LA QUE ABRE CAMINO

Duna, de Frank Herbert es una de las cuatro novelas de ciencia ficción más influenciadas por la cultura de su medio, alguna vez escritas, las otras tres son Un mundo feliz Aldous Huxley, 1984 de George Orwell, y Forastero en tierra extraña de Robert A. Heinlein. De esas cuatro novelas, Duna es la más larga, más compleja, más profunda por mucho definitivamente la más exitosa en un nivel literario, y ciertamente la más importante culturalmente, y aún así la menos entendida por el establishment crítico, tanto del género como de la literatura general.

Un mundo feliz, publicada ya en 1932, se volvió la base para la distopía promedio de la ciencia ficción, particularmente de la variedad del “Fascismo Amistoso” donde la realidad distópica emerge de una superficie utópica superficial, pero ahora parece vieja, muy esquemática y amateur; inferior de hecho a la CF posterior de Huxley.

1984 está muchísimo más hábilmente escrita, y más sofisticada tanto políticamente como psicológicamente, un clásico que permanece válido a nivel literario después de que su relevancia política ha desaparecido, escrita por un escritor denominado del "mainstream", quien, a diferencia de Huxley, no escribió más obras significativas de CF.

Forastero en tierra extraña fue escrita por un reconocido maestro de CF que nunca escribió nada más de significancia, pero no es la mejor novela de Heinlein más de lo que Un mundo feliz lo es de Huxley. Estructuralmente, se rompe patéticamente a la mitad  y en un nivel estilístico es inferior a La Luna es una cruel amante. Se ha convertido en la novela adalid de Heinlein principalmente por su centralidad hacia la evolución de la Contracultura nacida en los 60 y a su desafortunada notoriedad como la novela que inspiró las depredaciones desmembrantes de Charles Manson y su “Familia”.

Duna, como un icono cultural, toma aspectos de los tres libros, pero implica mucho más. Como Un mundo feliz, se ha convertido en la base para una generación y más de réplicas, incluyendo demasiadas secuelas por el propio Herbert. Como 1984, es una novela escrita en un nivel de sofisticación que continuará como un clásico literario mucho después que su relevancia cultural haya desaparecido. Y como Forastero en tierra extraña, solo que en mayor medida, Duna fue un factor literario formativo en la revolución cultural de los 60, y en un modo más positivo, por lo cual se la confunde deliberadamente como una novela centrada en temas “ecológicos”. La verdad es mucho más compleja, y aún mucho más políticamente incorrecta, y por lo tanto aun muchísimo más peligrosa políticamente hablando. Después de más de treinta años, y millones de copias vendidas, es difícil aceptar que en los inicios de la década del sesenta este –ahora famoso- bestseller clásico tuvo dificultades para ser publicado. Y resulta que yo estuve alrededor para enterarme.

Duna fue inicialmente publicada en Analog, la revista de John W. Campbell Jr. Como dos novelas “separadas” en forma de serial. “Mundo Duna” fue serializado entre 1963-64, y “El Profeta de Duna” en 1965,
Aunque, como Frank Herbert me dijo en conversaciones posteriores mucho después, Duna siempre fue concebido como una sola novela. Y de hecho, como un lector ávido de cada entrega de la serie de “Mundo Duna” como un joven escritor que empezaba, estuve profundamente decepcionado, por no decir furioso, por el modo en que la última entrega terminaba en medio de la nada. Para cuando Analog comenzó a serializar “El Profeta de Duna”, yo ya estaba siendo publicado ahí. Pero aun era un ávido lector de la serie. Y estaba trabajando para la agencia literaria de Scott Meredith, la cual estaba tratando de conseguir alguien que publicara la novela. A pesar del éxito de la serialización, no fue fácil, y la agencia tuvo que aceptar vender los derechos de la edición Americana por un pequeño anticipo a Chilton, una casa oscura, que trajo la edición en tapa dura en 1965 en un tiraje muy modesto. Solo después, cuando Ace Books reimprimió Duna en paperback, comenzó a conseguir impulso para convertirse en el besteller a largo plazo que conocemos ahora. ¿Por qué presento esta difícil historia editorial de una novela que estaba destinada a convertirse en un enorme éxito comercial con el tiempo? La respuesta debe ser buscada en las páginas de Duna. Y dentro del contexto de la época en que fue escrito y publicado.

