Mayo 2004

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Editorial

De los libros de C-F, considerados como artículos de lujo
Daniel Salvo.

Artículos

El aire en peligro
Luis Bolaños.

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Daniel Mejía.

Inca Land
Mónica Delgado.

Ensayo

Profetas y libertarios
Francisco Tumi

Entrevista a:

Bruce Sterling

Relatos peruanos

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Manuel A. Cuba.

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H. B. Fyfe.
Reseñas

El amor es un numero imaginario
Luis Bolaños.

Babel 17
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Retorno a las estrellas
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Primera Antología de Ciencia Ficción Latinoamericana
Daniel Salvo.

Cine & Comic

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Infinite Ryvius
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Babel 17

Dune y su universo
Víctor Pretell

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
BitImagen: Gwen in Green

Jim Burns, Portadista e ilustrador de Clarke (en la serie Venus Prime), de Harry Harrison (en Planet Story) y de Silverberg (fundamentalmente en la serie sobre el colosal planeta Majipur) ha sabido, diversificándose sin tregua, cautivar con sus elaboradas obras a sucesivas generaciones de aficionados a la CF. Su profusa faena ha sido galardonada y comentada, alabada y copiada, coleccionada y difundida con autentico afán por diversos grupos de lectores y aficionados, ha alcanzado la categoría de maestro y a sus producciones os remitimos.

Lo conocí por las portadas de Martínez Roca, fue uno de mis amores tardíos, me llamaban poderosamente la atención la capacidad intuitiva que poseía para plasmar determinados procesos, para captar el aroma de las pistas tecnológicas, por ejemplo, la apariencia biológica y el diseño arquitectónico de sus edificios calzaría después como un guante en las descripciones de los enclaves nanoconstruidos por los Auxiliares en la Serie de los Mendigos de Nancy Krees. Con su composición creaba un efecto de extrañamiento, entregaba una cuota de misterio, rubricada en ese estremecimiento que me sacudía cuando sus personajes te observaban y parecían compartir contigo sus avatares. Especialmente recuerdo la mirada de la alienígena celeste en la cabina de una nave con toques barrocos en 
su ornamentación que fue carátula de “Alastor” de Jack Vance o la de la chica en peligro y el detective (no hay pruebas pero así los identifique a primera vista) de la carátula de “Cena en el Palacio de la Discordia” de Tim Powers.

De esa tendencia a los bioartefactos y a las mezclas armónicamente coordinadas, aunque de efectos detonantes por los elementos que las satisfacen, encontramos huellas en “Terran Derelict” donde un reptil humanoide genemodificado se haya tan a gusto en su monodesplazador -que reúne 
características de vegetal, órgano cultivado y mecanismo-, que uno podría creer, mientras se deslizan frente a las compuertas metálicas semicorroídas de una embarcación hundida, que conforman una unidad indiferenciada. O la mezcla explosiva de una beldad afro, un soldado felino, un ser semejante a un oscuro bebe barrigudo en antigrav y un par de bajeles probablemente automáticos en “Seasons of Plenty” que provoca una cascada 
de sugerentes guiones, sobre todo cuando incluimos la noción de que el acontecimiento acaece en una caverna. Igual ocurre en “Poles Apart” con la conjunción de un frágil ser con reminiscencias de murciélago que sobrevuela las olas donde navegan codo a codo una bella oficial y un semiquelonio de cuya lengua brotan ramificados apéndices táctiles que funcionen como dedos.

Las formas vivientes que acompañan a las humanas nunca son monstruos, a pesar de su fealdad manifiesta o su extrañeza, son aliados o compañeros de ruta, es evidente que Burns rinde aquí homenaje a las innumerables especies con que el homo sapiens se ha coligado a lo largo de la evolución (acaba de aparecer en Garrafex News de Axxon un informe señalando que utilizamos el fuego desde hace la friolera de 1.300.000 años) y provoca en nuestra mente un ayuntamiento basado en la manipulación genética, en la nanoformación a partir de células madres de distintas especies interconectadas y en los animales de diseño laborando de manera conjunta con los humanos. Un prototipo de dicha tendencia es “Hearts, Hands and Voices”, poderoso amasijo de helicópteros vivientes... y sonrientes, que se trasladan por los pasillos de una serie de cavidades recubiertas 
de tejido orgánico expandiéndose en filamentos, glomérulos y redes, entre tanto en un rincón un adolescente juega con un trío de voladores genemodificados otorgando esa sensación de extravío o sublime iniciación que brinca de sus dibujos para instalarse en el pensamiento. 

Luego estaba la musculosa interacción entre el fluido metal de sus artefactos voladores (bélicos o utilitarios) y la elegante belleza de las exóticas mujeres que los conducen o los custodian, no importa si es una guerrera que participaba en una incursión punitiva empuñando un blaster (“Hostile Takeover”) o una citadina que sobrevuela un lago plagado de enormes árboles teniendo como fondo una resplandeciente y titilante urbe. Estirando la observación podemos incluir también la cabalgata 
combinada de los storm troopers resguardados por saltadores aéreos a través de las estatuas felinas de caliza rojiza, el alambre de púas y el viento erizado de arena en “Red Dust”.

Sabe discernir adecuadamente el probable choque cultural entre especies inteligentes en diferentes estadios de desarrollo, encuentro magistralmente sugerido en “Ancient Lights”, por la dignidad patente de la alienígena que en un gesto compendia una historia rica en victorias y trágicos sucesos y el respeto ostensible que la antropóloga terrestre le manifiesta, dibujo que se puede comparar con “Sorceress of Majipur” y la actitud levemente desdeñosa de una guapa mujer (cuyo oficio suponemos es el de hechicera) que placidamente acaricia una flor verde arrancada del enorme jarrón en el que se apoya y del cual se derraman, en medio de la cotidiana mañana de una plaza de marfil con funcionarios calmados y aborígenes pálidos de alargadas cabezas de espátula.

Tampoco desdeña los temas vinculados al sword and sorcery: “Power of the Serpent” con bárbaros musculosos empuñando espadas sangrientas, y con racimos de cabezas recién cortadas en la guarda de su carro o al horror, recordar las vibrantes y retorcidas siluetas amarillas que ondean en el telón tras la actriz que lleva en el pecho un rugiente tigre al estilo de Groucho Marx (“Katy on Tour”), la imposible unión de un apetecible cuerpo femenino y la testa de un licántropo (“Image of the Beast”) o 
aquel de la serpiente con cabeza humana que envuelve los senos de un delicioso torso femenino o “Gwen in Green” que pasamos a comentar:

En una burbuja orgánica de inducción vital se ha llevado a cabo un experimento de creación, en el pantanoso légamo han germinado esporas de diverso tipo originando plantas y un batiburrillo de segmentos humanos inacabados pero con un impulso de trascendencia, las manos han triunfado en imponerse y ha llegado el momento de moldear a la depositaria del placer sin ambages, de la pasión sin cortapisas, pero también del pago en vitalidad, de la entrega del alma por la posesión, Gwen es consciente de su papel pero esta dispuesta a asumirlo y a destruir a quienes yacerán con ella, el motivo de Lilith ofrecido en clave de Ciencia Ficción y Horror. 

© Luis Bolaños26-04-04


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