Marzo 2004

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Madurez o inmadurez del genero: un falso dilema

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
El lenguaje divino

The only way to discover the limits of the possible
 is to go beyond them into the impossible.

Arthur C. Clarke
 Technology and the Future

-¿Qué te parece aquí?
-Me parece bien
Sin más, ambos se sentaron.
Un mozo se acercó.
-Buenos días, ¿desean los señores la carta o quieren ya ordenar?
-Buenos días, no, nos trae un capuccino y un expreso por favor -contestó el hombre.
-A la orden -respondió el mozo y se fue.
-Bueno -le preguntó ella- ¿Algún avance?

Él la miró un rato. El pelo le caía alrededor de la cabeza que apoyaba sobre su mano. Estaba cansada, quizá no había dormido bien.
-Sí. -le contestó él- Y por lo visto el café te va a caer muy bien.
-No -ella bostezó tapándose la boca con la otra mano- dormí muy bien.
Él movió la cabeza, contrariado.
-Me hubieses avisado.
Ella sonrió.
-No, quería que estuvieses lúcido para hoy. Verás, siempre sé cuando has avanzado en algo.
Él le tomó la mano libre y se la besó. Estuvieron un rato mirándose cuando llegó el mozo con los cafés.
Una vez servidos agitaron sus bebidas para disipar el calor. Ella dejó el suyo pero él seguía agitando su expreso.

-¿Recuerdas en qué me había quedado el mes pasado?
-Si mal no me acuerdo, ya habías desarrollado todo un principio matemático para el cálculo social.
-Así es. Y tú me dijiste que era demasiado complejo como para enfocarlo desde un punto matemático-estadístico.
-¿Y? -preguntó ella.
-Era demasiado complejo -le respondió él mientras acercaba la taza a su boca. Iba a beber pero se dio cuenta que aun estaba muy caliente.

Colocó de nuevo la tasa en su plato y agitó el café un poco más.
-Pero la idea tenía algo de buena -dijo él.
-¿En qué sentido?
-Era un comienzo. Me di cuenta que había que comenzar por algún lado, y no había mejor forma de hacerlo que por fórmulas simples que predijeran comportamientos simples.
-Bueno, ¿y cuáles son esas fórmulas?
Él le sonrió.
-No hay.
-¿Cómo? No entiendo. Dijiste que ya tenías un planteamiento.
-Sí, pero no servía.
-Sigo sin entender -le contestó ella.

Él tomó un sorbo de su expreso.
-Verás, hace como tres semanas me di cuenta que las fórmulas no funcionaban. El ser humano es muy complejo. Pero para llegar a niveles de complejidad tienes que partir de estructuras básicas. Me di cuenta que tenía que buscar los componentes elementales del comportamiento humano.
-Por favor, sigue.
-Y quien mejor que Freud. Su teoría del subconsciente explica mucho del comportamiento humano, pero de algún lado tiene que partir este subconsciente.
-Creo que estás dejando mucho el macro y dándole demasiada importancia al micro, -le interrumpió ella.- ¿Acaso no me explicaste eso del comportamiento individual de las moléculas en un gas?
-Sí, pero nosotros no somos moléculas. Además, el tema era muy interesante, quizá me podía ayudar en algo.
-Bueno, continúa.
-El caso es que buscando llegué a una idea muy interesante que ha planteado un neurofisiólogo estadounidense, un tal William Calvin. Basándose en Freud, James, Darwin y otros, plantea la existencia de un código cerebral, que es sobre el cual el ser humano se desenvuelve en su entorno y una serie mas de conceptos.
-¿Entonces?
Él suspiró.
-Chomsky, en su teoría clásica sobre el lenguaje dice en palabras muy simples, que el lenguaje es una cuestión biológica y no cultural. Entonces me di cuenta que con más razón la teoría de Calvin podía ser cierta.
-No sé aun, adonde quieres llegar.
-Es muy simple, verás, según las ideas de estos tipos debe existir un lenguaje de programación básica para el ser humano. Si nos basamos en la inteligencia artificial, nosotros no somos más que máquinas muy complejas...
-Eso explica el libro de robots de Moravec. -le interrumpió ella
El sonrió.
-El caso es que debe existir un lenguaje primario para que el ser humano «arranque». La cultura y la vida en sociedad lo hacen más complejo, pero no lo crean. Es más, hasta cierto punto Asimov lo planteó en una de sus novelas de robots.
Repentinamente, ella lo tomó de la mano.
-El lenguaje de Dios- dijo en voz baja.
-Eee... sí, digamos que sí. Esa idea también se me pasó por la cabeza.
-¿En qué crees que podrá programar Dios?
El le sonrió.
-Eso implica decir que Dios existe, -dijo él.
-Bueno, bueno, llámalo Dios, Naturaleza o Evolución, esas leyes básicas tienen que operar sobre patrones básicos, primordiales. Como tú dijiste, la única forma de construir algo complejo es sobre la base de cosas simples...
Ella se quedó callada. El la dejó que pensara.
-Fractales -dijo ella, asintiendo.
-Exacto. Ecuaciones matemáticas básicas que parten de una premisa simple y conforme se van mezclando crean sistemas más complejos. -se quedó callado como preguntando si ella seguía interesada en el tema.
-Sigue.
-El caso es que las matemáticas son leyes básicas de funcionamiento del Universo que no están atadas a ninguna simbología en especial. Sin embargo, una vez que le asignas símbolos a este lenguaje cósmico, si queremos llamarlo así, los demás símbolos se hacen evidentes de acuerdo con su necesidad, -otra vez se quedó callado.
-¿Entonces?
-Bueno, en definitiva, he encontrado la suma, la resta, la multiplicación y la división de la programación humana. -terminó él, como si dijera lo más natural del mundo.

