RAY, EL MARCIANO

Hace años, durante el gobierno aprista canal nueve (Lima-Perú) transmitió una serie de televisión de ciencia ficción que marco mi infancia, hasta entonces marcada por novelitas de ficción de Bruguera que compraba por centavos en el kiosko de la esquina de mi casa: "Las Crónicas Marcianas".

Dentro de la ignorancia, o la inocencia, de mis primeros años, supuse que sería una serie llena de marcianos malvados y valerosos terráqueos en la onda de Buck Rogers o El Capitán Futuro. Aún recuerdo mi desconcierto cuando al inicio del primer episodio el narrador anuncia que: ...."era una tarde fresca y el señor K se había sentado a oír un libro" era tan distinto a lo que yo había visto que bien pude haber apagado el televisor.... pero algo me detuvo y me prendí de la serie como se suelen enganchar los niños y recuerdo mi rabia el día que interrumpieron un episodio para poner en su lugar a Alan García anunciando la estatización de la banca, y reponerla al día siguiente, como si el capitulo interrumpido hubiera sido realmente transmitido y el final.... el final, jamás había imaginado que una serie de ciencia ficción pudiera terminar así.

Recuerdo que era la primera vez en que la destrucción de la tierra me era presentada y era mas importante como tragedia personal que como cualquier otra cosa, desprovista de cualquier aliento épico. Recuerdo que era mas bien un niño fanático de la space opera y ignoraba que un tal Bradbury era el autor de los cuentos en que se basaba el asunto.

Algunos años después encontré un ejemplar de las "Crónicas Marcianas" en la biblioteca de un amigo, recuerdo haber devorado apasionadamente cada relato, emocionado recordando como un velero puede atravesar desiertos de polvo, contemplando como un entorno distinto nos puede cambiar hasta la locura, como la noción de pertenencia puede variar con el tiempo.... con el afecto.

He leído algunas, varias, cosas mas de Bradbury (y los cuentos sobre Marte que publica cada cierto tiempo) y si una cualidad se puede usar para describirlo esa es sensibilidad (eso que no abunda en la ciencia ficción) y que a al buen Ray le sobra, la de un poeta alucinado, de una emotividad casi adolescente, que se sorprende cada vez que puede (y de paso a nosotros) que tiene la capacidad de descubrir lo maravilloso que existe en cada evento cotidiano, que tiene la facilidad de Twain para retratar la infancia y la de Poe para encontrar el horror en lo cotidiano.

Que puede entusiasmarse con un cielo estrellado y creerlo habitado.

y entonces la ciencia ficción le quedo chica......

Pero al buen Ray el mundo, eso no le preocupa, y sigue escribiendo y sigue pensando en sagas de marcianos telépatas, en niños malvados y sabios, en aterradores circos, en gitanas y penumbras en las carreteras del medio oeste americano, en abuelas que reparan familias y niños que descubren la vida a los doce años, en lagos maravillosos y peces que hablan.

Solo deseaba darte las gracias por preservarme la fantasía Ray, por ser un jovenzuelo de 84 años rehusando crecer..

© Carlos Wertheman; 23-11-004
Reproducido con permiso del Autor.
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Marzo 2005

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