En un resumen superficial de la trama, la historia de Duna parece no solo algo simple sino algo fuera de un cliché derivado. Debido en parte a las maquinaciones del clan Harkonnen y su malvado líder el Baron Vladimir Harkonnen, el Emperador Padishah, regente del imperio interestelar humano. Exilia al enemigo hereditario de los Harkonnen, el clan Atreides, dirigido por el Duque Leto Atreides, a regir el planeta-desierto Arrakis. Carente de cualquier otro interés, Arrakis es la única fuente de la “especia” melange, la droga psicoactiva que permite a los navegantes del Gremio de la Cofradía mover sus naves espaciales más rápido que la luz a través de alguna clase de hiperespacio y así mantener la coherencia en esta difícilmente creíble cultura seudo-medieval. Todo es una trampa Harkonnen, en colaboración con el Emperador, para destruir a los Atreides y ganar control de Arrakis y la especia para si. Se fomenta el descontento, llegan mercenarios Harkonnen, una guerra comienza, Leto es asesinado, los Harkonnen toman control del planeta, y su heredero Paul, junto con su madre Jessica, escapan a lo profundo del desierto virgen. Ellos son recogidos por los Fremen, una tribu similar a los Beduinos que combaten al régimen opresivo de los Harkonnen. A través de una serie de logros, rituales, iniciaciones, y batallas, el joven Paul se convierte en el líder de los Fremen, los vuelve en un Ejército de Liberación del Pueblo y eventualmente no solo reclama su trono legítimo sino que se vuelve en emperador y en una especie de Dios Emperador de este universo ficticio.
¿Una historia repetida hasta la saciedad?
¿Derivada?
¿Si?
¿Un cliché?
No.
¿Simple?
En lo absoluto.

Puesto que lo que tenemos aquí en la historia es la versión de Frank Herbert de lo que Joseph Campbell insiste, es la historia básica de la humanidad en su clásico trabajo de análisis mítico y de antropología literaria de contraste cultural, El Héroe de mil rostros.
El Héroe (Paul) es arrebatado de su herencia por derecho (el trono de Leto) por las fuerzas del mal (los Harkonnen) y debe partir hacia las tierras salvajes (el desierto de Arrakis). Ahí, él encuentra a su guía espiritual y maestro que lo educa en cuestiones místicas y prácticas. Con este planteamiento bastante interesante de por si, como veremos más tarde, en Duna, Herbert divide este arquetipo en tres maestros, uno para cada nivel de conocimiento: Duncan Idaho, su sensei guerrero; el Mentat Thufir Hawat, su mentor en los aspectos tácticos e intelectuales; y su madre, la adepta a la Bene Gesserit Jessica, su guía a las visiones espirituales y místicas. Ahí en el desierto primigenio él también sufre pruebas e iniciaciones físicas y espirituales, prueba su valía y reúne fieles seguidores y aliados (los Fremen). Desciende al mundo de los muertos, el mundo de la oscuridad espiritual y moral, donde pasa la prueba definitiva, triunfa y regresa al mundo de los hombres como el Liberador y Portador de la Luz.

Aunque este sea o no el mito arquetípico humano por excelencia, aunque sea la base para toda la mitología de occidente o no, es el cuento generalizado de El Héroe de mil rostros la estructura y realidad básica de todo, desde el Nuevo Testamente a Tarzán, desde Las estrellas son mi destino a Sidartha, de las varias narraciones y vueltas de tuerca en el ciclo del Rey Arturo a los mitos de Gilgamesh y Barbaroja, a incontables épicas samurais y la mayoría de Shakespeare, a la vez que Duna, ciertamente no lo es.

Así pues Duna tiene una superficial, simple y derivada trama interna pero no es un cliché re-narrado de uno de los mitos más profundos y poderosos de la humanidad. Profunda y poderosa porque es nuestra historia personal como quisiéramos ser. Nuestros “Yoes” se identifican con el joven Paul porque todos nosotros, de un modo o de otro nos sentimos privados de nuestro lugar legítimo en el centro del mundo. Todos buscamos escapar de las fuerzas usurpadoras de la represión hacia la espesura del autodescubrimiento donde realizaremos hazañas que nos permitirán volver al asiento de poder y triunfantemente enfrentarnos a nuestros opresores como los favoritos del destino.