Su esposa se quedó con la boca abierta. Tras tantos años ya había comenzado a sentir la razón basándose en la experiencia y dándose cuenta que todo el plan era una locura, una idea sin sentido propia de jóvenes que quieren cambiar el mundo.
Pero él no, él siempre había seguido adelante.
-¿Me quieres decir que eres capaz de programar a un ser humano?
El hombre tomó de su taza mientras sonreía. La dejó en su plato y miró hacia un lado.
-Es cuestión de perspectiva. Me he pasado todos estos años leyendo sobre sicología, sociología, antropología, inteligencia, complejas rutinas de programación, modelos matemáticos y de simulación demo-socio-politi-y-todo-el-resto-de-gráficas que aún no entiendo, y fue recién hace unos 20 días que me di cuenta del error en el que estaba.
-¿Por qué?
-Simple, Newton no elaboró el cálculo así por así, tuvieron que pasar miles de años de desarrollo matemático y con aportes de grandes mentes, dicho sea de paso. Ellos empezaron por lo simple, lo básico, las leyes primarias de la composición de esto que llamamos realidad.

Tomo un poco más de su café.
-El caso es que me di cuenta que para desarrollar un concepto tan complejo y que abarque tanto, como es el cálculo social, tenía que buscar concepciones más simples, más vagas, más imaginación que conocimiento.
-Esa es una frase de Einstein.
-Y qué razón que tenía.
-Lingua ex machina -murmuró ella, aún impresionada.
Su esposo asintió, orgulloso de que ella entendiera.
Ella se inclinó sobre la mesa.
-¿Lo has probado con alguien?
El asintió.
-Varias veces. Es más, ya no tenemos que preocuparnos por el futuro, ni siquiera tenemos que trabajar.
-¿Es una broma?
-No, ¿Cuándo te he bromeado con ese tipo de cosas? Mira.
Él sacó unos papeles de su bolsillo y se los enseño. Eran estados de cuenta.
-Pero, ¿Cómo?, ¿Es esto legal?
-Bueeeeno, todo es legal, de eso me aseguré, pero no es ético. Para nada.
-Con estas cantidades la ética se puede ir ya sabes dónde.
-Quién diría que fueras tan cara.
-Jo jo, que gracioso, -le contestó ella mientras pasaba de papel en papel, observando.
-Pero lo he compensado, hice varias acciones buenas. Digamos que quise reindivicarme con mi conciencia. Así que programé a mi jefe para que me dé dos semanas libres, y me la pasé por Lima haciéndola de bienhechor.
-Todo un superhéroe.
-Aja.
-¿Y?
-Bueno, he ayudado a tanta gente que ya ni los recuerdo.
-¿En serio? No te creo.
-Mujer de poca fe, es en serio. Es increíble lo que unas pocas palabras pueden hacer.
-A ver, hazlo con alguien.
-Mujer incrédula.
-No es eso, solo quiero ver.

El miró su café, como queriendo ignorar el pedido que ella le hacía.
-Todo- él extendió el brazo- Absolutamente todo esto tiene arreglo.
Ella lo miró, desconcertada por el cambio en el tono de su voz.
-Ese niño pobre que limpia zapatos -apunto con su dedo.- O ese tipo que limpia lunas en el semáforo. También el ambulante, ese señor que en su temo elegante pasea, el guachimán, el policía, ese vendedor, el mozo que nos atiende, todos los mozos de la cuadra, pero qué digo, del mundo - alzó sus manos y brazos hacia arriba, como quien quiere abarcar el planeta entero.
Su esposa no sabía qué decir, lo miraba como alguien que ve a un posible desquiciado.
El entendió su mirada, la había visto antes, años atrás cuando le explicó lo que hacía. Como aquella vez, debía convencerla. Tomó de su taza, sonrió y se la quedó mirando con su mentón apoyado en sus manos cruzadas.
-Incluso esa esquina sucia, -dijo señalando con el índice izquierdo- El eterno cielo gris de Lima y la cochinada del Río Rímac. Todos ellos problemas involucrados a nosotros, seres humanos de carne y hueso -terminó diciendo, pellizcándose el brazo.

