Lo que sigue no es ni
un editorial ni un debate, sino algo intermedio.
El Sr. Niven presenta su punto de vista, el Dr. Asimov replica y así
siguen.
El problema de "La marcha de los imbéciles"
por Larry Niven
Isaac Asimov es un hombre con una misión. Durante muchos años ha estado
intentando persuadir a la humanidad (o a la parte de la humanidad que lee o
escucha las palabras de Asimov) para imponerse a sí misma el control de la
natalidad. Él no está sólo en esta cruzada. Los defensores del Crecimiento
de Población Cero (CPC) son numerosos y se hacen oír y son elocuentes.
Pero yo desconfío de sus soluciones.
Considere la actividad de CPC como una presión evolutiva. La evolución
depende de aquellos miembros de una especie que son capaces de sobrevivir y
de reproducirse. En la mayoría de los casos casos, las presiones evolutivas
actúan para mejorar la especie en relación con su ambiente. Los lobos matan
a los miembros más débiles, lentos y ancianos de un rebaño. (Pero los
cazadores matan a las mejores presas.) Cuando los grupos humanos emigraron
al norte desde África, y debieron cubrir sus pieles contra el frío. Aquellos
con las pieles más oscuras murieron porque sus organismos no producían la
suficiente vitamina D y los de piel más clara sobrevivieron. (pero los
hombres cruzan perros o caballos para ajustarse a caprichosos estándares,
hasta que toda posibilidad de cruza se arruina.)
Tradicionalmente, la humanidad no es buena mejorando una especie. Para
nosotros, los argumentos usados por los defensores de CPC se han hecho para:
-
La gente que no
escucha, o no lee…
-
La gente demasiado
estúpida para entender los argumentos del Dr. Asimov.
-
La gente que los
entiende, pero que no le importa.
-
La gente demasiado
estúpida, torpe, precipitada, fogosa o desinteresada en usar
anticonceptivos correctamente. (¿Recuerdan a la mujer que no
entendía como quedó embarazada? Tomaba sus píldoras anticonceptivas
regularmente. Excepto los domingos, por supuesto.)
-
Aquellos demasiado
cobardes para afrontar un aborto, o una ligadura de trompas, o una
vasectomía, o aquellos que se pierden camino del hospital, o que
olvidan sus citas
-
Aquellos que están
en desacuerdo con los argumentos de Isaac por una u otra razón.
Su razonamiento tal vez siga mis propias
premisas o tal vez hayan leído La Marcha de los Imbéciles, una
clásica historia corta de C. M. Kornbluth, cuya premisa es la
siguiente:
Durante varias generaciones a partir de ahora,
la gente inteligente deja de tener hijos, o tienen demasiado pocos, por una
variedad de razones. Los hijos son caros. (Solían ayudar en el trabajo de la
granja, o robar para sus padres o guardianes) Uno no puede viajar tanto como
solía cuando tiene hijos. Algunos edificios de departamentos prohíben los
hijos. Es cruel traer niños a un mundo cuyos problemas no han sido
resueltos. La población mundial se incrementa en decenas de miles
diariamente. Todos son buenos y contundentes motivos...
La gente que no entiende nada de esto continua teniendo niños al ritmo
habitual
En cinco o diez generaciones, el ser humano promedio es tan listo como un
perro inteligente. Los miembros de la humanidad que permanecen inteligentes
están desesperadamente ocupados manteniendo el mundo en pie. Demasiado
ocupados para tener hijos por su cuenta...
La solución dada en La marcha de los imbéciles fue desagradable y
cara. No importa. Volvamos a lo básico:
Excepto en el caso 6), Los defensores de CPC
están alimentando a su audiencia por estupidez o por falta de altruismo.
Llamemos a esa aproximación Opción B para labrarnos el futuro
nosotros mismos. La Opción A es No hagas nada. El Dr. Asimov
está ansioso por contarnos los resultados de eso. Guerra, hambruna,
pestilencia, o sobrepoblación hasta el punto de la locura universal.
La Opción C es, “Hemos hecho lo que hemos podido para solucionar el
problema de los hijos no deseados. Ahora tenemos que considerar la
restricción de los niños deseados.”
Considere la anticoncepción (hágasela-a-él) en dos escenarios.
En el primera, el Estado ofrece a los ciudadanos una licencia para
reproducirse. La licencia para el “derecho de procreación” tiene que ser
ganada…por salud extraordinaria o inteligencia, por servicio a la humanidad,
por pagar una cuota, por estafa, por ganar una lotería, como ocurría en la
Tierra en mi serie del Espacio Reconocido, o en montones de otras
proyecciones que se pueden encontrar en la CF. Las leyes tendrían que ser
infernalmente restrictivas al respecto para que funcionaran.
