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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
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Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Entrevista a Luis Royo

El 27 de septiembre de 1998 el diario El Periódico de Aragón publicó a doble página esta entrevista, una de las más interesantes que se le han realizado al autor.

Periodista: Cuénteme sus inicios 
Royo: Nací en Cutanda y mis padres fueron emigrantes. Vine aquí a los seis meses, o sea que apenas he vivido en el ambiente del pueblo, salvo los veranos que pasaba con los abuelos. La mía es la historia típica. Me gustaba la pintura de crío, mi madre me decía: "Hijo mío, haz algo útil, los pintores se mueren de hambre." Me hice delineante de construcción; luego me pasé a decoración porque parecía que era algo más artístico. Realicé algunos cursos de pintura en la Escuela de Artes y trabajé en estudios de decoración durante ocho años. Pero ya hacía cómics a la vez, exposiciones, pintaba en casa... 
Periodista: ¿Qué tipo de pintura hacía? 
Royo: Pintura muy de la época, en formatos grandes: pintura social, de crítica a Franco, a la policía, todo muy gris, a lo mejor una cabeza de policía con una lata de Popeye, esa pintura social del momento, siguiendo al Equipo Crónica o a Rafael Canogar. 
Periodista: Y a partir de 1978 se decantó por el cómic. ¿Quién y qué le indujo a ese cambio tan radical?
Royo: La revista Totem quizá, y el cómic que vino tras el mayo del 68. Fue como una revelación, hasta entonces sólo había visto cosas como Roberto Alcázar y Pedrín. Y me puse a hacer tebeos, dejé la decoración de golpe, fue una especie de suicidio y me encerré en casa dos o tres años. Me dediqué a hacer páginas y páginas de cómics, una cosa que ahora, viéndola en frío, me parece una auténtica barbaridad. No tenía ni idea de cómo funcionaba aquel mundo, pero acumulé trabajo, cogí una carpeta y me fui a Francia porque teóricamente era la cuna del cómic. No me corté un duro. Las editoriales de París me cogieron algo, muy poca cosa para tanto como yo había trabajado. Presentaba cómics muy surrealistas, los hacía con guiones de Antonio Altarriba, bastante extraños y nada comerciales. 
Periodista: ¿Cómo dio el salto? Leí en sus biografías que a partir de 1981 inició sus colaboraciones en casi todas las publicaciones: El Víbora, Rambla... 
Royo: Sí, fue un cambio importante porque publicaba con frecuencia. De pronto, me di cuenta de que repetir un personaje viñeta a viñeta se me hacía pesado, insufrible, me angustiaba mucho. Y pegué de nuevo un giro radical y me puse a hacer ilustraciones. Ahí me he encontrado más cómodo y ahí estoy. Soy un creador de mundos imaginarios que trabaja en dos direcciones: una cosa es el terreno de encargo, y otra mi propia libertad de creador, los cuatro álbumes u otras cosas que hago para mí. Y eso lo sigo manteniendo. Al final, cuando estoy acabando un libro como III Millennium, le digo a mi agente que no me atosigue en dos meses. Es demasiado peligroso cerrar todo de golpe, porque ese goteo de encargos también es un modo de despertar, una llamada al riesgo y al reto, y de desintoxicación. La documentación para mí es fundamental: pillo cosas de una revista de modas, del cine, del arte clásico. El artista es como una esponja. En ocasiones, me siento, me cojo los cascos y me pongo los vídeos musicales, de Prince o de otros. Y de ahí me llegan cantidad de ideas. 
Me llama la atención su técnica, tan elaborada y perfecta, deslumbrante sin duda, fotográfica, el hiperrealismo del sueño. Periodista: ¿Puede explicarnos cómo lo hace? 
Royo: Empleo muchos materiales. Muchas veces empiezo con acuarelas, a veces con acrílicos, a veces con lapiceros, y voy metiendo el aerógrafo, es decir, que vas descubriendo la ilustración tú mismo, y al final, eso sí, cuando tienes toda la ambientación, la figura más o menos perfecta, entro al óleo para dar esa terminación. La riqueza de colorido que tiene el óleo ni la tienen los acrílicos ni las acuarelas ni nada. 
