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Duna, de Frank Herbert es una de las
cuatro novelas de ciencia ficción más influenciadas por la cultura de su
medio, alguna vez escritas, las otras tres son Un mundo feliz Aldous
Huxley, 1984 de George Orwell, y Forastero en tierra extraña
de Robert A. Heinlein. De esas cuatro novelas, Duna es la más larga,
más compleja, más profunda por mucho definitivamente la más exitosa en un
nivel literario, y ciertamente la más importante culturalmente, y aún así la
menos entendida por el establishment crítico, tanto del género como de la
literatura general.
Un mundo feliz, publicada ya en 1932, se volvió la base para la
distopía promedio de la ciencia ficción, particularmente de la variedad del
“Fascismo Amistoso” donde la realidad distópica emerge de una superficie
utópica superficial, pero ahora parece vieja, muy esquemática y amateur;
inferior de hecho a la CF posterior de Huxley.
1984 está muchísimo más hábilmente escrita, y más sofisticada tanto
políticamente como psicológicamente, un clásico que permanece válido a nivel
literario después de que su relevancia política ha desaparecido, escrita por
un escritor denominado del "mainstream", quien, a diferencia de Huxley, no
escribió más obras significativas de CF.
Forastero en tierra extraña fue escrita por un reconocido maestro de
CF que nunca escribió nada más de significancia, pero no es la mejor novela
de Heinlein más de lo que Un mundo feliz lo es de Huxley.
Estructuralmente, se rompe patéticamente a la mitad y en un nivel
estilístico es inferior a La Luna es una cruel amante. Se ha
convertido en la novela adalid de Heinlein principalmente por su centralidad
hacia la evolución de la Contracultura nacida en los 60 y a su desafortunada
notoriedad como la novela que inspiró las depredaciones desmembrantes de
Charles Manson y su “Familia”.
Duna, como un icono cultural, toma aspectos de los tres libros, pero
implica mucho más. Como Un mundo feliz, se ha convertido en la base
para una generación y más de réplicas, incluyendo demasiadas secuelas por el
propio Herbert. Como 1984, es una novela escrita en un nivel de
sofisticación que continuará como un clásico literario mucho después que su
relevancia cultural haya desaparecido. Y como Forastero en tierra extraña,
solo que en mayor medida, Duna fue un factor literario formativo en
la revolución cultural de los 60, y en un modo más positivo, por lo cual se
la confunde deliberadamente como una novela centrada en temas “ecológicos”.
La verdad es mucho más compleja, y aún mucho más políticamente incorrecta, y
por lo tanto aun muchísimo más peligrosa políticamente hablando. Después de
más de treinta años, y millones de copias vendidas, es difícil aceptar que
en los inicios de la década del sesenta este –ahora famoso- bestseller
clásico tuvo dificultades para ser publicado. Y resulta que yo estuve
alrededor para enterarme.
Duna fue inicialmente publicada en Analog, la revista de John W.
Campbell Jr. Como dos novelas “separadas” en forma de serial. “Mundo Duna”
fue serializado entre 1963-64, y “El Profeta de Duna” en 1965,
Aunque, como Frank Herbert me dijo en conversaciones posteriores mucho
después, Duna siempre fue concebido como una sola novela. Y de hecho,
como un lector ávido de cada entrega de la serie de “Mundo Duna” como un
joven escritor que empezaba, estuve profundamente decepcionado, por no decir
furioso, por el modo en que la última entrega terminaba en medio de la nada.
Para cuando Analog comenzó a serializar “El Profeta de Duna”, yo ya estaba
siendo publicado ahí. Pero aun era un ávido lector de la serie. Y estaba
trabajando para la agencia literaria de Scott Meredith, la cual estaba
tratando de conseguir alguien que publicara la novela. A pesar del éxito de
la serialización, no fue fácil, y la agencia tuvo que aceptar vender los
derechos de la edición Americana por un pequeño anticipo a Chilton, una casa
oscura, que trajo la edición en tapa dura en 1965 en un tiraje muy modesto.
Solo después, cuando Ace Books reimprimió Duna en paperback, comenzó
a conseguir impulso para convertirse en el besteller a largo plazo que
conocemos ahora. ¿Por qué presento esta difícil historia editorial de una
novela que estaba destinada a convertirse en un enorme éxito comercial con
el tiempo? La respuesta debe ser buscada en las páginas de Duna. Y
dentro del contexto de la época en que fue escrito y publicado.
