CONVERSIÓN

Rubén Mesías Cornejo publico hace varios años la primera versión de "Underground" en el diario La Industria de Chiclayo y dejo en el tintero otros relatos más que comparten el mismo escenario, Conversión narra un suceso que acontece en ese extraño futuro plagado de luchas sin cuartel.

A corta distancia del escenario de la emboscada el sargento contemplaba su desafortunado revés. Ante el yacían los cadáveres de los guerreros que habían perecido bajo los efectos de la toxina underground . Recordar el poder de aquella arma despertó el odio que sentía hacia los que habían fraguado el ardid que aniquilo a su compañía. Por ende en él había nacido la necesidad de vengar la muerte que habían sufrido sus hombres. Cada combatiente-medito el sargento-llevaba en su mente el necesario empuje para enfrentar la amenaza de un enemigo como los underground que se proponían esclavizar a los remanentes de la humanidad Pero mientras existiesen hombres libres habría lucha en cada rincón que les sirviese de refugio, pues el Ejercito de la Diáspora no pensaba ceder jamás. Y aunque la contienda había entrado en una fase de estancamiento, se había elaborado una estrategia para atacar los sectores ocupados por el enemigo y evitar que este concentrara sus fuerzas y lanzara una ofensiva suprema contra los campamentos de la Diáspora.
Para concretar su propósito el sargento conecto su radar y se interno en el desierto El sol presidía sus pasos arrojando la abultada sombra de la escafandra sobre el mar de arena que lo rodeaba. Mientras tanto el sargento empezó a remontarse al pasado para vigorizar su odio…