Periodista: Y esa fascinación por las mujeres y su desinhibida anatomía: preciosos ojos, caras, pechos, pubis, nalgas. ¿No es enfermiza? 
Royo: Seré sincero: si te toca el papel de hombre al que le gustan las mujeres, idealizas un personaje y te sale una mujer. También hago hombres. La mujer es el ser que me gusta. Incluso si pienso en el ángel caído o en la iconografía de Lucifer, por abajo me salen ángeles femeninos. El desnudo es uno de los cánones de la belleza, pero no siempre pinto mujeres desnudas. Nuestra civilización cambia a pasos agigantados. Y nuestro gusto de mujer también. No es lo mismo una mujer andrógina de finales de los 80, que hacía culturismo, era potente en la mirada y en cambio era más inocente, que la de ahora, más enfermiza y a la vez más perversa. Las mujeres de hoy que están de moda tienen ese aire como de drogadictas, de tía marginada, de físico esquelético y huesudo, como podría ser Kate Moss. Dicen que nos vamos a pasar a la chica más normal, tipo Nieves Álvarez. No lo creo, porque no hay mucha perversión en lo normal, y todo tiene un punto perverso, extraño, inquietante. Por eso insisto mucho en eso de la bella y la bestia: estoy convencido de que el ser humano está lleno de rincones oscuros, que todos en el fondo somos enfermos mentales. Ni a nosotros mismos nos apetece mucho mirarnos por dentro. 
Periodista: ¿Será esa percepción de lo oculto y de lo escabroso lo que tanto fascina a los americanos? 
Royo: La americana es una sociedad totalmente enferma y puritana, el caso Clinton-Lewinsky lo ha vuelto a demostrar, lo que ocurre es que nosotros llevamos el mismo camino... Todos los países tienen sus peculiaridades: a los americanos les molesta el sexo, pero los alemanes no pueden ver la sangre. A mí me han censurado algún dibujo. 
Periodista: Usted parece combatir el puritanismo con glamour, belleza e incitación, bestialismo y zoofilia. 
Royo: Les voy metiendo toda la caña que puedo. En III Millennium aparece el Cristo negro. Y mi próximo trabajo, Prohibited Book, va a ser un libro de carácter sexual con escenas de homosexualidad, zoofilia, fotografías antiguas… 
Periodista: Suele decirse que el aragonés carece de imaginación... Usted rompe el molde. 
Royo: ¿Qué diría Luis Buñuel? Seamos serios. Todo mi mundo de sueños es muy importante, me he encerrado, el problema que tengo es que esto puede ser obsesivo. De repente me doy cuenta de que tengo que bajarme al Corte Inglés, sólo a que me empujen, subir y bajar las escaleras y sentir que estás en una ciudad, con gente alrededor, para saber que eres de este mundo, porque al final se te convierte en mundo real el del tablero. Y no es tontería... De vez en cuando tengo un auténtico problema de identidad: yo soy yo o lo que estoy viviendo en el tablero. 
Periodista: Me decían en la librería Taj Mahal que cuando se siente inspirado ni se ducha ni se cambia siquiera. 
Royo: Eso lo dije en una presentación de un libro. Ahora ya me ha educado un poco más mi mujer. Hoy sí me he duchado pero a lo mejor llevaba una semana sin hacerlo porque estaba metido en un proyecto. Cuando me sumerjo en una historia, es como cuando estás cazando, incluso procuro no leer ninguna novela ni nada. 
Periodista: ¿Dormirá, no? 
