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Es un momento triste y pesaroso para
todos los creyentes y también para muchos de aquellos que no
profesan el cristianismo el saber que Juan Pablo II, Papa de la
Iglesia Católica ha partido al encuentro con su creador. Nuestras
condolencias y levantemos la esperanza por tener un mundo mejor.
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Especular sobre un
primer contacto con seres extraterrestres no es algo novedoso. Mucho
menos, en el campo de la ciencia ficción, siendo el tema del primer
contacto uno de los tópicos por excelencia del género.
Teniendo en cuenta lo publicado y filmado hasta el presente, puede
decirse que el tratamiento de ésta temática difiere según el autor y la
época en que se escribió el relato o se filmó la película. El primer
contacto es visto a veces como una amenaza (La guerra de los mundos) o
como solución a los problemas del mundo (Star Trek). También existen
variantes según si el contacto es realizado por los humanos como agentes
activos o como agentes pasivos, si el contacto se realiza con seres
humanoides o de formas distintas a la humana. Está también el caso del
primer contacto imposible, como el que se describe en “Solaris” de
Stanislaw Lem, quien nos dá una visión terriblemente pesimista del
primer contacto: una entidad extraterrestre tendría que ser, por fuerza,
tan ajena a lo que conocemos, que inevitablemente un verdadero
“contacto” sería imposible.
Las historias más divertidas sobre “primer contacto”, a mi juicio, son
las del pulp norteamericano clásico: los viajeros del espacio encuentran
planetas donde todo es igual que en la Tierra pero en otro sitio. Como
en las series de dibujos animados “Los Picapiedra” o “Los SupersónicoS”
(The Flintstones y The Jetsons): en el pasado prehistórico o en el
futuro hipermecanizado, los terrestres, extraterrestres y robots tienen
familias, trabajan, se enamoran, ahorran dinero, quieren comprar
vehículos último modelo y otros ejemplos del american way of life de los
años cincuenta del siglo XX.
Sin embargo, la realidad es que ya hemos tenido un caso de “primer
contacto” en nuestro planeta. Documentado. Analizado. Y muchos somos
frutos de ese primer contacto. Si. Hablo de lo ocurrido en 1492. El
“descubrimiento” de América. Cristóbal Colón y sus naves arribando a
nuestro continente.
¿Qué, no estábamos hablando de un primer contacto con extraterrestres?
Pues si se fijan bien, eso fue lo que ocurrió en esa época. Seres de un
mundo (Europa con su historia y sus influencias africana y asiática)
enviaron naves a través de un espacio desconocido (el Atlántico) y
llegaron a un lugar del cual no tenían conocimiento previo (América). El
que ahora hablemos de encuentro de dos mundos y vivamos lamentando o
celebrando las consecuencias de dicho evento no cambia la esencia: el
encuentro de lo desconocido con lo desconocido.
Y es que, pese a que en la actualidad puedan hallarse vestigios y
evidencias de contactos previos entre América y otros continentes
(además de Europa), es evidente que lo ocurrido en 1492 fue “el”
contacto que pasó a formar parte de la historia, “el” contacto que
incorpora un nuevo mundo en la mentalidad de sociedades que, en ambos
lados del océano, probablemente se veían a sí mismas como las únicas en
el mundo o acaso las más avanzadas del universo, gracias a sus
todopoderosos dioses, entre otros factores.
Entonces, tenemos a los primeros “extra-terrestres” de la historia
(conocida, eurocentrista y todo lo que ustedes quieran poner como
limitación, pero es lo que nos enseñan en la escuela y no soy quien para
cambiarla ahora), descubriendo que hay otro “mundo” aparte del suyo,
donde la gente habla otra lengua, tiene otras costumbres, come otras
cosas, viste otras ropas... suena fascinante, ¿no?
Pero también sabemos qué pasó después de ese primer contacto. Los que
tuvieron la tecnología más avanzada se adueñaron del otro mundo. Su
superioridad tecnológica les permitió destruir civilizaciones enteras.
Incluso se llegó a cuestionar la “humanidad” de los seres del nuevo
mundo: de triunfar las tesis de fray Ginés de Sepúlveda, el habitante de
América hubiera sido declarado (por el otro mundo) como no perteneciente
a la raza humana (por ende, extraterrestre), y quien sabe cómo
estaríamos hoy en día.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la ilusión del nuevo mundo se
desvaneció, y el mestizaje (en mayor o menor medida) dio sus frutos.
Ambos mundos se mezclaron (bastante), se comprendieron (algo), se
hermanaron (mal que bien, pero lo hicieron), y actualmente (quiero ser
optimista) compartimos todos el pleno conocimiento de formar una
especie, variada y todo eso, pero una sola.
Empero, no debemos olvidar que hubo un momento (o varios) en la historia
en el cual el encuentro entre dos seres humanos significó una
experiencia que tal vez ninguno de nosotros tenga en su vida: contemplar
por primera vez a un ser de otro mundo. Y a su vez, ser contemplado como
tal.
© Daniel Salvo; 10-03-05.
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