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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Machen y Lovecraft, coincidencias y semejanzas

Los relatos a los que se refiere este artículo son "La Historia del Sello Negro" de Arthur Machen, escrito en 1897, (título original: The Novel of the Black Seal) y "La Máscara de Innsmouth" de Howard Philip Lovecraft, escrito en 1936, (título original: The Shadow Over Innsmouth). 
Ambos fueron publicados por Arnoldo Mondadori, Ediciones Omnibus, 1974, en Italia.

En el relato de Machen y su "Pequeña Gente" encontramos el origen del terror suscitado por seres extraños y desconocidos. En esta historia se excluye cualquier recurso sobrenatural de charlatanería o ilusión, pues las indicaciones e indicios apuntan hacia un mundo natural, real y paralelo. Se describe la existencia de una raza que aparece entre las nieblas de la mente y de la materia. Se les describe como seres limitados que cometen raptos y crean descendientes, con un lugar propio de proveniencia, la roca calcárea de las Colinas Grises de Monmouthshire, cuyos vástagos sufren deficiencias congénitas.

Igualmente, los "Grandes Ancianos" de Lovecraft, como otras razas de su mundo biológico, no son fantasmas sino que tienen una racionalidad propia en la historia natural. Este cosmos de horrendos abismos túrbidos encuentra su fundamento en la incógnita de la ciencia ficción. Es el contacto entre nuestro mundo y los visitantes agresores, afortunadamente no siempre omnipotentes. Estos seres inauditos tienen un lugar de proveniencia, la Roca del Diablo de Innsmouth, raptan a los jóvenes para tener descendencia, sufren de enfermedades degenerativas y proliferan.

En principio, los dos cuentos son distintos, suceden en continentes diferentes aunque en el nombre de ambas localidades se encuentra la palabra mouth que significa boca o entrada... a otro mundo. Los personajes y la trama no son iguales, pero la idea es parecida, se mueve entre la realidad y la fantasía y rebosa de semejanzas. No puede pasar inadvertida la similitud de los relatos. 

La Historia del Sello Negro, por Arthur Machen
La narración, relatada en primera persona por la señorita Lally, explica la desaparición del Profesor Gregg, de quien se han encontrado objetos personales sobre una roca de las Colinas Grises. 
Lally, secretaria del Profesor, empieza contando su viaje a Londres en busca de trabajo. Deprimida y débil vaga en medio de la niebla cuando una persona gentil, Gregg, le ofrece trabajo. Le explica que esa ciudad, que parece accesible y acogedora es, en realidad, una fortaleza defendida por dispositivos diabólicos. La afirmación del Profesor denota su disposición a conjeturar.
Lally describe la casona del Profesor repleta de libros, con un museo de etnología que contiene vitrinas y armarios llenos de objetos repugnantes. Gregg le dicta su Manual de Etnología que desea terminar pues le confiesa, con inquietud y angustia, que tiene en mente viajar para descubrir cierto misterio que lo atrae. Le muestra la joya de su colección, un Sello Negro, largo 6 cms., con signos en forma de cúneo y de cruz, de unos 4000 años de antigüedad.
En Gales se descubren símbolos iguales sobre una roca calcárea y su ansia por viajar se vuelve obsesión. Desea descifrar el significado y, al enterarse que algunos jóvenes desaparecen de esa localidad, decide partir de la Estación Victoria, acompañado por la secretaria y llevando sólo unos pocos libros. 

El paisaje está rodeado de bruma y misterio. El río que se alarga en meandros, está limitado por una gigantesca roca que sobresale de las Colinas Grises. En el pueblo habitan jóvenes poco normales, obtusos y retardados. El lugar es tranquilo y Lally traduce del latín un texto antiguo, titulado "In Situ Orbis" de Pomponio Mela. Lee con detenimiento lo que explica Solino sobre ritos salvajes al interno del continente africano y la descripción de una piedra grabada llamada Ixaxar. Examinando con la lupa el Sello Negro, descubre que es igual a la piedra sagrada descrita allí y lo comenta con Gregg. Ambos quedan sumamente impresionados con las revelaciones. El Profesor le confiesa que sus amigos de la Real Sociedad de Londres han despreciado sus hipótesis por lo que no desea hablar del Sello hasta no tener confirmación de sus teorías. 

