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Scent of the sea,
before the waking of the world
Brings me to thee
Into the blue memory
-Tarja Turunen.
Also Spracht Zarathustra – 60d 14h 35m 16s
Vika, como una marca a fuego, arde aun, nítida e indeleble imagen en el ojo
de mi mente, una con mi piel, más allá en el tiempo y espacio, en un momento
congelado y cegado por luces cómplices y senderos tentadores.
Era el observatorio de un rascacielos, otoño, la hojarasca invadía paciente
e inclemente calles y plazas y del norte un viento frío casi lacinaba.
La Calzada (si es que tal nombre se le aplique) discurría recta e
impecablemente entre dos cauces de agua que, quieta para el ojo distraído,
se desplazaba circulando sobre el espacio de forma completa, haciendo pensar
en una laguna suspendida en el aire. Los ondulantes colores del ambiente
reflejados en el agua llegaban hasta el borde mismo de la calzada, era el
último año y los exámenes de licenciatura comenzarían pronto.
- ¿Quieres ser un león?-
Sonriendo, traviesa y torva a la vez, cambiando el peso de pierna una y otra
vez y otra vez, tic, tac, tic...
- ¿Un león?-
- Un león, ya sabes. - repuso, impasible - como en el libro de ese
filosofo... -
Mi cara debió decir mucho entonces, porque ella, dándome la espalda comenzó:
- Mira allá, pequeño. - y en tono doctoral, prosiguió...
- El mundo, el espacio, el universo, el tiempo, y tú, ¿qué haces aquí?- El
paisaje, mirando hacia poniente mostraba a sólo Kilómetros de la Ciudad,
primero Tundra y luego, hasta donde la visión pudiese atisbar, un infierno
blanco, de exquisitos contrastes, más no por ello menos estremecedor en el
horror que invocaba.
- Em... y yo estoy aquí mirándote. -
- ¿ Y a quién le importa eso? -
- A mí, bueno, y a ti quizás. -
- Eres un tonto. -
Se giró, y cuando yo comenzaba a improvisar una disculpa mirando las cintas
metálicas en el cielo, conectando las enormes y brillantes estacas y
dividiendo el cielo azul equitativamente, ella aparentemente irritada,
sentenció gélidamente:
- ¿Qué esperas? ¡vamos!-
Un toque de rubor encarnaba su mejilla.
Kannon D-dür 147d 55h 42m 11s
- Vamos, no son reales de todos modos.-
Bajo un cielo de latón esmaltado, tachonado de protuberancias y de luces en
tránsito cual glóbulos rojos, ella contemplaba a la orquesta de cámara.
- Cando, Insisto, no tiene sentido, no son reales.-
- Depende de a que le quieras llamar real.-
- Malo, muy malo.- dijo, ella, agitando cual varita su índice -ya estás
sonando como yo.-
Me reí y ella acompañó por compromiso, los músicos irreales para cualquier
sentido menos la vista, parecían en el límite de la concentración, casi
extáticos. Mi mano tomaba firmemente la suya y viceversa.
Con la otra mano, abrí un canal de datos a mi credchip y la música se
inició.
Ella sonrió.
- Pachelbel ¡es una rareza!- exclamó, atrayendo miradas de otros asistentes
al parque. Metros más allá, algo que parecía un estanque abría la visión al
negro del espacio y a un planeta otrora azul.
-¿bailamos?-
- es barroco, estás loco, eso NO se baila.-
- nadie lo sabe y a nadie le importa, al menos aquí.- ella miró alrededor,
la gente transitaba taciturna, y había un tono nostálgico en sus gestos y
conversaciones.
- Déjame adivinar ¿mambo o chachachá?-
- Por mi encantado, pero ¿por qué no un Vals?-
Por los siguientes seis y algo minutos la pasamos dando vueltas, entre risas
y pisotones y músicos de holograma ejecutando cual orquesta completa y con
sonido optimizado, más magia artificial. Ambos girando, en el hombro de su
traje de gala, el distintivo del equipo no dejaba de brillar con un águila
eterna y pérdida en el tiempo, espacio alrededor y las letras:
“AUDENTIS FORTUNA IUVAT”
Distant Memory - 0d 8h 55m 26s
- No podemos estar juntos.-
Se había parado a poner a John Coltrane y a ponerse un parche de Melatonina,
que seguía disfrutando como después de todas las veces que hacíamos el amor,
“suena ridículo,” pensé “tres palabras (o dos, o una sola) no pueden
contener tanto significado, divagué cuasi-dormido hasta la declaración de
ella.
