El autor Daniel Salvo
nos presenta un panorama de la Ciencia Ficción Peruana, este articulo
necesariamente inacabable va ya en su tercera versión, la primera de
ellas vio la luz en la revista-e "El Hablador" una segunda versión
corregida y aumentada fue publicada en la Revista Ajos y Zafiros y
ahora tenemos esta tercera que el autor actualizo para esta edición pero que
afortunadamente ha sido ya superada por la realidad, pues tenemos un
libro más de C-F próximo a salir, "Más Allá de" y varios relatos
publicados en diferentes revista-e del genero.
La imagen que suele tener el público respecto
a la ciencia ficción no corresponde a la definición o definiciones que le
dan los autores del género o los críticos literarios. En efecto, en gran
medida se maneja el concepto de ciencia ficción que fue popularizado en
Norteamérica en las décadas del 20 y del 30 del siglo XX, cuando se dio el
auge de la literatura pulp, orientada hacia la acción y la aventura, con
personajes estereotipados y una redacción simple. No se puede renegar de ese
período de popularización, puesto que contribuyó a la difusión de la ciencia
ficción, si bien en su vertiente de space opera. Lo negativo fue que esa
imagen del género es la que se maneja mayoritariamente incluso en el
presente.
Poseídos por tan masivo imaginario, y también por cierta pedantería rayana
en la ignorancia, no es de extrañar que tanto nuestros escritores como
nuestros críticos y académicos hayan preferido mirar de soslayo a la ciencia
ficción, cuando no ignorarla por completo.
Recuerdo las clases de literatura en el colegio y en la universidad. Con
suerte, se mencionaba a la ciencia ficción con otro nombre, o se la trataba
como subliteratura; cuando no se caía en el absurdo de utilizar categorías
completamente distintas. ¿Alguien en su sano juicio diría que “El señor de
los anillos” es una novela “real maravillosa”? ¿Clemente Palma un autor
“realista”? Proposiciones tan absurdas como las mencionadas se enseñan en
las facultades de literatura de algunas universidades, contando además con
un increíble sustento teórico.
Con tales antecedentes, resulta lógica la aparente ausencia de
manifestaciones del género de ciencia ficción en nuestro medio. O bien se
espera otra cosa, o lo que se ha escrito “no se ve”. Ello hace que nuestros
expertos en literatura (difícil considerarlos investigadores, a estas
alturas) se encojan de hombros o afecten condescendencia cuando se les
pregunta sobre autores peruanos de ciencia ficción. En lugar de reconocer su
ignorancia, prefieren obviar el tema o afirmar, categóricamente, que ningún
autor peruano ha escrito ciencia ficción.
Si nos limitamos a pensar en los términos ya comentados, considerando a la
ciencia ficción un género que se limita a narrar aventuras espaciales,
generalmente pueriles, es posible que efectivamente poco o nada se pueda
afirmar respecto al género en el Perú. Pero quienes han tenido acceso a una
mayor muestra de obras de ciencia ficción, extranjeras o nacionales, saben
que la ciencia ficción es más que películas y novelas de cowboys espaciales.
Una de las novelas que se considera como el más cercano antecedente del
género es, que duda cabe “Frankenstein”de Mary Wollstonecraft Shelley. El
cine nos ha permitido conocer lo principal acerca de esta narración: un
científico ginebrino, Victor von Frankenstein, en su afán de liberar a la
humanidad de la angustia de la muerte, da vida a un ser creado a partir de
pedazos de cadáveres humanos, utilizando la ciencia de su época (fines del
siglo XVIII). Con lo que podemos afirmar que una de las características de
la ciencia ficción es, además de un “sentido de la maravilla”, su
exploración acerca del devenir de la humanidad, sobre todo en su relación
con el progreso que traen las ciencias. Julio Verne, alejado ya del gótico,
se limitó a explorar lo que el consideraba el futuro inmediato: viajes en
globo, expediciones al centro de la Tierra, inmersiones al fondo del mar y
la maravilla de maravillas, un viaje a la luna.
