XYZ

Esta novela constituye una de las mayores piedras de escándalo de la literatura peruana. Ha sido prácticamente borrada de todo estudio o recopilación académica “seria” de nuestra escena literaria. Haga la prueba, lector, y trate de ubicar alguna referencia a Clemente Palma en cualquier biblioteca. A lo más, encontrará menciones a sus cuentos y a su desdichado juicio sobre César Vallejo. Y si trata de ser más detallista, encontrará que algunos estudiosos mencionan a “XYZ” como parte de su producción literaria, aunque se cuidan de mencionar que no la han leído. Y como nuestras glorias académicas son muy respetuosas de la palabra escrita, se limitan a informar al lector que “XYZ” es una novela “grotesca”. Vaya novedad, si lo dice la misma portada. Les faltó agregar que se trataba de un libro con pasta y hojas de papel, impreso en castellano…

¿Cómo es que pudo escribirse una novela como “XYZ” en nuestro panorama literario, centrado (hasta ahora) en intonsos debates entre “andinos” y “criollos”, o en buscar la cuadratura del círculo que constituye la “novela nacional”? Por suerte, Clemente Palma supo librarse desde un principio de ciertos prejuicios, al menos en el campo literario, puesto que, lamentablemente, en otros aspectos era un peruano a carta cabal: era un racista. Aunque es pertinente precisar que, hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, toda la sociedad peruana era racista, como lo prueba el refrán “no hay nada peor que blanco pobre, negro con plata e indio con mando”. No es el único caso de un talento literario que es al mismo tiempo un imbécil moral: el mismo José Carlos Mariátegui, en sus “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, tiene una opinión bastante peyorativa acerca de los afroperuanos, lo cual no le impidió desarrollar una de las teorías políticas más interesantes del siglo XX.

No intento justificar el racismo, ni menos a Clemente Palma como racista. Simplemente, deseo situar al hombre dentro de su contexto histórico-social (como me enseñaron en el colegio), el cual me llega a preguntar ¿y quién no era racista en esa época? ¿Y en la actualidad, es menos racista la sociedad peruana?

XYZ

El título, críptico como el que más, es otro factor que, a mi parecer, ha contribuido al desconocimiento de la obra de Clemente Palma. Si a ello añadimos el hecho de una edición única y difícil de hallar, obtenemos pues un libro rodeado de una aureola de misterio.

El protagonista de la novela responde al nombre de Rolland Poe, acaudalado científico norteamericano aficionado al álgebra, afición de la cual viene el apodo que le pone un compañero universitario: XYZ. Cabe señalar que las iniciales de “Rolland Poe” corresponden a las de “Ricardo Palma”, padre del autor.

La novela está narrada desde el punto de vista de William Perkins, condiscípulo de Rolland Poe en la Universidad de Los Angeles. Perkins. Principia por rememorar los primeros años universitarios de ambos, para luego indicarnos que Rolland Poe inició una carrera de industrial, basada en la explotación de inventos propios y mejoras técnicas. Rolland Poe se nos muestra como un brillante científico, cuyo talento es celebrado por sus contemporáneos, al punto que se le llega a considerar el “heredero de (Thomas Alva) Edison”. Incluso, llega a brindar importantes consejos a Albert Einstein y Madame Curie, en lo tocante a la teoría de la relatividad y al proceso de producción de radio.

Este singular personaje, empero, decide orientar sus investigaciones hacia otros campos del saber humano, como la filosofía y la biología, lo cual no le impide desenvolverse en otros ámbitos, como el cinematográfico. Amigo de Douglas Fairbanks, pasa un tiempo en su compañía y con la de otras estrellas hollywoodenses. Al espectar varias producciones cinematográficas, admira la capacidad del cine de reproducir la existencia –sobre todo de las actrices - en casi todos sus aspectos. Y se pregunta si acaso no será posible perfeccionar esa reproducción, al punto de hacer audibles y tangibles las imágenes que observa en la pantalla…

Este deseo llevará a Rolland Poe a desarrollar un proceso que le permitirá hacer realidad sus ambiciones, proceso que involucra a partes iguales seudo ciencia y fantasía: mediante radioactividad, se estimula una porción de albúmina de huevo. En palabras de Poe, “La radioactividad ejerce una acción sustantiva en la vitalidad, energía y multiplicación de las células que, de inertes y trabajosamente conservables, se convierten en dóciles y evolutivas”. Esta suerte de materia vital puede adoptar la forma (viviente) que el científico desee. En este caso, la “forma” es proveída por las imágenes de actores y actrices hollywoodenses almacenadas en sus respectivas películas. Poe hace construir “una especie de moldes de cristal que tenían vagamente la forma o contorno de la entidad orgánica que deseaba reproducir”. Si bien estamos en la época del cine mudo, nuestro inventor utiliza placas de selenio y sales de potasio para dotar de habla a sus réplicas. Y con una solución digna de Robert Bloch, el resultado son reproducciones idénticas de seres humanos, basadas en las imágenes capturadas en el celuloide: identidad de los entes, identidad de las personalidades. Pero dejemos que el mismo Clemente Palma nos narre el primer encuentro de William Perkins con una de las criaturas surgidas de la inventiva de Rolland Poe:

“Y pasamos a otra habitación del mismo piso de la casa. Rolland me puso un pequeño micrófono adaptable a un oído, y me dijo”
- Ahora mira y escucha.
Así lo hice, y de pronto ví en el piso claramente iluminado por la luz solar que entraba por las ventanas un perrillo de San Bernardo, no mayor que un ratoncillo, que vino a mí moviendo amistosamente la cola y ladrando alegremente. En otro extremo de la habitación, sobre una diminuta chaise longue, estaba un pequeño Maurice Chevalier, de unos cuarenta centímetros, y a quien había conocido y tratado alguna vez en Los Angeles con más respetables dimensiones. Estaba tarareando su Paris je t’aime … y al vernos entrar se incorporó, y con voz que me llegó por el micrófono con la intensidad humana normal, me dijo:
- Hello, mister Perkins, how do you do?”

