¿QUE HACE "BUENA" UNA HISTORIA DE CIENCIA FICCIÓN?

Durante décadas, los escritores de ciencia ficción, críticos y aficionados han estado debatiendo esa misma pregunta, intentando definir un género tan cambiante como la vida misma que realmente desafía cualquier definición. Brian Aldiss, reputado escritor de ciencia ficción británico y crítico, cree que: "la ciencia ficción es una búsqueda para la definición del hombre y su estado en el universo según nuestro avanzado pero desconcertado estado de conocimiento." Isaac Asimov definió: "la ciencia ficción es esa rama de la literatura que se preocupa por el impacto del descubrimiento científico en los seres humanos." Ray Bradbury dijo: "las historias de ciencia ficción son verdaderamente estudios sociológicos de las cosas futuras que el escritor cree que ocurrirán sumando dos y dos." Damon Knight, autor galardonado y fundador de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción Norteamericana (SFWA), sugirió que: "la ciencia ficción examina el misterio de lo que nos hace humano no en pequeño con símbolos del día a día sino en la gran escala del espacio y tiempo." Mientras la mayoría está de acuerdo en que la ciencia ficción es literatura de ideas, de posibilidades y de alternativas, los elementos que hacen una historia de ciencia ficción "buena" siguen siendo materia de especulación y debate. No obstante, unas visiones importantes han emergido formando un consenso general.

Una "buena" historia de ciencia ficción debe tener un elemento especulativo que sea parte integrante de la narración; si el elemento especulativo puede quitarse del relato sin afectarlo, entonces todo lo que el autor ha hecho es tomar una narración existente y vestirla con el ropaje de la ciencia ficción. Por ejemplo tomar el relato de Nora Ephron "Cuando Harry conoce a Sally" y situarlo en Marte no lo convierte en una historia de ciencia ficción "buena"; sin embargo, si uno de los personajes fuese un marciano con puntos de vista completamente diferentes sobre la sexualidad y los ritos matrimoniales podría tenerse una historia interesante. El elemento especulativo debe ser parte integrante de la historia; sin él, una historia de ciencia ficción "buena" se derrumbaría. Por ejemplo, en "Todos Ustedes Zombies" (1959) de Robert A. Heinlein, el protagonista viaja en una máquina del tiempo no solo para encontrarse con su abuelo y dar testimonio del nacimiento de sus bisnietos sino también para cambiar de sexo y producir el mismo la descendencia que sigue. Sin la máquina de tiempo, no habría ninguna paradoja temporal, y ningún argumento real detrás de la historia. El viaje en el Tiempo, el vuelo interestelar, la ingeniería genética, el primer contacto con una civilización alienígena, robots e inteligencia artificial, holocausto nuclear y otras pesadillas sobre el fin del mundo, invasión alienígena, telepatía y otras formas de percepción extrasensorial, las utopías y distopias, colonización espacial, e inmortalidad, etc. son todos elementos que podrían ser considerados especulativos. Ellos forman la inmenso caja de arena en que muchos autores de ciencia ficción exitosos juegan.

Con un universo entero, incluyendo todos los eventos del pasado, presente y futuro, a su disposición, autores como: Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, y L. Ron Hubbard han producido historias de ciencia ficción con sentido de maravilla y temor. Las “buenas” historias de Ciencia Ficción nos llevan a lugares que nunca hemos ido, nos presentan personas que nunca hemos conocido, y nos muestran cosas que nosotros nunca hemos soñado. Penetrando el mundo conocido del aquí-y-ahora y yendo más allá de todas las barreras y límites, la ciencia ficción nos desafía con las nuevas realidades y mayores niveles de conciencia. Olaf Stapledon en "Primeros y Últimos Hombres" (1930) y Stephen Baxter en "Las naves del tiempo" (1995) nos ponen a millones de años en el futuro y nos presentan una clase de hombre bastante diferente a la nuestra. Similarmente, Isaac Asimov en "La Trilogía de la Fundación" (1964) y Larry Niven en "Mundo Anillo" (1970) nos colocan en el mismo borde del espacio conocido y nos revelan que el inmenso cosmos todavía está a nuestro alcance. La mejor Ciencia Ficción pone a prueba los límites de nuestra imaginación y reta al espíritu humano a ir más allá de lo convencional a los nuevos y fabulosos mundos con las igualmente nuevas y fabulosas ideas. Ningún otro género literario, de misterios o romances góticos, tragedias o comedias, hace eso.