Considerando los cambios ocurridos en el siglo XIX, tanto en el orden
técnico como en el político, ¿qué hacía falta para que cualquier escritor de
cualquier latitud se preguntara, cuando menos como ejercicio de ocio, “cómo
será el futuro”? El habitante del siglo XIX (cuando menos, el habitante
occidental) asistió a milagros (y desgracias) engendrados por la revolución
industrial, como la electricidad y el teléfono. Si ellos veían eso… ¿qué no
verían sus descendientes en el futuro?
Con solo unas preguntas, acabamos con la imagen de la ciencia ficción como
un mero catálogo de aventuras espaciales, y acabamos con la noción de un
género impropio o inexistente en nuestras letras.
Así por ejemplo, tenemos el temprano caso de la que se considera la primera
novela publicada en el Perú republicano, que lleva por título “Lima de aquí
a cien años”, de Julio M. del Portillo. Publicada en 1843 en el diario El
Comercio en forma de folletín, es la primera novela peruana situada en el
futuro, caracterizado por el triunfo de un urbanismo que no pierde su
característica decimonónica (con coches tirados por caballos y faroles para
iluminar las calles), al tiempo que incluye elementos más modernos, como el
telégrafo (invento que se instaló en Perú recién en 1847) y vehículos
capaces de llegar a la Luna.
Es de resaltar el hecho, quizá pendiente de confirmación, de que nuestra
novelística nacional principia con una novela de ciencia ficción. Como dicen
los Evangelios: “la piedra que fue desechada, llegó a ser cabeza de
esquina”.
Cabe destacar la fecha de publicación: 1843. Téngase en cuenta que Julio
Verne recién publicó el primero de sus “Viajes extraordinarios” en 1863, es
decir, 20 años después de “Lima de aquí a cien años”, lo que pone a Julio M.
del Portillo en un lugar por demás expectante en la historia de la ciencia
ficción mundial. Lástima que, como siempre, hemos sido los propios peruanos
los primeros en ignorar lo significativo y –a mi juicio – evidente de su
obra: la historia literaria de la República del Perú nació con una novela de
ciencia ficción, o en todo caso, futurista. Ni costumbrista ni indigenista,
lo que cambia casi por completo nuestra visión tradicional de la literatura
peruana.
Coincidiendo con el inicio del siglo XX, nace el cuento de ciencia ficción
en el Perú. Y quien inicia la tradición es Clemente Palma (1872-1946),
escritor que ha sido objeto de diversos estudios literarios en el Perú y en
el extranjero. Sin embargo, pocas veces se ha destacado su papel de
precursor o iniciador del género de ciencia ficción en el Perú.
En efecto, Clemente Palma escribió dos cuentos (La última rubia y El día
trágico) y una novela (XYZ) de ciencia ficción, con todas las
características del género: especulación acerca del futuro, reacción ante
los resultados de una catástrofe cósmica y la realización de experimentos de
duplicación de seres humanos. En “Cuentos malévolos” (1904), se incluye el
relato “La última rubia”, ambientado en el año 3025, cuando el oro ha
desaparecido del mundo , el idioma universal es el esperanto y todos somos
amarillos, puesto que las demás razas han sido absorbidas por los mongoles y
tártaros. Sin embargo, quedan algunos remanentes de las otras razas.
Posteriormente, y a propósito del paso del cometa Halley, Clemente Palma
publicó “El día trágico” (utilizando el seudónimo “Klingsor”) en la revista
Ilustración Peruana durante los meses de abril y mayo de 1910. En este
cuento, se reflejan la histeria y temor colectivos de la humanidad ante el
paso del cometa Halley, posible causante de una catástrofe. Oliverio Stuart,
el protagonista, junto con su esposa y su suegra, se convierten en los
únicos sobrevivientes del envenenamiento mundial ocasionado por el gas
cianógeno del que estaba compuesto la cola del cometa. Encerrados en una
refugio, bien dotados de oxígeno y provisiones, son testigos del silencio
mortal que envuelve al planeta.
