LUZ

“Una Novela Vital, Iconoclasta y Revolucionaria"

Michael John Harrison (Londres, 1945) es un escritor caracterizado esencialmente por un estilo muy particular (que en líneas generales desafía abiertamente las convenciones del género) y una extraordinaria habilidad para enhebrar personajes y psicologías con escenarios exóticos e ideas cosmológicas inquietantes.

Luz (2002), su regreso a la Ciencia Ficción después de The Centauri Device (1974), es un libro que, siendo un Space Opera, arrasa con las convenciones del subgénero, impone una profundidad especulativa digna de las mejores novelas Hard y pinta personajes extremadamente sólidos y creíbles, agregando a ello una muy sutil -y ácida- crítica a nuestros tiempos.

La historia se construye en base a tríadas, tripletes de eventos, objetos y hallazgos simultáneos que se agregan de forma incremental hasta un clímax por demás inesperado y lejos en cualquier proporción de lo previsible.

El primer hilo argumental es el protagonizado por Michael Kearney, físico británico en una desesperada carrera por obtener un ordenador cuántico. Más allá de su brillantez científica, la personalidad de Kearney es poco menos que ejemplar: asesino en serie de mujeres, aferrado a una relación marital que, aunque ya terminada, no acaba de disolverse y que es una justificación para huir de sus demonios: tanto internos (su evasión a una tierra personal llamada Gorselands, el paraíso masturbatorio por excelencia, consecuencia de una sexualidad reprimida por motivos no esclarecidos, aunque un complejo de culpa adolescente suena como una buena opción) como externos (la aparente amenaza de un ser que llama Shrander y que, al parecer motiva su conducta homicida) Unido en un equipo de trabajo con Brian Tate, una persona metódica y solitaria, se dan de narices, eventualmente con algo que no pueden comprender.

El segundo hilo de la historia es el de Ed el chino (Chianese Ed) un adicto a la realidad virtual, que ve su placer interrumpido cuando las hermanas Cray deciden llevárselo por alguna extraña razón, la ocupación de Ed es la de Entradista, es decir, un buscador de reliquias (objetos de tecnología alienígena) en lugares del espacio donde nadie –o muy pocos llegan- esencialmente en zonas cercanas al espacio Kefahuchi, un ejemplo de singularidad desnuda que se constituye como “la frontera final” y alrededor de la cual incontables civilizaciones han dejado restos, que los humanos y otras especies buscan para explotar.

Sin embargo, la motivación central de Ed de trenzarse en tamañas aventuras, así como en sus divagaciones en la virtualidad, es la evasión y la huída de un pasado al que no recuerda bien, pero que asoma transido de dolor, soledad y ausencia. Es despertado por Tig Vesicle, un “nuevo hombre” (al parecer una versión genéticamente modificada, con bastantes resultados colaterales como la adicción a la masturbación y un control motor algo extraño)

El tercer y último hilo de la historia es protagonizado por la irascible (por no decir psicópata homicida) Seria Mau Genlincher, capitana (además de ojos, oídos, cerebro y personificación) de una nave-K (¿K por Kefahuchi? ¿Por código K? ¿Por Kearney?) viviendo atrapada en un tanque de proteoma, deformada hasta ser del todo irreconocible como humana y teniendo a su disposición a una de las más temibles naves jamás construida por la humanidad (con tecnología que ni siquiera entiende) emprende un viaje que tiene demasiado de redención y mucho más de venganza y por lo tanto, de huída.

Esta venganza no es en realidad una proyección de los impulsos destructivos hacia otro con un fin propio, sino la negación de su propia naturaleza y deformidad a través de la autoflagelación, racionalizada por un discurso altamente crítico de la banalidad de la “condición humana” de la época. En un universo donde se puede reparar, modificar y cambiar al cuerpo con tan pasmosa (y promiscua) facilidad y ya no hay una muerte que balancee el sentido de la vida (como había explicado en la reseña de Los Ojos de Heisenberg) la constante expectativa de una vida que se construye sin un horizonte real, solamente como una evasión constante, deriva en modorra y mediocridad (máxime si la humanidad está abocada a la labor de explotar conocimientos ajenos antes que afrontar el riesgo de crearlos y errar y aprender de ello)

Esa modorra y mediocridad, racionalmente denostadas por Seria –en palabras de ella misma al ver un asesinato y la reconstrucción de la víctima, ¿y así es como termina todo? ¿Todos los empujones y zancadillas?- se le imponen como un ansia punzante -y mediante el vehículo del recuerdo de una niñez traumática- eventualmente invencible, verdadero motor de sus peripecias.

