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-Mamá, Papá, miren, miren...
El niño alzo su manita en dirección al cielo estrellado
-Cierra los ojos. Rápido, pide un deseo- dijo mamá.
El pequeño cerro los ojos con fuerza y permaneció así, los párpados
apretados, los labios fruncidos en una expectante concentración.
-¿Pediste tu deseo?- dijo mamá.
El niño asintió con la cabeza.
-Ya puedes abrirlos.
Papá estaba con su Laptop sobre las piernas cruzadas como un hombre que
había visto en un libro ilustrado, solo que no tenia un pañuelo de colores
en la cabeza (turbante, le había dicho Mama que se llamaba) y frente a el no
se alzaba una enorme serpiente de cuello ancho y con una mirada que te daban
ganas de gritar de miedo.
-¿Y es de verdad?
-¿A que te refieres?- dijo Mamá.
-¿El deseo, se cumple?
-Si lo has pedido de todo corazón, si- dijo mamá- Las estrellas fugaces..
-No era una estrella fugaz- interrumpió Papá.
-Ahí va el señor Sabelotodo a meter la cuchara...
Papá miro a Mamá. Al niño no le gustaba esa mirada. Le recordaba la de la
serpiente, un poco. No mucho.
-¿Viste la trayectoria?. Los meteoros no describen una trayectoria como esa
al caer.
-¿Entonces que era, una nave extraterrestre?
El niño aun no comprendía muchas de las cosas que hablaban los adultos, pero
podía distinguir las inflexiones, los tonos de voz, y esta pregunta no era
como: ¿Quieres tu comidita mi amor?. Parecía que lo del deseo no estaba
funcionando muy bien. Y eso que lo había pedido de todo corazón.
Papá sé encogió de hombros, volvió a colocarse los lentes y dirigió su
atención a la brillante pantalla de la Laptop.
-Papá ¿que es una nave …estratebestre?
-Extraterrestre hijo. Ex-tra-te-rres- tre.
-Ex…trate…destre. - Dijo riéndose.
-Bueno, es una especie de transporte, como un avión donde viajan personas de
otros planetas …
-¡Alberto!..Ten cuidado con lo que le metes en la cabeza al niño. Con uno en
la casa ya tengo suficiente.
-¿En la casa vive un extrategreste de esos mamá?
Papá y mamá cruzaron una mirada y de repente comenzaron a reírse.
-¿He dicho algo cómico?
Ninguno de los dos le respondió.
Por un instante permaneció asombrado. Pero la risa de sus padres era
contagiosa y primero tímidamente y luego de forma mas abierta se unió al
coro de risas. Hacia mucho tiempo que mamá y papá no reían así, con ganas,
juntos.
Estuvieron así, los tres. Un momento mágico.
Después de un rato Mamá se incorporo.
-Voy a prepararles algo de comer- dijo.
-Acércate, voy a enseñarte algo- dijo Papá una vez que la madre desapareció
en las sombras, detrás de la casa.
El niño se coloco junto al padre, la expectativa creciendo dentro de el.
-Esto tiene que quedar entre nosotros –dijo papá.
-¿Un secreto?
-Eso, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
Cuantas cosas mágicas le mostró papa en la pantalla del ordenador. Planetas
de todos los colores: uno rojo como una bola de fuego, otro azul como el mar
pero el que más le gusto fue uno que sé parecía mucho a la tierra y que
según Papá tenia el nombre de la diosa de la belleza. También el que estaba
rodeado de anillos le había parecido bonito pero no tanto. Y… cuantas lunas
y él que pensaba que la única luna era esa bola pálida con cara de tristeza
que colgaba del cielo sobre la casa. De los satélites el campeón era Io (no
se le olvidaba por que era como si estuviera hablando de el: yo), había otro
Pan que también se le pego pero a el le pareció mas una galleta de soda. Y
naves como platos enormes donde se podría cocinar la comida de toda su
escuela. Pero lo que más le impresiono fueron los extraterrestres:
hombrecitos verdes, otros con varios ojos, delgados como varas de pescar,
gordos como su amigo Fernandito con un solo ojo y sin orejas , otros con
patas como arañas y cuernos en la cabeza. Tantos…
-Papá… y los extraterrestres- dijo pensando con mucho cuidado la palabra
para no equivocarse- ¿son Buenos o Malos?
Papá se rasco la cabeza antes de contestar.
-Supongo que serán como nosotros.-dijo- Unos buenos y otros malos.
El niño recordó a los mellizos. Siempre estaban riéndose de el. Le gritaban
gallina, cuatro ojos y se la pasaban dándole pescozones y poniéndole
traspiés.
-Seria mejor que todos fueran buenos. ¿No?
-Podría ser, dijo Papá incorporándose- Voy a ver que esta haciendo tu Mamá. -Miro el reloj- A este ritmo vamos a comer a las doce de la noche.
-¿Puedo quedarme un rato mas mirando las estrellas?
Papá miro en dirección a la casa y después volvió su cabeza hacia el.
-OK, pero en cuanto tu mamá te llame sales volando. Ah y no vayas a subirte
en la mata de mango. Recuerda lo que paso la ultima vez- Le dijo apuntándole
con el dedo como si fuera el cañón de un revolver.
El niño junto las piernas y las encerró en un abrazo. Comenzaba a sentir
frió.
Ojala mi deseo se cumpla, pensó. Mamá y Papá probablemente estaban en la
cocina y no se escuchaba ningún ruido. Que bueno. Porque cuando ellos
peleaban los gritos podían escucharse a kilómetros de distancia. Le daba
tanto miedo. Ni con el discman podía soportarlos, podía sentir sus voces
dentro de su cabeza diciéndose cosas feas, sapos y culebras como decía su
abuela, tantas que a veces aguantaba las ganas de hacer pipi por tal de no
ir al baño y tener que caminar por encima de esos horribles bichos. Abuela
decía que la gente que más se quiere es la que más discute, si era así mamá
y papá debían ser los campeones de la tierra en materia de quererse.
Particularmente él creía que abuela se equivocaba en esto, pero ella sabia
muchas cosas y por eso tenia tantas arrugas y sus pelos blanquitos como la
nieve y sus ojos azules de tan vieja y como ella decía mas sabe el Diablo
por Viejo que por Diablo.
Si, tenia que funcionar. Había deseado pedir tantas cosas. Que abuela se
aburriera del cielo y volviera a vivir con ellos, que los mellizos dejaran
de molestarlo, que Mariíta lo cogiera del brazo como a Francisco y lo mirara
a los ojos y le sonriera con esos dientes blanquitos y parejos que tenia,
que el perro de la casa del frente se quedara mudo y no le ladrara como una
fiera cada vez que pasaba por su lado…todos sus deseos no habrían cabido en
ese plato grande que usaban los extraterrestres para transportarse de un
lugar a otro y sin embargo…
Algo que capto su visión periférica rompió la línea de sus pensamientos.
Alzo la cabeza y lo que vio allí arriba, en el cielo, le puso los ojos como
platos. Su primer impulso fue salir corriendo hacia la casa pero de pronto
se acordó lo que le había dicho mama y cerro los ojos con fuerza. Seguro
papá y mamá estarían discutiendo si todas esas luces en el cielo eran
estrellas fugaces o naves extraterrestres, pero no importaba porque ahora
podría pedir todos los deseos que tenia en su mente.
!Todos los deseos del mundo!
© Kala Azar;
16-02-05. |