CONTRAPUNTO EN EL TIEMPO

La Máquina del Tiempo (1895) de Herbert George Wells (1866-1946) es probablemente –junto con las obras de Verne-, una de las primeras y más famosas novelas de CF especulativa. Llevada al cine por George Pal en 1960 y por Simon Wells en 2002 –este último familiar de H.G.-, permanece hasta nuestros días como una atrevida especulación sobre las últimas consecuencias de la división de clases impuesta por el entonces creciente capitalismo. A la vez fue la primera obra de Wells y la que inauguró lo que sería una fructífera carrera novelística y de ensayo.

La historia en si es sencilla, una noche en la campiña inglesa, un enigmático personaje al que solo conocemos por su apodo: “El Viajero del Tiempo”, explica a un círculo de amigos suyos, intelectuales y representantes de las clases en el poder del imperio británico la teoría del viaje en el tiempo. No le creen y les muestra una máquina de su invención –la famosa máquina del título- que le permitirá cruzar el tiempo como si fuese una dimensión espacial. En una velada posterior, los mismos personajes encuentran al Viajero exhausto, agotado. Afirma haber hecho un viaje en el tiempo mismo hacia el año 802 701. La forma en que la máquina realiza el viaje es de por si pintoresca; muestra el medio ambiente alrededor y su cambio constante en cuestión de segundos cubriendo ese extenso lapso de tiempo. Así pues, el Viajero ha podido ver los cambios en la arquitectura inglesa y se refiere a grandes edificios (¿los edificios de la Inglaterra actual?). Al detenerse en ese distante futuro, encuentra a un pueblo de agraciados seres, los Eloi, delicados y amables, que viven en un mundo de primavera perpetua, pero carentes de curiosidad o interés científico, que dan una cálida bienvenida al Viajero pero están totalmente abstraídos en su ocioso modo de vida, mantenidos por misteriosos benefactores que les proporcionan el alimento diario. Dichos benefactores no serán sino el otro lado de la moneda: los Morlocks, los descendientes de los trabajadores que mantenían a la clase privilegiada durante la cima de la civilización, y de los cuales los Eloi son descendientes. Los mantienen por una razón muy egoísta: son su alimento. Tras hacerse amigo de una Eloi –Weena- y huir con las justas de los Morlocks, el Viajero del Tiempo regresa al presente para hacer un relato de sus peripecias, pero ante la incredulidad de sus contemporáneos decide partir de nuevo para traer pruebas de sus aventuras con destino incierto…

Wells era un fiel creyente en el socialismo, y da prueba de ello en su obra. El Viajero del Tiempo llega a la conclusión de que la división Eloi/Morlock es el ápice de la división de la sociedad capitalista de hoy, entre privilegiados y clase trabajadora. La novela estaba pensada para ser literatura de ideas en contraposición a la ciencia “dura” de las novelas de Verne, más en la línea de los trabajos de C.S. Lewis y Olaf Stapledon. Más que repasar las posibilidades infinitas del viaje en el tiempo y sus paradojas, es una novela de corte “social”, crítica con el ambiente de su época.

Pero sigamos. Como decíamos, el destino del Viajero del Tiempo era un misterio…

…hasta que en la década de 1990, el autor de CF Hard británico Stephen Baxter fue autorizado a escribir la continuación de La Maquina del Tiempo, labor realizada por lo demás de modo magistral en Las Naves del Tiempo (1995).

En esta obra, Baxter –autor de la interesante Saga de los Xeelee y la trilogía de Reid Malefant- nos explica lo que pasó después de la partida del Viajero del Tiempo. En ella, este nos habla por vez primera de la mecánica que permite impulsar su artefacto a través del tiempo, mediante un misterioso material de color verde y naturaleza radiactiva llamado “platternita”. Al partir de nuevo de 1891, el Viajero se encuentra con un misterioso ser de enorme cerebro, ojos y manos que flota en la dimensión temporal al que llamaremos “Observador” el cual lo aterroriza y lo hace perder sus coordenadas de entrada temporal. Al reentrar en el espacio se encuentra con una esfera Dyson diseñada por varios tipos de Morlocks en un futuro donde los Eloi son inexistentes. Ahí uno de estos Morlocks inteligentes, Nebogipfel, hará de Sancho Panza de este Quijote cronal y le explicará que el tiempo es mutable, que probablemente el joven escritor que acudía a visitarlo junto con sus amigos durante sus tertulias en la campiña inglesa, volvió su historia una especie de advertencia de lo que podría ocurrir a las generaciones futuras (¡el joven escritor no resulta ser otro sino el propio Wells!, con lo que Baxter realza el significado moral de la obra) y se logró el elevado nivel de civilización que existe en el año…657 208, doscientos mil años antes que surja el mundo que conoció el Viajero del Tiempo. Arrepentido por haber destruido el futro de Weena, el Viajero decide impedir la creación de su máquina escapando de los Morlocks y llegando a 1873, cuando se encontraba en sus primeros trabajos con la plattnerita, con Nebogipfel como inesperado polizón. Ahí se encuentra con su yo más joven, Moses, pero ambos son raptados por el ejercito británico de un 1938 donde Alemania ganó la I Guerra Mundial, solo para encontrase con su viejo amigo Filby de la novela inicial, el mismísimo Wells y el famoso matemático Kurt Godel…siempre con Nebogipfel a su lado para mostrarle los nuevos paradigmas, ante los cuales la testarudez británica del siglo XIX del Viajero del Tiempo debe enfrentarse, con cada nueva sorpresa que la historia(s) le plantea. Y los misteriosos Observadores aparecerán en más de una ocasión, siendo su origen la mayor fuente de sorpresas para el Viajero del Tiempo.

Y esta será solo una de las muchas sorpresas que Baxter tiene preparadas para el lector en una obra donde se reflexiona a fondo sobre las implicaciones del viaje en el tiempo y sus múltiples paradojas, hasta las últimas consecuencias; las posibilidades evolutivas de la sociedad; la infinita variedad y diversificación de los mundos alternos; la nanotecnología; y finalmente especulaciones ya de carácter Stapledoniano al plantear un universo infinito y organizado tanto en el espacio como en el tiempo.

Si Wells dio una novela de ideas sociales, Baxter da una novela de ideas científicas que replantean el aproximamiento a la CF de 1895, visto a la luz de los avances de 1995 y dan un aire moderno a la historia clásica de H.G. Wells, al dar una explicación al mejor estilo hard del funcionamiento de la máquina del tiempo, explicando como la plattnerita tiene inusuales propiedades cronales respecto a la luz, y justificando la física Wellsiana de que el tiempo es una dimensión por la que se puede circular como en las tres dimensiones espaciales, al explicar que el universo del Viajero del Tiempo es sino un universo rotatorio godeliano, compuesto por inmensos ejes rotatorios de espacio-tiempo puro.

A la vez que la segunda obra es una grata lectura como obra propia más que como continuación, al punto que se podría decir que La Máquina del Tiempo es sino un prólogo a Las Naves del Tiempo, como si esta novela hubiese esperado 100 años para haber sido escrita.

En fin, den ustedes su opinión. Pero recuerden, Los Observadores están vigilando…

© Daniel Mejía; 03-05-05.

 
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