…El radarista de su patrulla había ubicado un lanzacohetes underground detenido sobre un promontorio que dominaba ampliamente aquella porción de desierto. Era posible que utilizaran esa posición como una atalaya para seguir el desplazamiento de las patrullas de la Diáspora a través del desierto. Si esa posición permanecía en poder del enemigo era posible que este se encontrara en condiciones de interceptar a las fuerzas de intrusión que les precedían. Por ese motivo el sargento se decidió a dar el primer golpe. Mediante su intercom ordeno a los hombres que se encontraban en vanguardia que se adelantaran con la intención de establecer contacto visual con el enemigo. Una vez que avanzaron todos pudieron contemplar el fulgido brillo de la barrera protectora que cubría a los undergrounds. La calcinante fuerza del sol caía a plomo sobre ella haciéndola un blanco tentador para un hombre ansioso de gloria. A una orden suya la patrulla formo un anillo en torno a la posición enemiga, y todos procedieron a apuntar, al unísono, los visores de sus lanzarrayos contra aquel objetivo. Un instante después sendos haces de luz coherente cruzaron el cielo para estrellarse una y otra vez contra el escudo underground. El sargento sabía que las frecuentes andanadas debilitarían la cohesión molecular del dispositivo protector pues llegaría el momento en que este no estaría en condiciones de continuar absorbiendo más energía. Cuando eso ocurriera una terrible implosión aniquilaría todo lo estuviera vivo.
Y exactamente eso fue lo que aconteció.
Una fulgurante radiación cegó la visión de los guerreros obligándoles a arrojarse contra la arena. Solo se atrevieron a levantar la vista cuando sus contadores de radiación les indicaron que el peligro había pasado. Entonces el radarista fue el primero en incorporarse para dirigirse a todo correr hacia la elevación que había estado en poder del enemigo, sus compañeros, invadidos del mismo entusiasmo, le siguieron y pronto todos pudieron comprobar el efecto de la destrucción que habían provocado. La colina había sido completamente calcinada, y en el sitio que habían ocupado los underground se abría una profunda sima que guardaba una horrible semejanza con una cuenca vacía. Con semejantes indicios a la mano la victoria parecía completa y fue ruidosamente celebrada. Durante un buen rato se dispararon algunos rayos al aire, y se celebro con la mente puesta en la recompensa que premiaría su hazaña.
Sin embargo el sargento no parecía enteramente convencido de su buena estrella y no participo del jolgorio manteniéndose alejado de sus hombres como si temiera la próxima aparición del enemigo. Su intuición de veterano le sugería que debían prepararse para contrarrestar un posible contragolpe que podría producirse pronto.
De un grito el sargento deshizo el jubilo que embargaba a sus hombre para ordenarles que formarán una posición defensiva en las inmediaciones de la inmensa fosa que había engendrado la implosión .Desgraciadamente la precaución no llego a tiempo y los undeground atacaron antes de que estuvieran en condiciones de repelerlos.
Un horror innombrable demudo los rostros de sus hombres cuando vieron emerger del subsuelo, cual mandrágoras malignas, a los guerreros underground. Sin duda su aspecto contrahecho y su aparición repentina consiguieron neutralizar el accionar de los atacados, después de todo era increíble contemplar como aquellas horribles criaturas empezaban a atacarlos con sus dispensadores de toxina.. Poco después una nube de vapor cubrió a los soldados por entero antes de que la muerte empezara a ejecutar su labor siniestra. Una tras otro los soldados empezaron a caer de bruces sobre la arena, emitiendo elocuentes quejidos de dolor ante la macabra acción de aquella sustancia que carcomía el tejido de la escafandra antes de quemar la carme de su victima.
Pero el sargento consiguió sobrevivir porque vestía un traje provisto de un dispositivo de filtración que impidió que la toxina invadiera a su cuerpo, dejándole tiempo para poner su organismo en estado anabiotico. Gracias a esta argucia consiguió engañar a los sensores que escrutaban el campo de batalla en busca de sobrevivientes
A media tarde, después de una fatigosa marcha a través del desierto del sargento emitió una estentórea ovación cuando la micropantalla de su radar empezó a parpadear anunciando la presencia de una fuerza hostil. Se trataba de un nutrido convoy de deslizadores de transporte que se desplazaban sobre la arena. La visión de aquellas maquinas confiscadas avivo su deseo de acabar con ellas. Y uniendo la acción con el pensamiento el sargento blandió el cañón de sus lanzarrayos contra el vehículo que iba en la vanguardia, adquirió las coordenadas y centro las retículas del visor en el blanco. Era el preludio del disparo, ahora solo tenia que apretar el gatillo para sentir que había ganado la gloria
Pero no alcanzo a hacer fuego, pues alguien disparo antes.
Ante él los deslizadores underground se convirtieron en llameantes moles que caían cercenadas sobre la arena. Y en unos segundos aquel paraje adquirió el aspecto de un cementerio de chatarra ardiente.
De esta manera, absolutamente impensada, el sargento vio que la venganza que había planificado había sido ejecutada por una mano ajena a la suya. Y la furia hizo presa de el pues se considero burlado... Rápidamente ordeno a su radar que encontrara la ubicación del arma cuyas andanadas habían dado cuenta de sus enemigos. La presencia intermitente de una fuente de energía, tal vez emitida por un lanzarrayos le facilito encontrar lo que deseaba.
Conforme se fue acercando a la pequeña cadena de montañas de donde provenía la señal que estaba siguiendo el sargento advirtió que la parpadeante lucecilla era el canal de transmisión de un lenguaje completamente desconocido para el. Cuando estuvo al pie de una de las laderas de la montaña percibió que la señal provenía de una caverna que la acción de la naturaleza había excavado en la roca viva. La altura a la que se encontraba aquella cavidad le hizo suponer que el arma que había destruido a los underground había sido dirigida por una bioforma a la que no estaba autorizada a dañar, sin embargo sus esperanzas quedaron colmadas cuando su mirada se encontró con un anciano de aspecto meditabundo que emergió de las sombras portando un lanzarrayos de factura antigua. En general el aspecto de aquel ermitaño impresionaba por la incongruencia que emanaba de su imagen. Por un lado estaba aquel abierto gabán cuyos faldones se agitaban ondulantes como las alas de un murciélago, y que dejaba entrever la reluciente placa de titanio que protegía su torso de los impactos de las pistolas de baja densidad...Para rematar esta imagen de autosuficiencia el anciano contaba con aquel lanzarrayos que le confería el aire de un veterano acostumbrado a la lid que estremecía el mundo, sin embargo la fisonomía cavilante de aquel individuo parecía contradecir la impronta de guerrero que sugería su contemplación. Todos estos contrasentidos reunidos en la persona de alguien que no parecía pertenecer a ninguno de los bandos en conflicto intrigaría a una mente mas analítica que la suya , pero a el le bastaba con saber que tenia enfrente al hombre que le había impedido cumplir con su deber.
Se había decidido a eliminarlo cuando el anciano le dirigió una mirada ígnea que paralizo su cuerpo. En ese instante dejo de lado sus intenciones agresivas, y el lanzarrayos que lo había acompañado desde su temprana juventud cayo sobre la arena, despojándolo de la única fuerza que le hacia sentir seguro.
Ahora una voz meliflua erraba dentro de su mente sugiriéndole ascender la pendiente. No tenía elección y debía obedecer aquella voz que ahora imperaba en su conciencia. Y sin importarle las dificultades que debía superar se aboco a la tarea de encontrar cualquier asidero que le fuera útil para ascender. La voz que le impelía a llegar a la caverna para cruzar su umbral. Solo cuando estuvo dentro la voz que dirigía su andar dejo de hacerlo.

