Marzo 2004

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Editorial

Madurez o inmadurez del genero: un falso dilema

Artículos

Robert A. Heinlein, el iconoclasta de la Ciencia Ficción
Víctor Pretell.

La maquina del tiempo
Paul Davies.

Ensayo:

Catapultas, sofistas y pederastia
Luis Bolaños.

Entrevista a:

Jack Williamson

Luís Royo

Relatos peruanos

Tú que entraste conmigo...
Enrique Prochazka.

El lenguaje divino
Manuel A. Cuba

Relatos extranjeros
El efecto bola de nieve
Katherine MacLean.
Reseñas

La rata de acero inoxidable para presidente
Isaac Robles.

Bilenio
Daniel Salvo.

Job, una comedia de justicia
Daniel Mejía.

Cine & Comic

Locomotion & Retro(motion)
Daniel Salvo.

Nuevos hombres X, la saga continua
Daniel Mejía.

Arte C-F

Boris Vallejo
Víctor Pretell.

BitImagen

Claudio Aboy
Luís Bolaños.

Babel 17

Extractos de los cuadernos de Lazarus Long

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2004
2003
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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
BitImagen: Claudio Aboy

Ya sea: reproduciendo animales o tiernas bestezuelas, desplegando las acciones de los superhéroes de Marvel o DC Comics (Superman, Flash, Capitan America, Spiderman) o creando fantásticos escenarios adornados por hermosas guerreras donde en el mismo lugar se mezclan astronaves, arquitecturas audaces y esféricos tafanarios, recurriendo a exóticas tecnologías de vuelo aplicadas a esplendorosas pin-ups, mostrando dinámicos combates en medio de un patio de maquinas y mientras el láser corta músculos y desangra a sus oponentes, la bella valquiria luce una malla en rojo que delata, remarca y ofrece redondeces que no pueden ser contenidas o escamoteadas por artificio alguno (justo en el bastidor de dibujo de la foto), o luciendo los escorzos casi lúbricos de una batidora de bestias quizás destinados a engañar en su kinésica al enésimo tiranosaurio (sin duda valiéndose de una vuelta de tuerca que enriquece al tema), ostentando en una mezcla de potencia, misticismo, luminosidad y curvas anonadantes una versión femenina de Excalibur, exhibiendo a una pilota futurista envuelta en un uniforme que cubre tanto como revela con cazas estelares sobrevolando al fondo del encuadre, presentando a una pareja de scouts, la del primer plano armada con ojo electrónico, blaster, espinilleras y bowie de degüello en somero camuflaje que permite simultáneamente comprobar los estragos de enfrentamientos anteriores en las cicatrices de sus muslos y la perfección de su figura y la acompañante vibrando en celeste, mostrando su espléndida silueta (semiborrosa por la calígine del desierto que exploran) encaramada en una bike antigrav, o exhibiendo la conjunción de un tigre-robot jineteado por una amazona de renegridos cabellos y opulenta guapeza, o también luciendo a una pelirroja cazadora de monstruosos crustáceos que vira arrojando una ojeada a sus espaldas precedida por su pistola de rayos al presentir la emboscada pero aprovechando el momento para realizar una majestuosa exposición de extremidades de ensueño y glúteos fantásticos que se presienten neumáticos y firmes, en cada uno de sus trabajos Claudio Aboy nos entrega con pasión los destilados de sus obsesiones, las concreciones oníricas de sus divagaciones y singladuras particulares. 

Finalmente gocemos de la beldad que protege a la quimera alienígena gracias a un pacto que podemos presentir pero no comprender y que vuelve a retorcer el sentido clásico de los BEMs lujuriosos dispuestos a violar cualquier terrícola que se les atraviese, exteriorizando una propuesta teñida de comprensión y solidaridad, que a su vez refleja el posible candor y la probable inocencia del BEM (obsérvense sus enormes y líquidos ojos amarillos y la suave presa despojada de todo contenido erótico que ejerce sobre el hombro y brazo de la heroína que se enfrenta a las lanzas de los soldados para salvaguardarlo). Los turgentes labios, el cabello castaño rojizo ondeante, la verde y decidida mirada, la blusa anudada, el bizarro diseño de las pezoneras, el abdomen atractivamente definido, las largas piernas de ensueño de la chica contribuyen a expandir los significados colaterales del dibujo y despliegan en dimensiones inéditas los mensajes iconoclastas del autor.

© Luis Bolaños29-02-04


Claudio Aboy
Dejemos que su pagina hable por el e insertemos su minibiografia oficial

Claudio Aboy nació en Avellaneda, Argentina el 24 de enero de 1959.
Durante su infancia, el dibujo fue su principal medio de expresión y entretenimiento. A medida que crecía, desarrolló, de manera autodidacta, una amplia variedad de técnicas de ilustración. Siendo un adolescente, estudió dibujo con el artista y maestro José Marchi en la Escuela de Arte de Garaycochea. 
Mientras tanto, estudió historieta en la misma escuela con Oswal, un historietista profesional y maestro, pero su tendencia a sobreilustrar cada cuadro era un indicador de cuál sería su futura carrera. Años después, enseñó ilustración en la Escuela de Arte de Garaycochea. 
Después de trabajar en un estudio gráfico por un corto período, se dedicó a la ilustración freelance, trabajando para las más importantes agencias de publicidad, editoriales y estudios de diseño de Argentina.
Al mismo tiempo, realizaba ilustración fantástica como hobby. Más tarde este hobby se convertiría en una de sus principales áreas de trabajo para editoriales de Europa y Estados Unidos
Claudio Aboy
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Claudio Aboy
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Boris Vallejo

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