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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Qarqacha el demonio del incesto

Se habló poco de esta película durante el año 2003, pese a que tal vez pueda considerarse la primera incursión peruana en la producción de largometraje de horror, puesto que los cortometrajes del género si han llegado a exhibirse, siguiendo la suerte de casi toda creación artística en el Perú: caer en el más triste de los olvidos. Claro, existe el antecedente de "El inquisidor de Lima" co-producción Peruano-Argentina de la década de los 70, pero esta película, a juzgar por los comentarios, encajaba más dentro del policial con toques de sadomasoquismo, no existiendo un elemento fantástico o sobrenatural propiamente dicho.

Se suele condenar a priori todo lo que se relacione con la piratería de películas y libros, pero cabe preguntarse de qué otra manera podríamos tener acceso a esta muestra de cine nacional de no existir copias piratas, como la que me ha tocado espectar.

La copia que tengo a mano pone en su cubierta "Qarqacha, el domonio (sic) del insesto (sic)", y como aviso "película ayacuchana". El resto de la cubierta incluye fotogramas de la película y un texto de la Warner Brothers que nada tiene que ver con su contenido. Como deben saber los compradores de VCDs o DVDs piratas, esto obedece a la estrategia de los vendedores, que intentan darle un buen acabado a su mercancía.

Para los lectores no enterados: la Qarqacha, o Jarjacha, o Karkaria, es un ser mezcla de humano y llama (camélido sudamericano, según la nueva nomenclatura). Convertirse en qarqacha es un castigo que les sobreviene a quienes mantienen relaciones incestuosas, según la versión más extendida del mito. La qarqacha deambula por las noches, atacando a quien se cruce por su camino. Si se le echa sal, recobra su forma humana. Si en un pueblo sospechan de la presencia de qarqachas, se organizan rondas nocturnas para capturarla, empleando sal, espejos (dicen que la qarqacha odia los espejos) o látigos o cuerdas previamente salados. Descubiertos los culpables, se les conmina a abandonar el pueblo.

La película que comentamos se basa en este mito, aunque el director se ha permitido algunas licencias. De hecho, la primera impresión que tuve al espectarla era que estaba viendo la versión peruana de "La bruja de Blair" filmada por Darío Argento y Leonidas Zegarra, con una cámara de esas que vienen incorporadas en los teléfonos celulares o móviles.

Los actores son completamente desconocidos. La ambientación y decorados no son realistas, son REALES. Si quitáramos las escenas del ataque de las qarqachas, tendríamos un documental sobre las zonas en extrema pobreza del Perú.

Por ejemplo, los breves desnudos que se incluyen permiten deducir que esas pieles no son muy asiduas al agua y al jabón, lo cual no es un demérito, sino un extraño alarde de realismo. El director no ha recurrido al facilismo de buscar actores conocidos. Después de esta película, uno se da cuenta de lo falsos que son los "cholos" e "indios" de las grandes superproducciones extranjeras o nacionales. Sobre todo, nos muestra qué poco nos conocemos entre peruanos.

La historia comienza cuando un grupo de tres estudiantes de antropología, Ivonne, Sebastián y Nilo, llegan en una combi al pueblito de Huillcawasi, o al menos, así me sonó a mí. Llegan de noche, cuando todos están en sus hogares, salvo un poblador que deambula por el pueblo enarbolando un pequeño espejo, de esos con marco dorado. Nuestros tres amigos son atraídos por un llanto que suena en la oscuridad, el cual proviene de la casa de una mujer que está velando a su hermano. En un arranque de crueldad, Sebastián, el portavoz del grupo (Nilo no habla casi nunca, el pobre), le exige que le permitan dormir en algún rincón de la casa, a lo cual la mujer accede entre sollozos.

Al día siguiente, nuestros amigos se dedican a investigar "la pobreza del pueblo", para lo cual se dirigen a la vivienda del alcalde, quien vive con su hija Rafa en la plaza principal. El alcalde les niega cualquier apoyo, y parte en búsqueda de su sobrino, para dedicarse a labores campestres. 

