
A los aficionados a la CF nos preocupa como
abordar una realidad tan velozmente cambiante como la que moramos, donde aún
siendo marginad@s vamos a vivir mucho más que nuestros abuel@s, y donde a
pesar del pesimismo razonable de much@s residiremos en el seno de una
sociedad global más desahogada, y la cual probablemente derrame desde la
cornucopia del bienestar muchas oportunidades para la mayoría, aunque sin
asumir compromisos esenciales. Los ciberpunks y la CF social se han arrimado
al tema desde disímiles enfoques contribuyendo a elucidar las ramificaciones
de tales opciones y a proyectar realidades alternativas diversas.
En cierta forma, las malas noticias se extienden por doquier, vamos a ser
literalmente arrasados por la novedad, sino nos hemos preparado para el
raudo recambio quedaremos obsolet@s y fuera de juego y como no tod@s
sacaremos en la misma medida provecho de estas nuevas circunstancias, se
recrudecerán las tensiones. David Brin en Tierra o la Trilogía de los
Mendigos de Nancy Kress recorren apoyándose en múltiples capas (como debe
ocurrir en una novela que se precie de tal) las dimensiones conflictivas y
sinérgicas a que se ve impelida la humanidad cuando las catástrofes acechan
a la vuelta de la piel.
Podemos suponer y hasta aceptar que nos encontramos en los prolegómenos de
una poligénesis planetaria (quizás un síntoma político sea esa reunión entre
Latinoamérica y el mundo árabe en Brasil y el rumoroso y multitudinario
fenómeno de los blogs y de los iPods que gracias al MP3 se tornan en Talk
Show realizado a la medida de nuestras apetencias) y que ahora mismo
deberíamos navegar en los momentos iniciales del nacimiento de una
civilización distinta, que llega cargada de incógnitas, promesas y amenazas.
No obstante, vastas multitudes de la periferia geográfica y social ni se han
enterado y muy eventualmente nunca lleguen a enterarse, estarán tan
sometidos a los requerimientos más básicos que no serán conscientes de los
vientos de la mutación intelectual. No obstante, Turner en “Las Torres del
olvido” trazaba con lógica geométrica una de las formas en que podríamos
derivar hacia el desastre (recordemos que siempre nos suceden a nosotros,
para la naturaleza son fenómenos o formas que brotan para adaptarse a
presiones inesperadas).
Como no todos asimilamos las permutaciones a la misma velocidad,
recurriremos a: la capacitación permanente y la información actualizada,
actividades que devienen esenciales, de allí la importancia que poseen los
esfuerzos encaminados a popularizar la Ciencia y la Tecnología, recuerdo que
para Heisenberg un elemento crucial en ese proceso de asunción de lo
novedoso, era el periodista científico como “especialista de lo general” que
era capaz de dar cuenta de las transformaciones para fuesen vivenciadas como
céfiros y no como tempestades. Agrego que también con IEMA: Imagen Integral,
Enfoque Holístico, Metodología Sistémica y Actitud Prospectiva, recordando
una de las brillantes ideas de AE van Vogt en “El viaje del Beagle espacial”
cuando propone que para diluir la dureza interpretativa de los especialistas
se requiere un “nexialista” que integre y enriquezca las vinculaciones entre
CTI y sociedad. En cierta forma Coyllur recoge en sus objetivos esa
comprobación.
En esta movediza situación algun@s saldrán propulsados hacia el infinito
futuro que se abre, en tanto otr@s pueden quedar muy rezagados. Desiguales
reacciones estallarán por doquier frente a la marea transformadora que se
precipita, nutriendo la discordia. Poul Anderson en su tetralogía “Cosecha
de Estrellas” nos ilustra sobre los enfrentamientos empresariales, estatales
y hasta individuales, que devendrían en esa oleada transformadora.
Seremos capaces de asimilar esos cambios si simultáneamente somos
conscientes de nuestro ser nacional, de nuestra idiosincrasia y nuestra
cultura, del apego que tengamos a lo nuestro recibido de los ancestros.
Empero, no se puede digerir una cultura nueva si la ligazón que mantenemos
con nuestra cultura anterior es demasiado rígida. Debemos mantener la mirada
puesta en como se van forjando y madurando tales redes y ampararnos en la
exploración permanente de ese futuro, que presentimos proceloso pero también
fascinante. Los jóvenes deberán ayudar a la nación en esa tarea de
exploración, poseen las intuiciones que pueden ser las capacidades
imprescindibles en este break point, son justamente jóvenes quienes usan
masivamente los NeoTIC’s y participan en la Revolución Naranja ucraniana o
en la creación de redes o listas de interés. Aunque John Brunner incursionó
en esa “Near SF” a la cual aludimos, han sido Neal Stephenson, Greg Bear y
Greg Egan quienes la han llevado a una depurada expresión.
Para vislumbrar el porvenir adyacente y distante, deberemos revisar (en
coordinación sinérgica con otr@s actores) cuales son las tendencias y
principales características de este proceso evolutivo, apoyarnos más en la
biología que en la política, recordar que es un error antropizar la
naturaleza y que nos incumbe apuntar a la comprensión de cuanto llegamos a
compartir con las demás especies animales en el proceso de evolución de la
Vida en la Tierra. Aceptados estos criterios podemos transitar hacia sucesos
extremadamente singulares que desdibujen nuestros ejercicios prospectivos:
las seguridades están demolidas y somos por fin conscientes de ello, tal y
como gustan de recordarnos William Gibson y Bruce Sterling.