En un resumen superficial de la trama, la historia de Duna parece no
solo algo simple sino algo fuera de un cliché derivado. Debido en parte a
las maquinaciones del clan Harkonnen y su malvado líder el Baron Vladimir
Harkonnen, el Emperador Padishah, regente del imperio interestelar humano.
Exilia al enemigo hereditario de los Harkonnen, el clan Atreides, dirigido
por el Duque Leto Atreides, a regir el planeta-desierto Arrakis. Carente de
cualquier otro interés, Arrakis es la única fuente de la “especia” melange,
la droga psicoactiva que permite a los navegantes del Gremio de la Cofradía
mover sus naves espaciales más rápido que la luz a través de alguna clase de
hiperespacio y así mantener la coherencia en esta difícilmente creíble
cultura seudo-medieval. Todo es una trampa Harkonnen, en colaboración con el
Emperador, para destruir a los Atreides y ganar control de Arrakis y la
especia para si. Se fomenta el descontento, llegan mercenarios Harkonnen,
una guerra comienza, Leto es asesinado, los Harkonnen toman control del
planeta, y su heredero Paul, junto con su madre Jessica, escapan a lo
profundo del desierto virgen. Ellos son recogidos por los Fremen, una tribu
similar a los Beduinos que combaten al régimen opresivo de los Harkonnen. A
través de una serie de logros, rituales, iniciaciones, y batallas, el joven
Paul se convierte en el líder de los Fremen, los vuelve en un Ejército de
Liberación del Pueblo y eventualmente no solo reclama su trono legítimo sino
que se vuelve en emperador y en una especie de Dios Emperador de este
universo ficticio.
¿Una historia repetida hasta la saciedad?
¿Derivada?
¿Si?
¿Un cliché?
No.
¿Simple?
En lo absoluto.
Puesto que lo que tenemos aquí en la historia es la versión de Frank Herbert
de lo que Joseph Campbell insiste, es la historia básica de la humanidad en
su clásico trabajo de análisis mítico y de antropología literaria de
contraste cultural, El Héroe de mil rostros.
El Héroe (Paul) es arrebatado de su herencia por derecho (el trono de Leto)
por las fuerzas del mal (los Harkonnen) y debe partir hacia las tierras
salvajes (el desierto de Arrakis). Ahí, él encuentra a su guía espiritual y
maestro que lo educa en cuestiones místicas y prácticas. Con este
planteamiento bastante interesante de por si, como veremos más tarde, en
Duna, Herbert divide este arquetipo en tres maestros, uno para cada
nivel de conocimiento: Duncan Idaho, su sensei guerrero; el Mentat Thufir
Hawat, su mentor en los aspectos tácticos e intelectuales; y su madre, la
adepta a la Bene Gesserit Jessica, su guía a las visiones espirituales y
místicas. Ahí en el desierto primigenio él también sufre pruebas e
iniciaciones físicas y espirituales, prueba su valía y reúne fieles
seguidores y aliados (los Fremen). Desciende al mundo de los muertos, el
mundo de la oscuridad espiritual y moral, donde pasa la prueba definitiva,
triunfa y regresa al mundo de los hombres como el Liberador y Portador de la
Luz.
Aunque este sea o no el mito arquetípico humano por excelencia, aunque sea
la base para toda la mitología de occidente o no, es el cuento generalizado
de El Héroe de mil rostros la estructura y realidad básica de todo,
desde el Nuevo Testamente a Tarzán, desde Las estrellas son mi destino
a Sidartha, de las varias narraciones y vueltas de tuerca en el ciclo
del Rey Arturo a los mitos de Gilgamesh y Barbaroja, a incontables épicas
samurais y la mayoría de Shakespeare, a la vez que Duna, ciertamente
no lo es.
Así pues Duna tiene una superficial, simple y derivada trama interna
pero no es un cliché re-narrado de uno de los mitos más profundos y
poderosos de la humanidad. Profunda y poderosa porque es nuestra historia
personal como quisiéramos ser. Nuestros “Yoes” se identifican con el joven
Paul porque todos nosotros, de un modo o de otro nos sentimos privados de
nuestro lugar legítimo en el centro del mundo. Todos buscamos escapar de las
fuerzas usurpadoras de la represión hacia la espesura del autodescubrimiento
donde realizaremos hazañas que nos permitirán volver al asiento de poder y
triunfantemente enfrentarnos a nuestros opresores como los favoritos del
destino.