A su vez, Seria cuenta con asistentes en su nave, entre ellas las misteriosas Matemáticas (una especie de ordenador, la nave, gobernado por el omnipresente Código K) y los operadores fantasma (de naturaleza indefinida y origen misterioso) se gana la vida actuando como nave mercenaria (sin garantía de lealtad alguna) o como transporte de pasajeros (hasta que se le agote la paciencia)

Nos enteramos a lo largo del relato de algo de la tecnología y ciencia de la época, las naves, que funcionan con multitud de tecnologías (y multitud de teorías físicas acerca de la naturaleza del universo, algunas excluyentes entre sí en el papel, más no en el vacío cuántico) tienen en la Nave-K a su último logro, usando una teoría del espacio cuántico llamada la transformada de Tate-Kearney, que describe la posición de un cuerpo en diez dimensiones espaciales y cuatro temporales y a su vez posibilita el viaje espacial como una serie de “saltos” inmediatos entre distintos lugares (recordando que en el mundo cuántico el tiempo lineal no existe) con artillería capaz de freír planetas y batallas espaciales tan confusas que decidir que hacer tirando los dados es tan confiable como fiarse de la maraña de variables dimensiones de las partes en conflicto, sobre todo en la guerra entre los humanos y otra especie, los Nastic.

El desarrollo ulterior de la trama nos presenta una miríada de situaciones y personajes dentro de una ambientación profusa en detalles y barroca en descripciones, así asistimos a los avatares de los “nuevos hombres,” conociendo a la esposa de Tig, Neena, que no pone reparos en aplacar los furores lascivos de Ed, así como a Sandra Shen, dueña de un circo y que le enseña a Ed el arte de la adivinación, Annie Glyph, una conductora de Rickshaw mejorada para su trabajo, que se vuelve amante de Ed tras ser salvada por él, Anna Kearney, la anoréxica esposa de Michael, que comparte con el más de un vicio, además de tenerle una admiración rayana en el temor (extrañamente, encuentra su redención después del coito), Mona el clon (un juguete sexual de unos pasajeros de Seria con mala suerte), el Tio Zip, quien le vendió algo a Seria que podría hacerle recuperar su humanidad y un entradista consumado y Brian Tate, que obsesionado por ganar la carrera, termina convertido –junto con su gato blanco- en una catarata fractal.
La novela combina elementos de viaje espacial, teoría cuántica, fractalidad y teoría de la emergencia, que sin embargo son sólo medios para contar una historia abundante en contenido y que nos habla principalmente de dos cosas:

Primero, tenemos la crítica, Los científicos de ahora no se diferencian mucho de los Entradistas de Bahía Radio, hurgando en los cajones de la naturaleza a fin de extraer algo digno de ser patentado y por ende, explotado y vendido, en este sentido el reduccionismo que ha impulsado al quehacer científico desde el siglo XVIII toca ya a retirada, dejando muertos heridos y sobre todo, contusos y extraviados, la disgregación de las áreas del conocimiento, con la consiguiente incapacidad para conectar dominios disciplinares diversos, ante un mundo que se nutre y crea complejidad nos lleva a visiones sesgadas, aferradas a anacronismos (como el auge de algunas religiones y de enfoques largo ha abandonados demuestra) y silogismos truculentos que sólo justifican absurdos (la política nacional y mundial tiene bastante de esto) en un mundo con pocos –o ninguno, a la larga- beneficiarios y demasiados perjudicados, urge en este sentido, desarrollar una visión integradora, y tal vez la Luz del espacio Kefahuchi sea un sutil aviso de ese fuego prometeico (o epimeteico, según se quiera ver) que tanta falta hace.

