Noviembre 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Distopía en tres obras clásicas de la
Ciencia Ficción

En la primera de las obras que quiero tratar, Nosotros, de Zamiatyn, el orden racional es con mucho uno de los mas absolutos y el relato tiene todo el aire de una parábola sumamente inflexible en la que las situaciones son sólo pretextos formales para el desarrollo de la idea de la inhumanidad de la razón llevada a su extremo en la aplicación. Las referencias al orden comunista estaliniano son transparentes, aunque no se limitan a él y la visión de la planificación llevada al extremo es clara muestra de un sentido crítico. En esta sociedad hace mucho que se han eliminado no sólo las desigualdades sociales y los desequilibrios sino también todo lo desequilibrante: las pasiones, las emociones, las lealtades, las diferencias; sólo se incentiva cierto amor (ir)racional y absoluto hacia una divinidad que es un ídolo que se muestra públicamente en actos que tienen por función garantizar la unidad de la población. Además, se ha disminuido al mínimo la privacidad de los ciudadanos, hasta las paredes de las casas son transparentes y eso impide toda forma de intimidad hogareña. Bueno, propiamente no hay hogares, sino viviendas. Incluso el inmovilismo y la falta de libertad son apreciadas a un nivel estético "¿Por qué la danza es bella? - pregunta el personaje central- porque es un movimiento no libre, porque el sentido profundo de la danza está justamente en la absoluta dependencia estética de un sometimiento ideal Incluso las relaciones sexuales se manejan a través de cierto tipo de lotería y también a partir de solicitudes oficiales que no pueden ser rechazadas. Las personas ni siquiera tienen un nombre sino un código, uno de estos hombres, el científico D-503, comenzará a dudar de su sociedad al enamorarse de una mujer, I-330, que pertenece a una organización contraria al régimen y que tiene contactos con personas que viven en el mundo exterior a la ciudad (las utopías y las distopías siempre son urbanas), él se involucra en la lucha y termina siendo apresado junto a los demás miembros de la organización subversiva y sometido a una operación que le anulará la facultad de imaginar y con ello la posibilidad de ser libre. La resolución del relato no admite posibilidades de escape y el final es ineluctable, la Utopía termina venciendo en su perfección inhumana al hombre y a sus esfuerzos aislados e idealistas. No es rara la aparición de esta obra en el contexto soviético de los últimos años de la década del 20 (es incluso un poco anterior a la obra de Huxley, que es de 1931). El paraíso de la utopía trató de instaurarse en el orden soviético, los hombres trataron de llevarlo a la práctica y ya tempranamente esa planificación y cerebralización concitaron desconfianza, tomando en cuenta que la absoluta racionalización no es posible.

En el caso de Un mundo feliz estamos ante una obra de carácter mas humanista, su ambiente es urbano como siempre se da en las distopías pero más amplio, abarca al mundo entero, pero de una manera discontinua. En ella La figura descontenta y el rebelde no coinciden en el personaje, Bernard es el inconforme con el rol que su sociedad le ha dado, pero la rebeldía activa viene encarnada en un personaje exterior, el Salvaje. En la sociedad perfecta planteada en esta novela la familia ha sido abolida, la reproducción se hace por métodos de fertilización artificial (llamado método de Bokanofsky) en matrices extirpadas que se mantienen en funcionamiento por ingeniería biológica, estos embriones son manipulados para obtener distintos tipos físicos, así la humanidad está dividida en castas biológicamente separadas. Alfas y betas son la cúspide de la pirámide, los primeros son algo así como los directores de la sociedad. Los segundos son como los ingenieros especializados y luego de ellos vienen Gamas, Deltas y Epsilones cada uno más derivado biológicamente que el otro. En la base de la pirámide, los epsilones son feos y enanos y están dedicados a labores enteramente serviles, sus cerebros han sido atrofiados desde su desarrollo fetal y por ello no se quejan de su situación a las demás castas superiores. Todas las castas, además, han sido condicionadas desde el nacimiento con técnicas de hipnopedia y conductismo extremo para que amen lo que hacen, ninguna conoce la historia anterior de la humanidad y el progreso científico se haya detenido, pues el cambio es una fuente de inestabilidad esto es anatema para la ideología de la ciencia ficción. La obsesión utópica con la perfección es denunciada en las distopías como una de las negaciones intrínsecas más agresivas hacia el ser humano. Parece que con Bernard se ha cometido un error, a pesar de ser un alfa es feo y no es alto, hecho que motiva las burlas de los demás alfas, esto genera un resentimiento poderoso contra el sistema en el que vive y que la hipnopedia no ha podido contrarrestar. Este resentimiento se dirige pues a los alfas normales y a su forma de vida dirigida por los convencionalismos introducidos vía hipnosis en sus congéneres, sin embargo su desapego a su sociedad no es producto de una convicción o de una lucha ideal sino un sentimiento de fracaso y frustración, un resentimiento contra un mundo que no le cumple aquello que le hizo creer que merecía. Odia y es envidioso, pero no piensa que su sistema es inmoral en sí y no cree en una reforma, es solo un resentido, bastante cobarde por cierto. En cambio la rebeldía viene encarnada en el Salvaje, un hijo natural entre una autoridad de esa civilización y una mujer Beta. Algo que viola todo el código moral vigente, nadie ha tenido hijos por siglos, excepto ciertos salvajes que aún viven fuera de la civilización en reservas y que periódicamente son visitados con fines de estudio o turismo. Este Salvaje ha crecido precisamente en una de estas reservas y es traído por Bernard a la civilización como forma de venganza de él contra la autoridad progenitora, contra la que guarda especial resentimiento y vicariamente también es su forma de vengarse contra todo el sistema. Este Salvaje, que tuvo una madre biológica y una crianza sin hipnopedia ni manipulaciones genéticas y que además conoce el dolor, la frustración y la muerte como algo constitutivo de la naturaleza, choca en este mundo feliz al encontrarlo monstruosamente inhumano e intrascendente. Y es que toda sociedad utópica que presupone su perfección no da lugar a ninguna exteriorización de grandeza humana, como podría ser el sacrificio, la abnegación o el heroísmo ya que estos elementos suponen un mundo desbalanceado, con injusticias y con desigualdades que permitan actos de sacrificio o actos de heroísmo, un mundo perfecto no necesita de héroes. En su diálogo con la autoridad del mundo feliz, que está representada en uno de los interventores mundiales, un alfa+ de gran importancia, el Salvaje expresará su disconformidad con claridad:

- Es que a mí me gustan los inconvenientes
- A nosotros no - dijo el Interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad
- Pues yo no quiero comodidad. yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.
- En suma usted reclama el derecho a ser desgraciado 
- Muy bien, de acuerdo -dijo el Salvaje en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado
- Esto sin hablar del derecho a envejecer,el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a vivir en el temor constante a de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho a pillar un tifus; el derecho a ser atormentado
Siguió un largo silencio
- Reclamo todos estos derechos - concluyó el Salvaje (p. 188 - 89)

No entiende las ventajas de esa sociedad o simplemente las ve como negaciones de ventajas mayores y sui generis; y su vocación de perecer y sufrir aunada a su incapacidad para encontrar una existencia que pueda ser capaz de proponer una vida en la que más que resignación lo que se necesite sea espíritu de permanencia y capacidad de cambio terminará aniquilándolo. Bernard, que no podrá resistir solo, será desterrado en medio de su pusilanimidad junto con un amigo, también inconforme pero que postula más bien una ruta interior y personal de transformación. La utopía permanecerá luego de la eliminación de estos pequeños errores del sistema. 

El caso de Farenheit 451 es más complejo. La distopía presentada no es el resultado de una opresiva dictadura, como en los casos anteriores. Es más, la presencia de un gobierno central fuerte es algo supuesto pero no es un factor fundamental en el desarrollo de la historia. A diferencia de Un mundo feliz, ninguna autoridad de especial importancia aparece y la obra se desarrolla en un clima casi de suburbio norteamericano. El estado de satisfacción general y la aparente solución de los problemas se ha debido a la concurrencia de tres factores: el avance de la tecnología, la explotación en masa y la presión de las minorías dentro de la sociedad. En esta sociedad sus integrantes se encuentran hipervinculados (hay una suerte de prefiguración de la internet en un sistema de comunicación virtual vía complejos televisores) por la tecnología que les proporciona casi un sucedáneo de relaciones sociales intensas y profundas, pero se encuentran subcomunicados; ninguna relación humana es intensa sino tan solo esporádica y banal. En esta narración el símbolo de la supresión de la imaginación y de la diversidad está en la prohibición de la lectura de los libros, los cuales son quemados públicamente por el cuerpo de bomberos, aunque la función de esta organización es más bien decorativa, ya que es la sociedad misma la que censura la lectura y lo que ésta, en tanto potencial de nuevas ideas y de disconformidad, puede generar, así queda claro en la intervención del jefe de bomberos Beatty, quien afirma "No comenzó en el gobierno. No hubo órdenes, ni declaraciones. Ni censura en un principio" (p.57) algo que se confirma con lo que el viejo cobarde y ahora rebelde Faber dice más tarde al bombero Montag "No olvide que los bomberos trabajan poco. El mismo público abandonó la lectura" (p. 81) Sólo unos pocos continúan conservando algunos libros de manera clandestina y son en ocasiones denunciados. El rebelde, el inconforme de este relato es un bombero, Guy Montag, quien inicialmente disfrutaba de su trabajo. Su encuentro con la adolescente Clarisse McClellan, que luego morirá por la responsabilidad de la sociedad en la que vive, es lo que hará a este hombre pensar en los porqués de la vida que lleva y no en el cómo se deben hacer las cosas, según el orden establecido. Se dará cuenta entonces que esa aparente felicidad se ha construido a partir de la supresión de la libertad del ser humano para discrepar y para postular rutas diferentes de vida. Todos viven igual y como la sociedad fomenta la autocomplascencia y soborna a las masas con la autogratificación constante, nadie se rebela. El postular una forma de vida alterna simplemente es mal visto por