En este nivel el cuento puede –y muy a menudo lo ha hecho- volverse una
fantasía psicológica y fascista de poder, y peor aun, puede hacerlo en el
mundo real. Y esta atracción seductora a fantasías de poder egoístas es
ciertamente fuerte en Duna, particularmente en adolescentes, lo cual
explica parcialmente la popularidad de la novela de Frank Herbert, y casi
explica por completo la popularidad de la imitativa “fantasía científica”
que le siguió. Pero en un nivel profundo, las teorías de Joseph Campbell
funcionan, y en un nivel que es plenamente presentado en Duna, el
adversario definitivo que el verdadero héroe (opuesto al bárbaro con una
amplia espada o al cadete espacial con un lanzarrayos) enfrenta en la fosa
sin fondo del mundo sin retorno moral y espiritual es él mismo. El viaje de
poder egoísta del nivel superficial de la historia. Y la batalla climática,
la prueba definitiva, es una prueba espiritual y moral entre los dos
aspectos del héroe: el verdadero y el falso, el físico y el místico, el
guerrero y el hombre de conocimiento; y lo que emerge al final es no solo un
guerrero irresistible sino un verdadero Portador de la Luz, un Iluminado, un
Bodhisattva. Lo que hace a Duna una única y poderosa narración del
mito del El Héroe de mil rostros es que Paul, imperfectamente
entiende esta dicotomía al inicio, y lucha con ella, ambiguamente, a través
del cuerpo central de la novela. Y lo que al final puede ser leído como el
triunfo definitivo en un nivel puede ser releído como tragedia en el otro. Y
es en el nivel en el que Paul Atreides, se convierte en Muab'dib, el Kwisatz
Haderach y el Emperador Padishah, lo ve todo. Su presciencia quizás lo haga
Dios Emperador de este universo ficticio, pero él no puede escapar del
destino determinístico que ha preescrito y de la jihad que él traerá, la
jihad que ha intentado evitar la mayor parte de la novela
Esto es lo que es temáticamente y místicamente y dramáticamente y
psicológicamente central a Duna y no la “ecología”. Este es el centro
visionario de esta larga y compleja, muy a menudo monológica, multi-nivelada
novela. Esto es lo que la hace un clásico literario. Y esto, en el contexto
de su tiempo, explica porque una novela ciencia ficción serializada en ocho
partes en una revista del género, primero publicada en una tirada pequeña
por una casa editorial menor y luego modestamente publicada por una casa del
género en paperback, pueda volverse un libro culturalmente influyente en un
contexto más amplio, y con el tiempo en un best-seller. El así llamado tema
ecológico de Duna no soporta un escrutinio serio porque la ecología
del Arrakis de Herbert es extremadamente simplificada y irrealmente
esquemática. Arrakis es un vasto desierto planetario, sus ecosistemas solo
varían ligeramente en grados de desertificación, y de hecho la comida nativa
principal consiste en solo dos organismos: los pequeños que producen el
material base de la “especia” y los gigantescos Gusanos de Arena que se
alimentan de ellos y la convierten en la preciosa melange. Es la melange
-para todos los propósitos excremento de Gusano- la riqueza de Arrakis y la
existencia del imperio interestelar de la novela dependen por completo de
ello. Es la melange por lo que los Atreides y los Harkonnen pelean. Es la
melange lo que es el centro de la cultura y religión Fremen. Es la melange
lo que eventualemente transformará a Paul Atreides en el Kwisatz Haderach,
el ser presciente quien puede ver en niveles de la realidad a la que otros
son ciegos. La melange que vuelve a un niño de un luchador por la libertad a
una especie de dios. Y aunque se refieren a la melange a través de la
nobleza como “especia” y consumida en pequeñas cantidades como tal, no lo es
en absoluto. Lo que realmente es, de lo que difícilmente podríamos hablar en
términos de la CF de inicios de los '60, lo que explica porque el libro fue
una venta tan difícil a las casas editoriales en 1964 y 1965 aún con la
ofuscación terminológica. Lo que también explica porque se volvió un
best-seller después de las transformaciones culturales de 1967 una vez que
fue publicada y porque fue una de los motores de esas transformaciones
Melange no es una “especia” ficticia.