En este nivel el cuento puede –y muy a menudo lo ha hecho- volverse una fantasía psicológica y fascista de poder, y peor aun, puede hacerlo en el mundo real. Y esta atracción seductora a fantasías de poder egoístas es ciertamente fuerte en Duna, particularmente en adolescentes, lo cual explica parcialmente la popularidad de la novela de Frank Herbert, y casi explica por completo la popularidad de la imitativa “fantasía científica” que le siguió. Pero en un nivel profundo, las teorías de Joseph Campbell funcionan, y en un nivel que es plenamente presentado en Duna, el adversario definitivo que el verdadero héroe (opuesto al bárbaro con una amplia espada o al cadete espacial con un lanzarrayos) enfrenta en la fosa sin fondo del mundo sin retorno moral y espiritual es él mismo. El viaje de poder egoísta del nivel superficial de la historia. Y la batalla climática, la prueba definitiva, es una prueba espiritual y moral entre los dos aspectos del héroe: el verdadero y el falso, el físico y el místico, el guerrero y el hombre de conocimiento; y lo que emerge al final es no solo un guerrero irresistible sino un verdadero Portador de la Luz, un Iluminado, un Bodhisattva. Lo que hace a Duna una única y poderosa narración del mito del El Héroe de mil rostros es que Paul, imperfectamente entiende esta dicotomía al inicio, y lucha con ella, ambiguamente, a través del cuerpo central de la novela. Y lo que al final puede ser leído como el triunfo definitivo en un nivel puede ser releído como tragedia en el otro. Y es en el nivel en el que Paul Atreides, se convierte en Muab'dib, el Kwisatz Haderach y el Emperador Padishah, lo ve todo. Su presciencia quizás lo haga Dios Emperador de este universo ficticio, pero él no puede escapar del destino determinístico que ha preescrito y de la jihad que él traerá, la jihad que ha intentado evitar la mayor parte de la novela

Esto es lo que es temáticamente y místicamente y dramáticamente y psicológicamente central a Duna y no la “ecología”. Este es el centro visionario de esta larga y compleja, muy a menudo monológica, multi-nivelada novela. Esto es lo que la hace un clásico literario. Y esto, en el contexto de su tiempo, explica porque una novela ciencia ficción serializada en ocho partes en una revista del género, primero publicada en una tirada pequeña por una casa editorial menor y luego modestamente publicada por una casa del género en paperback, pueda volverse un libro culturalmente influyente en un contexto más amplio, y con el tiempo en un best-seller. El así llamado tema ecológico de Duna no soporta un escrutinio serio porque la ecología del Arrakis de Herbert es extremadamente simplificada y irrealmente esquemática. Arrakis es un vasto desierto planetario, sus ecosistemas solo varían ligeramente en grados de desertificación, y de hecho la comida nativa principal consiste en solo dos organismos: los pequeños que producen el material base de la “especia” y los gigantescos Gusanos de Arena que se alimentan de ellos y la convierten en la preciosa melange. Es la melange -para todos los propósitos excremento de Gusano- la riqueza de Arrakis y la existencia del imperio interestelar de la novela dependen por completo de ello. Es la melange por lo que los Atreides y los Harkonnen pelean. Es la melange lo que es el centro de la cultura y religión Fremen. Es la melange lo que eventualemente transformará a Paul Atreides en el Kwisatz Haderach, el ser presciente quien puede ver en niveles de la realidad a la que otros son ciegos. La melange que vuelve a un niño de un luchador por la libertad a una especie de dios. Y aunque se refieren a la melange a través de la nobleza como “especia” y consumida en pequeñas cantidades como tal, no lo es en absoluto. Lo que realmente es, de lo que difícilmente podríamos hablar en términos de la CF de inicios de los '60, lo que explica porque el libro fue una venta tan difícil a las casas editoriales en 1964 y 1965 aún con la ofuscación terminológica. Lo que también explica porque se volvió un best-seller después de las transformaciones culturales de 1967 una vez que fue publicada y porque fue una de los motores de esas transformaciones Melange no es una “especia” ficticia.
Melange es una droga psicodélica ficticia.
Sus efectos son similares a los del LSD o la mescalina o el peyote. Solo que mucho más poderosos.
Duna, por lo tanto, no es una novela centrada principalmente en la ecología. Es una novela que explora estados químicamente mejorados de la conciencia y sus efectos no solo en el individuo, su personalidad y espíritu sino en la cultura.
Una de las primeras. Y después de todos estos años, una de las más profundas.