Mención aparte merece “XYZ”, novela publicada en 1934 y que el propio autor
calificó como “grotesca”. El título, poco o nada nos dice acerca de la trama
o los personajes, y tal vez ello ha contribuido al olvido –injusto- en el
que ha caído esta novela. El “XYZ” del título es el sobrenombre de Rolland
Poe, inventor peruano con una temprana afición al álgebra. Utilizando las
propiedades del elemento radio y la albúmina de los huevos, inventa una
máquina que permite obtener “dobles” de actrices y actores hollywoodenses
(hay una curiosa reproducción de Maurice Chevalier en 40 centímetros).
Descubierta la existencia de estos dobles en una isla, los “originales” y
otros actores iniciarán una acción de rescate, que culminará con el suicidio
del inventor.
La producción literaria peruana siguió otros rumbos, muy ajenos a las
especulaciones sobre el futuro o la tecnología, aunque existe el caso
aislado de Héctor Velarde (1898-1989), exquisito humorista de una Lima (no
de un Perú) que definitivamente ya fue, donde todo estaba “en su sitio”, y
la vida transcurría plácida... en medio de esta arcadia, irrumpe la
modernidad que viene de Norteamérica, con sus supermarkets y aviones, y
sobre todo, con la bomba atómica. Velarde escribe una serie de crónicas y
ensayos humorísticos que titula “La perra en el satélite” (1958),
coincidiendo con la carrera espacial entre EE.UU. y la URSS. En este
librito, aparece el relato “La bomba J”, en el cual la destrucción nuclear
total tiene un fallo: la casa del limeñísimo Pedro Lanatta y Perales,
diplomático, quien decide dedicar sus últimos días a escribir un diccionario
para las futuras generaciones... Quien sabe, Velarde tal vez quiso expresar
en este relato su melancolía por la pérdida de ese mundo limeño en el cual
había nacido. Tiene también una pieza de teatro ambientada en el año 2427
titulada “¡Un hombre con tongo!” (1950), en la cual las señoras van de
compras al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para
movilizarse.
Los años setenta del siglo XX son acaso los de mayor apogeo de la
ciencia-ficción peruana, guardando las distancias del caso. Destacan, hasta
el presente inclusive, los escritores José B. Adolph y Juan Rivera Saavedra.
Reseñar la obra de Adolph merece de suyo un artículo propio. Desde sus
inicios, ha escrito cuentos que hacen difícil encuadrarlo en un género o
tendencia. Sus relatos, publicados en sendas ediciones, son de todo tipo y
color. Los temas que ha tocado son todos, o casi todos: la inteligencia
artificial en “Artemio y MULTICAL”, la evolución de las especies animales en
“La rata”, la inmortalidad en “Nosotros no”, el contacto con seres
extraterrestres en “Los bromistas”, las catástrofes... Quizá el libro de
relatos de Adolph que más cuentos de ciencia ficción contiene es “Hasta que
la muerte”(1971), volumen que contiene el cuento “El falsificador”, que ha
sido incluido en la antología de ciencia ficción latinoamericana “Cosmos
latinos” (2003), publicada por la Universidad de Texas.
José B. Adolph también ha publicado novelas de ciencia ficción, como “Mañana
las ratas” (1977), libro que de haberse publicado en EE.UU., le quitaría al
“Neuromante” de William Gibson la gloria de ser considerado como el
iniciador de la moda ciberpunk. En esta novela, vemos un Perú totalmente
balcanizado y anómico, gobernado por transnacionales cuya cúspide
dirigencial reside en satélites que orbitan la Tierra. La religión, empero,
sirve de aglutinante para la gestación de fuerzas rebeldes, que sin embargo
no saben bien donde están paradas.
Juan Rivera Saavedra tiene, entre otros, el gran mérito de utilizar por
primera vez la etiqueta “ciencia ficción” con todas sus letras, como parte
del título de su selección de relatos “Cuentos sociales de ciencia ficción”
(1976), compuesto por cuentos llenos de ironía acerca de la condición
humana. En ellos, Rivera Saavedra explora temas como los robots, la
exploración de otros planetas, la escasez de alimentos, nuestra visión de
los “otros”.