Melange es una droga psicodélica ficticia.
Sus efectos son similares a los del LSD o la mescalina o el peyote. Solo que
mucho más poderosos.
Duna, por lo tanto, no es una novela centrada principalmente en la
ecología. Es una novela que explora estados químicamente mejorados de la
conciencia y sus efectos no solo en el individuo, su personalidad y espíritu
sino en la cultura.
Una de las primeras. Y después de todos estos años, una de las más
profundas.
La Melange, aún en pequeñas dosis continuas, es adictiva, tiñe los ojos de
azul, tiene efectos psicodélicos menores que los del LSD, y, como el peyote
del desierto suroeste de Norteamérica, un sacramento integrado a la religión
nativa americana, es incorporada a la cultura y religión de los Fremen. En
el nivel de la cultura interestelar se toma en dosis mucho más fuertes por
los Navegantes de la Cofradía Espacial, quienes la usan para obtener estados
extremos de conciencia que les permite pilotar naves espaciales a través de
una especie de hiperespacio, convirtiéndolos en seres transhumanos como
parte del uso diario. Las adeptas femeninas de la Bene Geserit la usan para
propósitos más a largo plazo, y sueñan en crear o encontrar el "Kwisatz
Haderach", un macho capaz de manipular la especia en el más alto nivel, cuya
conciencia será liberada por tanto del espacio-tiempo convencionalmente
percibido en una especie de punto de vista Einsteniano tetradimensional que
le permitirá ver “el futuro”, o más sutil y profundamente, surfear las
geodésicas de la probabilidad. Así Herbert retrata cuatro niveles de, tanto
el uso de drogas psioactivas por una sociedad y el correspondiente nivel de
conciencia. Los Fremen incorporan la melange como el sacramento de una
religión tribal. Los Navegantes de la Cofradía la emplean como un aumento
tecnológico pragmático. La Bene Gesserit la usa en búsquedas del
inconsciente y sesiones de unión de mentes. Paul Atreides pasa a través de
estas tres etapas ascendientes en su camino para finalmente usar la droga
para conseguir el nivel definitivo: convertirse en el Kwisatz Haderach, el
plenamente Iluminado, capaz de ver el reino convencional del tiempo y el
espacio desde afuera, como tetra-espacio Einsteniano, una conciencia
convertida por lo tanto en presiente hasta cierto punto, una Iluminación que
resulta ser tanto un poder divino como una trágica maldición.
Todo esto se establece en una cultura que es anacrónicamente arcaica en
cierto modo, en una manera que es tanto muy familiar como interesantemente
extraña a la vez. Esforzando la falta de credibilidad y contorsionando la
lógica de la tecnología, presentando luchas de espadas con una tecnología
capaz de ir al espacio y usar armas atómicas, además de establecer un
sistema político monárquico improbable con el propósito de dar acción y
aventura pseudo-medieval en planetas alienígenas. Esas culturas ficticias de
espadas y naves espaciales son por lo general Cristianas o más o menos
Católicas. En Duna también tenemos un Emperador y nobles vasallos y
un sistema feudal jerárquico con una base teocrática. Pero no es Católica o
siquiera Cristiana. Aunque la palabra "Islam" nunca aparece en la novela y
tienes que estar al día con las referencias del mundo real para captarlo, la
base de la religión en Duna es islámica, no cristiana, más de Oriente
que de Occidente. El termino "Emperador Padishah" ciertamente apunta a la
decisión deliberada de Herbert de dejar las cosas tal como están, de hecho
"Shah padi Shah" significa "Rey de Reyes" en Farsi, el lenguaje del Imperio
Persa islámico. Tampoco es muy lejano suponer que los resentidos Fremen,
exiliados en Arrakis después de una larga y compleja hegira interestelar,
son gente de la minoría Chiíta de Ali. Perseguidos y despreciados por las
culturas Suníes dominantes. Y las profetisas Bene Gesserit tiene similitudes
con los místicos Sufíes, musulmanes que dicen que su secta es más antigua
que el Islam, y que enfatizan en técnicas diseñadas para inducir a la
experiencia mística directa e introspección más que el ritual, las reglas o
un sistema de creencias. ¿Porque Frank Herbert eligió el Islam como la base
religiosa y mística de una cultura interestelar que por lo demás se basa en
la Europa católica, medieval y feudal?, está más allá del alcance del
análisis literario, una opción hecha quizás en las profundas regiones del
subconsciente de donde la creación artística surge.