Atraído por las Colinas Grises y sus leyendas de la "Pequeña Gente", Gregg decide tomar como ayudante en las faenas, a Jervase, muchacho necio pero inocuo. Lally se sorprende cuando descubre que el chico nació ocho meses después de que encontraran a su madre enloquecida a los pies de la famosa roca calcárea que reproduce los símbolos del Sello Negro, sobre la cumbre de las Colinas Grises. 
Una noche asiste a un ataque epiléptico del muchacho y se aterroriza al verlo retorcerse, farfullando sonidos incoherentes en un lenguaje horrible que a ella le parece provenir del infierno.
Después de esta experiencia, el carácter del Profesor se vuelve desconcertante. Lally se sorprende del cambio, viendo la expresión de triunfo y no de piedad en la misma persona que un día se mostró compasivo con ella. Entiende que el muchacho tiene una enfermedad incurable y que Gregg, increíblemente, prueba un placer demoníaco asistiendo al tormento del infeliz muchacho.
El Profesor no la hace partícipe de su secreto, aún cuando el párroco Meyrick, oriundo del pueblo, le da noticias sobre las tradiciones y leyendas locales. Le explica que la palabra Ixaxar, pronunciada por Jervase en el delirio, no es galesa, sino más bien, pertenece al lenguaje de la "Pequeña Gente". El Profesor intuye que vive en el umbral de otro mundo. 
A Lally le sobreviene un terror absurdo que la paraliza, al percatarse que cuando el joven está en el estudio, los objetos cambian de lugar y se percibe un olor desagradable. En su mente se desarrolla la idea de que el Sello Negro tiene algo que ver con Jervase. Si supiera algo más, sería más fácil defenderse, pero un misterio sin nombre es más horrible que cualquier amenaza. 
El profesor decide ir de excursión a investigar personalmente la roca de las Colinas Grises y, al despedirse, su voz denota la angustia que lo envuelve. Desde ese momento, desaparece como tragado por las sombras del bosque. 
No lo encuentran y, aunque el paraje aparentemente asemeja abandonado, vaga algo en el ambiente que el tiempo no puede cancelar. Después de esperar varios días, recibe un mensaje, escrito antes de su partida por Gregg, con indicaciones garabateadas rápidamente. Le explica que sus vagas hipótesis se han confirmado con hechos reales. Que si no regresa más, no podrá demostrarlo, pero ella tiene derecho a conocer la verdad y puede leer el escrito que ha dejado en el estudio.

Efectivamente, encuentra las "Declaraciones del Prof. William Gregg, miembro de la Real Sociedad", que lee con voz temblorosa.
La teoría de Gregg, de que las leyendas son versiones de hechos reales lo llevaron a interesarse en el folclore céltico. En Gales se denomina tradicionalmente a los gnomos y elfos como "Pequeña Gente", y él declara firmemente que se trata de una raza antigua con poderes ocultos y sobrenaturales. No son símbolos, afirma, sino seres reales y tienen descendencia. 
Los representan como duendes agradables pero inspiran terror, pues lo que se cuenta sobre ellos es ciertamente monstruoso: los jóvenes desaparecen, la tierra se traga a los hombres, los niños rubios son cambiados por otros de piel olivácea y ojos oscuros, brujos y demonios se mezclan con los humanos. Algunas leyendas no son antiguas sino recientes por lo que, afirma, siguen sucediéndose las desapariciones y levantándose extravagantes y diabólicas hipótesis sobre los hechos. 
El Profesor llega a la conclusión de que los espíritus benignos y los malignos pertenecen a una raza diferente a la humana pero no por eso sobrenatural ni bestial. Una raza que tiene sus raíces en los más profundos abismos de la existencia. Cuando en Gales descubren signos iguales a los que están grabados en el Sello Negro, sobre una roca calcárea llamada Monmouthshire, en las Colinas Grises, decide investigar. Allí encontraron años atrás a la madre de Jervase gimiendo como alma condenada, al borde de la locura. Presume que uno de esa raza es el padre del muchacho.
Sus investigaciones lo llevan a estudiar muchos casos de locura que se encuentran en Gales y las facultades misteriosas que se atribuyen a niños o jóvenes desgraciados, débiles de mente o idiotas.
Tratando de descifrar los signos del Sello Negro, finalmente encuentra la solución que le permite descifrarlo en un Museo de Geología. Está escrito:
"Ixaxar es el acto, y con el acto los llamarás, los regresarás al fango de donde han nacido".
Queda profundamente conmocionado y explica que esas son las palabras mágicas que usa la Pequeña Gente para atraer a los hombres.
La aterradora noche en que Jervase tiene su primer ataque, escucha que el muchacho repite la palabra Ixaxar, en medio de sus convulsiones. Posteriormente, le susurra al oído las palabras descifradas y su horror no tiene límites cuando del cuerpo del muchacho sale una serpiente repulsiva, oscila y , al caer, mueve objetos, hasta que nuevamente se retira dentro del cuerpo del mismo.
El profesor afirma en su declaración: "No sé quién es o qué es Ixaxar, pero el hecho es real así como también es verdad que existe la "Pequeña Gente", pero mañana.... 
allí se detiene el texto de las Declaraciones.

