Mayo 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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De los libros de Ciencia-Ficción, considerados como artículos de lujo

En las pocas oportunidades en las que nuestras librerías peruanas traen alguna novedad en el campo de la ciencia ficción, he podido constatar que los precios se van haciendo más y más elevados. Por ejemplo, los libros de la colección Nebulae de EDHASA cuestan de 75 soles para arriba ($21.74). Los de La Factoría de Ideas, de 85 ($24.64) en adelante. No me imagino cuanto costarán los libros que componen "Criptonomicón" de Neal Stephenson, editados en España por Ediciones B.

¿Por qué son más caros los libros de ciencia-ficción? ¿Por qué deberían ser más baratos?

Contestaré la primera pregunta. En primer lugar, la mayoría de libros que leemos es importada. No se editan en Perú. Vienen de Colombia, México, Argentina y principalmente de España. Así que con el transporte, seguro y flete ya tenemos un incremento en el precio.
En segundo lugar, el auge en la edición de libros de ciencia-ficción se está produciendo en España. No en el país del costado o el de la cuadra siguiente, sino en uno que queda allende los mares. Pero la lejanía no lo es todo. España, como miembro de la Unión Europea, hace tiempo que pone sus precios en Euros, si señor, esa moneda que es más cara que el dólar estadounidense. Un libro con precio en euros es más caro que uno con precio en dólares. 
En tercer lugar, el artefacto en sí, el libro. Pese al incremento de autores hispanoamericanos de ciencia-ficción, la mayor parte de la CF que leemos consiste en traducciones. TRADUCCIONES, lo que implica pagar un extra por la traducción y (espero) otro extra para el corrector. Ahora, si el editor ha invertido en traductor mas corrector mas publicista mas etcétera, pues es lógico que desee recuperar su inversión y además, como decimos en Perú, ganarse alguito. Tiene que analizar su mercado. Y éste, como en general lo es el mercado de los lectores, tiende a ser reducido. No importa, dice el editor, saco pocos ejemplares y subo el precio. Por eso, los libros de ciencia-ficción son caros incluso en su país de edición.
Ya en cuarto y último lugar, veamos la situación en Perú. Un país exótico, bananero, con políticos ignorantes y zafios, donde hay el doble de estudiantes universitarios que en Francia… ¿puede ser objeto de la atención de las grandes editoriales? Obviamente, no. Nadie inicia una empresa para perder. Entonces, dependemos del último héroe: el Librero.

Por Librero se entiende a ese extraño individuo que, contra las evidencias (El Virrey cerró su local de Larcomar, Crisol va a hacer lo mismo con el del Jockey Plaza) y contra toda razón, cree que vender libros (estoy hablando de formales, no de piratas) en el Perú puede ser un negocio. Es el Librero quien arriesgará capital, tiempo, local y horario familiar para intentar traer algo de cultura a nuestra republiqueta. Y entre las cosas que trae, algunas veces trae ciencia-ficción. Como el Librero no vive del aire, además de las circunstancias ya mencionadas, tiene que agregar la suya propia: debe lucrar con lo que vende, el muy maldito. Y si hay cuatro gatos que leen ciencia-ficción, frente a cincuenta gatos que leen a Vargas Llosa o a Pablo Coelho, es obvio que preferirá traer el producto más barato y de mayor venta, el último Premio Nóbel antes que el último Gene Wolfe. Así de sencillo.

Por consiguiente, los libros de ciencia-ficción son caros… y tienden a ser más caros. 

Ahora, la otra pregunta: ¿Por qué deberían ser baratos los libros de ciencia-ficción?
Es fácticamente imposible demostrar porqué un libro debe ser barato. Dependemos de muchas causas y consecuencias, y no seré yo quien tire la primera piedra contra editores o libreros que quieran ganarse alguito, y menos contra los autores, que por muy románticos que sean, es difícil que escriban solamente por amor al arte. No se hagan los desentendidos, si se esfuerzan es para ser recompensados, y los comentarios elogiosos en páginas web no cubren los gastos en comida, vivienda y demás.

Se me ocurren dos razones. Una, que a los peruanos nos han acostumbrado a esa idea de que el arte y la cultura son un adorno, algo interesante y bonito pero no imprescindible. No debe costar. Entonces, si todos tenemos derecho a la cultura, que nos regalen los libros. Se puede pagar por comida, por drogas, por sexo, pero la cultura que sea gratis por favor. 

Otra razón, es que, con toda la buena intención del mundo, se pretende hacer un bien al público con ediciones baratas de libros de todo tipo. Novela peruana, novela extranjera, biografías… a diez soles ($2.90) cada ejemplar. Por cierto, eso se hace con la intención de que la mayor parte del público pueda tener acceso a la lectura. Bien, pero también sucede que ese público desarrolla la idea de que los libros siempre deben ser así de baratos. Y extiende dicha idea a los libros de ciencia-ficción. Si a ello sumamos el que muchos libros de ciencia-ficción pueden conseguirse en el mercado de segunda mano a precios irrisorios, pues todo eso dio lugar a la mala costumbre de relacionar la ciencia-ficción con lo barato. Si es de ciencia-ficción, debe ser barato, razonamos. Total, no es la gran literatura. Podemos esperar que Vargas Llosa o el último premio Nóbel cueste más de cincuenta soles. ¿Pero un libro de ciencia ficción? Así sea el clásico de los clásicos, no debe costar más de 25 soles.

Estimados lectores, yo solía pensar así. Que la ciencia-ficción solo eran saldos y ediciones Orbis. Que la mejor oportunidad de adquirir ciencia-ficción era a la quiebra o remate de alguna librería. Pero ahora creo que seguir ese camino sólo lleva a un futuro desierto y sin vida, y sobre todo, sin libros de ciencia-ficción. Se que cuesta, pero debemos esforzarnos un poco, hacer de tripas corazón, y teniendo en cuenta de que quizá si estemos ante la última coca cola del desierto, comprar aquello que nos gusta al precio que sea, por que corremos el riesgo de que en el futuro simplemente ya no se pueda, al precio que sea.

Recuerden que nadie piratea ciencia-ficción.

© Daniel Salvo; mayo 2004

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