Royo: Sí, hubo un tiempo en que dormía vestido y todo, para no cambiarme de ropa. Eso son enfermedades que tiene uno, soy pesimista, tiendo a la depresión y necesito la máxima concentración. La historia consistía en que nada te apartase de la idea: no abría las ventanas, no salía a la calle, no me cambiaba de ropa hasta que acabase un trabajo, es que estás en comunión, estás en ello no con los cinco sentidos, sino con veinticinco. Yo sentía que debía hacerlo así, y así lo hacía. Aguantaba por las noches, a lo mejor me echaba a las cuatro de la madrugada encima de la cama, sin desnudarme, sin quitarme los zapatos, luego me levantaba y me ponía a trabajar. Igual era falta de oficio, sufría mucho más que ahora, estaba en un puro sufrimiento. Ahora también me pasa, hago mis obras con esfuerzo y dolor, con obsesión y placer, pero ya no es tan exagerado. Cuando estoy acabando un libro de ilustraciones, en los dos últimos meses igual no salgo a la calle. Me baño alguna vez. 
Periodista: No sé si hacerle una pregunta... 
Royo: ¿Si hago el amor esos días? Por supuesto que no. De verdad. 
Periodista: Y ese trasfondo violento de su obra, qué es, una crítica, apología o una especie de preocupación. 
Royo: Lo que me jode es que esta sociedad sea tan pura, tan remilgada, que le moleste la violencia y el sexo, me resulta tan antipática y tan falsa que por ello precisamente van hacia ello mis dibujos, y son naturales. Creo que sería incapaz de matar a una mosca. Pero me gusta provocar, incordiar. 
Periodista: Pero, ¿quiere decir que hace apología de la violencia en su obra? 
Royo: Sí, y no me importa. Tenemos una violencia interior que es una estupidez negarla, ¿no? Condúcela, contrólate. Negarla es como ir al Museo del Prado y quitar todos los cuadros de escenas violentas, nos quedaríamos con cuatro paisajes holandeses de mierda. Puedes ir a la Capilla Sixtina y ver allí unos demonios y unos cuerpos y una sexualidad explosiva, y de pronto, que estemos en el siglo XX y que estemos diciendo que la violencia, la tele, todo perjudica a los niños... Lo que es pernicioso en la tele son esas muestras de impudor, la gente contando sus penurias, que vemos ahora en cualquier pantalla. Déjales que sueñen. A los niños les gusta la violencia, les mantiene vivos. Yo recuerdo que cuando mi hijo era pequeño lo llevaba a ver todo tipo de películas o le hacía miedo con los fantasmas, y me parecía interesantísimo... Esa actitud me produce mucha antipatía. Ahora les quieren poner música clásica. ¡Por favor! Hay que darles caña para que sus cabezas se llenen de imágenes. Todo eso configura un mundo interior que es precioso. Ojo: otra cosa es coger una pistola. Desde un punto de vista creativo, la violencia, como el mal, da mucho de sí, el creador la necesita. Sin ella no se entendería la historia ni la civilización ni el hombre. 
Periodista: Detrás de un triunfador hay un resentido. ¿Se siente maltratado aquí? 
Royo: Algo, aunque no crea que me duele. Hubo un tiempo en que me dolía más y soltaba la lágrima. Que fuera te reconozcan, que te publiquen, que te pidan exposiciones, vuelves de Estados Unidos lleno de moral e ilusiones, y que aquí ni Dios te diga nada... A menudo pienso que la gente que lleva la cultura en esta tierra está colgada de la época de la Transición, detenida, parece que se ha quedado estancada. Falta agilidad. Vas por ahí fuera y ves que la industria está más cerca de la cultura. Aquí parece que todo esté enfocado para jubilados, dicho con todos los respetos. 
Periodista: Hombre, están recuperando un patrimonio de gran interés. 
Royo: No exagere. En Massachusetts, hay un museo de lo que es la ilustración, tengo allí obra, y en Alemania, no sé, son cosas ágiles, modernas, que les interesan a los jóvenes. Lo que aquí está desfasado es el engranaje de las instituciones y de los bancos, y sus técnicos que tienen ideas muy anticuadas y sin ambición. La cultura en Aragón huele a polilla. Siempre me ha encantado Barcelona, necesitaría tres vidas para residir allí. Hubo un momento en que parecía que nos igualábamos un poco, pero ahora de nuevo la distancia vuelve a ser abismal. 
