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El pusher: El traductor de la
edición de Ultramar ha optado por no traducir el término “pusher”, que según
la respectiva nota al pie de página, significa a los que viajan por el
espacio en el contexto de la obra de Varley. Se puede entonces ser un
“pusher” o un “puller”, aunque en el presente relato, se utiliza
acertadamente el equívoco “pusher” como “el que presiona”, pues el
protagonista inicia sus actividades en parques públicos, “presionando” a
niñas con el objeto de crear una reacción determinada. El lenguaje de Varley
causa un efecto inicial de revulsión, pues parece ofrecernos el modus
operandi sorprendido in fraganti… hasta que se revelan los motivos de este
proceder, cuyos efectos no tienen nada que ver con la pedofilia. De la
sospecha, Varley nos lleva a la comprensión y acaso la lástima, en el marco
de un universo que, pese a sus adelantos y maravillas, no ha logrado
solucionar un problema tan humano como la necesidad de compañía.
Blue Champagne: Imagínense una telenovela con el típico
argumento de niña rica y pobre (bueno, no tan pobre) guapo que viven un amor
imposible, pero escrito “a la Varley”. Y las cosas mejoran. Para comenzar,
la acción transcurre en una especie de centro vacacional conocido como La
Burbuja, situado en la órbita de la Luna. Es una inmensa estructura en forma
de copa de martini, al parecer de cierta transparencia, que contiene “un
cascarón de agua de una masa de casi un millón de toneladas, con una burbuja
de aire de quinientos mil metros cúbicos en el centro”. Fabuloso. A esta
maravilla del espacio llega Megan Galloway, trans-sister, suerte de estrella
de la televisión, si podemos seguir llamando televisión a un medio que
además transmite las sensaciones y sentimientos de los protagonistas. A
Megan se le conoce por el sobrenombre de la Gitana de Oro, debido a los
costosos implantes y mecanismos que le permiten moverse, pues a consecuencia
de una accidente de su infancia, ha quedado paralizada de los hombros para
abajo. Megan iniciará un romance con C.M. (Cuatrocientos Metros) Cooper,
especie de salvavidas de la Burbuja. El romance empieza a generar un
conflicto en ambos, pues Megan depende totalmente de los equipos de
supervivencia, siendo estos propiedad de impersonales conglomerados
comerciales. C.M. Cooper, a su vez, desea una privacidad mayor a la que
puede proporcionar el ser la pareja de una estrella de televisión, además de
vivir con la eterna sospecha respecto a la verdadera capacidad de respuesta
sexual de Megan. La solución del conflicto es sorprendente, pues se basa
enteramente en la finalidad oculta de las corporaciones que sustentan la
vida de Megan. El cuento es, de paso, una reflexión algo cínica sobre el
poder de los medios de comunicación.
Tango Charlie y Foxtrot Romeo: Si el anterior cuento (del cual
este es una suerte de continuación) podría considerarse un homenaje a las
telenovelas, “Tango Charlie y Foxtrot Romeo” lo es para aquellas película
“con niño/a”, popularizadas en occidente por Shirley Temple y, en el mundo
hispanohablante, por el inefable Joselito (para quienes no lo conocen, es
mejor no conocerlo). La imagen con que inicia este cuento no puede ser más
poética: un satelite –el Tango Charlie- lleno de perros que orbita la Luna.