En clave de space opera, José Manuel Estremadoyro publica la hilarante
“Glasskan, el planeta maravilloso” (1971) y su continuación “Los homos y la
Tierra” (1971). Se nota en ambas obras la influencia del interés desatado
por el denominado fenómeno OVNI y la vida extraterrestre en general, siendo
así que en la primera novela se nos describe un viaje a un planeta donde
todo es perfecto, a la manera de las grandes utopías del renacimiento. En la
segunda, los humanos entrenados por los galacsinos (habitantes de Glasskán)
deben volver a nuestro planeta para ofrecer la paz y el progreso al estilo
de Glasskán a la humanidad. No encontrarán a nadie merecedor de dichos
dones, dedicándose a vivir una serie de aventuras de lo más disparatadas.
Con todo, “Glasskan” merece un lugar dentro del canon literario nacional, al
menos por su originalidad.
Curioso es el caso de Eugenio Alarco. Casi no hay noticia acerca de este
autor, salvo por el brevísimo cuento “La magia de los mundos” que aparece en
la “ Primera Antología de la ciencia ficción latinoamericana” (1970),
publicada en Argentina por Rodolfo Alonso. El cuento nos muestra el pavoroso
futuro de la humanidad en manos de unos seres que no se sabe si son
extraterrestres o humanos evolucionados, quienes utilizar los órganos y
miembros humanos como repuestos.
Ya en la década de los noventa, Giancarlo Stagnaro, a sus catorce añitos,
publica “Hiperespacios” (1990), una novela de aventuras espaciales que
constituye un digno tributo a Isaac Asimov. Sorprende la independencia de
criterio y el que Stagnaro no haya caído en el facilismo de seguir las modas
literarias contemporáneas. Y después de todo, ¿por qué no pueden los
peruanos del futuro dedicarse también a luchar contra invasores
extraterrestres? Lamentablemente, esta obra no tuvo la difusión que merecía.
En provincias, también existe interés en el género, como lo prueba el
volumen de cuentos “Las formas” (1997) de Carlos Bancayán Llontop, publicado
de manera casi artesanal en la ciudad de Chiclayo. Entre otros, incluye los
relatos “Nutrición” y “Las formas”, donde se especula acerca del lugar del
hombre en el universo y acerca de los llamados poderes mentales, cuyo
desarrollo da lugar a asombrosas revelaciones acerca de una importante
figura religiosa.
A fines de los años noventa, se publica “Un único desierto” (1997) de
Enrique Prochazca, una selección de relatos variada y de temática novedosa,
donde el autor nos ofrece el cuentos “2984”, sobre un futuro distópico
deudor de “1984” de George Orwell, donde se devela el misterio de la
identidad del Gran Hermano.
La llegada de la internet ha permitido que, hoy por hoy, se puedan publicar
en la red relatos y novelas que de otro modo sería imposible conseguir. Con
la aparición de páginas web cuyo objetivo es la divulgación de la ciencia
ficción peruana, hemos podido acercarnos a la obra de autores noveles como
Rubén Mesías Cornejo, José Donayre Hoefken, Adriana Alarco y otros.
El año 2003 ha sido pródigo para la ciencia ficción: José B. Adolph publicó
la novela “Un ejército de locos”, acerca de un Apocalipsis desatado desde la
internet, y la selección de cuentos “Los fines del mundo”, que incluye
algunos cuentos de ciencia ficción. Por su parte, Juan Rivera Saavedra
publicó “Oprimidos y exprimidos”, con algunos relatos pertenecientes al
género.
Mención aparte merece “8+1”, conjunto de relatos de ciencia-ficción de
Manuel Antonio Cuba, publicado por la editorial Meteletra.
El año 2004 ha sido también pródigo en publicaciones electrónicas. Aparecen
nuevas voces como Iván Paredes y Pedro Novoa, mientras que Manuel Antonio
Cuba junto con Jorge Revilla publican un nuevo volumen de relatos titulado
“Desde afuera”.
Como dato final, el autor de la nota ha publicado los cuentos “El amante de
Irene” y “El nombre no es importante”. También ha colaborado con artículos
sobre el género de ciencia ficción en la revista electrónica de literatura
“El hablador” y en la revista “Ajos y Zafiros”.
© Daniel Salvo;
01-07-05.
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