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La primera vez que me tropecé con los dibujos
de Dorian, enseguida mire por encima del hombro para estar seguro de que
nadie me estaba observando, había una tal mezcla pecaminosa y placentera en
sus trazos y colores que parecía imposible que no existiera algún tipo de
castigo por empaparse las retinas de semejante regocijo visual.
Lo extraordinario era que a medida que ampliaba el marco exploratorio y se
diversificaba la gama temática persistía ese halo de trasgresión, esa pátina
de extravagancia que bordeaba lo sadomasoquista (cayendo en ocasiones a su
interior como ocurre con “Feeding” donde diseña un extraño artilugio con el
propósito de mantener sujeta a la joven de cuya lengua se extrae la sangre
que proporciona título al cuadro) o abordaba lo mitológico mutándolo en
narraciones reconocibles pero más perturbadoras que el original: "Echoes"
donde una fauno agotada de tocar la siringa a la sombra de un árbol ofrece
desmayadamente la grupa, el desagradable atractivo de esos senos henchidos y
la lengua acariciante del horror de “Maternity”, la nueva versión de la
muerte de Medusa en “Trophy” o la alada “Vandala” de escultural silueta y
blanca mirada que ofrece una visita a un Walhalla seguramente muy peculiar.
Su faena se aglutina en torno a la fantasía, será así como lo demuestra en
colecciones completas de belicosas féminas (“Courtyard”, “Charmer”, “Centurion”,
“Arbitrator”); o en las cascadas de sangre representadas en “Blood Bath”, “Blessing”,
“Plight of Seraphin”, o “Confessional” y que sirven de epílogo a batallas o
ceremonias con sacrificio; asimismo en aquellas ángeles de turbadora
perfección adoradoras de serpientes, que con una especial mixtura,
representada en el nexo entre alas emplumadas y serpenteantes culebras,
(“Compromiso”, “Hazing”, “Kiss”) nutren nuestras apetencias; además surgen
híbridos producto verosímil de la biotecnología o de la mitología desaforada
que subyace como relato articulador en el subtexto de sus proyectos en
“Hybrid I” e “Hybrid II”, o en “Companion”; son igualmente representativas
sus hadas candorosas y extrañas (“The Enlightening” con pezuña hendida,
gruesa cola y alas sarmentosas pero con una mirada tan dulce que disuelve
cualquier temor; “Daughter of Danaus” brillando en celeste y tornasol en un
escorzo que la torna apetecible sin que trasluzca nada; “Wateringhole” con
su parecido a una mariposa; “Reflections” transida con la solidez muscular y
la opulencia de las carnes que de ninguna manera podrán ser elevadas por las
ridículas alitas pegadas a su espalda); finalmente la coalición de dragones
y bellas jinetas en “Nomads” y “Draco” nos lo presenta siempre en búsqueda
de la imagen chocante que despierte a la medida de un collage surrealista un
inédito encadenamiento neuronal, hasta ese instante casi de epifanía y
descubrimiento que fue la visión del dibujo.
Mas que ropajes sus modelos llevan correajes de cuero repletos de ingenios
plagados de puñales, dardos quizás envenenados, placas metálicas de
refuerzo, de una filigrana y disposición tales que debemos concordar que
sería un novedoso diseñador de modas… si se dedicara a ello, observemos para
confirmarlo a “Empress” o “Demonatrix” con sus sucintos y mortíferos
atuendos en el doble sentido de la palabra, por que las armas que se
perciben pueden causar la muerte y por que las deliciosas extensiones de
piel descubierta lograrían obnubilarnos el entendimiento.
Sus hermosas y transfiguradas mujeres (como la diosa de carnes marmóreas de
“Beholder” o la doncella de cera que literalmente se disuelve en “Waxx”)
participaban de rituales creados para universos paralelos (verbigracia: los
emplumados amantes de Alliance), o transitan por ayuntamientos increíbles
con demonios (“First Taste”), con humanpulpos en “Seafood” (sensualidad
líquida en composición diagonal iluminada por la piel de la ofrendada), con
crustáceos gigantes (“Animal Lust” con el detalle incongruente que brota de
la comparación entre el éxtasis que expresa la chica envuelta en coriáceas y
crujientes extensiones y los zapatos rojos de tacón alto que conserva como
único atuendo; o “Hot Lunch” donde la hembra instalada en el séptimo cielo
de la lujuria ha sido prácticamente absorbida por el ente y las
pseudoespículas tocan, ciñen o presionan cada punto álgido de delectación)
sin perder en ningún momento su feminidad, más bien tendiendo a exhibirla
con aplastante seguridad (sobre todo en su recurrencia a esa serie de
guerreras o heroínas propias de la historieta, Lady Death, Rogue, Lara Croft
y Alley Cat), excepto en aquellos sucesos donde por sus características era
necesario que estuviesen sumisas y entregadas (“Artist & Bride”).
Sin embargo, será en la exploración de la
historieta donde recreará en un estilo insuperable y vigoroso utilizando una
gama de protagonistas que van desde “The Crow” hasta “Purgatori”, una enorme
variedad de temas y aproximaciones a nuestros géneros, tanto por el costado
de las superheroínas y los superhéroes como de la fantasía más desbocada.