Pero, detrás de tan poética imagen, se esconde una tragedia. El satélite ha
entrado en una órbita que lo llevará a chocar con la Luna, poniendo en
riesgo a sus habitantes (recordemos que en el universo de Varley la
humanidad se ha expandido por el espacio). Además de los perros, lleva en su
interior a Charlie, una niña que es la última sobreviviente humana de la
tripulación original del satélite, muerta a causa de una epidemia ocasionada
por el Agente Neurotrópico X, o Neuro-X, contra el cual no existe curación
posible. El satélite TC cuenta además con un sistema de defensa que impide a
los habitantes de la Luna acudir en ayuda de la niña, una niña por cierto
muy singular, pues a pesar de aparentar unos ocho o diez años, en realidad
tiene cerca de sesenta. El secreto de la eterna juventud parece haberse
descubierto en el satélite, y su única beneficiaria está –aparentemente-
condenada a morir. El descubrimiento de su existencia desencadena una serie
de esfuerzos por entrar en contacto con ella, bastante difíciles por cierto,
pues el computador central ha venido actuando como su mentor y la ha
convencido de que los humanos de afuera no son de fiar. Además, la niña
tiene una peculiar manera de razonar que hace casi imposible llevar una
conversación con un mínimo de sentido. Y el satélite se acerca cada vez más
a la Luna… Lo del parecido con las películas “con niño” viene casi al final
del relato, y creo que Varley bien pudo habérnoslo evitado.
Opciones: Incluso en nuestro siglo XXI, temas como el
transexualismo o la homosexualidad no son tratados en forma abierta y
uniforme. Más aún, en nuestro bastante pacato ambiente, son temas que sirven
más para la broma o el dicterio. Es común oír la frase “no tengo nada contra
el homosexualismo (o lesbianismo), pero…”. El “pero” indica pues que sigue
habiendo “algo” contra el ejercicio de otras opciones sexuales. En
“Opciones”, Varley introyecta ese “algo” que se siente ante la posibilidad
del cambio de sexo, no de uno mismo, sino del “otro”. El relato está
ubicado, temporalmente hablando, en los albores de una tecnología médica que
permite al “paciente” cambiar de sexo como quien cambia de camisa. Uno va a
una clínica especializada, ordena un clon (idéntico al original, excepto que
donde estaba un cromosoma X ahora hay un cromosoma Y, o viceversa), y cuando
este clon está “maduro”, se le transfiere la consciencia del “original”.
Listo. Usted entra como Glenda y sale de la clínica como Glen. Es lo que le
ocurre a la protagonista de esta historia, una mujer que, contrario sensu
del estereotipo de los sexistas, tiene un feliz matrimonio y una vida
profesionalmente satisfactoria. Pero ante la posibilidad de cambiar de sexo
(no necesariamente en forma permanente), considera una especie de desafío y
necesidad experimentar ese cambio. Lo sexual está presente, por supuesto,
pero no se trata de un caso de inseguridad por su identidad sexual o
lesbianismo encubierto: es simplemente una mujer que quiere experimentar que
es ser hombre. Todas las posibles consecuencias de esta decisión le serán
advertidas por su marido, quien sin embargo es lo suficientemente abierto de
mente como para permanecer a su lado durante la transformación (incluso,
salen juntos en plan de juerga). Varley es bastante convincente cuando se
trata de reflejar los sentimientos de una mujer experimentando un cuerpo de
hombre (es divertido el episodio en el cual se da cuenta que no puede
“durar” tanto como una mujer a la hora del desempeño sexual), los del esposo
que sostiene su postura de “hombre nací, hombre moriré”, aunque no rechaza
ni deja de querer a su “esposa”, y los de los hijos, quienes intuyen que
vivirán en una sociedad donde los “cambiantes” serán la norma, frente a unos
cada vez más minoritarios humanos que decidan permanecer de un solo sexo.