Periodista: No se queje. Usted es una de las pruebas de que desde Zaragoza se puede triunfar fuera. 
Royo: No me quejo. Las cosas me van muy bien. Ahora lo único que necesitas es un fax, un agente y tu trabajo. Dos días después mi obra está en Nueva York. ¿Qué más puedo pedir? 
Periodista: Hablemos de gustos. 
Royo: Leo poca novela, sólo por motivos profesionales. Hay obras que te cuestan dos semanas. ¡Tengo que leer tantas cosas de documentación! El tiempo es el mayor tirano del fin de siglo. Me encanta el boxeo, es el deporte más plástico que existe. 
Periodista: He visto que en sus libros cita a Dante, John Milton, Tolkien... 
Royo: Leo desde los clásicos hasta los latinoamericanos, todo lo que pillo y lo que me exige mi profesión. Apenas leo periódicos, ni siquiera soy un atento seguidor de las noticias. Soy más un consumidor de imágenes. No he visto nunca una serie de televisión. 
Periodista: ¿Se siente aragonés o no? 
Royo: Sí, sí, pero tampoco soy muy amigo de los regionalismos. Soy ciudadano del mundo. Creo que ser aragonés no significa más que ser de otro lugar, soy de aquí y me encuentro a gusto.
Periodista: Es casi obligado empezar una entrevista preguntando por qué o cómo te decidiste a coger el camino de los pinceles. 
Royo: Siempre he contestado a esto diciendo que se trata de la típica historia del niño que se pasa el tiempo dibujando y ensuciando papeles. Quizás debería agregar que era muy tímido y no muy dado a tener relaciones con otros niños; vamos, que siempre he vivido bastante aislado. Dibujar era una manera de vivir mis fantasías. Llega un momento que es toda una obsesión, y conforme vas creciendo te relacionas con gente a la que le interesa el mismo tema. Más tarde se convierte en tu profesión y más que eso, es prácticamente tu vida. 
Periodista: ¿Dónde te sitúas dentro del gran abanico de la plástica? ¿Cómo definirías lo que se suele llamar ilustración de fantasía? 
Royo: La plástica está y siempre ha estado en continuo movimiento. Llevamos prácticamente ya cien años donde la búsqueda ha estado muy ligada a la parte racional del hombre, con excepciones muy brillantes, como podría ser el surrealismo. Pero en su gran mayoría han sido ideas conceptuales las que han dominado. 
Como siempre pasa, una rama se desvía prácticamente ciento ochenta grados y se escapa por la puerta falsa. A eso lo han llamado "Fantasy", y se ha agarrado para sobrevivir a la ilustración, o mejor diría yo a la industria. Necesitaba un soporte económico (como lo han necesitado siempre todas las artes) y la cultura oficial está últimamente pendiente de esa pintura racional con ese término muy entrecomillado de "abstracto". 
Periodista: Entonces, ¿estamos en un momento de cambio? 
Royo: Si, pero no hay que olvidar que el entrecomillado "abstracto", ese gran cajón donde meteríamos a minimalistas, conceptuales, nuevo expresionismo etc., ha enriquecido la plástica y al hombre enormemente, quiero decir que yo admiro, cómo no, a Mondrian y a Tápies y a cientos más, pero ha llegado el momento, como también ha pasado siempre que los nuevos valores dejan de sorprendernos y hoy se vuelve la mirada a la figuración, sólo hay que ver cómo se acepta hoy la pintura de Antonio López. 
Periodista: ¿Asistimos pues a una vuelta a la figuración, donde también entraría el llamado FANTASTIC ART? 