todos, incluso es percibido como una amenaza para la propia felicidad, la lectura es mostrada como la actividad paradigmáticamente subversiva en la generación de nuevas y desestabilizantes ideas, un libro es un arma cargada, quita el arma, descárgala; quien sabe cuál podría ser el objetivo de un hombre que leyese demasiado. Nuevamente es Beatty quien pone la aclaración "Todos debemos parecernos, No nacemos libres e iguales, como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es el reflejo de todos los demás, y todos somos así igualmente felices" (p. 57) Todos hechos iguales y aquí se postula la estandarización de los hombre. Ante la recurrencia del mandato post moderno de reconocernos en el otro se impone también la salvedad, de que no basta reconocerme en el otro sino que no debo confundirme en el otro ni creer que él debe ser como yo. Ver al otro es verlo como a mí, pero viéndolo a él, el principio de caridad no es justificación para un narcisismo social. La igualdad de los seres humanos puede convertirse, en una sociedad de masas, en una forma de intolerancia más insidiosa y engañosa de lo que existiría en otras formas de sociedad. En Montag se rebela la Distopía, en él la Utopía muestra sus resquebrajaduras, la pretensión metafísica de anulación de la contingencia y del cambio, del movimiento y del devenir es denunciada por la realidad de lo diverso de la experiencia, de las relaciones y de las vidas humanas. Lo que Arendt señala como la auténtica realidad "La pluralidad es la ley de la Tierra"8 Montag lo cambió por un contacto real con otro ser que reconoció pero que no confundió consigo sino que le señaló una posibilidad distinta de entender la vida, esta es la rebelión de Montag. El ahora conoce que la vida puede estar en sus manos y que esto no es algo precisamente gratificante pero que es valioso y por ello lucha. Intenta rescatar a su mujer de la vida que lleva dentro de esa banalización pero ella no desea ser rescatada, el camino de cada uno es el camino de cada uno y ella seguirá transitando, incluso a su destrucción sin saberlo. La utopía urbana en la que se encuentra Montag, la ciudad, será blanco del ataque engendrado por la forma de vida que la anima, la guerra nuclear terminará con la ciudad y con sus habitantes. Y Montag habiendo huido de ella encontrará una Arcadia, algo campestre, en la que otros como él han tratado de salvar aquello que se guardaba en los libros, su propuesta no una revolución, es una especie de paciencia y vida en la sabiduría de disfrutar la existencia natural de los seres humanos, de poder compartir si es solicitado ese conocimiento guardado en los libros. 

Y cuando la Guerra termine, algún día algún año podrán escribirse los libros otra vez, se llamará a la gente para que recite lo que sabe, y guardaremos los impresos hasta que llegue otra Edad de las Tinieblas, y tengamos que rehacer nuestra obra. Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa (p. 138)

Esta visión optimista del ser humano es contraría al fatalismo inherente al personaje de Huxley, no se reivindica un amor al sufrimiento, no se trata de un penitente; tampoco es el ser ya deshumanizado de Zamyatin que no es capaz de volver sobre sus pasos, no es la irracional idea de hombre que presuponen las utopías en las que los seres humanos son sólo espejos entre sí. El hombre de Bradbury es alguien que se equivoca y que acierta, es alguien que fundamentalmente cambia y que puede sobrevivir a sus errores más monstruosos, si tiene el propósito de transformar las cosas, de resignificarlas, como en Zaratustra, se clama para que todas las cosas viejas sean nuevas, es una voluntad de sentido pero no es un olvido de lo que se ha sido o de lo que se ha pasado ni tampoco de la relación fundamental con los demás en este todo móvil de la existencia nunca abarcada y nunca perfecta.

8.- Arendt H. La Vida del Espíritu p. 43
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Fin

© Cesar Monterroso; 25-09-04

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