De todos modos uno puede especular...
Mientras que el Islam generalmente se agrupa con el Judaísmo y la
Cristiandad, las religiones monoteístas de donde surgió, hay una diferencia
fundamental entre el Islam y sus predecesores directos.
El Judaísmo comenzó como una religión tribal concerniente a la relación
entre la historia de los Judíos y su Dios, su Biblia fue escrita por varias
manos tras un diverso periodo de tiempo.
La Cristiandad convirtió al Judaísmo en una religión universalista de
carácter proselitista basada en la historia de una figura transhumana:
Jesús/Cristo, su Biblia fue escrita en un periodo más corto de tiempo en
cuatro versiones alternas (similarmente a El cuarteto de Alejandría
de Lawrence Durrell). Su Biblia es básicamente una biografía de Jesús, y sus
preocupaciones principales son el pecado la redención y la moralidad. El
Islam también comenzó como una religión tribal, la de los Árabes, y fue
también transformada en una religión universalista de carácter proselitista,
y además su libro sagrado, el Corán, esta lleno de reglas y regulaciones.
Pero el Corán, a diferencia de los Testamentos o la Biblia Judeo-Cristiana,
fue creado por un solo hombre, Mahoma, en un periodo muy corto de tiempo en
términos históricos; dictado directamente a este por Alá, si tu eres un
creyente, y ciertamente si estás durante una poderosa experiencia mística y
profética aún si no los eres, desde que Mahoma era un analfabeto que nunca
había creado un trabajo literario antes. Entonces el Islam, a diferencia del
Judaísmo o la Cristiandad, pero, como el Budismo, tiene en su núcleo la
experiencia del despertar místico y profético de un solo hombre. Y Mahoma,
como Buda, no hizo pretensiones de ser el Hijo de Dios, solo haber
experimentado a la Deidad. El objetivo trascendente de la Cristiandad es la
inmortalidad individual en un raramente descrito pero muy concreto cielo,
que se conseguirá siguiendo las reglas. Es básicamente una religión de
moral. El objetivo trascendente del Budismo es conseguir el Nirvana, la
reintegración estática del espíritu individual con la Deidad que lo creó a
partir de técnicas de meditación. Por lo tanto el Budismo es una religión
experimental cuyo objetivo es conseguir un estado transhumano de conciencia.
El Islam permanece entre ambos. El Corán está lleno de prescripciones
morales y legales de la Biblia, pero está escrito por un hombre en un estado
de conciencia trascendente mística.
Y el “paraíso” del Islam, pícaramente malentendido por muchos, incluyendo
bastantes Musulmanes, es descrito como un estado de orgasmo continuo, lo
cual es visto en un nivel místico como un estado de conciencia trascendente,
similar al Nirvana Budista. Lo cual explica quizás porque los Sufíes, una
religión más vieja y experimental, dirigida completamente al fin de
conseguir tal estado mediante danza estática, drogas y muchos otros medios
de transformación de conciencia, podrían haberse convertido en un aspecto
del Islam y ser aceptados como la corriente general. Y porque el alcohol,
una droga no conocida por sus efectos psicodélicos, es bastante más aceptada
en las culturas Cristianas que la marihuana y el hashish, las cuales son
mucho más aceptadas en las culturas tradicionales Islámicas que el alcohol.
Lo cual puede explicar porque Frank Herbert eligió emplear referentes
místicos y religiosos islámicos en una novela cuyos temas centrales son las
transformaciones culturales, psicológicas y religiosas entre una droga
psicodélica y las sociedades basadas en ella, y el paso evolutivo y
profético de la conciencia de un muchacho por el uso de esta, hacia la
conciencia trascendente de un "Kwisatz Haderach," un ser tan iluminado que
en el fin hasta él puede captar la tragedia irónica de su presciencia.