El relato concluye con la explicación de Lally. Busca en la roca de las Colinas Grises algún rastro del desaparecido Gregg pero encuentra solamente un pergamino enrollado y atado. Contiene su reloj, su anillo y su portamonedas. En el pergamino están escritos los mismos signos grabados en el Sello Negro y en la roca. 
Jamás se halla el cuerpo, por lo que Lally no cree que ha fallecido sino que se ha ido para siempre. Está segura de que el Profesor, finalmente, ha encontrado el mundo insólito de la Pequeña Gente.

La Máscara de Innsmouth, de Howard Philip Lovecraft
Esta historia está escrita en primera persona por el protagonista. Relata su deseo de encontrar explicaciones a los sucesos ocurridos en la localidad de Innsmouth, antiguo puerto pesquero del estado de Massachusetts, en la costa nororiental de los Estados Unidos.
Le aconsejan viajar de Newburyport a Arkham, pasando por Innsmouth, despoblada en los últimos 100 años y aislada de los alrededores por vastos pantanos. El único establecimiento, de refinería de oro, pertenece a un riquísimo anciano de apellido Marsh, que sufre de una deformación física.
Corren rumores de que en el escollo llamado Roca del Diablo, a una y media milla de la costa, mar adentro, ofrecen sacrificios humanos. Inverosímiles historias sobre adoradores de Satanás, epidemias y revoluciones alejan a los curiosos de Innsmouth.
El joven se entera de que, a causa de las características físicas curiosas de los pobladores, nadie desea tener relaciones con ellos ni pescar en sus aguas, a pesar de ser extraordinariamente ricas en langostas y peces. También murmuran que existe un tesoro fabuloso en la Roca del Diablo, de dudosa proveniencia, aprovechado por esa gente sin fe ni ley, hipócrita y traidora. 
Al escuchar tantas historias extravagantes, el joven se documenta en la Biblioteca Municipal de Newburyport antes de partir. Del puerto, fundado en 1643, se informa que fue próspero pero no se indican epidemias ni revoluciones. Los pobladores viven de la pesca y de la venta de lingotes de oro.
Al enterarse de que existen antiguas joyas rescatadas por los marineros del puerto de Innsmouth, pide a la señorita Tilton, encargada de custodiarlos, que se los muestre. Queda fascinado por una tiara resplandeciente que parece ser de oro puro y observa los inquietantes y extraños diseños grabados de monstruos, mitad peces, mitad batracios. Esta visión de figuras retorcidas y entrelazadas, así como la insólita geometría de la pieza, lo llena de recuerdos obsesionantes y angustiosos. La inquietud que le produce se debe a que cree posible que sea un objeto de un mundo desconocido. 
Finalmente, decide viajar a Innsmouth para investigar los hechos que lo inquietan y lo tienen perturbado. Al llegar, encuentra que el lugar despide un insoportable olor a pescado. Los habitantes presentan características insólitas, cuellos arrugados, nariz chata, orejas atrofiadas, ojos saltones siempre abiertos y cabezas estrechas. Reflexiona sobre las deformaciones craneanas, producidas por una degeneración biológica o por alguna enfermedad desconocida. Observa que tienen manos de grandes palmas con dedos cortos y dan una sensación de repulsión y disgusto por su aspecto aceitoso.
Es manifiesta la decadencia del puerto con sus casas desiertas, ruinosas, lúgubres y abandonadas, así como por el olor y el ambiente que lo llenan de horror. A lo lejos, en el horizonte, se distingue la Roca del Diablo que sobresale entre las aguas.
Se sorprende al encontrar un personaje que usa una tiara, igual a aquella que le mostró la señorita Tilton en Newburyport. Se pregunta si proviene de algún tesoro secreto de los piratas o, quizás, de los demonios grabados en aquellos objetos y, aunque trata de convencerse de la normalidad de lo que observa, no deja de temblar.
En la zona cercana al puerto, la gente es más extraña que en el centro de la ciudad. Hace amistad con un viejo de 90 años, alcoholizado, de nombre Zadok, oriundo de la localidad. Con su presunción juvenil, está seguro de sonsacarle los secretos más escondidos y le compra una botella de whiskey.
Sobre los sucesos aterradores del puerto de Innsmouth y de la Roca del Diablo, se entera, entre otras cosas, que llegaron tiempo atrás provenientes del mar, ciertos hombres rana que hicieron desaparecer a muchos pobladores jóvenes con la promesa de vivir eternamente. Zadok piensa que los usaron como sacrificio para los dioses que habitan bajo el mar, a cambio de beneficios. 
Entre los ritos que se celebran, para que los dioses marinos llenen las redes de peces y joyas, muchos reman de noche mientras cantan en idioma desconocido y arrojan bultos al agua. Esa Roca es el lugar de todas las perversidades, la puerta del infierno, donde el agua es muy profunda, afirma Zadok. La noche que salieron los hombres rana del agua, hablando lenguas extrañas, ordenaron a los habitantes de Innsmouth a procrear hijos que no morirían jamás. De adultos, regresarían al abismo para vivir para siempre en las profundidades como los Grandes Ancianos. Ellos no morían solos pues había que matarlos.
Luego, en Innsmouth, los jóvenes comenzaron a desaparecer o a suicidarse y los pobladores vivían inquietos, disgustados del recóndito propósito de esos peces del diablo. Una noche salen por miles del mar y asedian la ciudad mientras Marsh ordena que deben mezclarse las razas y cambiar jóvenes por riquezas. 
El anciano Zadok delira con los ojos nublados por el terror. A continuación, conmina al joven a irse del lugar lo más rápido que pueda y desaparece, con paso vacilante, en medio de las callecitas del puerto.