-¿Qué dices?-
- No podemos estar juntos, es tan simple como eso.-
La miré a los ojos, pensando que bromeaba, el verano era el más tórrido de
la historia (por quinto año seguido) y tanto la ropa para dormir como las
sábanas no tenían sentido ya.
- No. - Podemos estar juntos, no puedo seguir atada a esto, dependiendo de
ti.-
- Eso no es algo que se elija así, Vika.- repuse conciliador
- ¡Pero no es justo ver mi vida como algo sólo con relación a la tuya! ¡no
lo comprendo!- Comenzó a caminar alrededor del cuarto, inquieta
- ¿Crees que no me pasa lo mismo?-
- ¿Y qué si fallamos?- se sentó en la cama y me miró a los ojos, un brillo
desesperado los animaba.
- Habremos fallado, y será todo, el mundo no se detendrá.- contesté,
demasiado distante.
- Debería.- había dejado de mirarme y bajó la cabeza
- Es una cuestión de fe, creo.-
- ¿fe?, eso es sólo una palabra.-
- Como Amor, sólo significa lo que crees que significa.-
- Entonces nada, ¡nada! Todo este tiempo por nada.-
- Si es por nada entonces ¡vete y ya!-
Iba a responderle, cuando, saltando de la cama y con un gesto de furia, me
dijo, mirándome a los ojos:
- ¡Es suficiente! ¡No lo soporto!-
Cogió lo primero que tenía a mano y salió. En mi mente, imaginé que usaría
el mismo implante que le regalé para llamar a un taxi, al mismo tiempo que
enviaría a la red su archivo de insultos, reclamaciones y frustraciones
personales acerca de mí, y no sin la maldición clásica ya de desgracia
eterna hasta el último qbit, abriendo líneas con todas sus amigas y amigos
para decirles que finalmente había tenido el valor de dejarme, que al final
no hay milagros, que dos locos idealistas no pueden estar juntos, ves, por
meterte con uno de física, diría alguna a la que nunca le caí, yo te dije,
contadores, debiste buscar uno, son lo mejor que hay, y así, en una
cacofonía de conexiones de datos hasta causarle migraña por sobrecarga
térmica, entonces cerraría todo y, en camino a algún lugar más fresco, se
dedicaría a dejar de pensar.
Miraba a la ventana, llovía, cosa rara en estos tiempos, pensé, al mismo
tiempo que la canción que cantaría en un día y momento como este resonaba
dentro:
“That our love,
could be
more than a distant memory...”
Reí, involuntariamente acaso, aun no salía del
shock, vendría ya el tiempo de las lágrimas y la angustia y el
desgarramiento. Confiaría de nuevo en el tiempo para barrer todo, no tenía
el valor de suprimirlo con mis extensiones de RA “Mi vida es mi vida, mi
dolor lo es también.” “otra frase estúpida,” agregué casi de inmediato,
anestesia emocional permanente y olvido garantizado o 4 años de terapia...
... Sabía lo que dolería todo y lo pensé, ella no volvería, “pero ¡un
momento! ¿por qué estoy siendo tan definitivo?” dije en voz alta, En fin, lo
haría después, ya no tenía gran cosa que perder, así que...
la puerta se abrió y dos prendas volaron buscando su sitio en el desorden
reinante
- Olvidé mi beso de despedida.-
No volvió a salir.
Ghost Love Score – 2001d 23h 47m 6s
- ¡Por aquí- gritó ella.
Siendo aun de noche, y con los emisores de posición bloqueados por el campo
magnético del planeta hacer las cosas a la antigua era mejor, las conexiones
neurales no servían sino a corta distancia para rastrear a alguien si no
sabías donde estaba, además, a nadie le gusta escuchar voces no autorizadas.
Afortunadamente, faltaba poco para el amanecer.
Encontré a Vika en la cima de una pequeña colina, desde la que se podía
divisar la playa, claro, si hubiese luz, el brillo de las estrellas era
demasiado débil para servir de guía, su traje presentaba las extensiones
robot para trabajos de mecánica fina, lo llamábamos “el cuchillo suizo más
caro de la galaxia” aunque la mayoría de la tripulación no supiera de donde
venía el apodo. Arreglaba algo.
-¡demonios, sigue fallando!- exclamó airada.
-¿y qué fue ahora?-
- Esta cosa no transmite como debiera, escucho todo desafinado.-
- ¿desafinado? - respondí, perplejo, - no me digas que.-
- Si Caron, es la holoconsola de esa vez, ¿recuerdas? fue lo único que
salvamos de la estación.-
- Pensé que no serviría, pero... bueno, ¿qué pretendes hacer?-
- Si te lo digo ¿prometes no hacer la cara de estúpido escéptico que siempre
haces?
