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Empecé a morar en el mundo encantado de Rowena
desde las portadas de Nueva Dimensión y de la colección Fantasy de Martínez
Roca, así firmaba, sólo con su nombre con la convicción de saber que aquel
que la degustara, no podría olvidar la finura en la tonalidad de sus
colores, la fuerza de sus composiciones y las diagonales preñadas de
significado con que distribuía sus figuras sobre el escenario de sus obras,
y es que impregnada de teatralidad, más allá de la gama casi hollywoodiense
con que iluminaba sus peripecias, solía relatarnos hierática y potente un
relato en cada dibujo.
Superando la belleza formal y la creatividad que dispersaba en cada
encuentro sobre nuestras neuronas y ojos, Rowena poseía una particularidad
que la tornaba única: nos introducía con familiaridad a los entornos más
fantásticos con que podamos tropezarnos sin que se le arrugara un pelo, lo
insólito se tornaba cotidiano gracias a la magia derrochada por su arte.
Al momento de decidir cual sería la obra elegida oscilaba como siempre entre
el vicio de apoderarme de sus imágenes para mi goce particular y la virtud
de coleccionarlas para compartirlas con otros (dilema que se me presenta
cada vez y que tendría salida mediante el sencillo expediente de convencer
al webmaster de elegir a otr@ artista, probablemente uno intrascendente,
pero eso es algo que no asumí ni con Picacio, por que los retos son
necesarios), cuando recordé a Pierre Louys y como define la distancia entre
ambas: “La misma que existe entre el coño y el culo: justo el grosor de
un dedo meñique” y decidí que siendo así podía utilizar el principio de
la simultaneidad y cabalgar sobre dos caballos para disfrutar doblemente
mientras las observaba (placer de voyeur) y las compartía (placer solidario)
y establecía que el socialismo es una especie de voyeurismo de la historia
política de la humanidad. Comprendí finalmente que las reflexiones que
surgen mientras pergeño los bitimagen (como sugiere algún miembro de Coyllur)
debían también ser presentadas ya que callarlas sería despilfarrar el
proceso que acompaña su confección.
Examinando el archivo de Rowena parafraseaba a Nietzsche: ¿qué rayo la lamía
con su lengua al urdir sus creaciones? ¿Qué locura nos inoculaba al
contemplar sus dibujos? Y no paraba de admirar la deliciosa paleta y la gama
de matices que realza cada aspecto abordado en la elaboración de sus
personajes y el entorno. Observaba que la composición combinaba el uso
adecuado y expresivo del espacio con los atributos específicos de los
protagonistas representando de manera genial la idea global pero recuperando
los vericuetos de la fábula, y así, en cada cuadro, reitero, nos cuenta una
historia. Veamos.
En Sorceress el leve movimiento de la manos demuestra que no es una
novata experimentando sino una bruja avezada que sabe lo que desea con su
hechizo, a donde lo conduce, el ambiente preñado de fábula y misticismo, con
el aroma y el sabor de otras épocas, de fantásticas medioevos alternativos
se equilibra con la contundencia sinuosa de su cadera, con la maciza
presencia de sus músculos y el torneado de sus muslos, introduciendo un
matiz erótico que despliega el poder de la brujería concentrándolo en la
figura de la bella pelirroja, mujer y hechicera fundidas, en su segura
mirada indica que ha logrado detener el flujo de los acontecimientos, que
posee todo el tiempo del mundo para crear su encantamiento.
Gargoyle es una delicada representación de dinamismo concentrado que
conecta con lo onírico y lo simbólico, la gárgola aún tiene sujetos las
garras a la pared, pero ya su musculatura de granito se prepara para el
salto y el escape, simultáneamente una sardónica sonrisa aparece en su
rostro al conjuro para donarle existencia musitado por la bella rubia de
azotantes cabellos, largas piernas y fino busto que la cabalga, mientras
avizora por encima del hombre el arribo de un riesgo demasiado horrible para
ser insinuado.
En The Gate una pareja de amantes se acaricia con furor a través de
una reja instalada en la meseta de un paisaje grandioso y sobrecogedor
iluminado crepuscularmente, en War in Heaven contrapone con maestría
la palidez lívida del ángel demoníaco con la placidez resignada de la bella
querubina recostada en una nube mientras al fondo se levanta entre los
cúmulos una urbe de leves reminiscencias arábigas; en Forbidden Fragrance
combina la exquisitez de la presentación del frasco de perfume con el horror
purpúreo que contiene…y como fondo los rojos labios turgentes de una bella
mujer; Guardian Angel destila romanticismo, conflicto y pasión
mientras las miradas anudadas prefiguran lo que las plumas que rodean el
talle y la mano que casi toca el pectoral van a desencadenar; en Permette
Signorina un extraño pez surgido de un cristal marino contempla a la
bronceada beldad de rojos cabellos demasiado similar a Rowena como para no
pensar en la recuperación de un sueño propio.