Pero una medida a medias puede ser suficiente. Probemos con esto: cuando se
alcance la pubertad, cada mujer recibe un tratamiento que la inmuniza frente
al esperma. Para quedarse embarazada, ella debe recibir otro tratamiento
–temporal- ...debe hacer algo, con un conocimiento total de las
consecuencias, en lugar de olvidar hacer algo. Noten que las mujeres toman
todas las decisiones en este caso; el prospecto de padre no tiene nada que
hacer excepto quizá la persuasión.
(Esta posibilidad es una reciente idea que aprendí directamente de su autor,
el investigador Jack Cohen. Le sugerí que podría ser nominado para el primer
Premio Nóbel Obsceno. ¡Recuerden, lo leyeron primero aquí!)
Quizás preferíamos restringir poblaciones que no sean nuestras. De acuerdo
al General Patton, “El truco es hacer que algún otro pobre bastardo, muera
por su país—” excepto que nadie muere cuando soltamos bombas anticonceptivas
en las fuentes de agua Iraníes. Una guerra en la que ningún ser vivo muere o
es herido suena bien en principio. El problema es que tal Guerra iría en
aumento. Las armas nucleares existen, y gente que ha sido privada de
su fertilidad quizá no le tema tanto a la radiación.
Ahora echemos un vistazo a la Opción D.
Hagamos a todo el mundo rico. Vayamos en serio con el esfuerzo
espacial. Generadores solares en órbita, minas en la luna y los asteroides,
las industrias contaminantes puestas en órbita para que la Tierra se
convierta en un gigantesco jardín ...algo así. Ese futuro nos ha sido
descrito durante décadas. (Todos a los que conozco sabían exactamente donde
querían que cayera el Skylab. Se suponía que aterrizaría sobre el hombre que
detuvo el dinero que lo habría mantenido arriba: el Senador Proxmire.) Por
supuesto, todo esto debería ocurrir bastante pronto—digamos, en un periodo
de treinta años. De otra manera la población mundial se expandiría hasta
absorber la riqueza obtenida.
Las naciones se han vuelto repentinamente ricas en el pasado, y el resultado
es predecible. La población crece, durante una generación. Entonces se
estabiliza. A veces incluso desciende. Está cayendo en Francia; caerá aquí,
después de que nuestra población supere su máximo —un pico para el que
todavía faltan unas décadas.
La Opción D merece un intento. Merece cada esfuerzo que la
dediquemos. Incluso si no funciona, será mucho más divertida que las Guerras
de Población.
Mi Misión: Expuesta correctamente
por Isaac Asimov
Bien, bien, Larry: Nada más empezar tu primer párrafo lanzas una bola curva.
Dices acerca de mí, “Durante muchos años ha tratado de persuadir a la
humanidad (o a la parte de la humanidad que lee o escucha las palabras de
Asimov) para imponerse a sí misma el control de la natalidad”
Insertar esa frase entre paréntesis, Larry, es sucio, exactamente igual que
una patada en la ingle. Yo siempre he dicho bastante claro que la limitación
de la tasa de nacimiento es para todos, y no sólo para la parte de la
humanidad que me lee o escucha.
Esto, por ejemplo, es lo que dije en mi ensayo “¡Alto!” en el número de
Octubre de 1970 de F&SF: “Si el incremento poblacional debe ser detenido,
dejen a todos estar de acuerdo y voluntariamente practicar la limitación de
tener hijos. Todos simplemente podrían estar de acuerdo en tener nos más de
dos hijos.”
¿Te has dado cuenta de que digo “Todo el mundo”?
Quiero decir exactamente lo que digo. Todo el mundo. No quiero ninguna
excepción. No quiero medidas especiales para colegas de estudios, ni para
gente de alto nivel, ni para mis amigos o conocidos. No quiero imponer
restricciones especiales para quienes sean diferentes de mí o para quienes
no comparten mi apariencia física o cultura.
Y si se hace eso, si la tasa de nacimiento se reduce para todos, todo eso de
La marcha de los imbéciles no se aplica. Es un cuento chino diseñado
para asustar a los xenófobos.
¡Ah! (puedo oír decir a Larry), Asimov puede querer que todos deberían
limitar la tasa de nacimiento, pero Asimov sólo habla y escribe para los
pocos individuos altamente inteligentes y racionales que escuchan o leen y
comprenden sus argumentos. Ellos son los que tendrán menos hijos, mientras
los tontos se reproducen como conejos y La marcha de los imbéciles
nos aplastará aún si Asimov se les opone.