Xanthia y el agujero negro: Imagínense encontrarse con un
agujero negro que habla. Total, se supone que un agujero negro atrae todo lo
que está a su alrededor, ¿verdad? Entonces, es posible que en algún momento
haya atraído algo que le permita desarrollar lo que llamamos conciencia. El
agujero de este relato se comunica con Xanthia, la tripulante de una pequeña
nave de exploración perteneciente a la “Shirley Temple”, nave empleada en la
cacería y captura de agujeros negros (la tecnología del futuro de Varley
permite su “captura” y utilización). El agujero negro, que se comunica por
la radio de la nave, actuará como confidente de Xanthia, una muchacha que es
a la vez hija y clon de Zoe, la dueña de la “Shirley Temple”. Xanthia no ha
estado jamás en Plutón o ninguno de los mundos que habitan los seres
humanos, pero espera posarse en uno de ellos una vez que regrese con Zoe. El
agujero negro le informará a Xanthia acerca de la existencia de ciertas
leyes que solo permiten la existencia de “una configuración genética” en
ciertos mundos humanos. Es decir, no puede haber clones y sus originales al
mismo tiempo, debiendo uno de ellos ser destruido. Xanthia, quien se halla
en rumbo de regreso a la nave madre, se verá conflictuada entre creer al
agujero negro o a Zoe, su clon, con la cual está unida por diversos lazos
que van desde la maternidad hasta el sexo… Un relato de suspenso ambientado
en el espacio, con una macabra sugerencia final. Agatha Christie y Alfred
Hitchcock estarían complacidos.
La guía telefónica de Manhattan (abreviada): El relato más
flojo del volumen, parece una especie de broma que le hacen decir a uno
“humor gringo”. Empieza por mostrar una rasgos biográficos de los ciudadanos
cuyos nombres aparecen en los extremos de una guía telefónica, para luego
decirnos que, de haber una explosión nuclear o alguna catástrofe parecida,
realmente no sobreviviría nadie.
La palabra no procesada: Este relato, en cambio, si es
desternillante. Pese a haber sido escrito cuando las computadoras
compatibles, la internet, el CD y las impresoras de tinta no existían (para
abreviar: antes incluso de las 286), refleja con bastante gracia nuestros
temores (absurdos) hacia lo “inauténtico” de la informática, la
digitalización y los bits. El escritor John Varley (me refiero al
protagonista del relato), comunica a su editora sus temores respecto a las
computadoras personales. Sobre todo, teme que estás acaben con el
“verdadero” arte de escribir, el cual necesariamente pasa por el papel.
Decide entonces que en sus obras se incluya un “certificado de VarleyRelato”,
es decir, una nota donde se informe al lector que está leyendo un cuento o
novela que no ha sido procesada por ninguna computadora. Un certificado de
calidad, digamos. Ante la poca trascendencia de su propuesta, John Varley
personaje insiste y modifica el mensaje, sazonándolo con cartas a su editora
donde le relata (de manera algo truculenta, pero divertida) los perniciosos
efectos que tiene la computadora en los escritores que la utilizan en lugar
de la sana máquina de escribir. Solamente por estos elementos, este cuento
merece ser lectura obligatoria en las facultades de literatura de cualquier
universidad. El final es un giro de tuerca radical y tan divertido como el
resto del relato. Uno se queda con la sospecha de que lo narrado por Varley
no es ficción…
Pulse Enter: Se nota el paso del tiempo en este cuento, tanto
por la temática como por los elementos del decorado (modems gigantescos,
computadoras que ya no existen, ausencia de internet). Un hacker ha logrado
con éxito burlar los incipientes sistemas de seguridad de bancos y otras
entidades, y se ha hecho con una fortuna inmensa. Pero un día, aparece
muerto sobre el teclado de su computadora. En la pantalla de la misma hay un
mensaje que parece ser la típica carta de despedida de los suicidas, excepto
que además inicia una rutina interactiva con la invitación “Pulse Enter”… el
protagonista, vecino del hacker y uno de sus herederos, empezará a indagar
acerca de los motivos del hacker para suicidarse, descubriendo que en la
naciente red que conecta a las computadoras se oculta algo más que
corporaciones financieras o servicios secretos, algo que prefiere que lo
dejen en paz. Si bien el relato tiene una buena dosis de suspenso, también
tiene un exceso de diálogos y situaciones que se apartan del asunto central.
Y para estos tiempos, es difícil creer que la interconexión informática
pueda dar origen a una inteligencia artificial enemiga. A menos que lo que
se oculte en la red de este relato sea realmente otra cosa.
© Daniel Salvo; 14-11-05.
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