Marzo 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Job, una comedia de justicia

Robert Anson Heinlein fue en su momento uno de los mejores escritores de ciencia ficción y fantasía de los EE. UU., haya por 1950-1970. Después se retiró para volver en los años '80 con una obra francamente desastrosa en su mayoría, empecinado en crear novelas de ciencia-ficción de carácter metalinguístico (la serie de Lazarus Long y Co.). La novela a la que me voy a referir ahora está dentro de ese rubro pero solo roza brevemente el metauniverso de Heinlein por la mención al Glaroon, un dios de un cuento de los tiempos de gloria del autor. En su esquema narrativo, se repiten muchos de los viejos trucos de Heinlein: la narración en primera persona , el elenco de personajes que por momentos son reducidos a simples clichés, "sexo fácil", la inferioridad de la mujer (eso si, no tan sutilmente enterrada como debería), el fascismo como gobierno, etc.

En este caso, el autor trata en vena supuestamente satírica la religión. Un tema del que trato en modo serio en su obra "Forastero en Tierra Extraña". Lo que esta muy bien, dados estos tiempos liberales y más ahora que el Vaticano bajo el mando del chocho Juan Pablo II se vuelve más y más estricto, y en el Islam surgen fanáticos peligrosos; pero habría que esperar que si va a hacer el trabajo, lo haga bien, como debería ser y no termine -como en esta ocasión- haciendo un trabajo que aburre y molesta al lector. Este comentarista lo puede testificar en carne propia, después de haber ¿sobrevivido?, ¿haberse degradado?, leyendo esta novela. Pero claro, querrán saber el argumento.

Alexander Hergensheimer, un clérigo de un mundo paralelo que según el autor es idílico y pacífico, pero que estudiándolo a fondo se descubre que es un fascismo descarado (los negros son deportados a Alaska; la teoría de la evolución y la ciencia-ficción están prohibidas; es un crimen usar anticonceptivos, etc) y el protagonista se siente "bien" en su mundo, piensa que es "normal". Pero todo le va a ir patas arriba cuando tras realizar un ritual durante unas vacaciones en el Océano Pacífico, cambia a un mundo paralelo donde conocerá a la mujer de su vida (a pesar de estar casado y no va a ser la última vez que se tire a una mujer a la cama como lo comprobaremos más adelante), Margrethe S. Gunderson. De ahí va a pasarles una serie de viajes paralelos entre mundos sin el mayor sentido, unas críticas flojas y ocasionales a la religión, un Apocalipsis y una Segunda Venida poco convincentes, un cielo muy aburrido y un infierno entretenido y al final los dos amantes juntos de una buena vez por todos por toda la eternidad. Sólo diré en su defensa que no es tan insoportable como "La Saga del Regreso a la Tierra" de Orson Scott Card, pero hace ver a la "Saga de Worthing" entretenida. ¡En serio!.

Como iba diciendo el autor repite muchos de sus clichés de sus mejores tiempos, y los mete sin ton ni son dentro de la novela, alargándola innecesariamente hasta el aburrimiento. Ahora les explico los defectos de esta obra:

-La novela como muchas obras de Heinlein se cuenta en primera persona, en vez de apoyarse en varios puntos de vista, que es una de las cosas que hacen ver divertida "La Segunda Trilogía de los Discípulos" de David Brin, que por lo demás es casi tan soporífera como esta obra.
-Hay un deus ex machina (Koshchei) que lo soluciona todo al ser una figura paternal cósmica que es el supuesto poder máximo en el Multiverso, al haber varias Tierras y varios Dioses, pero su representación como el "veterinario del pueblo" donde vivía Alexander es ridícula.
-No hay una especulación a fondo en lo que significa la experiencia religiosa o el concepto de Dios, al contrario de las excelentes novelas tardías de Phillip K. Dick "Sivanivi" y "La Invasión Divina", donde se trata a fondo (y se resuelven de un modo que sorprendería a un teólogo) algunas de las contradicciones de la doctrina católica. Hasta el comic "Universo Marvel: El Fin" trata de modo más serio la idea de un Dios que esta obra. ¿Y por qué?. Simple, se nos dice de modo muy simplista y convenientemente para el estilo de vida ideal del autor, que Dios es malo y aburrido. Es más como un niño pequeño, mientras que Lucifer es el defensor de la libertad sexual, intelectual, y demás. Aunque como uno puede ver comparando como otras obras tardías de Heinlein ("Tiempo  para Amar", "El Número de la Bestia"), no son sino justificaciones baratas para defender (como lo dijimos antes) el estilo de vida paradisíaco que el autor cree mejor, sin base moral alguna en ningún momento.
-El esquema de personajes es el de todas las novelas del autor: un hombre joven que se acuesta con varias mujeres, apoyado por un hombre viejo, y una mujer como compañera, independientemente del tipo de tratos que tenga con otras féminas.
-El hecho que se defienda formas fascistas de gobierno, como lo muestra el mundo de donde proviene Alexander (les recomiendo un artículo simpático sobre Heinlein en el número 20 de la revista española Gigamesh).
-El uso de la mujer como objeto: Desde un principio los personajes femeninos de Heinlein parecen estar predestinados a estar al lado de un hombre lo quieran o no (de hecho parece que el concepto de mujer emancipada no les entra en la cabeza), y los protagonistas varones pueden usar y abusar de ellas a gusto (Alexander se llega a acostar con la esposa de su amigo Jerry y con su hija varias veces aun estando cerca de Margrethe).

Por esto y otras razones se puede considerar a esta novela como una más del montón, que ni añade nada nuevo ni entretiene al lector.

© Daniel Mejía; 20-02-04

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