Mayo 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
De la peste y otros demonios

¿Qué tienen en común dos escritores como Connie Willis y Daniel Defoe, autores separados por cuatro siglos?. Simple; en que ambos escriben sobre una pandemia, en este caso sobre la peste negra. Esta enfermedad que llegó a matar varios millones de personas en sucesivos brotes entre los siglos VI- XVIII d. C. en Europa. 

Daniel Defoe nació aproximadamente en el año 1660 en Inglaterra, y fue testigo en su niñez, del brote de peste de 1665 en Inglaterra, experiencia a partir de la cual, escribiría en 1724 su obra semiautobiográfica Diario del Año de la Peste. Fue uno de los escritores burgueses más respetados y populares de su tiempo. Connie Willis nació en 1945 en California y es una de las escritoras de ciencia ficción más reputadas hasta el momento. En 1992 escribió la novela ganadora de los distinguidos galardones Hugo, Nebula y Locus, El Libro del Día del Juicio Final, en la cual una historiadora del 2050 regresa -por accidente- en el tiempo al brote de peste de 1348, en Inglaterra, mientras buscaba registrar la vida de los pobladores de la Edad Media.

A primera vista se podría decir que Willis le ha robado la idea a Defoe de hacer un relato sobre la vida y muerte en esos tiempos, pero nada más lejos de la verdad. Al comparar la prosa de Defoe tiene el sabor de lo antiguo, de una literatura que todavía se estaba forjando. En cambio la prosa de Willis es radiante, vital llena de energía. El libro de Defoe no trata de ser más que un registro histórico, casi demográfico, de la situación de su tiempo; no se adentra en la psicología de sus personajes (prácticamente inexistentes en el curso de la obra). Willis por su parte le pone una tremenda fuerza a la situación en la que Kivrin Engle, la historiadora del futuro se encuentra, así como un buen trabajo de los personajes secundarios: el señor Dunworthy, Colin, la familia del s. XIV con la que se hospeda Kivrin, etc. Y es el enfoque único de la ciencia ficción el que permite crear en el libro de Willis una historia que corre paralela a lo largo de la novela: una misteriosa enfermedad que ha aparecido en el s. XXI y se sospecha ha sido traída por el viaje de Kivrin; y el drama de Kivrin, dejada a años de distancia de donde debería estar y enfrentando dificultades inesperadas en su viaje a la edad media. 

Pero hay otras interesantes subtramas como el cierre de la Red, el sistema de viaje en el tiempo que empeora la situación de Kivrin, al sospechar que la enfermedad vino de ahí; el calvario en que se volverá la vida de la familia de Lady Eliwys cuando Kivrin descubra que han sido contagiados con la peste, a medida que mueran todos uno por uno; los desesperados intentos del señor Dunworthy, uno de los responsables de la Red, por reabrirla; la epidemia que azota Londres en el futuro, etc.

El libro de Defoe en cambio no hace más que ofrecer cifras y situaciones dadas, pero no llega a conmover. Aún así cumple su propósito de informar seriamente y ser un relato creíble de los padecimientos de la epidemia de peste de 1665, llegando a ser una interesante crónica costumbrista. El problema es que no pasa de ser eso: una crónica costumbrista. En el libro de Willis en cambio, hay pasión, una construcción de personajes magnífica, tanto modernos como antiguos (sinó baste comparar a dos niños que aparecen en la obra: Colin del s. XXI, y Agnes del s. XIV; ambos provienen de contextos socioculturales muy distintos, pero al final se comportan como lo que son: niños). El libro de Willis es a lo largo de cada página una crónica de las alegrías y sufrimientos de los personajes, de sus sueños y sus derrotas, de sus obsesiones y sus anhelos. Es la quintaesencia de una novela.

Además el origen de la plaga del futuro es de lo más interesante (y me perdonarán que les quite la sorpresa de la novela a muchos), puesto que consiste en un virus proveniente de una excavación arqueológica de la edad media, que se había mantenido latente todo ese tiempo. Esto nos recuerda a la "maldición de los faraones" causada por hongos que vivían en las tumbas, o a las recientes pandemias de la fiebre aviar, el mal de la vaca loca, etc, que al igual que este virus, vienen de las fuentes más inesperadas.

Aún así el libro de Defoe no es malo; solo está escrito para su época, así como el de Willis para la nuestra. En el primero, hay una interesante crónica de la vida y costumbres de la Inglaterra de 1665, sacada de declaraciones de sobrevivientes de la peste, que fue el material en que Defoe se basó para escribir su libro. Nos habla de las creencias populares sobre la peste, el estado de la medicina en esa época, etc. Willis también hace un cuidadoso trabajo por su parte, pero no puede compararse a la crónica histórica que Defoe escribe. Este, como hombre de su tiempo, hace muchas referencias religiosas y de portentos y presagios que supuestamente precedieron a la peste (como la clase popular de su tiempo creería). En lo que ambos coinciden es en el retrato de la peste como una epidemia atroz sin parangón en la historia. Aún comparándola con enfermedades como el SIDA. De hecho, el futuro de Kivrin fue atacado en los tiempos anteriores a la novela por algo llamado la "Pandemia", lo que explica el miedo atroz que las autoridades le tienen a una posibilidad de contagio desde el pasado. 

Pero lo que importa en la comparación entre el libro de Willis y el libro de Defoe es que a pesar de que el segundo se basa en hechos reales, nunca podrá alcanzar la fuerza emocional del primero. El Libro del Día del Juicio Final es a mi opinión -aun siendo ficción- una obra más creíble para nuestros tiempos que el libro de Defoe. He ahí la paradoja. Espero que ustedes la disfruten como yo la disfruté. 

© Daniel Mejía; 13-04-04

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