El “Maurice Chevalier” de cuarenta centímetros, calco perfecto del original, se considera a sí mismo el “auténtico” Maurice Chevalier, aunque no se explica su aparición repentina en la residencia de Rolland Poe, a quien sin embargo “recuerda” haber conocido en Hollywood. Lamenta además lo breve de su estadía, pues está por “regresar al estudio de la Paramount, en Hollywood, para filmar un nuevo argumento con miss Jeannette (McDonald), Irene Dunn, (Clark) Gable y Stone... Y después iré a mi París, donde pasaré el invierno”.

Ya en privado, Rolland Poe explica a su amigo que los “homúnculus, una variedad específica de lo que llamo a los andrógenos o andromorfos” se rigen por leyes biológicas bastante singulares: viven poco tiempo, no tienen la percepción de ser copias, su inteligencia y conciencia son idénticas a las del “original” y, entre otras características más, su muerte se produce al agotarse la “radioactividad acumulada, por delicuescencia, o sea, que todo el organismo se deshace y licuefacta de un modo semejante al de la sal común en la humedad.” El líquido resultante es reutilizable.

A partir de aquí, la acción se traslada a una isla ubicada en algún lugar del Océano Pacífico, isla que ha sido comprada por Rolland Poe para continuar con sus experimentos lejos de miradas indiscretas. William Perkins se encarga de la construcción de una residencia y laboratorios idóneos para la reproducción de los homúnculos.

Ya instalado, Rolland Poe empezará por duplicar a diversas actricess: Greta Garbo (cuyo duplicado “muere” tras cumplir su ciclo), Joan Crawford, Norma Shearer, Joan Bennett y Jeannette McDonnal (sic), con quien Poe iniciará una relación romántica.

Dado que las instalaciones de la isla requerían de cierto mantenimiento, Poe se rodea de un grupo de servidores negros, a los que considera de mente simple y suficientemente ignorantes como para no tener sospechas respecto a las actividades a que se dedica. Tiene también un capataz, un joven blanco y sordomudo, de quien deduce que sería incapaz de comunicar nada al mundo exterior.

Empero, el supuesto sordomudo es un pícaro que finge tal condición para suscitar lástima y lograr así mejores retribuciones. Su espíritu inquieto lo llevará a abandonar la isla en el barco que, necesariamente, aprovisiona de alimentos a los pobladores de la isla. Ante la ausencia de su capataz, Rolland Poe creará un duplicado de Rodolfo Valentino, siendo este un toque de humor de Clemente Palma. Valentino ya estaba muerto para el tiempo en el cual transcurre la novela, y su presunta homosexualidad lo hacía “seguro” para el ambiente de la isla, llena de hermosas mujeres…

Debido a informaciones proporcionadas por el capataz, algunos personajes de Hollywood sospechan primero de un rapto, para luego concluir que Rolland Poe prepara algún tipo de sorpresa utilizando dobles de las actrices de moda. En una acción entre intrépida y jocosa, “el director de la Metro Goldwin Meyer, Lewis Stone, William Power, Gary Cooper y George Bancroft” rescatan (o raptan, según se mire) a las cuatro dobles, matando (de nuevo) a Rodolfo Valentino y dejando a Rolland Poe completamente solo.

Ya en Hollywood, y con mucho sentido del negocio, se produce un espectáculo basado en el “rescate de las dobles”, en el cual participarán estas y las actrices “originales”, quienes no salen de su asombro al encontrarse con sosías tan perfectas. La opinión pública, manipulada por los diarios, atribuye las peculiares personalidades de estas dobles, quienes creen ser las auténticas estrellas del cine, a supuestos poderes hipnóticos de Rolland Poe.

El final es melodramático. Durante la presentación de las actrices y sus dobles, en un teatro de San Francisco, reaparecerá Rolland Poe (a quien habíamos dejado en su isla), quien desde su lugar en el público, comunicará al mundo la naturaleza de las dobles, su final (la licuefacción de las mismas, que ocurre en esos mismos instantes) y la consecuencia no deseada de la manipulación del radio: Rolland Poe ha sido contaminado por la radioactividad, y por ende, condenado a muerte. Tras la licuefacción de las dobles, Rolland Poe “rápidamente se descerrajó un tiro de pistola en el corazón cayendo muerto en la sala”.

Este es, pues, el increíble argumento de “XYZ”, novela que constituye un verdadero rasgo de inteligencia y originalidad dentro de la literatura peruana. Quien diría que fue escrita en 1935.

Mi agradecimiento al señor Guillermo Guedes y a la señora Adriana Alarco de Zadra, sin cuya colaboración habría sido imposible escribir este artículo.

Y mi reconocimiento y admiración a Clemente Palma, hijo de su tiempo, por haber escrito esta novela.

© Daniel Salvo; 03-09-05.
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Setiembre 2005

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