Ella aún lo miraba, confundida.
-¿Quieres saber como es?
Ella asintió.
-Ok, pero no te lo puedo decir frente a todo el mundo, alguien puede escuchar, déjame decírtelo al oído.
Movió su silla hasta donde estaba ella y le dijo unas palabras al oído.
Cualesquiera que fuesen estas, el efecto, de haberlo observado alguien, era el de un escalofrió por la espalda.
El rostro desencajado y la mirada inerte y sin vida de lo que hasta hacía unos segundos era una mujer viva y alegre, hubiesen asustado hasta al creador mismo.
Tras hablarle al oído él se quedó viéndola, asustado de lo que había hecho. No era la primera vez que lo hacía, pero a alguien que lo era todo para él, lo llenaba de miedo y angustia.
La tomó de su mano como queriendo asegurarse de que seguía viva.
-Verás, no debo, no puedo, hacer uso de esto porque ahora que tengo el conocimiento sé que no soy el primero ni seré el último.
Él suspiró mientras los ojos de ella aún apuntaban a la nada.
-Si alguien hubiese hecho uso de él, el mundo no sería lo que es hoy, y yo no puedo cargar con la responsabilidad, durante el resto de mi vida, de que fui yo el que lo cambio, el hombre que lo transformó a su imagen. Yo solo quiero vivir mi vida feliz y tranquilo, a tu lado.
Calló unos minutos y la tomó de la otra mano.
-Verás mi amor, yo no soy Dios.
Y tras decir esas palabras, el hombre poseedor del lenguaje divino tomó un pequeño papel de su billetera y con mano temblorosa lo puso en la mano de su esposa.
Luego de hacerlo sacó un encendedor, lo encendió y se quedó viendo la llama un rato.
Al comprobar un par de veces más que funcionaba, lo dejó sobre la mesa.

Le susurró unas palabras al oído, se apartó y bajó la mirada esperando.
Ella, con su mirada de muerta en vida, leyó el papel, se acercó a su oreja y le susurró con una voz fría y cadavérica.
El se asustó, pero la emoción desapareció y nunca más se acordó de lo que sintió.
Ella se apartó, tomo el encendedor y quemó el papel sobre el cenicero.
Bajó la cabeza y se quedó mirando al suelo.
No habrían pasado ni dos minutos cuando él levantó el rostro y sus ojos vidriosos destellaban al viento.
Tras hacerlo se acercó a su esposa, diciéndole unas palabras al oído.
Ella volteó el rostro y se lo quedó mirando con ternura.
-¿Es en serio?
-¿Cuándo te he hecho una broma de ese tipo?- le contestó él.
Ella rió y lo abrazó.
-Vamos -le dijo ella, con las manos en el rostro de él- vamos de una vez.

© Manuel A. Cuba; 2004.
Tomado de: 8+1; Manuel A. Cuba 

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Manuel Antonio Cuba
Nació el 28 de junio de 1976 en la ciudad de Lima, Perú. Estudió primaria y secundaria en el Colegio Markham graduándose con honores a finales de 1993. A principios de 1994 ingresó a la Universidad de Lima donde se graduó a finales del año 2000 como bachiller en Ingeniería Industrial. Sus practicas preprofesionales las realizo en la Comisión Nacional De Investigación Y Desarrollo Espacial (CONIDA). 
En agosto de 2001 se une a 1000 Planets, una organización norteamericana con base en Bremerton, Washington que busca canalizar fondos privados para la inversión en la industria aeroespacial. En marzo de 2002 inicia sus labores como colaborador de la segunda edición del libro “En Camino a Marte”, de John Wayne Smith. Al siguiente mes es admitido en la Maestría en Ingeniería Industrial de la Universidad de Lima. Asimismo, en mayo es admitido en la Facultad de Sociologia de la Universidad de Texas, Austin pero pospone su ingreso para seguir su Maestria.
En julio del mismo año viaja a Seattle, Washington para participar en la Primera Conferencia Anual del Ascensor Espacial como miembro del equipo de HighLift Systems, una empresa norteamericana subcontratada por la NASA para el estudio de este proyecto. Desafortunadamente la empresa se queda sin fondos por los problemas que vienen afectando a la agencia espacial norteamericana. 
Actualmente, y desde diciembre de 2002, Manuel Antonio trabaja en Hewlett-Packard Perú como Especialista Técnico para el Área de Imagen e Impresión.
8+1
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Índice
.- Introducción
.- Inevitable
.- Aila
.- El pilar del templo
.- La muerte espera
.- Acecho
.- El fin de los tiempos
.- El lenguaje divino
.- Dolor
.- Tributo a los hombres
   de la luz
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