Royo: Dentro de toda esta corriente de vuelta a la "figuración", también muy entrecomillada, hay muchos caminos, algunos de ellos equivocados. Últimamente se vuelven a ver bodegones, hiperrealismo de los años sesenta, un realismo poco comprometido y otras cosas que tampoco te ofrecen nada nuevo. Sin embargo, en lo que han dado en llamar Fantasy volvemos a encontrarnos con esa creatividad típica del hombre (citaría muchos autores que se incluyen en este apartado). Para mí es un terreno donde me encuentro bien, es el lugar ideal para los sueños. 
Periodista: ¿Y sobre el término de ilustración? 
Royo: Lo he comentado otras veces, la vieja definición de imagen al servicio de un texto ha perdido actualmente su sentido. Hoy en día, en muchas ocasiones, la imagen funciona en el mundo de la comunicación por sí sola y se sitúa en soportes en solitario. El mensaje es ella misma. Creo que lo que llamamos Fantasy ha aprovechado bien el camino industrial y de comunicación necesaria para subsistir. Se ha adaptado bien al fin del milenio que nos toca vivir, yéndose a soportes de portadas de libros, revistas, juegos de ordenador, Internet y muchos más. Ha ido a buscar espectadores, está viva. 
Periodista: ¿Quieres decir que el resto del arte plástico ha muerto? 
Royo: No, tampoco es eso, pero sí, como he comentado antes, gran parte está dando vueltas sobre sí mismo, se repite, lo que fue una ruptura muchas veces ha perdido sus intenciones provocadoras hacia la sociedad, se ha convertido en la cultura oficial y hoy queda bien colgado en los despachos. 
Periodista: ¿En tu caso cuál es la búsqueda? 
Royo: Es complicado, para mí hay dos momentos o dos intenciones. En el primero lo único que importa está entre lo que estás haciendo y tú mismo, es como una conversación intima, un reto a ti mismo. Intento que cada obra lleve mucha parte intuitiva y por lo tanto conforme se va realizando es un diálogo continuo. Luego hay otra parte que es el deseo de comunicación, en el que quiero encontrar al espectador, hablar con él por medio de mi imagen. Podría resumirlo como intentar compartir sueños por medio de mis obras. Pero luego cada imagen tiene su propia búsqueda. 
Periodista: En tu libro, Prohibited Book, ¿cuál ha sido la búsqueda, o qué intentas comunicar? 
Royo: Con cada libro busco un nuevo camino con nuevos planteamientos. El libro anterior ha sido Dreams, que es una recopilación de trabajos en torno a los géneros, casi más un reto de capacidad de situación al enfrentarte a los diferentes géneros, cada uno con sus claves, sus tonalidades y su mensaje. 
Prohibited es todo lo contrario, es sumergirte en el mundo del erotismo hasta el fondo e intentar desmenuzarlo desnudándote de todas las claves. Desnudando la paleta de colorido, desnudo de puritanismo. Así como en los anteriores trabajos cada imagen es una pequeña historia, un cuento del inconsciente, en este caso muchas veces he ido a buscar únicamente un encuentro plástico, el sexo y su mensaje puro, sin adornos. Es muy largo de contar todo esto con palabras, quizás lo resumiría con lo que he dicho antes: la intención primera ha sido desnudar, desnudar incluso mis propios sueños para compartirlos con el espectador frente a frente, los dos en pelotas, con los pensamientos y deseos más oscuros encima de la mesa. 
Periodista: ¿Y cómo crees que será recibido este cambio en tu trabajo? 
