EXTREMAUNCIÓN

Usualmente, suele decirse que la internet va a acabar con los libros impresos. Que todo se está digitalizando, y que pronto nuestras bibliotecas serán algo obsoleto. Sin embargo, el experimento iniciado por Francisco José Suñer y la Editorial Forminge merece un aplauso por lo original de su planteamiento: los capítulos que integran “Extremaunción” fueron publicados primero a modo de serial en el “Sitio de Ciencia-Ficción”, página web a cargo del mismo Suñer. Es decir, hemos seguido el camino inverso, pues de la red hemos pasado al papel. Del bit al átomo, como diría Luís Bolaños de la Cruz.

Además, no estamos ante una edición descuidada o primeriza, como pudiera creerse. La edición es realmente de calidad, desde la cubierta hasta el papel de las hojas interiores. Una edición de lujo, aunque podría haberse trabajado más la ilustración de la cubierta – impactante a su manera-.

La trama de “Extremaunción” es aparentemente simple: en un futuro lejanísimo, con la humanidad en el espacio, la Iglesia Católica es una confesión pequeña pero efectiva. Tiene un brazo “científico”, el Instituto Católico de Investigaciones Científicas -ICIC- que a su vez tiene una particularidad: cuenta con agentes que tienen licencia para matar a quienes, con sus descubrimientos o su actos, pongan en peligro los valores y dogmas de la Iglesia. Existe también una especie de comunidad de religiones que actúa como servicio secreto, de los cuales el Padre Di Stefano, el protagonista, es un doble agente.

En este escenario, el Padre Di Stefano se verá envuelto en una intriga que, en un principio, hace que lo separen de la ICIC. Sin embargo, como agente libre, es reclutado por otros sacerdotes para resolver un misterio mayor: hallar la localización de una misteriosa entidad dedicada a investigaciones genéticas que, entre otras cosas, atenta contra la concepción religiosa de la “vida”.

Nuestros protagonistas se verá así envuelto en una serie de peripecias y saltos de un lugar a otro, mejor dicho, de un planeta a otro (siempre los vemos viajando), descubriendo en cada uno una pista que lo lleva al climático final, esto es, el famoso centro de investigaciones prohibidas, lo cual le deparará más de una sorpresa, puesto que sus colegas no son lo que parecen ni la misión se ha llevado a cabo según sus planes, aunque así lo haya parecido. En esto, sigue la tradición de la mejor novela negra, con su detective que en realidad no sabe para quien trabaja…

El exotismo de los diversos mundos visitados por el Padre Di Stefano contrasta un poco con la poca variedad en las costumbres, lo que es perdonable dado que nos hallamos ante una space-opera con novela de detectives, en la que el desarrollo de los acontecimientos, trepidante como pocos, absorbe al lector por sobre otros detalles, que de haber sido abundantes, tal vez no habrían contribuido en nada a la novela y a los acontecimientos narrados.

A ver si la exportan…

© Daniel Salvo; 28-09-05
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Octubre 2005

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