Supongamos que es así. Y supongamos que (de acuerdo a la Ley de Sturgeon) la
especie humana se divide en un 5% de personas inteligentes y un 95% de
tarados. (Sospecho que la gente que se preocupa por
La marcha de los
imbéciles y aquellos que están muy orgullosos de su propia inteligencia
superior están dispuestos a aceptar estas cifras, y estarían encantados de
señalar que si hay algún error, es que estoy sobreestimando el porcentaje de
inteligentes).
En ese caso, si el 95% de tontos se reproducen como conejos destruirán la
civilización en una generación o así, no por ser tontos sino por los males
que se nos impondrán lo que hará una sobrepoblación imposible,
independientemente del CI de los que conformen la multitud.
Lo que haga el cinco por ciento restante será completamente irrelevante. Si
el cinco por ciento que son inteligentes, dejara de procrear totalmente, y
la inteligencia disminuye rápidamente, la civilización no será destruida tan
pronto. Si el cinco por ciento decide seguir la corriente y proveer cantidad
de inteligencia teniendo cada uno quince hijos enormemente brillantes,
entonces esto contribuirá todavía más a la sobrepoblación, la caída de la
civilización llegara incluso antes. Por eso no tiene sentido preocuparse
sobre los efectos de las enfermedades o el control selectivo de la
natalidad, o sobre la gente inteligente siendo aplastada por los tontos.
Sería como preocuparse por un resfriado cuando una bomba nuclear va a
estallar en la vecindad.
Larry se da cuenta de esto, y no nos sugiere, por ejemplo, que los
inteligentes emprendan una carrera por tener más hijos que los tontos. En
lugar de eso, habla sobre varios escenarios que podrían servir para limitar
la población de todo el mundo. Él no cree que intentar limitar la población
a propósito ayudaría. Debería ser realizado de manera automática, incluso
para la gente que no está intentando limitar su natalidad, y su receta es:
“hacer rico a todo el mundo”.
Eso suena muy bonito, si pudiera hacerse, pero no se puede. Las naciones se
volvieron ricas en el pasado, pero siempre a costa de otras naciones que se
empobrecieron. El ejemplo actual del proceso son las naciones productoras de
petróleo. Se están enriqueciendo, pero al precio de amenazar con la
bancarrota al resto.
Nunca hemos intentado hacer a todo el mundo rico, y no sabemos si podríamos.
Mi propia percepción es que no podemos, a menos que primero limitemos la
población. Tratar de hacer a todo el mundo rico mientras les damos carta
blanca para reproducirse seria como tratar de alcanzar a un alazán montados
en una tortuga.
Entérate, yo no estoy en contra de hacer a todo el mundo rico. Estoy tan
dispuesto a ello como Larry. Pero, pienso que mientras lo intentamos,
deberíamos también intentar persuadirlos para bajar la tasa de nacimientos.
Con esa idea en mente es con la que hablo y escribo sobre el problema e
insto a todo el mundo a tratar de tener menos hijos. Tengo intención de
continuar así día tras día.
Afortunadamente, no soy el único que lo hace. Hay muchas más personas que
están difundiendo el mensaje.
Es cierto que yo (y otros como yo) alcanzamos solamente a una pequeña
fracción de la población mundial, pero si llegamos a los inteligentes lo
habremos conseguido, son ellos los verdaderos creadores de opinión y de
modas.
Una razón para las altas tasas de nacimientos, después de todo, es la
presión social en favor de ella. Piense en la gente que cree que es
maravilloso tener hijos, y que es una tragedia no tenerlos. Piense en los
sermones y los programas de TV y en las tarjetas de felicitación y las
películas, y los clichés habituales que giran en torno a la idea de lo
maravilloso que es tener bebés y ser una madre, y qué miserable es el no
tenerlos. Cada persona que participa de esta propaganda pro-natalidad hace
más daño que diez veces su peso en imbéciles marchando.
Supongamos que nos liberamos de esa presión social y comenzamos a sentirnos
orgullosos de las familias pequeñas. Supongamos que liberamos a las mujeres
y se introducen en cada engranaje que hace funcionar el mundo, en
condiciones de igualdad con los hombres. Supongamos que convencemos a los
gobiernos del mundo que una tasa alta de nacimiento significa su
destrucción.
En ese caso, la tasa de nacimiento podría caer porque estaría de moda tener
pocos hijos, y la gente hará cualquier cosa si está de moda. Y la tasa de
nacimientos también caerá porque las mujeres tendrán otras cosas que hacer
mas que tener bebés. Y la tasa de nacimiento también caerá porque los
gobiernos se las arreglarán (para su auto-protección) para favorecer
mediante impuestos y potenciar las bajas tasas de nacimiento.