Las “buenas” historias de ciencia ficción pueden transportarnos bien a los limites exteriores del universo o al fin del tiempo, pero ellas también permanecen con los pies bien puestos a tierra en ciencia o a una extrapolación razonable del conocimiento actual. Los autores de ciencia ficción raramente violan las leyes físicas, y sólo lo hacen con propósitos de licencia literaria. Por ejemplo, nosotros sabemos que el viaje mas rápido-que-la luz es una imposibilidad científica con la tecnología presente, pero muchas historias han confiado en el impulso Warp-drive, agujeros de gusano, y otras teorías científicas para mover sus astronaves de un extremo de la galaxia a otro. La flota espacial alienígena de Murray Leinster en "Talentos Inc." (1962) circunnavega el espacio para penetrar otra dimensión del espacio-tiempo, anticipándose al uso del “Warp Drive” creado por Gene Roddenberry para “Star Treek” (1966). En la novela de Jack Williamson "La Legión del Espacio" (1934) y en "Duna" de Frank Herbert (1965), las naves espaciales rompen la velocidad de la luz encorvando o plegando el espacio. Los ingenieros alienígenas nos dan una mano en "2001: Una Odisea del Espacio" de Arthur C. Clarke y en "Contacto" de Carl Sagan (1985), ayudan a transportase al astronauta a través de una especie de “puerta estelar” o interestelar “cambiando de estación” al otro lado de la galaxia. La ciencia en la ciencia ficción es bastante a menudo lo que separa una historia regular de una muy buena, y lo que separa a la ciencia ficción del llamado sci-fi (una especie de comida rápida Hollywoodense de la CF) que a menudo viola o contradice completamente las leyes físicas por causa del “barullo” de los efectos especiales. Mientras nosotros podemos maravillarnos viendo como los luchadores del X-Wing atacan la Estrella de la Muerte y la destruyen en “La Guerra de las Galaxias” de George Lucas (1977), también debemos reconocer que esta a años luz lejos de la “buena” ciencia ficción; realmente es sci-fi, o más específicamente Space-Opera, claramente ciencia ficción “pulp” en su forma mas pura. Las naves estelares no necesitan alas, y menos alas cruzadas, para volar en el espacio exterior; allí no hay ningún arriba -o- abajo, y como no hay atmósfera en el espacio que pueda llevar las ondas de las explosiones -no importa cuan espectacular sea su naturaleza- estas serian completamente silenciosas. La ciencia ficción, no importa el tipo, siempre debe ser ficción basada en la ciencia, sino sería una forma completamente diferente de ficción, como fantasía u horror.

La escritura en las “buenas” historias de ciencia ficción siempre es ejemplar, con personajes memorables, punto-de-vista consistente, una trama interesante y con estilo, el diálogo creíble, y todos los otros sellos propios de la ficción literaria. Naturalmente, el primer objetivo de un escritor de ciencia ficción es contar una historia interesante, excitante e intelectualmente provocadora. La historia debe conjugar bien los eventos, escenas e ideas que no son comunes, y quizás incluso que no sean posibles, pero un escritor de ciencia ficción bueno sabe que, si él ha creado personajes memorables, ha mantenido una punto-de-vista consistente, y ha hecho todas las otras cosas necesarias para contar una “buena” historia, sus lectores estarán mucho más abiertos y receptivos a los eventos, escenas e ideas extraordinarios. La ciencia ficción es, con una excepción notable, igual a las otras formas de ficción contemporánea. Los relatos de ciencia ficción deben contar una historia clara y articulada, aun cuando ellos traten sobre criaturas alienígenas o robots inteligentes que vivan en un nuevo mundo feliz. La única excepción notable que hace a la ciencia ficción diferente de todas las otras formas de ficción es que cada historia debe tener un espléndido, asombroso, estremecedor, elemento especulativo que induzca temor y maravilla. Podría ser un nuevo dispositivo o invención como en "La maquina del tiempo" (1895) de H.G. Wells, podría ser el contacto extraterrestre con otra sociedad o civilización como en "Forastero en Tierra Extraña" (1961) de Robert A. Heinlein podría ser una aberración en la historia como en “El hombre en el Castillo” (1962) de Philip K. Dick o un descubrimiento tecnológico para mejorar la conducta humana como en “Flores para Algernon” (1959) de Daniel Keyes. En el corazón de los “buenos” relatos de ciencia ficción yace una “buena” historia que es seguida por la especulación acerca del hombre y cómo los cambios en la ciencia, tecnología o el universo afectarán el misterio de lo que nos hace humanos.