Los fetiches que con frecuencia irrumpen en el centro de impacto visual nos
remontan a épocas hiborias o a rituales lovecraftianos, Rowena capta con
facilidad el discurso, expresa con precisión el texto… y sin embargo la
resultante es asimilable a una elegante quimera, típica de su labor,
verbigracia, en Stone Demon, desde el fondo de las sombras azuladas
que rodean al dios de piedra porosa se vierte una corriente de horror que no
obstante queda paliada con la relajada entrega de la chica ofrendada, los
collares violetas que cuelgan en continuidad con los que rodean el cuello de
la estatua y las vibrantes flores que se contraponen a las de roca que
empuña el demonio, sus muslos, brazos y torso se retuercen en ritmo
sincopado con los del pétreo ídolo en una danza que repercute en las
neuronas con significados quizás más siniestros que los aparentados en el
dibujo.
En las escenas de acción maneja elementos que potencian el mensaje, por
ejemplo: un leve tono rojizo que se camufla con la piel bronceada y sudorosa
para darle vitalidad a los héroes y heroínas en contraposición con los tonos
fríos de escamas y pieles de las bestias que los atacan, diríamos que
deviene en un concepción “gótica” suave donde la tensión se diluye en
fluidez y la fuerza se convierte en elasticidad.
Animales fabulosos; castillos aéreos; deidades egipcias; monstruos extraídos
de las canteras de los Mitos de Cthulhu; bellezas angelicales envueltas en
leves gasas o muchachas que desnudan sus extremidades con cierta dosis de
perversión; quimeras de espanto o éxtasis; brujos caminando sobre llamas,
evocando ensueños o enfrentando a horrores convocados por las tinieblas;
momentos de pura esencia aventurera colmados de puñales, bellas
sacerdotisas, princesas seductoras y peligros; guerreros forrados de metal
que ejecutan giros letales en acrobáticos duelos; retratos de Asimov y Sturgeon donde capta sus cualidades y sus particulares visiones; cabalgatas
enloquecidas por subterráneos fosforescentes; dragones domesticados que
sirven a macizas amazonas de pantorrillas torneadas, vientres planos,
flotantes cabelleras y bustos erguidos; esbeltas y dúctiles danzarinas que a
la luz lunar se mueven con tanta gracia que oímos sonar sus cascabeles;
exploradoras espaciales en paisajes de sobrecogedora vastedad; se suceden
vertiginosamente en un torbellino donde la belleza formal no está reñida con
la profundidad en contenido.
Web of the Spider condensa las
distintas líneas de expansión y dimensiones de diseño que pergeña Rowena:
cromatismo generoso que se despliega en la gama de los rojos, diagonal
expresiva gracias a un cuerpo dadivoso que se ofrece a la admiración tan
sólo velado por bikini, cintas y humo, con un plumoso gorro casi frigio para
otorgarle la cualidad de sacerdotisa, una espada que le confiere la
representatividad de una guerrera y una hermosa cabellera grana que agita
como un estandarte, su actitud es de una solemnidad casi ceremonial (la
punta de la espada y la fuerza de la mirada se conjugan sobre el punto de
donde surgirá el peligro arácnido), en su cuerpo alerta no hay blandura, y
en su postura se conjuga suave carnalidad y potencialidad, pero si surge la
confianza relajada y dúctil de quien sabe que podrá abortar el ataque o
rechazarlo eficientemente, se remonta y gira ayudada por sus inmensas alas
de plumaje bermellón y donde cada una de las mismas ha sido tan atentamente
modelada, tan exquisitamente cincelada que podemos sentir el susurrar del
viento y la energía del esfuerzo vibrando a través de su plumón, ¡aaah!, si
las diosas que imagina Rowena asumieran corporalidad el mundo tendría que
transformar sus leyes para albergar su majestuosidad y su garbo.
Finalmente diré que Rowena es mi contemporánea, una neoyorkina orgullosa de
su cosmopolitismo y de su arraigo (que es a la vez fuente de inspiración), y
que se ha convertido en autentica institución en los géneros de la
ilustración de SF, fantasía y horror, en una de sus firmas más conocidas por
calidad y abundancia, durante varias décadas cientos de carátulas, portadas,
revistas, portafolios, libros, calendarios y tarjetas han presentado el
manantial de su creación. Desde Playboy y Omni hasta Magazine F&SF, Imagine,
Imagenetion, han recurrido a sus espléndidos universos para ilustrar sus
páginas.
© Luís A. Bolaños;
30-10-05. |