La Melange, aún en pequeñas dosis continuas, es adictiva, tiñe los ojos de azul, tiene efectos psicodélicos menores que los del LSD, y, como el peyote del desierto suroeste de Norteamérica, un sacramento integrado a la religión nativa americana, es incorporada a la cultura y religión de los Fremen. En el nivel de la cultura interestelar se toma en dosis mucho más fuertes por los Navegantes de la Cofradía Espacial, quienes la usan para obtener estados extremos de conciencia que les permite pilotar naves espaciales a través de una especie de hiperespacio, convirtiéndolos en seres transhumanos como parte del uso diario. Las adeptas femeninas de la Bene Geserit la usan para propósitos más a largo plazo, y sueñan en crear o encontrar el "Kwisatz Haderach", un macho capaz de manipular la especia en el más alto nivel, cuya conciencia será liberada por tanto del espacio-tiempo convencionalmente percibido en una especie de punto de vista Einsteniano tetradimensional que le permitirá ver “el futuro”, o más sutil y profundamente, surfear las geodésicas de la probabilidad. Así Herbert retrata cuatro niveles de, tanto el uso de drogas psioactivas por una sociedad y el correspondiente nivel de conciencia. Los Fremen incorporan la melange como el sacramento de una religión tribal. Los Navegantes de la Cofradía la emplean como un aumento tecnológico pragmático. La Bene Gesserit la usa en búsquedas del inconsciente y sesiones de unión de mentes. Paul Atreides pasa a través de estas tres etapas ascendientes en su camino para finalmente usar la droga para conseguir el nivel definitivo: convertirse en el Kwisatz Haderach, el plenamente Iluminado, capaz de ver el reino convencional del tiempo y el espacio desde afuera, como tetra-espacio Einsteniano, una conciencia convertida por lo tanto en presiente hasta cierto punto, una Iluminación que resulta ser tanto un poder divino como una trágica maldición.

Todo esto se establece en una cultura que es anacrónicamente arcaica en cierto modo, en una manera que es tanto muy familiar como interesantemente extraña a la vez. Esforzando la falta de credibilidad y contorsionando la lógica de la tecnología, presentando luchas de espadas con una tecnología capaz de ir al espacio y usar armas atómicas, además de establecer un sistema político monárquico improbable con el propósito de dar acción y aventura pseudo-medieval en planetas alienígenas. Esas culturas ficticias de espadas y naves espaciales son por lo general Cristianas o más o menos Católicas. En Duna también tenemos un Emperador y nobles vasallos y un sistema feudal jerárquico con una base teocrática. Pero no es Católica o siquiera Cristiana. Aunque la palabra "Islam" nunca aparece en la novela y tienes que estar al día con las referencias del mundo real para captarlo, la base de la religión en Duna es islámica, no cristiana, más de Oriente que de Occidente. El termino "Emperador Padishah" ciertamente apunta a la decisión deliberada de Herbert de dejar las cosas tal como están, de hecho "Shah padi Shah" significa "Rey de Reyes" en Farsi, el lenguaje del Imperio Persa islámico. Tampoco es muy lejano suponer que los resentidos Fremen, exiliados en Arrakis después de una larga y compleja hegira interestelar, son gente de la minoría Chiíta de Ali. Perseguidos y despreciados por las culturas Suníes dominantes. Y las profetisas Bene Gesserit tiene similitudes con los místicos Sufíes, musulmanes que dicen que su secta es más antigua que el Islam, y que enfatizan en técnicas diseñadas para inducir a la experiencia mística directa e introspección más que el ritual, las reglas o un sistema de creencias. ¿Porque Frank Herbert eligió el Islam como la base religiosa y mística de una cultura interestelar que por lo demás se basa en la Europa católica, medieval y feudal?, está más allá del alcance del análisis literario, una opción hecha quizás en las profundas regiones del subconsciente de donde la creación artística surge.