Los artefactos de ciencia y tecnología así como las muchas otras convenciones que forman la base de la ciencia ficción proporcionan la verosimilitud en las “buenas” historias de ciencia ficción. Los robots y naves espaciales, alienígenas y máquinas temporales son meramente las herramientas que un escritor de ciencia ficción emplea para crear los otros mundos y otros lugares de su historia, y nunca deberán tomar el lugar de una buena narrativa. El concepto erróneo más común que oigo a menudo, sobre todo en las universidades, es que la ciencia ficción es un forma de arte juvenil porque trata de las imaginaciones y fantasías de los niños. Muchos académicos relegan rápidamente a la ciencia ficción como algo menos que literario porque según ellos a los escritores de CF les falta el talento literario para escribir algo “significativo” y perteneciente al mainstream. Ellos juzgan que es de algún modo “más fácil” crear historias en universos lejanos con personajes alienígenas y mundos aun más extraños que escribir sobre personas reales en situaciones de la vida real. Estos comentarios facilistas vienen a menudo de aquéllos que saben muy poco sobre el género de ciencia ficción. Ellos solo han visto algún episodio de “Star Treek” o “Los expedientes X” o han llevado a sus niños a ver “La Guerra de las Galaxias” y piensan que la ciencia ficción es solo naves espaciales, rayos láser, alienígenas raros y robots listos. Pero ellos simplemente no están informados sobre la inmensa diferencia entre la noción del sci-fi Hollywoodense y el trabajo literario mucho más refinado de la ciencia ficción. Los artefactos de ciencia y tecnología son como los efectos especiales; cuando ellos son empleados por un escritor de ciencia ficción que domina su arte sirven para crear textura y fondo a la historia que se quiere contar, las naves espaciales, el rayo láser y los robots ayudan a que nosotros suspendamos nuestro escepticismo. El narrador anónimo en “La maquina del Tiempo” de H.G. Wells –una novela de 1895- emplea una máquina del tiempo para visitar el mundo de los Eloi –mansos- y Morlocks –bestiales- ochocientos mil años en el futuro, pero la historia realmente es sobre su visita a ese mundo, no sobre la maquina. Cuando los artefactos de ciencia y tecnología se vuelven la propia historia, o se emplean para esconder una historia débil, o existen solamente para el “barullo”, entonces la ciencia ficción ha fallado como una forma literaria; se ha vuelto sci-fi.

La “buena” ciencia ficción está por todas partes creando metáforas significativas y alegorías que son las reflexiones y revelaciones sobre el mundo en que nosotros vivimos. Un escritor de ciencia ficción no solo debe dominar ciencia y tecnología sino también conocer algo sobre el mundo en que vive, incluso de política, sociología, historia, y la conducta humana, y tener la habilidad de establecer analogías entre ellos. Por ejemplo, “La guerra interminable” (1974) de Joe Haldeman fue la primera novela en cualquier género que trató sobre los problemas de los veterano de Vietnam que buscaban reconectarse al mundo al que ellos habían vuelto. En ese momento, nadie quiso hablar sobre esos problemas, mucho menos publicar una historia escrita por un veterano de Vietnam enfadado. Vietnam era algo que todos quisimos olvidar. Películas iconoclastas como “Apocalipsis Ahora” (1979) y “Pelotón” (1986) estaban todavía a años de ser realizadas. Así que, Haldeman creó una alegoría en el futuro sobre soldados que vuelven de una guerra interestelar; desde los centenares de años que han transcurrido en ese viaje y el retorno (en términos de la teoría de la relatividad de Einstein), esos soldados volvían a un mundo bastante diferente del que habían dejado atrás, y no podían simplemente, volver a encajar en sus vidas anteriores. La historia hablaba claramente sobre los veteranos de Vietnam, pero como él había creado una metáfora significativa, su novela fue un éxito, y ganó el Premio Hugo a la mejor Novela de CF del año.

La ciencia ficción es visión profética y extrapolación...dicho en la forma de ficción especulativa...esa búsqueda para definir a la humanidad y su lugar en el cosmos...considerando el impacto de ideas futuras e invenciones, nuevos cambios sociológicos, psicológicos o políticos y sus consecuencias...y los misterios más grandes de lo que significa ser humano...a través de espléndidas y asombrosas metáforas que inducen temor y maravilla. Las “buenas” historias de ciencia ficción no sólo nos hacen pensar, sino que se vuelven parte de nuestra alma y están con nosotros el resto de nuestras vidas. Fahrenheit 451, Duna, Forastero en Tierra Extraña, Mundo Anillo, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? y muchas otras historias como ellas definieron una generación entera, y continúan influyéndonos hoy con sus metáforas imperecederas y pensamientos provocadores sobre lo que significa ser humano.

© John L. Flynn; 2002.
Traducido para Velero 25 por: Víctor Pretell.
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