CINNABAR

Edward Bryant (1945) es un escritor poco conocido en el mundo hispano. No por eso es menos prestigioso en los países anglosajones. Es discípulo –y ha llegado a ser colaborador- del famoso Harlan Ellison. Participante activo en todo evento que implique ciencia ficción, fantasía o terror, ya sea como expositor, director de talleres de escritura, participante en paneles o simplemente cocinero, con Cinnabar (1986) nos entrega un trabajo lleno de exotismo.

Imaginen una ciudad ubicada en el centro del tiempo, adonde todas las posibilidades convergen. Una civilización humana extremadamente avanzada, pero aislada en el tiempo y en el espacio de todos los referentes que la crearon. Un mundo donde cualquier sueño es posible…si tienes los medios. E imaginen ese paraíso apartado del universo, habitado por personajes hedonistas y egoístas, atrapados en sus tragedias personales. Eso es Cinnabar.

Cinnabar es un fix-up de relatos. Una serie de historias cortas que se complementan unas a otras, y sin decirnos más de lo debido nos atraen al exótico mundo de la que es posiblemente la última ciudad habitada de la Tierra.

En el primer relato, El camino a Cinnabar, la presentadora televisiva Leah Sands, se limita a hacer un trabajo predeterminado por desconocidos, que la sume en un angst existencial por lo absurdo de su vida, y llegamos a aprender con la llegada de un desconocido a Cinnabar que tal vez el observador sea observado a su vez…

En el segundo relato, Jade Azul, vemos la vida de la susodicha, una madregata, un felino humanoide e inteligente determinado por la genética, que debe servir de niñera de un joven con terribles poderes, poderes que a la larga resultaran muy útiles. En este relato, vemos por primera vez a uno de los “personajes”, por así decirlo, del libro: el brillante científico Obregón Timnath.

En el tercer relato, Materia Gris, llegamos a comprender un poco mejor la decadencia que reina en Cinnabar, a través de la vida y milagros de Turmalina Hayes, sex-star de la enigmática Red (¿Internet?, ¿la televisión?).

En el cuatro relato, La leyenda de Puma Lou Landis, conocemos a una heroína. O al menos a alguien que dice serlo; y la decadencia de Cinnabar se nos hace aun más omnipresente

En el quinto relato, Hayes y el heterógino, vemos como un inesperado viajero del tiempo llega a Cinnabar, y como llega a poner las raíces de esa civilización, pero al final uno deberá preguntarse quien salió ganando más con la experiencia y quien perdió más por ella.

En el sexto relato, Años más tarde, el amor y la muerte conspiran en la vida de los padres de Leah, condenados a ser parte de la minoría que no puede rejuvenecer. Y algunos tintes de las historias de Louis Sador-Masoch se harán presentes de una manera trágica.

En el séptimo relato, Loma Tiburón, una de las creaciones más temibles de Obregón será desencadenada sobre los mares de Cinnabar, llevando a una extravagante carrera entre este y un científico rival por la supervivencia de la ciudad, que terminará dejando boquiabiertos a todos.

Para cerrar el libro, el último relato, Terminal Cerebral, une a Obregón, Turmalina, Jade Azul, un enviado de Leah Sands, y a la enigmática jovencita Torre, en una expedición sin regreso asegurado al centro de la ciudad donde se encuentra la aun más misteriosa IA que rige el destino de Cinnabar, Terminex, la cual está dispuesta a terminar su existencia –y la de la ciudad- por razones desconocidas.

Cinnabar nos abre las puertas a un mundo fascinante, de supercarreteras klein y resurectrónica, de hijos mentales, saltos en el tiempo y hombres embarazados. Cinnabar no está en ninguna parte, pero colinda con todo el mundo al ser el centro de su universo (excepto, quizá, por la ciudad de Els; pero claro, nadie de Cinnabar ha vuelo de ahí). Es la California idílica de los ‘60 y los ‘70 pensada para un futuro sin nombre. Es un Vermilon Sands yanqui. Cinnabar, tal como el autor nos confiesa en su prefacio, no es sino el lugar que cada uno de nosotros imagina con toda su ser donde estar.

Cinnabar (“Cinabrio” en español) es el hogar.

© Daniel Mejía; 16-03-05.
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Junio 2005

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