de las personas con las que tratan, buscando algún tipo de bien o minimización del daño, pero sin olvidar que son ellos mismos parte de una escala mucho mayor de cosas.
Asimismo, recordaremos al Lem crítico, cuestionador y proponente de nuevos temas y formas literarias así como generador de inquietantes ideas, en especial en lo referente a dos libros que anteriormente he reseñado: Vacío perfecto y Un valor imaginario. En ambos desde la perspectiva del prólogo o la reseña de un libro imaginario (practica que tiene referentes en De Quncey y Borges entre otros) parte desde la definición misma de enredo recursivo: una resumen del libro mismo a modo de prefacio donde nos deja una frase para la antología: ¿cuál fue su propósito, el de sistematizar la pedantería o la broma? Y donde habla del autozoilo, una máquina o artilugio conceptual capaz de combinar los diversos estilos de un autor en diferentes épocas, llenando una especie de vacío ficticio donde el autor no estuvo, a esto le podríamos llamar la prótesis de la literatura, un nuevo y artificial, aunque no por ello menos irrumpiendo y modificando la cacofónica (según Flaubert) realidad.

Estos textos son excusas para desplegarse a su regalado gusto en temas que van desde la cosmogonía (la Nueva cosmogonía) hasta el erotismo (eruntica, sexplosión) pasando por tesis literarias de construcción dudosa (nada de nada o la consecuencia, tú) o verdaderas obras de arte de la especulación sobre la cultura (la cultura como error, en la que se muestra extrañamente positivista), la inteligencia (Odis de Iaca en la que se despacha con todo contra la especialización y redefine el concepto de “genio”) y la existencia (de Imposibilitae Vitae e Imposibiligae Prognoscendi, en la cual a través de un farragoso pero no por ello aburrido ejercicio de retórica llega a una conclusión fulgurante: el ser humano es un milagro termodinámico)

Me quedan para el recuerdo las imágenes mentales de sus relatos: dos enromes ejércitos de robots tomados de la mano contemplando una flor, el enorme cuerpo de un robot que orbitaba un planeta donde Trurl le había dejado una simulación de reino y que lo había sobrepasado, el chocante encuentro de Clapaucio con la Fase Superior de Desarrollo, que nos dice a las claras algo que, parafraseando un poco a Hideaki Anno, dice así: Dios está en su cielo, y todo anda bien con la tierra (porque a Dios no le importa, y si le importase, igual sería de más) o el príncipe Braguetano, incapaz de caer en los trucos de su maléfico visir sólo por tonto. El asombro de Pirx al darse cuenta que el punto en la pantalla que parecía ser un objeto a perseguir rebotaba en su borde, O al implante que habiendo sido diseñado para ser el mejor amigo de Ijon Tichy recomendándole que se suicide, o al mismo Tichy mirándose a sí mismo en otra época y luego seguir, inevitablemente metido en un bucle del tiempo.

Para terminar, quiero referirme a su obra cumbre: Solaris. Como ya he dicho en una reseña que publiqué en Velero 25, nos confronta con los límites de lo humano, que es exactamente la fuente de nuestros mayores temores: la incapacidad de entender como se manifiesta nuestro universo y como escapa de ser algo predecible, mensurable y por ende, controlable, todo esto en una prosa fría y cortante como un cuchillo y que no deja lugar a la especulación ni la esperanza, esto, en la opinión de varios entendidos del género, es un punto de clivaje en la historia de la ciencia ficción. Por ejemplo John Clute En su Enciclopedia de Ciencia Ficción afirma que Solaris es uno de los puntos de pasaje a la adultez del género al proponer una especie alienígena (en este caso todo un planeta) imposible de entender y menos aun de establecer comunicación ¿cómo comunicarte con un planeta? ¿Cómo descifrar sus respuestas? Entonces, Solaris es al ser humano como este es a sí mismo: recordemos que nuestro inconsciente sigue siendo terra incognita, por tanto si toda nuestra mente pudiese ser desplegada ¿qué encontrará cada uno? ¿Cómo reaccionaría? Entonces, tal como plantea el texto, si la incomprensión es la clave de la locura, vivimos angustiosamente en su borde, tentando la caída ya sea en las explicaciones simples y fácilmente totalizadoras o en la pérdida de cualquier asidero con la realidad. Una obra maestra en la cual varias capas de discursos se acumulan, dejando al lector con una sensación de algo inacabado pero que resulta el inicio para ver más allá.

Como colofón sólo agregar: Descanse en Paz, Maestro, allí donde las Galaxias nacen y los ingenieros cósmicos hacen de las suyas, no se olvide de saludarnos a Trurl ni a Clapaucio y si se encuentra con un planeta extraño, recuerde que la extrañeza es parte de la humanidad.

© Isaac Robles; 21-04-06.
Si desea enviar algún comentario pulse aquí

 

Google
Web www.velero25.net
 
Stanislaw Lem
Entrevista a Timothy Zahn
Ciudad
El hombre de la máscara
Inmortal
El arte de Joe Jusko
BitImagen

 

Abril 2006

Volver

Editorial

El mes del libro y la lectura

Artículos
Escenarios futuros y paradigmas emergentes
Luís Bolaños.
Cuando el conocimiento une dispares
Jorge Revilla.
Ensayo

Lem, un breve homenaje
Isaac Robles.

Entrevista
Timothy Zahn
Relatos peruanos
El hombre de la máscara
José A. Bravo de Rueda.
XYZ
Clemente Palma.

Relatos extranjeros

Calderero
Lester del Rey.
Ciudad
Clifford D. Simak.
Reseñas
Preparativos de viaje
Isaac Robles.
Century Rain
Daniel Mejía.
Pirx, el espacio exterior al desnudo
Daniel Mejía.
Comentario monologante del cuento El
Río del Mundo
Pedro Novoa.
Cine & Comic
S.CRY.ED
Isaac Robles.
Inmortal
Daniel Mejía.
Galería

Joe Jusko
Víctor Pretell.

BitImagen

Narrow Escape de Joe Jusko.
Luís Bolaños.


 
Ediciones Pasadas
  Recursos C-F
  Enlaces
  Escríbenos
  Suscríbete
 
.
Optimizado para 800x600
Agradecimientos

© 2003 Velero25.net
 Todos los derechos reservados.