De todos modos uno puede especular...

Mientras que el Islam generalmente se agrupa con el Judaísmo y la Cristiandad, las religiones monoteístas de donde surgió, hay una diferencia fundamental entre el Islam y sus predecesores directos.
El Judaísmo comenzó como una religión tribal concerniente a la relación entre la historia de los Judíos y su Dios, su Biblia fue escrita por varias manos tras un diverso periodo de tiempo.
La Cristiandad convirtió al Judaísmo en una religión universalista de carácter proselitista basada en la historia de una figura transhumana: Jesús/Cristo, su Biblia fue escrita en un periodo más corto de tiempo en cuatro versiones alternas (similarmente a El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell). Su Biblia es básicamente una biografía de Jesús, y sus preocupaciones principales son el pecado la redención y la moralidad. El Islam también comenzó como una religión tribal, la de los Árabes, y fue también transformada en una religión universalista de carácter proselitista, y además su libro sagrado, el Corán, esta lleno de reglas y regulaciones.

Pero el Corán, a diferencia de los Testamentos o la Biblia Judeo-Cristiana, fue creado por un solo hombre, Mahoma, en un periodo muy corto de tiempo en términos históricos; dictado directamente a este por Alá, si tu eres un creyente, y ciertamente si estás durante una poderosa experiencia mística y profética aún si no los eres, desde que Mahoma era un analfabeto que nunca había creado un trabajo literario antes. Entonces el Islam, a diferencia del Judaísmo o la Cristiandad, pero, como el Budismo, tiene en su núcleo la experiencia del despertar místico y profético de un solo hombre. Y Mahoma, como Buda, no hizo pretensiones de ser el Hijo de Dios, solo haber experimentado a la Deidad. El objetivo trascendente de la Cristiandad es la inmortalidad individual en un raramente descrito pero muy concreto cielo, que se conseguirá siguiendo las reglas. Es básicamente una religión de moral. El objetivo trascendente del Budismo es conseguir el Nirvana, la reintegración estática del espíritu individual con la Deidad que lo creó a partir de técnicas de meditación. Por lo tanto el Budismo es una religión experimental cuyo objetivo es conseguir un estado transhumano de conciencia. El Islam permanece entre ambos. El Corán está lleno de prescripciones morales y legales de la Biblia, pero está escrito por un hombre en un estado de conciencia trascendente mística.
Y el “paraíso” del Islam, pícaramente malentendido por muchos, incluyendo bastantes Musulmanes, es descrito como un estado de orgasmo continuo, lo cual es visto en un nivel místico como un estado de conciencia trascendente, similar al Nirvana Budista. Lo cual explica quizás porque los Sufíes, una religión más vieja y experimental, dirigida completamente al fin de conseguir tal estado mediante danza estática, drogas y muchos otros medios de transformación de conciencia, podrían haberse convertido en un aspecto del Islam y ser aceptados como la corriente general. Y porque el alcohol, una droga no conocida por sus efectos psicodélicos, es bastante más aceptada en las culturas Cristianas que la marihuana y el hashish, las cuales son mucho más aceptadas en las culturas tradicionales Islámicas que el alcohol.

Lo cual puede explicar porque Frank Herbert eligió emplear referentes místicos y religiosos islámicos en una novela cuyos temas centrales son las transformaciones culturales, psicológicas y religiosas entre una droga psicodélica y las sociedades basadas en ella, y el paso evolutivo y profético de la conciencia de un muchacho por el uso de esta, hacia la conciencia trascendente de un "Kwisatz Haderach," un ser tan iluminado que en el fin hasta él puede captar la tragedia irónica de su presciencia.

