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El profesor Locust tomó asiento frente a
Andros y le palmeó cariñosamente el hombro izquierdo.
"Muy bien", dijo. "Infórmeme ahora con exactitud y precisión de su
hallazgo".
Andros tomó su libreta de apuntes y echó una mirada a lo anotado.
"En cincuentidós mil ochocientas dos horas universales ingresará el cometa
en la esfera de influencia de este sistema. Según la medida cronológica del
planeta en cuestión eso significaba 258 días".
Escuchábamos tensos las palabras de Andros. El era el último en terminar su
trabajo de investigación. Luego del informe de Andros regresaríamos a
entregar nuestras tesis a la Universidad. El doctorado estaba a la vista.
Había sido una buena expedición. Mentalmente pasamos revista a cada uno de
nuestros trabajos, que a menudo habían sido acompañados de escenas
verdaderamente emocionantes. En el fondo Locust estaba satisfecho de
nosotros, así como de los resultados de nuestras intervenciones. Andros, su
favorito, además de ser el último, por lo visto iba a ser también el único
que sería autorizado a tomar medidas personales de intervención. Para algo
era el tipo de alumno que lleva frutas al pupitre del profesor.
El planeta en referencia, prosiguió Andros, "pertenece a la clase V. Esto
significa, según la escala de Vandor, que existe una inteligencia
desarrollable. Se ejerce la agricultura y el transporte, así como algunos
trabajos artesanales".
Era insufrible cuando relataba, pero Locust estaba encantado.
"Cultura y religión", preguntó.
"En general primitivas, prenivel 3. Aunque existe un grupo que empieza a
desarrollar características monoteístas. Existe media docena de pequeñas
ciudades, la más grande de las cuales registra unos cinco mil habitantes".
"¿Qué consecuencias tendrá el paso del cometa?"
"Debido a las enormes existencias de agua, puede esperarse un desastre,
particularmente en el sector, muy bajo y plano, en el que se ha establecido
la cultura monoteísta. Grandes inundaciones son de esperar, así como
tremendas precipitaciones debido al recalentamiento del aire y del agua".
"¿Qué medidas propondría usted?"
"A mi modo de ver, una evacuación no corresponde al caso, ya que no pueden
predeterminarse con certeza los lugares absolutamente seguros. Las regiones
altas también serán afectadas por las precipitaciones. Una evacuación, para
el prenivel 3, sería demasiado arriesgada, y, además, encontraría
resistencia".
"¿Entonces?"
"Por tal motivo, yo propondría la solución que menciona el profesor Klander
en sus "Indicaciones Generales", capítulo "Catástrofes Hidrológicas".
"Precise usted".
"La solución b)"
Locust sonrió. Conocíamos esa sonrisa. Significaba aprobación.
"Bien", dijo. "Enviaremos los resultados de su trabajo y sus propuestas a la
universidad. Déme también sus apuntes. Espero que contendrán los detalles
específicos".
"Naturalmente, profesor".
"Y ustedes, damas y caballeros", dijo Locust, con un amplio gesto que nos
incluía a todos, "pueden ahora dedicarse a su party".
Una palabra clave. Mesas y sillas plegadas, los ojos de buey de la nave
cerrados y encendida la iluminación de las grandes ocasiones. La fiesta fue
sumamente alegre –había sido un agotador período de trabajo– y la noche pasó
con gran rapidez.
A la madrugada retornaron los papeles de Andros, a través del facsimilador.
Estaban aprobados y ostentaban el sello del rector. Brindamos y seguimos
bailando hasta el amanecer.
Al día siguiente comenzara los preparativos para el plan de Andros. Como es
de rigor, esperamos un momento propicio, cuando el territorio en cuestión
estuviera cubierto de nubosidad baja. Teníamos la ventaja de poder atravesar
las nubes con nuestros instrumentos.
Debajo nuestro se extendían los amplios y pacíficos campos utilizados por la
cultura monoteísta para apacentar su ganado. Algunos campesinos trabajaban
bajo una fina llovizna. Era un cuadro como lo habíamos visto ya decenas de
veces, y, a pesar de ello, siempre nos inducía una sensación de extraño
respeto el ser testigo del nacimiento de una civilización. No sé qué
pensarían los demás, pero para mí este mundo, como los anteriores, era algo
sagrado y hermoso. En un viaje de estudios como éste, uno descubría que no
hay principio ni fin en la misteriosa cadena de la vida. Las culturas
nacían, se desarrollaban y fundían unas con otras para luego intentar el
gran salto universo. Muchas morían antes de lograrlo. Esto suele suceder,
como consta en los textos que estudiamos al comenzar el curso, cuando el
desarrollo social se retrasa frente al técnico, cuando la cultura es ahogada
por la civilización. Hubo casos como el de... pero dejemos eso. El mundo
bajo nosotros aún no conocía esos problemas. Ya llegaría el día en que se
abriría ante él la encrucijada clásica. Nadie podría entonces ayudarle: al
igual que una oruga que pugna por convertirse en mariposa, estaría obligado
a resolver sus problemas solo o a hundirse.
El plan de Andros estaba totalmente adaptado a este mundo. Nos dirigiríamos
al cacique de esta tribu y le daríamos nuestras instrucciones. El resto era
asunto de ellos.
Nos era favorable el hecho de que últimamente habían aumentado las
incursiones de piratería contra las gentes de la cultura superior. Eso nos
serviría de clave.
Descubrimos al viejo cuando se dirigía a su choza.
Conectamos el altoparlante y Andros comenzó a hablar con su voz fuerte y
juvenil, sin dejar de ser solemne. Sus primeras palabras resonaron sobre los
campos:
"Él fin de toda carne ha venido delante de mí, porque la tierra está llena
de violencia... Hazte un arca de madera de Gofer..."
Nunca olvidaré la cara asustada pero reverente del viejo cacique. Cayó de
rodillas, entre su intranquilo ganado, y escuchó, con la arrugada faz vuelta
hacia el cielo:
"...Y de esta manera la harás: de trescientos codos de longitud, de
cincuenta codos de anchura, y de treinta codos de altura."
© Jose B. Adolph;
1970. |