- Vaya, vaya.- dije – ¿Otra excentricidad tuya?-
- si y no, mira, hay vida inteligente en este planeta y quiero contactarla.-
- Ya hemos hecho todos los análisis y rastreos, no hay nada, de hecho, es
muy probable que nunca haya habido nada.-
- ¿en una atmósfera como esta? ¡Ni siquiera tenemos que usar filtros para
respirar y me dices que no hay vida!-
- Calma, dije vida inteligente.-
- Como quieras.- respondió, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo.
- ¿Has revisado el filtro anti-ruidos?- pregunté
- Si, y el sincronizador de señales, y todo tres veces, ¡y nada!-
- ¿Cómo estás probándolo?-
- Con mi link Neural, allí se percibe la falla.-
- ¿Y si haces una prueba sólo con sonido?-
- ¿Estás loco? ¡Arruinaría la llamada!-
- ¿uh?-
- Claro.- dijo y parada, mirando hacia el mar, continuó -Debe hacerse al
amanecer, o sino no tendremos oportunidad.-
Sólo seguí mirándola.
- Ya lo intenté todo, así que ¿qué más da? - dijo -bien, haremos la prueba
con sonido.-
Iba a iniciarla, cuando un mensaje abierto llegó vía banda estrecha, era del
geólogo del equipo.
- Capitán Karr, Comandante Rubina.- dijo -He encontrado algo.- hizo una
pausa. -estaba demasiado emocionado para un link neural.- los estratos de la
playa son recientes, hay silicatos debajo, y en mayor abundancia. Prosigo
análisis, fuera.-
- Vaya, ni siquiera se despidió y ¿qué significa eso?-
- No importa, esto prueba que tengo razón, alguien ha estado botando la
basura aquí desde hace tiempo, pero no mucho, y si está allá afuera,
escuchará esto.- y diciendo esto, inició la prueba. Reconocí la melodía, era
una canción triste y solemne de principios del Siglo XXI en la tierra, en el
ápice, antes de la muerte blanca, el sonido de la orquesta sobrecogía, y
Vika, en el centro de todo, cantaba, su cabello rojo, que había sido negro y
rubio antes, atrapado por la brisa del amanecer, que no era tal realmente,
bloqueaba mi visión de sus ojos que imaginaba refulgir y sabía verdes, y
antes azules y originalmente grises, habíamos cambiado mucho y a nuestro
antojo. Una ligera interrogante me intrigó ¿cuándo había aprendido a cantar
como soprano?
Un par de minutos después, la prueba culminó, Vika, apenas dejando notar
algo de cansancio, se sentó junto a la holoconsola, el cielo aclaraba y
ahora si podía notarlo, lo intrigante acerca de este planeta, las playas de
arcilla, no era posible, decía mi antropocéntrico cerebro. Y no lo era, ya
que como decía el geólogo, algo o alguien las había estado depositando por
décadas quizás. Y eso es lo que se hace con los deshechos, claro, pensando
como humano.
Abandoné esa línea de pensamiento y giré hacia el este, si fuera la Tierra,
recién entonces pude divisar al resto del equipo de avanzada, silenciosos y
diligentes, cual abejas, se movían con un movimiento coordinado que
denotaría un alto grado de compenetración si no existieran los links
neurales. Sin hacer ruido alguno, sólo Vika y yo nos dábamos el anacrónico
lujo de hablar y era más por la necesidad de sentirnos humanos que por
cualquier otra cosa menos sentimental.
El sol blancuzco de este mundo se elevaba en el poniente (con la aparente
paradoja que ello implicaba en el lenguaje humano, ¿o es que realmente me
estaba volviendo un fósil?) lo que hacía al mar de un color Esmeralda
impenetrable, parado sobre la extensión roja, observé.
Vika había iniciado ya su experimento, y la holoconsola funcionaba a toda
potencia, caminaba atravesando las imágenes de los músicos, que parecían
tocar con toda el alma, tanto realismo me hizo dudar de quien era el
fantasma allí. Vika usaba una voz de soprano que no parecía de ella, y su
canto, dirigido al mar, me recordaba a la invocación de una sacerdotisa a
Náyades y Nereidas y dioses de nombres hace largo tiempo olvidados...
...I have lost the
path before me,
The one
behind will lead me...
