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La primera vez que enfrenté un dibujo proveniente del manga quedé asombrado ante el contraste entre la inocencia líquida de los enormes ojos redondos, propios de un gálago y de la sensualidad curvilínea y quizás exagerada de sus atributos carnales, atribuibles fácilmente a una pornostar. Una notable herencia cultural lo apoyaba, vinculada tradicionalmente con la evolución del arte japonés desde el siglo XI. Hokusai había acuñado el término combinando los kanji correspondientes a 'informal' (man) y 'dibujo' (ga), sin prefigurar el tremendo despliegue que la extraña belleza de tales imágenes tendría posteriormente en la industria editorial y cinematográfica japonesa.

Luego para mí, fue la revelación: a mi lado, creciendo en un submundo que pronto se expandió a la velocidad de la luz, series como Mazinger Z, Astroboy de Osamu Tezuka, Macross, Dragon Ball de Akira Toriyama o Gundam aglutinaban vastas legiones de seguidores, por lo menos así lo aprecié al comprobar, a momentos exasperado, la omnipresencia de los manganime que desplazaban al borde de la atención de los aficionados los estilos que me agradaban o que marginaban en su avasalladora marea a esfuerzos hermosos y complejos como los de Metal Hurlant o de la línea clara europea.

Hasta maestros como Moebius, Wrigthson, Corben o Eisner caían ante la suave guadaña de los autores nipones. Nunca me reconcilié con la vasta mayoría de ellos y su obra continúa en mi mente siendo pobre, confusa, monótona, simplona y maniquea, que en un batiburrillo impresionista envuelve a la diosa Amaterasu con los ropajes de las vírgenes judeocristianas (no obstante, quiero agregar que el dilatado periplo de algunas series de anime en la TV mundial ha sido superada largamente por mis monstruos queridos: Los Simpson de Matt Groening).
 

Sin embargo, no es mi intención trazar una candente barrera separadora entre las diferentes expresiones artísticas (ni explicar el bosque de tipos de manga que existen) ni aquilatar algunas corrientes creativas demeritando otras. Mejor describiré su impacto sobre mi sentipensar, y como ejemplo, recordaré el fenómeno Akira (por Katsuhiro Otomo) que de manga saltó a anime (película de animación), y cuyos avatares, explicados al estilo de un extenso culebrón televisivo, se ambientaba en un Tokio futurista recorrido por diversas bandas callejeras de motoristas, y reconstruida tras un supuesto desastre nuclear; en realidad, desencadenado por una explosión energética provocada por los poderes mentales de unos superniños diseñados en el máximo secreto por el ejército.

Ambas formas dejaron una demoledora y casi instantánea huella repleta de un duradero reconocimiento y la aceptación como clásicos del género. Podemos agregar para quienes no siguen las peripecias del manganime que tan monumental obra (más de dos mil páginas), fue escrita y dibujada en un largo lapso: 1982-1993.

Otros filmes que marcaron época (y que atesoro en mis neuronas) fueron Nausicaa del Valle del Viento (aún rememoro emocionado las peripecias de los personajes, creciendo en una densa estructura de sucesos donde imperaba la mas desaforada imaginación), Porco Rosso y El viaje de Chihiro (una auténtica obra de arte donde coexisten el flujo onírico, las leyendas mitológicas japonesas y las representaciones culturales en un entramado que acoge el primor de las estampas y la profundidad de las reflexiones filosóficas sin menoscabo de ninguna) de Hayao Miyazaki (mi director de anime preferido).

Advierto que tan sólo manifiesto los sentimientos encontrados que me provocó y me continua provocando esa corriente creadora, mis líneas no son una provocación esgrimida contra otakus o probables mangakas, sino un breve homenaje a nuestros amigos arequipeños y dedicadas al primer bitimagen netamente peruano (Boris Vallejo es tan internacional como nacional) elegido para el relanzamiento de febrero de Velero25, que han combinado tan acertadamente en su bella muñeca, gramo de músculo a gramo de azotante cabellera, plena de gracia y actitud bohemia, en un escorzo simultáneamente invitante y deportivo que abre la imaginación a travesías de trepidante aventura y resultados inesperados.

© Luís A. Bolaños; 29-01-05.

 
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"...sino un breve homenaje a nuestros amigos arequipeños... ...que han combinado tan acertadamente en su bella muñeca, gramo de músculo a gramo de azotante cabellera, plena de gracia y actitud bohemia, en un escorzo simultáneamente invitante y deportivo que abre la imaginación a travesías de trepidante aventura y resultados inesperados."
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