Como sospechaban Habermas, Maturana o Flores quizás la respuesta puede venir
por el lado de la comunicación, el manejo de información y la creación de
conocimiento, la masa crítica estará en proporción a la cantidad de personas
conectadas y pensando en redes, de allí que un programa audaz de
telecomunicaciones cubriría tal espacio, por eso una alianza inteligente
comprende igual a Linus Thorvald (propulsor de Linux), que a Page y Brin
(dueños de Google), o a Niklas Zensstrom (Skype) y es tan necesaria para
nuestros países como respirar. Para conseguir ese resultado vislumbrado como
una explosión de comunicación no podemos quedarnos fuera de ese ascenso
crucial de acontecimientos, mantenernos atados a la cadencia de esa
aceleración exponencial es vital para nuestra existencia como nación
articulada. Recordemos que los Medios Masivos de Información y Comunicación,
la TV y los celulares por ejemplo, tal y como los conocemos, tienen los días
contados, ya existen las formas de su reemplazo.
Empiezan a desplegarse y a mostrar sus encantos -o sus horrores- distintos
tipos de sociedad enmarcadas en una civilización que se obligaría a mediar,
a crear nuevas formas de pensar y de relacionarse, de captar la importancia
de lo tecnocientífico, tareas que serán indispensables para aproximarse a la
eclosión de ese instante tan deseado y tan temido de la epifanía
comunicacional. John Varley abre la gama de disyuntivas en su tetralogía de
los “8 Mundos”, donde la riqueza de su imaginación palidece ante las
perspectivas convergentes que células madres, biotecnología, informática,
ciencias cognitivas y nanotecnología se apresuran a tejer para traernos la
mayor revolución industrial jamás conocida. Probablemente los nuevos
materiales y las nanomáquinas van a trastocar intensamente los límites de
nuestras vidas.
Quienes agitan y promueven el enjambre tecnológico como la panacea que nos
entregará la salida para todos las dolencias que acosan al mundo, desde la
escasez de recursos a la discapacidad física pasando por la extinción de
especies y el calentamiento global, hacen caso omiso de los argumentos de
sus críticos que prevén una erosión y debilitamiento aún mayor de los
derechos humanos con el dudoso matiz de encontrarnos asediados de materiales
desconocidos, tóxicos y potencialmente autorreplicantes. El horror de su
funcionamiento queda patente en "Alt 64". ¿Podremos detener esa onda antes
de que nos sumerja? ¿Lograremos emerger antes que nos revienten las
rompientes de sus consecuencias?
Es cierto que con la postmodernidad en ciernes, la idea de progreso está
muerta y enterrada, y que las nuevas perspectivas nos señalan un derrotero
que no transita por el optimismo desmesurado, a pesar de las tremendas
potencialidades que se ocultan tras eventos tan señeros como la capacidad de
los seres humanos para decidir su proceso evolutivo (genoma, células madres,
inmortalidad), de la existencia de la http y la WWW y la creación de una
comunidad global en tiempo real (que tal criatura no sea consciente no le
quita mérito) o de las novísimas teorías sobre la materia, la energía, la
información y el universo que se expanden desde las comunidades científicas.
Los procesos en curso nos ofrecen acontecimientos aún no vislumbrados pero
también una visión a través de la cual ahora podemos comprender como
sobrevivir y captar los neoconceptos, y es evidente que tal acomodo
manifiesta la necesidad de reconsiderar las ideas que continúan sosteniendo
la catástrofe que moramos.
Deberíamos practicar la fabricación de futuribles, o presentar escenarios
donde el calentamiento global y las desastres ambientales, las guerras y los
problemas socioeconómicos, la expansión de los Neo TIC’s y la difusión de
información, nos obliguen a modelar límites y condiciones hasta concretarse
en la emergencia de un poderoso movimiento antisistémico alternativo que se
decida a enfrentarse a esos mismos problemas que le han suministrado impulso
y orientación, mediante una gran movilización mundial retroalimentada por
las redes para afrontarlos mientras sincrónicamente preparamos la
transición, tarea que al ritmo del siglo XXI, se torna cada vez más
peliaguda, pero conservando en germen la semillas más prometedores de la
adaptación sostenible de nuestra especie.
Una coordinación estrecha entre actores, especialmente entre profesores, y
científicos y tecnólogos para lo que se enseñaría y difundiría, con
ambientalistas para acotar los procesos productivos al interior de una
campaña de sosteniblidad con ganancias dignas tendiendo un puente hacia los
empresarios, plasmar esas orientaciones en actividades orientadas al manejo
adecuado del agua, al financiamiento de proyectos locales agroecológicos y
similares, hay que demostrar que existen otras miradas sobre el proceso
financiero que merecen ser exploradas y practicadas, y diseñar la transición
hacia las tecnologías apropiadas y limpias que remodelarán las condiciones
de vida, en fin con cada uno de los actores estatales, pero sobre todo con
la apertura a la sociedad civil y la consiguiente labor conjunta que deben
convertirse en un proceso de participación y construcción democrática de
alternativas, así estaremos en condiciones de realizar una transición menos
dolorosa y aprovechar trances y oportunidades coyunturales maximizando sus
consecuencias.
Todos nosotros y las generaciones venideras, nuestros hijos y nietos nos
encontraremos siempre envueltos y frecuentemente cercados en los avatares
que se aproximan, actuar y reflexionar proactivamente, diseñando y
edificando opciones será una manera de evadirse a lo peor de sus
consecuencias, no hay seguridad de escapar, pero por lo menos esmerémonos en
descubrir las claves para que cada cual como persona y la sociedad peruana
como sistema encuentren sus propias e ineludibles salidas y soluciones.
© Luís Bolaños; 24-05-05.
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