Por razones diversas, el joven está obligado a quedarse a dormir en el extraño pueblo. Le llenan de terror los ruidos y percances que podrían parecer normales en cualquier otro momento. Escucha hablar en idioma extranjero mientras se ve asaltado por una turba que quiere entrar a su cuarto. Divisa a los seres que lo persiguen y en medio de ellos, una forma vestida con traje largo y tiara en la cabeza. De cuerpo vagamente antropoide, termina con cabeza de pez y ojos saltones en una cara inexpresiva. El cuello tiene agallas y camina saltando con largas patas palmadas. Su lenguaje articulado es un croar inaudito. 
Esa noche de terroríficas experiencias, el joven encuentra a un grupo de peces rana, inmundos, abominables, pavorosos. El olor a pescado que emanan es insoportable. De la Roca del Diablo se acercan a tierra remando, nadando esos seres monstruosos. Observa su color verde, sus vientres blancos y, en tierra, a veces caminan, a ratos saltan en cuatro patas. Al aproximarse un número infinito de ellos, el terror le hace perder el conocimiento. Se despierta al día siguiente en medio del fango y los arbustos. Llega a pie al pueblo más cercano donde toma el tren y no excluye que su experiencia aterradora pueda ser una pesadilla o un caso de locura hereditaria.

Decide ocuparse de su genealogía en Arkham y descubre que también él desciende de la familia Marsh de New Hampshire. Un año después se entera que entre las joyas de su abuela hay una tiara igual a la de sus pesadillas, con diseños extraños de seres monstruosos. Vuelve a perder el conocimiento y enloquecido entre sueños y delirios, descubre que tiene ancestros entre los Grandes Ancianos de las profundidades. 
El cuento termina cuando el protagonista se mira al espejo y descubre en sus lineamientos la Máscara de Innsmouth, los mismos rasgos anfibios. En su desorden aterrador, recuerda que su abuela Pth-thyarl'y ha vivido en la ciudad submarina de Y'ha-nthlier, de la cultura Ctulhur y decide escapar hacia la ciudad mágica de Innsmouth. 
Quiere llegar a nado al escollo del demonio, arrojarse al mar y hundirse en la ciclópica ciudad submarina de las mil columnas, que ha visto en sus sueños, para vivir eternamente en un universo de maravillas. Deja su manuscrito donde afirma su deseo de regresar a los abismos de donde provienen sus ancestros y desaparece para siempre.

En conclusión, las coincidencias y semejanzas de los dos relatos son evidentes, pues en ambos casos:

  1. La historia es contada en primera persona

  2. Se efectúa un viaje de investigación

  3. Existe una roca misteriosa

  4. Hay personas de la localidad fuera de lo normal

  5. Esas personas hablan en idioma extraño

  6. Se les advierte un olor fuerte y desagradable

  7. Existe un objeto con símbolos desconocidos

  8. Desaparecen personas sin dejar rastros

  9. El terror se apodera del narrador

  10. Se verifica la desaparición final del protagonista

¿Son dos historias diferentes o dos puntos de vista de la misma historia? ¿Lovecraft se inspiró en Macher? 
El tiempo cubre con su polvo interminable, preguntas aún más enigmáticas que las que nos ocupan.

© Adriana Alarco; 01-06-04

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