Se hallaba en el interior de una caverna profunda y débilmente iluminada por una procesión de antorchas cuyas llamas se retorcían en medio de una atmósfera soporífera. Sobre el suelo se apiñaba una extensa hilera de cápsulas de forma oblonga que parecían pertenecer a la parafernalia de una cripta... En eso la voz que había dirigido su ascenso le ordeno desnudarse. Y el sargento obedeció despojándose de la escafandra que había llevado tanto tiempo sobre su cuerpo. De pronto se vio envuelto en una oscuridad lóbrega, maciza, imposible de penetrar con la visión, sin embargo el sargento no demostraba experimentar ninguna emoción particular Alrededor de sus sienes orbitaba un enmarañado amasijo de cables conectados a una unidad robótica cuya morfología recordaba a una medusa extinta . Cuando estuvo quieto aquella cosa descendió sobre el con la intención de operar sobre su cabeza hacia tiempo rapada...
No lejos de allí el anciano que lo había capturado monitoreaba la condición del cerebro del espécimen antes de continuar con el experimento. El encefalograma comprobó que el estado letárgico del individuo en cuestión facilitaría enormemente la tarea que llevaba entre manos, pero era necesario tomar precauciones y por eso el anciano le ordeno a su robot que sedara al paciente.
A continuación un par de haces coherentes partieron de la sección frontal del cuerpo de la medusa para ejecutar unos cortes transversales sobre la piel que recubría la cabeza del sargento. La habilidad quirúrgica del robot había puesto al descubierto la placa de hueso que protegía el cráneo, después se aplico a la tarea de horadar el mismo cráneo y en unos instantes se encontró con la palpitante masa encefálica en la que residía el neurochip que dirigía la conciencia del sargento. Entonces surgieron las diestras manos metálicas que retiraron aquel artefacto para remplazarlo con un dispositivo semejante pero construido por la ciencia del anciano que condicionaría la conducta de aquel hombre sobre derroteros diferentes. Hecho esto el robot soldó la placa del cráneo, suturo las heridas de la carne y dio la operación por terminada. Ahora solo tenían que esperar los resultados.

Muy lejos de allí la mente del sargento permanecía varada en una noche distante, ancestral. Y empezaba a percibir el cambio que se estaba produciendo en la estructura de su mente. Algo se había disociado hasta perderse en los confines de un universo inexplorado, pero de esta manera repentina sintió que el extravió era pasajero pues la fuerza del espíritu remozado invadía nuevamente su carne. Y esa fuerza estaba modelando la estructura de su mente para convertirlo en alguien ajeno al individuo condicionado para era ocasionar el mayor daño posible al enemigo. Ahora se encontraba ávido de experiencias menos heroicas.
El resultado de la implantación dejo satisfecho al anciano. El encefalograma revelo que la mente del espécimen había asumido al patrón de personalidad sin evidenciar alteraciones traumáticas. Ahora bastaba con mirar aquel rostro sosegado para comprender que su mente se hallaba alejada de la compulsión de matar formas de vida diferentes a la suya.
Y el anciano empezó a sonreír ahora que había logrado incorporar un nuevo converso, a esa tercera fuerza que silenciosamente se preparaba a irrumpir en medio de la guerra que libraban los humanos contra los underground para lograr el beneficio final, pues pronto el Ejercito de los Conversos despertaría para tomar la manija de aquel mundo devastado por la barbarie bélica. Tal era su finalidad y todo su credo.

© Rubén Mesías Cornejo; 18-04-05.

 
Rubén Mesías Cornejo
Nací en Trujillo en el año 1973. Siempre me atrajo la literatura pero mi
primera pasión es el ajedrez, y lo juego con cierta habilidad. Empecé a escribir en el año 92, pero mi primer relato vio la luz en la revista de
literatura Arboleda, una revista ya extinta, el año 94, se llamaba "La muerte de Louis Hardya" y es un cuento del genero fantástico. La ciencia
ficción empezó a interesarme en el 95. Mis cuentos se orientan en ese sentido a partir del año siguiente, y es raíz de la convocatoria a colaborar en el suplemento dominical de La Industria que estos trabajos míos de ciencia ficción combinados con relatos con trasfondo histórico vean la luz
entre 1997 y 1999. He publicado también en Ciencia Ficción Perú y en el fanzine electrónico Alfa-Eridani entre el 2002 y el 2004.
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