También Vampirella y Witchblade, indestructibles y poderosas, y
simultáneamente de inagotable belleza seductora serán algunos de sus
personajes fetiche, en Vampirella (busto exquisito, cara angelical, muslos
labrados) se transparenta el poder mortal del encantamiento, ya sea a través
de la molicie con que se recuesta en su trono, en el ofrecimiento de una
cruz enjoyada mientras detrás yace una de sus victimas o el cariño con que
presta su muñeca para apoyadero de un quiróptero durante su prisión, donde
yace encadenada sobre un colchón de cráneos, uno sabe que saldrá avante de
la última situación, continuará depredando de acuerdo a sus apetencias en la
segunda o gozará al límite de cada momento de su existencia; en Witchblade,
de rostro fiero, mirada helada y labios turgentes, están reunidos la
tentación y el peligro gracias a la conjunción del brazalete mágico con su
organismo, cuyo metal se funde con la carne y convierte sus extremidades en
máquinas letales, mientras las curvilíneas redondeces sobre las que se
implanta ayudan a crear un contraste impactante.
Ambas nos señalan que la ambigüedad es la rúbrica de un sutil trabajo, casi
de orfebrería donde los ojos quedan enganchados por la belleza para que la
mente no rechace el mensaje de aprensión que yace escondido entre sus
pliegues, similar sensación arrojan sus criaturas pavorosas, pero no por
ello menos seductoras como “Ambrosia” (que repta sobre ramas fungosas, toda
placas, púas, cuernos… y hermosura, con una mirada que concentra la
conciencia de su circunstancia y el peligro de su presencia) o Gorgon &
Spider, donde la quimera arrodillada observa al arácnido, despliega sus alas
y proyecta sus poderosos glúteos en tanto que muestra las terribles espinas,
garfios y pitones que adornan su cabeza o prolongan sus articulaciones, su
vistazo sobre la araña es un poema donde anida la tristeza y se manifiesta
la inexorabilidad de su misión.
Rinde homenaje a diversas actrices en varias obras, por ejemplo: Claire
Danes es la joven virginal acosada, magreada y penetrada por momias y
engendros en "Coronation", Jennifer Aniston es la guerrera de cabellos
broncíneos que adorna "Altar" aferrada a su espada y rodeada de cirios, Demi
Moore es la exquisita compañera humana de la jauría que se refugia en una
cueva en "Wolfs" y hasta Morgan Fairchild asoma en el rostro de la samurai
rubia de "Letal Stryke".
Aunque los mundos de Dorian se integraron tardíamente a mi base de datos y a
mi sistema de conocimiento y degustación los exploro con tanta frecuencia
como los clásicos que me acompañan desde hace lustros, es engañoso, en un
primer encuentro nos devasta la piel expuesta, la sordidez de los
acontecimientos sadomasoquistas, la estética del cómic, la composición que
nunca coloca más elementos de los que son necesarios, pero toda esa puesta
en escena es para provocar una doble huella que surge cuando los detalles
enriquecedores emergen de la bruma que cual espuma placentera cubre sus
dibujos y entonces son las miradas significantes, la yuxtaposición de
personajes, la relevancia de los objetos o la precisa forma con que se
manifiestan, los indicadores que adquieren importancia y comprendemos que
tras el anzuelo de la sensualidad se esconde la reflexión y hasta la
exploración filosófica.
Elegí a "Millenium" no sólo por que resume muchos de los puntos
anteriormente descritos sino por ser una de sus aproximaciones más fecundas
a la ciencia ficción aventurera, un planeta desolado por la guerra, con la
atmósfera rojiza por los incendios y surcada por proyectiles y en primer
plano una de sus participantes, una mercenaria con su mascota, tremenda
monstruosidad erizada de espinas, cuernos laterales y filosa dentadura, alas
ásperas y fibrosas, patas de doble pezuña y manifiesta ferocidad, al lado
siempre contrastando la bestialidad con la beldad, se yergue ella, de atavío
sucinto y revelador, apenas unas tiras de cuero que conectan los pezones con
el pubis depilado y las placas en fibra de carbono y plastimetal que llevan
sensores y cartuchos y se interconectan con el sistema protector de miembros
potenciados por la fusión de botas, brazaletes y púas con los músculos, la
piel resplandece humedecida por una barniz sudoroso e irrumpe el busto
macizo sobre el abdomen plano y el ombligo casi perfecto, el cabello rubio
trigo y los muslos torneados complementados por una tierna boca fruncida en
gesto de determinación y unos ojos con mucha historia contemplada, con el
brazo izquierdo extendido y el hombro ligeramente elevado frena las
tarascadas de su mascota y con la derecha empuña un arma humeante
inclinándose levemente hacia atrás, ya ha decidido que hacer, se encuentra
en el momento previo a desencadenar la acción. Es una composición espléndida
donde el centro de impacto visual se encuentra en el vientre refulgente, la
soltura del cuerpo, la actitud con que nos contempla, y hasta el tono
muscular nos dominan, nos mira desde arriba, es como si ya hubiese triunfado
y sólo fuese cuestión técnica y de segundos obtener el resultado.
Definitivamente saborear Cleavenger es un regodeo al que exhortamos
encarecidamente.
© Luís A. Bolaños;
18-09-05. |