Lo que ciertamente explica porque Duna no pudo encontrar un editor norteamericano mayor, desde el punto de vista de la CF o del mercado mainstream, a inicios de los 60s, antes de que hubiese algo como la Contracultura. Y porque eventualmente se convirtió en un bestseller de largo término después de los cambios evolutivos en la conciencia de una generación que ayudó a catalizar. Forastero en tierra extraña quizás haya sido el modelo, para bien o para mal de mucho del estilo de vida hippie: comunidades centradas en torno a un gurú carismático, un estilo de vida alterno -incluyendo sexualidad libre- y en el desafortunado caso de la Familia Manson, una pobre racionalización a favor de la “descorporeización” de gente inconveniente. Pero Duna hizo algo más profundo. Leer Duna puede de hecho trasformar tu conciencia de modo positivo. Puede elevar tu espíritu. Te puede llevar en un “viaje psicodélico”, inducir una experiencia visionaria que permanece contigo, de la cual en mayor o menor medida puede que resurjas o no como un Portador de la Luz.

¿Algo demasiado grande para una novela de CF?
Tenlo por seguro.
Pero si estás leyendo esto, tienes el libro en tu mano, y la oportunidad de ver esto por ti mismo que Duna es una novela poderosa. Solo puedo dejarte en el camino a esa experiencia mi propio testimonio publicado como parte de mi autobiografía en Contemporary Authors Autobiographical Series de Gale Press. Allí describo la decisión de un joven de 25 años que había escrito cuatro historias y había tenido una experiencia cercana a la muerte en un hospital dos años antes de dejar New York por California:

"Y California, San Francisco en particular, para mi, como muchos otros fue el mítico Oeste Dorado a través del cual los jovenes debían supuestamente ir, la tierra sin invierno, North Beach, el atardecer al final del camino, el objeto de una y mil búsquedas interiores, el futuro en si, de alguna forma el glorioso salto al Gran Desconocido. Apropiadamente para mi, Frank Herbert y como 300 mg de mescalina me enviaron en mi camino... caminando al oeste a través de la noche de la Village night en 4th Street, meando la mescalina después de leer la parte final de la serialización en revista de Duna, una poderosa meditación en el espacio-tiempo la precognición y el destino dispuesto a lanzar un centenar de millares de viajes tuve uno propio. Yo sería un famoso escritor de CF, yo publicaría muchas historias y novelas, y mucha de la gente que eran mis ídolos literarios, inspiraciones y modelos de conducta, y clientes formales, gente a la que nunca había conocido, me aceptarían como su igual, como su aliado, como su amigo. Y la misión de mi vida sería tomar este género de la CF comercial y volverlo en algo más, escribir trabajos que trascendieran los parámetros comerciales… que ayudara a abrir un nuevo camino…

Eso es por lo que estás aquí. Eso es por lo que has pasado por el fuego de la fiebre y no morirse en la cama del hospital. Eso es lo que debes hacer. Ir al Oeste a conocer tu futuro. ¿Acaso es la mescalina la que habla? ¿La sobredosis de un ego de 25 años de edad? ¿Un insoportable viaje ego maníaco que deseaba hacer sus fantasías realidad?
Llámalo como quieras.
Todo lo que vi en ese momento Einsteiniano sin tiempo ocurriría"

Esa fue mi descripción de la visión presciente motivada por Duna de mi yo de 25 años. Aquí está la versión actual:

"Y cuando me siento realmente deprimido, recuerdo a un chico de 25 lleno de mescalina, caminando en 4th Street por el Village, sobrecargado con Duna, y soñando esos locos sueños prescientes ...El iba a ser un famoso escritor de CF, el publicaría muchas historias cortas y novelas, y mucha de la gente que serían sus ídolos literarios, inspiraciones, y modelos a seguir lo aceptarían como su igual, se volverían sus aliados, sus amigos. Y la misión de su vida sería tomar este género comercial de la CF y volverlo algo más de algún modo, escribir trabajos que trascendieran sus parámetros comerciales, trabajos ...que abrirían un nuevo camino...
Eso es por lo que tú estás aquí.
Y yo lo estuve. Y lo estoy"

Uno de los muchos epítetos puestos en la novela a Paul Atreides, Muab'dib, Kwisatz Haderach, es "Él que abre el camino"

Como testigo de lo ya dicho, ciertamente la obra maestra de Frank Herbert lo fue para mí.
La que abre el Camino.
Algo que Duna nunca dejará de ser.

© Norman Spinrad.
Traducido para Velero 25 por: Daniel Mejía.
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