Entre asombrado y aterrado, parecía que el mar
reaccionara a la música, que las olas se estremecieran y entrecortadas,
chocaran entre sí formando caprichosas estructuras que nacían y caían junto
con el acorde correspondiente, no podía ser, como un osciloscopio vivo...
mas aun, como si todo el universo compartiera una sola pauta y esta se
pudiera leer y cambiar, como los millones de nombres de Dios, entrelazados
con la trama del tiempo y con la imaginación, si así fuera, o aunque solo se
tratase de alucinaciones y desvaríos, entonces todo sería una sola música,
el libro de la naturaleza devendría (o siempre habría sido) en una gran
partitura fantasma, y nosotros...
Una ligera alteración me sacó de mis cavilaciones. El link
- Caron, ¡mira al mar!, algo pasa.-
Invoqué dos instancias consecutivas de sensores de mi traje para atisbar el
horizonte, a varios kilómetros de la playa, algo se desplazaba hacia acá.
- Tengo un patrón.- contesté a Vika por el link, y con ella a todos los
demás, que ya se apuraban a la orilla.
- ¡Déjate de formalidades y ven aquí, te vas a perder el espectáculo!-
gritó, tan entusiasta como ese día en el observatorio.
Ni siquiera puedo recordar con exactitud como llegué allá, pero estando allí
sólo atiné a ver, con agrado, asombro y algo de temor, a aquella masa
compuesta de miles de cuerpos dirigiéndose a la orilla como uno sólo, sus
movimientos describían arcos y formaciones temporales que se disolvían para
dar paso a otras tan o más complejas, sin perder la conformación central
- Un elevado sentido social.- Dijo Vika por el Link.
- O se comunican telepáticamente.- repuse
- ¿Un organismo colectivo?-
- ¿Cuál no lo es en alguna escala?-
Vika y yo no intercambiamos más pensamientos después de eso, en vez de ello,
comenzamos a dar ordenes para preparar al equipo, de vez en cuando, oía sus
ordenes por el link, si pudiera leerlas como se lee una voz o una mueca,
diría que no había estado tan emocionada en más de trescientos años.
Finalmente, los más avanzados en la estructura se acercaban a la playa y a
nosotros. Sin mirarla, le dije.
- El gran momento de nuestra carrera.-
- Si, de nosotros, por nosotros y para nosotros, realmente extraordinario
¿no?- había un tono de tristeza. La miré.
Estaba llorando.
“Eran lágrimas de alegría” diría después, pero entonces, con los nativos
casi pisando la playa, sólo se enjugo las lágrimas y respiró profundamente,
era tiempo. Las cabezas escamadas y los ojos saltones de los nativos se
veían ya con claridad.
- Tenemos trabajo que hacer, comandante.- dije
- Adelante, Capitán.-
Corrió hacia la playa, donde nos esperaba el equipo, yo iba detrás. La
holoplaca con el águila seguía allí y el distintivo de la unidad, en su
pecho una etiqueta de tela pegada, que rezaba:
RUBINA, V. N.
- Por cierto.- Dijo ella, abriendo el link -te queda bien el rubio.-
Across The Universe – 0d 0h 0m 0s
El recién despertado luchó por incorporarse, su coordinación motora estaba
lenta y defectuosa y no había mucho que pudiera hacer al respecto, con mucho
esfuerzo logró tenerse en pie y caminar, casi como un ciego, aferrándose de
lo que encontrara, la oscuridad era total, o de alguna forma caminaba entre
estrellas, como si ándase en medio del vacío estelar.
La configuración estelar era la predicha por los simuladores antes de
partir, el recién despertado pudo saber gracias a sus implantes, la
ubicación de la Cruz del Sur, Vega, Dschubba y Aldebarán, con esos puntos de
referencia, sus extensiones hicieron una estimación de su ubicación en la
Galaxia.
Estaba en las Pléyades. Sus sistemas recibían un flujo tremendo de datos
mientras actualizaban las características de los sistemas operativos de sus
implantes y extensiones, al mismo tiempo que le daban las nuevas
especificaciones de los sistemas de astrogación, supervivencia y armas.
Su nave, originalmente un paquebote espacial “aerodinámico,” se había
convertido en una fortaleza de murallas y estructuras fractales, que
minimamente hacía alusión a su forma primigenia. La arquitectura externa,
sin atisbo de simetría o puntos de control o aglomeración, permitía el
funcionamiento de la nave mucho más allá de sus capacidades de diseño
original.
Sistemas de diagnóstico y respuesta cambiaron ligeramente la composición del
aire para despabilar al despierto, que a duras penas podía pensar en medio
de la maraña de datos que entraban, pero podía ver con claridad un planeta
azul y un mal, a veces turquesa, a veces azul oscuro, las altas montañas tan
llenas de hielo, los desiertos crueles e incesantes, el agua dulce
discurriendo por planicies y cañones, las ciudades de acero y cristal.