Royo: En todos los libros anteriores he intentado hacer los mismo, cambiar con respecto al anterior, y siempre he esperado los resultados con pánico. El primero, "Women", es un libro con colores brillantes, luces y atmósferas limpias. La belleza y la feminidad que intenté plasmar es atlética, sana, heroica. Los mundos, en gran parte de ciencia ficción, son limpios, tecnológicos. Cuando me planteé el siguiente, "Malefic", prescindí de lo anterior, repasé la pintura tenebrista y me fui al claroscuro, a imágenes mucho más siniestras, me recreé más en una época entre medieval y fantástica, en una belleza esquiva, y tuve miedo a cómo se recibiría este cambio, pero se aceptó muy bien. En mi pequeña lucha conmigo mismo, y cuando se me propuso hacer un nuevo libro, me planteé un nuevo giro, y en "Secrets" me refugié en las atmósferas, las nieblas, en un canon de belleza más adolescente y suave en contraste con la Bestia y el paisaje amenazador. Olvidé casi por completo la ciencia ficción, que era por lo que más se conocía mi trabajo, exprimí mas mis pesadillas infantiles, me documenté en los conocimientos herméticos y esperé otra vez los resultados temblando. De nuevo me encontré con que podía conectar mis sueños con los de los demás, y volví a dar otro giro. Cuando ya casi había olvidado la ciencia ficción, comencé el trabajo de "III Millennium", eliminé muchos colores de la paleta, recogí el tema de la obsesión catastrófica del hombre cada fin de milenio y retomé la ciencia ficción, pero mirándola desde otra óptica. La fundí con elementos de nuestra sociedad: la publicidad, las vacaciones, el automóvil, etc., buscando choques plásticos. En otros casos realicé las ilustraciones usando conceptos apocalípticos clásicos con el tema de ángeles y demonios. Luego se publicó "Dreams", que también es otro cambio, como he dicho antes, un libro apoyado en los géneros y sus diferentes cánones al realizar una imagen. 
Periodista: ¿Por qué toda esta obsesión por los cambios? 
Royo: Se trata de encontrarte siempre con un nuevo reto frente a la superficie en blanco. Creo que es muy importante sentir la duda, notar ese vacío en las tripas que de alguna manera te hace vibrar en cada trabajo. Es fundamental no entrar en la rutina para que lo que estás haciendo esté vivo. Estoy seguro de que eso lo percibe el espectador. 
Periodista: Para acabar, ¿podrías hablarnos de tus proyectos? 
Royo: Estoy muy ilusionado con la creación de un personaje femenino llamado "Malefic". Es un personaje que aparece en alguna imagen del libro Malefic, y también en Secrets. Fue creado en el 92, y con el tiempo ha ido cobrando forma, se ha ido enriqueciendo con apuntes y dibujos sobre su mundo. También he estudiado el interior psicológico del personaje. Ha aparecido una figura de él y en estos momentos estoy pendiente de que pase al mundo del cómic, o incluso al cine. 
Por otro lado Prohibited es un proyecto de trilogía. El primer libro, que aparece ahora, está recreado en la gama interminable de los marrones, es la búsqueda de un erotismo desnudo de muletillas, paseando por sus diferentes ángulos en actos, como si fuera una obra de teatro, con la envoltura de los tejidos arrugados, descubriendo el erotismo como si levantaras las sábanas. El segundo está pensado en tonos fríos, grises verdosos y azulados, y pretendo fundir sexo y metales (luces frías, pieles pálidas y máquinas), un sexo partiendo de lo frio, que no es lo habitual. El tercero irá apoyado en los dorados, de sexo y atmósferas, jugando con el difuminado, para vivir el erotismo bajo luz de vela, como recuperando deseos perdidos. 
También empiezo a tener por los cajones apuntes sobre otro próximo libro, buscando un espacio y un tiempo muy indefinido, en el que quiero intentar plasmar un mundo nuevo apoyado en los elementos invisibles pero realizables por su movimiento, sus estelas, jugar con la gravedad, dar un giro a la estética de los personajes que aparezcan, y encontrar otra manera de plasmar la belleza... resumiéndolo muy burdamente, sería buscar lo intangible y desearlo. 
Entre medio saldrá "Puff of Devils", un librito de lápices y apuntes en torno al tema de la Bella y la Bestia que me fascina y me ha acompañado a lo largo de todos estos años de trabajo y aparece en todos mis libros. 
Bueno, que los días se me hacen cortos. Me gustaría cambiar el tic-tac de los relojes y hacer que su ritmo se ralentizara... aunque creo que esto nos pasa a muchos.

© Luis Royo; 27-09-98

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