MASCARAS DE MATAR

La novela comienza bien, presentando la presente trama: en la región denominada Los Seis Dedos, se alza el rumor de una guerra, originada por el regreso del Cufa Sabut. ¿Qué o quien es el Cufa Sabut? Una máscara, compañera de la Máscara Real, que a su vez está oculta por su peligrosidad.

¿Confundidos? No es de extrañar, pues se trata de una la novela donde la complejidad abunda y, por momentos, tiende a cansar. Sin embargo, el mundo que ha creado el autor no tiene pierde.

¿Cómo describir la sociedad que nos presenta León Arsenal? Es una sociedad bastante ritual, basada en máscaras, en la cual todo el mundo, pertenezca o no a un determinado clan (o feral, en el innovador lenguaje empleado), debe portar la suya, lo cual le asigna determinados atributos y obligaciones. Este aspecto me recuerda a un episodio de dibujos animados donde el conejo Bugs Bunny y Elmer Fudd se encuentran en una carretera donde recientemente se ha producido un incidente automovilístico que da paso a una lluvia de sombreros de utilería. Los sombreros caen de manera indiscriminada y tienen el efecto de alterar la personalidad de aquel en cuya cabeza se aposentan. Así, vemos a Bugs actuando como policía irlandés por que le cayó una gorra de agente de la ley, o a Elmer pidiéndole matrimonio por que le cayó un velo de novia. ¿Divertido, verdad? Bueno, más o menos así funciona el sistema de las máscaras en la novela, solo que los efectos para el portador van más allá de simular un comportamiento teatral.

Por consiguiente, la aparición de portadores de máscaras peligrosas y poderosas como la Cufa Sabut o la Máscara Real ponen en riesgo el precario equilibrio en que siempre se encuentra la sociedad de los Seis Dedos, región del mundo donde transcurre la acción (se deja a la imaginación del lector adivinar si es la Tierra o no). Ante el peligro referido, un grupo de máscaras “buenas” asume la misión de detener los planes de las máscaras peligrosas…

La acción es trepidante, aunque quizá demasiado. No hay capítulo en el que no se produzca un encuentro peligroso, se revele un secreto o se inicie una lucha. La sucesión continua de escenas de acción contribuye así a restar emoción a los momentos climáticos, esto es, los enfrentamientos entre las máscaras antagonistas, que se convierten en una pelea y una batalla más, que a mi me pasaron totalmente desapercibidas en un principio, obligándome a leer nuevamente algunos capítulos. Unos cuantos momentos de descanso no habrían venido mal.

Hay también cierto exceso de personajes, casi a uno por episodio. A su vez, la caracterización del mismo es harto confusa (el pandalume de Occmedia Alta del feral del chivo, de la rama exiliada de la máscara tal…), de modo que uno no sabe si se encuentra ante un personaje principal, secundario, amigo o enemigo, de manera que aquel al que creíamos conocer más o menos en un capítulo desaparece en el siguiente…

Eso si, para quien busque aventura, la encontrará en esta novela. Y a raudales.


© Daniel Salvo; 22-11-05
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Noviembre 2005

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