Aquí hay un curioso cambio en la acción, que se desplaza de los tres estudiantes al grupo de campesinos que conforman el alcalde, su hija y su sobrino. En efecto, se nos muestra al alcalde y a su sobrino, campesinos arquetípicos, comiendo después de sus faenas, siendo atendidos por Rafa. Demostrando un buen manejo de recursos, el director consigue que artistas amateurs como los que vemos nos muestren una actuación soberbia, en la cual se muestra el triángulo del conflicto, padre- sobrino - hija prácticamente sin palabras (mis felicitaciones para Welinton Eusebio). Al día siguiente, con la excusa de que le duele el estómago, el sobrino no acompañará al alcalde en su diario trabajo en la chacra. Luego, el sobrino acude a la casa del alcalde, donde Rafa aún duerme. Intentará seducirla, siendo interrumpido en este afán por un grupo de vecinos muy poco conformes con la labor del alcalde, al cual han acudido a reclamar y a amenazar. Cualquier parecido con lo ocurrido recientemente en Puno es pura coincidencia.

A estas alturas del filme, uno se pregunta. ¿Y donde está lo terrorífico? Bueno, tal vez el gran defecto de esta cinta es la excesiva lentitud para desarrollar la historia. Los primeros cuarenta minutos sirven para ponernos "en autos" acerca de quien es quien, tiempo que resulta excesivo y que fuerza bastante el desarrollo del resto, donde se cae de lleno en la temática propia del cine de terror más clásico. Baste decir que las escenas finales muestran a una muchedumbre de campesinos persiguiendo al monstruo en plena noche, alumbrados por teas encendidas…

La capacidad del director supera con creces las carencias técnicas evidenciadas en la filmación. El incesto del título se produce, dentro del triángulo alcalde-sobrino-hija, para luego producirse la transformación: los incestuosos se convertirán en llamas, que serán capturadas por los campesinos durante la noche, lo cual es atestiguado por los incrédulos estudiantes de antropología que, a estas alturas, han vuelto a incorporarse al desarrollo de la historia. A la mañana siguiente, constataran con horror - muy deficientemente reflejado en su actuación, dicho sea de paso- que las llamas capturadas durante la noche se han convertido en un hombre y una mujer, siendo estos los qarqachas que amenazan al pueblo por la noche. Los infortunados son apedreados hasta morir… o eso es lo que parece. 

Es hora de presentarles al Qarqacha, el demonio del incesto, el hombre - llama. Pero no esperen demasiado.

Para empezar, las llamas son el tipo de animal más indefenso que pueda existir. No tienen garras, ni colmillos, y puesto que son camélidos, son animales de una mansedumbre apreciable. Además, no existe iconografía muy abundante acerca del aspecto de un qarqacha. Y lo que es peor, las llamas tienen la característica de lanzar certeros y copiosos escupitajos si se sienten molestas. El director, en un alarde de imaginación que raya en la caricatura, ha construido su qarqacha de la siguiente forma: un hombre cubierto por un hábito oscuro, capucha incluida (un monje, vamos), que inmoviliza a sus víctimas por medio de espesos y abundantes escupitajos, para luego comerles el cerebro.
Las apariciones del qarqacha son breves pero intensas, mostrándose generosos primeros planos del actor acumulando la saliva que será certeramente lanzada al rostro de sus, nunca mejor dicho, víctimas.

El final no es el típico final abierto de las películas de horror modernas. Si bien respeta las convenciones del género, respeta también la idiosincrasia de los habitantes de las serranías, al punto que uno termina de espectar "Qarqacha, el demonio del incesto" con la sensación de haber visto un documental. 

Una cámara digital, una escenografía "natural", actores principiantes o acaso aficionados (curiosamente, quienes hacen de campesinos actúan mejor que los tres "estudiantes"), cero maquillaje (el espectador verá unos desnudos que muestran la carne en toda su crudeza: maciza, sucia e imperfecta…), iluminación deficiente. Aparentemente, todo en contra, pero la verdad es que Wellinton Eusebio sabe contar historias con mayor efectividad que muchos de sus colegas limeños, y sin disponer de sus ventajas técnicas. 

En el mismo Ayacucho, se filmó una secuela de esta película, titulada "La maldición de los qarqachas", y fue dirigida por Palito Ortega (no es broma, se llama así) en el mismo año 2003. Lamentablemente, no la hemos visto. Para otra vez será.

©
Daniel Salvo; 29-05-04

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