Finalmente, está la evasión, ninguno de los personajes principales de la historia (Seria, Ed y Michael) tiene la capacidad o el deseo de enfrentarse a sus heridas directamente, decidiendo dejar de crecer, pasan el tiempo encontrando medios para evadir esa cuestión, masturbatorios en un grado u otro (lo cual se pone especialmente de manifiesto de acuerdo a la relación que presentan frente al fenómeno de la sexualidad, Michael nunca es capaz de consumar un coito y al hacerlo, se siente extrañamente libre y culpable, Ed ahoga sus ansiedades en el lecho, pero no es capaz de establecer conexiones emocionales y Seria canaliza todos sus impulsos hacia la destrucción, con la negación consiguiente a su humanidad) recordándonos que tan poco sabemos de ese “yo” que vive con nosotros y de que manera la sexualidad –y su despliegue- nos conecta insospechadamente con ese lado que no vemos la mayoría del tiempo.

Esta evasión es compensada en la historia por la actitud de sumisión, o de aceptación estoica de su destino que presentan personajes como Neena, Tig o Mona y que son el otro extremo, entonces, la vida –o su transcurrir- están gobernados –o deberían estarlo- por una caminata sobre la cuerda floja, en un equilibrio precario y sin concesiones, siempre oscilando entre ser llevados por el viento (sin intervención nuestra) o dar golpes de timón hacia rutas insospechadas; negando lo ya trajinado y anhelando un mundo distinto y más simple, al que generalmente ubicamos en el pasado, la infancia o lo que otros dan en llamar “los buenos viejos tiempos.”

Es interesante notar como esta “evasión” constituye el núcleo esencial de toda creación y en especial de la creación literaria fantástica, de la cual la Ciencia Ficción forma parte, entonces tal vez cuando algunos críticos hablan de la “Muerte de La Ciencia Ficción” no nos hablan de una muerte en la producción de esta literatura, pero si de la caída en la modorra y en el polvo metafórico, en la incapacidad de conectar con las inquietudes de la época y de señalar derroteros o visiones que no pasen de meros bordados en el vacío (al respecto John Clute, destacado crítico, afirma que el género ha llegado a un punto que, comparativamente hablando, se asemeja a J.S. Bach en la música del Barroco, nunca mejor, nunca más perfecto, pero final y el mismo M. John Harrison en una entrevista sobre la novela habla acerca de que “¡tenemos que salir allá y competir!, Encontrarnos con los gustos de la gente” con lo cual nos dice implícitamente que tal vez la CF ha llegado ya al ápice) y libros como este nos ayudan a restaurar la fe en un género que ha dado mucho y que –esperamos- tenga mucho más para dar.

Para terminar, queda decir poco más salvo, disfruten la novela, cada página es una capa de un delicioso hojaldre de conceptos, ideas y proposiciones asombrosas y de hechos ligados por un narrador invisible (como se comprueba al final) Harrison redondea en esta novela un relato, iconoclasta, revolucionario en el uso de las formas y extraordinariamente profundo en el manejo de los personajes y ambientes, haciéndonos pensar que, como al final de este texto, la Ciencia Ficción puede no estarse dirigiendo hacia un seguro final, sino hacia un maravilloso principio.

© Isaac Robles; 16-03-05.

 
Contrapunto en el tiempo
Isaac Asimov N° 12
Entrevista a Kim Stanley Robinson
Traición
JLA/Avengers 4
Blade Trinity
El arte de Frank Frazetta
BitImagen
Suscríbete al
Grupo Asimov

Powered by es.groups.yahoo.com Yahoo! Grupos

 

Mayo 2005

Volver

Editorial

El trabajo en la Ciencia Ficción

Artículos
¿Por que escribir?
 Paul Robinson.
Contrapunto en el tiempo
Daniel Mejía.
¿Una galaxia humanoide?
Víctor Pretell.
Entrevista
Kim Stanley Robinson
Relatos peruanos
El agente forastero
Adriana Alarco.
Conversión
Rubén Mesías Cornejo.
Relatos extranjeros
Origen
Timothy Zahn.
La paradoja de Fermi
Frederick Pohl.
Reseñas
Luz
Isaac Robles.
Traición
Daniel Mejía.
Cine & Comic
JLA/Avengers 4
Daniel Mejía.
Blade Trinity
Víctor Pretell.
Galería

Frank Frazetta
Víctor Pretell.

BitImagen

Tarzan encuentra a La de Opar por Frank Frazetta
Luís Bolaños.


 
Ediciones Pasadas
  Recursos C-F
  Enlaces
  Escríbenos
  Suscríbete
 
.
Optimizado para 800x600
Agradecimientos

© 2003 Velero25.net
 Todos los derechos reservados.