Lo que ciertamente explica porque Duna no pudo encontrar un editor
norteamericano mayor, desde el punto de vista de la CF o del mercado
mainstream, a inicios de los 60s, antes de que hubiese algo como la
Contracultura. Y porque eventualmente se convirtió en un bestseller de largo
término después de los cambios evolutivos en la conciencia de una generación
que ayudó a catalizar. Forastero en tierra extraña quizás haya sido
el modelo, para bien o para mal de mucho del estilo de vida hippie:
comunidades centradas en torno a un gurú carismático, un estilo de vida
alterno -incluyendo sexualidad libre- y en el desafortunado caso de la
Familia Manson, una pobre racionalización a favor de la “descorporeización”
de gente inconveniente. Pero Duna hizo algo más profundo. Leer
Duna puede de hecho trasformar tu conciencia de modo positivo. Puede
elevar tu espíritu. Te puede llevar en un “viaje psicodélico”, inducir una
experiencia visionaria que permanece contigo, de la cual en mayor o menor
medida puede que resurjas o no como un Portador de la Luz.
¿Algo demasiado grande para una novela de CF?
Tenlo por seguro.
Pero si estás leyendo esto, tienes el libro en tu mano, y la oportunidad de
ver esto por ti mismo que Duna es una novela poderosa. Solo puedo
dejarte en el camino a esa experiencia mi propio testimonio publicado como
parte de mi autobiografía en Contemporary Authors Autobiographical Series
de Gale Press. Allí describo la decisión de un joven de 25 años que había
escrito cuatro historias y había tenido una experiencia cercana a la muerte
en un hospital dos años antes de dejar New York por California:
"Y California, San Francisco en particular, para mi, como muchos otros fue
el mítico Oeste Dorado a través del cual los jovenes debían supuestamente
ir, la tierra sin invierno, North Beach, el atardecer al final del camino,
el objeto de una y mil búsquedas interiores, el futuro en si, de alguna
forma el glorioso salto al Gran Desconocido. Apropiadamente para mi, Frank
Herbert y como 300 mg de mescalina me enviaron en mi camino... caminando al
oeste a través de la noche de la Village night en 4th Street, meando la
mescalina después de leer la parte final de la serialización en revista de
Duna, una poderosa meditación en el espacio-tiempo la precognición y
el destino dispuesto a lanzar un centenar de millares de viajes tuve uno
propio. Yo sería un famoso escritor de CF, yo publicaría muchas historias y
novelas, y mucha de la gente que eran mis ídolos literarios, inspiraciones y
modelos de conducta, y clientes formales, gente a la que nunca había
conocido, me aceptarían como su igual, como su aliado, como su amigo. Y la
misión de mi vida sería tomar este género de la CF comercial y volverlo en
algo más, escribir trabajos que trascendieran los parámetros comerciales…
que ayudara a abrir un nuevo camino…
Eso es por lo que estás aquí. Eso es por lo que has pasado por el fuego de
la fiebre y no morirse en la cama del hospital. Eso es lo que debes hacer.
Ir al Oeste a conocer tu futuro. ¿Acaso es la mescalina la que habla? ¿La
sobredosis de un ego de 25 años de edad? ¿Un insoportable viaje ego maníaco
que deseaba hacer sus fantasías realidad?
Llámalo como quieras.
Todo lo que vi en ese momento Einsteiniano sin tiempo ocurriría"
Esa fue mi descripción de la visión presciente motivada por Duna de
mi yo de 25 años. Aquí está la versión actual:
"Y cuando me siento realmente deprimido, recuerdo a un chico de 25 lleno de
mescalina, caminando en 4th Street por el Village, sobrecargado con Duna,
y soñando esos locos sueños prescientes ...El iba a ser un famoso escritor
de CF, el publicaría muchas historias cortas y novelas, y mucha de la gente
que serían sus ídolos literarios, inspiraciones, y modelos a seguir lo
aceptarían como su igual, se volverían sus aliados, sus amigos. Y la misión
de su vida sería tomar este género comercial de la CF y volverlo algo más de
algún modo, escribir trabajos que trascendieran sus parámetros comerciales,
trabajos ...que abrirían un nuevo camino...
Eso es por lo que tú estás aquí.
Y yo lo estuve. Y lo estoy"
Uno de los muchos epítetos puestos en la novela a Paul Atreides, Muab'dib,
Kwisatz Haderach, es "Él que abre el camino"
Como testigo de lo ya dicho, ciertamente la obra maestra de Frank Herbert lo
fue para mí.
La que abre el Camino.
Algo que Duna nunca dejará de ser.
© Norman Spinrad.
Traducido para Velero 25 por: Daniel Mejía.
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