El recuerdo de una mirada lo sacó de su epifanía, sintiéndose mejor,
caminó... uno, dos pasos en medio del vacío, el aire era más denso y más
caliente.
El flujo de datos se interrumpió, habiendo terminado la actualización, Los
recuerdos iban volviendo a la cabeza de Caron Karr, era el primero de muchos
en ser despertado con un propósito, preparar los planes para la siguiente
exploración.
Un repentino dolor de cabeza lo atacó, “el shock de los datos” pensó, al
mismo tiempo que una terrible sensación de angustia se apoderó de él. Pudo
controlarlo con sus implantes, ahora, como un ser carente de emociones,
invocó a su lista de tareas y envió las ordenes correctas al sistema, habría
que rehacer unas cuantas sub-rutinas, pero no era nada grave, extendió los
brazos, sintiéndose atrapado en medio de la inmensidad estelar, tanto por
hacer, tanto tiempo transcurrido, y siempre empujando hacia afuera, a donde
sólo el azar sabe que espera a ser hallado.
Se hizo luz en la inmensa sala, en forma de cúpula, donde las ARS
(inteligencias artificiales de a bordo) que gobernaban hasta el último
detalle de la Nave tenían sus interfaces. Caron estableció canales de datos
con los sensores de largo alcance.
Los poetas y grandes escritores de la Tierra hablaban de la gran pauta, del
rumor oculto entre silencios aparentes en la naturaleza, en el eco el agua
en la roca, en el canto de un ave, en el grito poderoso del trueno, en la
lluvia, en la oscuridad de la conciencia, la música del alma, música para
fantasmas.
El canal de datos a su cerebro mostraba series caóticas de emisiones
contradictorias, en diferentes direcciones, vientos solares, radiaciones de
fondo, resonancias graviticas, la gran orquesta del universo afinaba sus
instrumentos. Con otra orden, entidades de software especializado, apoyados
por la red de ARS depuraban clasificaban y obtenían patrones, sometiendo
evaluaciones y resultados a consideración de Caron. Este rechazaba algunas y
reforzaba a otras, creando, combinando y formando nuevas melodías.
Tras algún tiempo de procesamiento, una orden clasificó los procedimientos
dentro de una sola serie de sonidos con un patrón recurrente y una
estructura específica, un término tan antiguo como la cultura humana que
podía recordar:
La música de las esferas, la Partitura Fantasma.
La compleja, disonante a veces, extremadamente melódica a ratos, llamaba a
emociones que creía olvidadas, ansias humanas y sensaciones sepultadas por
el tiempo y la oscuridad espacial, la fría humedad del mar chocando contra
la piel al nadar, el brillo extático del sol sobre las montañas en el
crepúsculo, los amaneceres sangrientos, donde parecía que el mar pariese al
sol con grandes dolores, las risas de tiempos felices y abundantes, el
silencio del campo abierto, apenas interrumpido por rumores fantasmas,
distantes y fáciles de olvidar.
Recordó el experimento de muchos años hace, cuando se evitó una guerra con
música del siglo XXI y una holoconsola que nadie creía que funcionaría, un
éxito entre tantas fallas, tantos planetas terraformados y abandonados
después, dejados yermos e inertes per saecula saeculorum. La humanidad en
una interminable huida de sí misma, creyendo que quizás si habían tantas
estrellas como esperanzas.
Apagó las luces de nuevo, y desactivó la gravedad, flotaba ahora en paz
alrededor del habitáculo, en el vacío ilusorio del espacio. Una orden más
restaba por hacer para iniciar los protocolos de exploración, los
procedimientos, “algunas cosas se aferraban a no cambiar,” pensó, en aquel
universo donde el tiempo era sólo lo que permanecía impreso en las retinas,
donde el pasado y el futuro no dependían de nadie en realidad, donde todo
podía ser cambiado real o virtualmente, algunos pasos verdaderos debían
existir, algunas cosas no podrían ser falseadas, el amor quizás, la fuerza
de crecer, la fe en la vida, el deseo de hacer, tantas y tan pocas e
inseguras, ¿dónde comenzaría a buscar?
En sí mismo.
En la inmensidad, era fácil extraviarse y perderse a sí mismo, o
sencillamente volverse otro. Con otro pensamiento, restauró la gravedad y
cayó sobre el piso del habitáculo central, era tiempo de iniciar la labor.
Esta orden tendría que darla con la voz.
- Rubina.- dijo, dirigiéndose al vacío. - Despierta a los demás, tenemos
trabajo que hacer.-
© Isaac Robles;
12-01-05. |