¿Es este un sueño idílico?
¡En lo absoluto! ¡Funciona!
Las tasas de nacimiento están cayendo en todas partes, y las familias
pequeñas están poniéndose de moda. Esto está sucediendo no sólo en Europa
occidental y en Estados Unidos y Canadá, también está sucediendo en Rusia y
los países de la ex-URSS y en China. Está sucediendo también en muchas
partes del tercer mundo, y tengo noticias de que en los últimos años la tasa
de nacimientos ha caído sustancialmente en Méjico, en todos los sitios.
De hecho, la tasa global de crecimiento mundial ha caído, estoy hablando,
desde el 2 por ciento en 1970 (cuando escribí mi ensayo ¡Alto!) al 1,6 por
ciento en 1980. No lo suficiente, Dios lo sabe, pero el cambio esta en la
dirección correcta.
Y la razón para ello es que yo, y otros como yo, hemos advertido
continuamente y de manera incansable a la conciencia mundial sobre los
peligros de la superpoblación y que más y más gente está empezando a
entenderlo, y que la buena nueva se esta esparciendo, y se está poniendo de
moda y puede mantenerse.
Y quién sabe, puede que lo consigamos, a pesar de Larry.
Todavía tenemos el problema de "La marcha de los imbéciles"
por Larry Niven
Isaac:
Una patada en la ingle, ¡Mi pié! Esa frase entre paréntesis está ahí para
ser fiel al articulo citado y dice algo que deberías tener en cuenta. Puedes
seguir diciendo “Todos” hasta que el infierno se congele, pero de hecho,
estás gritando solamente a las orejas de los lectores de inglés que estén
dispuestos a escucharte, entenderte y actuar en consecuencia.
Yo no estoy en contra de limitar la tasa de nacimientos. Es la persuasión lo
que me tiene preocupado.
Aparta tu característica humildad por un momento y recuerda que tus lectores
son más brillantes que la media de la humanidad. Persuadirles a ellos para
no tener hijos es un error. Persuadir a cualquier otro es imposible. (¿En
serio estás considerando poner de moda el tener pocos hijos? ¿No sabes lo
rápido que cambian las modas? El año que viene se llevará el look de
embarazada, amigos.)
Mencionaste una posible respuesta, pero no tienes la sartén por el mango.
Nuestra estructura de impuestos favorece tener hijos. El sistema de
bienestar ofrece estímulos extremos para tener hijos. ¡Hay muchos para los
cuales es una profesión! Tú y tus aliados deberían usar sus poderes de
persuasión para remover ese bono. (Y lo están haciendo, desde luego, sugiero
que ese debería ser el principal motivo en tu argumentación)
Pero el control de la natalidad por coerción no es sólo desagradable, sería
concebible que nos lincharan. Sin importar el grupo que tome el control de
los cheques de ayuda ¿No serán ellos los que griten “Genocidio”? y ¿No lo
adorarán los abogados y los periodistas? De hecho, tendrían razón. Es el
motivo de mi argumentación, estás cometiendo genocidio, con tu moda, contra
los desinteresados lectores.
Si hay una opción mejor, deberíamos tomarla.
Y la hay.
Dices, “Las naciones se volvieron ricas en el pasado, pero siempre a costa
de otras naciones que se empobrecieron” Estás completamente equivocado, pero
en este caso no importa. Lo que cuenta es lo siguiente: No hay ninguna
nación en órbita, ni en la Luna, ni en los asteroides.
No hay nadie a quien dañar ahí fuera. La riqueza está ahí para tomarla: luz
solar, metales, oxígeno fijado en las rocas, gravedad cero, todo tipo de
materia prima para generar energía limpia y riqueza y una cosa mas: el
espacio donde verter polución de manera ilimitada. Se podría vaporizar la
Tierra sin contaminar en lo absoluto el espacio circundante. Si pudiéramos
poner en órbita nuestras industrias contaminantes crearíamos mucho espacio
habitable, por no mencionar ríos de agua potable y aire respirable.
Ahora, hagamos a todo el mundo rico. La población podría descender
tendríamos más espacio libre. Y si la civilización colapsa de todas maneras,
podría haber grupos fuera de la Tierra capaces de comenzar de nuevo.
Re-Refutación
por Isaac Asimov
Larry, simplemente estás repitiendo lo que dijiste en primer lugar con un
tono más escandaloso.
Permanezco firme en mis opiniones.
© Isaac Asimov & Larry Niven
Traducido para Velero 25 por: Daniel Mejía.
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