Febrero 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Ciencia Ficcion: un punto de vista personal

El ojo del poeta, girando en medio de su arrobamiento, 
pasea su mirada del cielo a la tierra y de la tierra al cielo;
y como la imaginación produce formas de cosas desconocidas.
La pluma del poeta las diseña y da nombre
y habitación a cosas etéreas que no son nada.
William Shakespeare
 Sueño de una noche de verano, acto V, escena 1

Cuando tenia diez años, decidí -desconociendo casi por completo la dificultad del problema- que el universo estaba lleno. Había demasiados lugares para que este fuese el único planeta habitado. Y a juzgar por la variedad de formas de vida en la Tierra (los árboles resultaban bastante distintos de la mayoría de mis amigos), pensé que la vida en otras partes debía ser muy distinta. Me esforcé por imaginar como podría ser la vida, pero a pesar de todos mis esfuerzos, siempre pensé en algún tipo de quimera terrestre, en alguna variedad de plantas y animales existentes.

Por aquella época, conocí, gracias a un amigo, las novelas sobre Marte de Edgar Rice Burroughs. No había pensado mucho en Marte hasta entonces, pero, a través de las aventuras de John Carter, se me presentaba un mundo extraterrestre habitado, sorprendentemente variado: antiguas profundidades marinas, estaciones de bombeo en grandes canales y una multiplicidad de seres, algunos de ellos exóticos, como por ejemplo las bestias de carga de ocho patas.
La lectura de estas novelas resultaba estimulante. En un principio. Luego, poco a poco, empezaron a surgir las dudas. La sorpresa de la trama de la primera novela sobre John Carter que leí dependía de su olvido de que el año es mas largo en Marte que en la Tierra. Pero a mí me pareció que cuando se va a otro planeta, una de las primeras cosas que se hacen es la de enterarse de la duración del día y del año. (Incidentalmente, no recuerdo que Carter mencionase el notable hecho de que el día marciano es casi tan largo como el día terrestre. Es como si esperase que se reprodujesen las características habituales de su planeta natal en cualquier otro sitio.) Había también otras observaciones menores en un principio sorprendentes, pero que tras una serena reflexión resultaban decepcionantes. Por ejemplo. Burroughs comenta de pasada que en Marte existen dos colores primarios mas que en la Tierra. Estuve muchos minutos con los ojos fuertemente cerrados, concentrándome en un nuevo color primario. Pero siempre seria un marrón oscuro parecido al de las pasas. ¿Cómo podía haber otro color primario en Marte y mucho menos dos? ¿Qué era un color primario? ¿Era algo que tenia que ver con la física o con la psicología? Decidí que Burroughs podía no saber de que estaba hablando, pero que conseguía hacer reflexionar a sus lectores. Y en los numerosos capítulos en los que no había mucho que pensar, había afortunadamente, en cambio, enemigos malignos y arrojados espadachines -mas que suficientes para mantener el interés de un ciudadano de diez años en un verano de Brooklyn. 

Un año más tarde, por pura casualidad, di con una revista titulada Astounding Science Fiction en una tienda del barrio. Una rápida ojeada a la portada y al interior me hicieron saber que era lo que había estado buscando. No sin esfuerzo junte el dinero para pagarla, la abrí al azar, me senté en un banco a menos de diez metros de la tienda y leí mi primer cuento moderno de ciencia ficción, "Pete puede arreglarlo", por Raymond F. Jones, una agradable historia de viajes a través del tiempo después del holocausto de una guerra nuclear. Había oído hablar de la bomba atómica -recuerdo que un amigo mío me explicó muy excitado que estaba compuesta de átomos- pero fue la primera vez que se me plantearon las implicaciones sociales del desarrollo de las armas nucleares. Me hizo pensar. Pero el pequeño aparato que el mecánico Pete colocaba en los automóviles de sus clientes de forma que pudiesen realizar breves viajes admonitorios por el reino del futuro, ¿en que consistía? ¿Cómo estaba fabricado? ¿Cómo se podía penetrar en el futuro y luego regresar? Si Raymond F. Jones lo sabía, no lo estaba diciendo.
Me sentí atrapado. Cada mes esperaba impacientemente la salida de Astounding. Leí a Julio Verne y a H. G. Wells, leí de cabo a rabo las dos primeras antologías de ciencia ficción que pude encontrar, rellené fichas, parecidas a las que rellenaba para los juegos de béisbol, sobre la calidad de las historias que leía. Muchas de ellas tenían mucho mérito al plantear cuestiones interesantes, pero muy poco a la hora de responderlas.

Hay una parte de mí que todavía tiene diez años. Pero en conjunto soy mayor. Mis facultades criticas y tal vez también mis preferencias literarias han mejorado. Al releer la obra de L. Ron Hubbard titulada The End Is Not Yet, que leí por primera vez cuando tenia catorce años, quede tan sorprendido de lo mucho peor que era respecto a lo que recordaba, que me plantee seriamente la posibilidad de que existiesen dos novelas con el mismo titulo y del mismo autor, pero de calidad totalmente distinta. Ya no consigo mantener esa aceptación crédula que había tenido. En Neutron Star de Larry Niven, la trama gira alrededor de las sorprendentes fuerzas atractivas ejercidas por un poderoso campo magnético. Pero nos vemos obligados a admitir que dentro de cientos o miles de años, en la época de un vuelo interestelar casual, esas fuerzas atractivas han sido olvidadas. Nos vemos obligados a admitir que la primera exploración de una estrella de neutrones la lleva a cabo un vehículo espacial tripulado y no un vehículo espacial instrumental. Se nos pide demasiado. En una novela de ideas, las ideas han de funcionar.

Sentí el mismo desasosiego muchos años antes, al leer la descripción de Verne a propósito de que la ingravidez en un viaje lunar solo se producía en el punto del espacio en el que las fuerzas gravitatorias de la Tierra y la Luna se anulaban y con el invento de Wells de un mineral antigravitatorio llamado cavorita. ¿Por que existía un filón de cavorita en la Tierra? ¿Por que no se precipitó en el espacio hace muchos años? En la película de ciencia ficción, sobresaliente desde el punto de vista técnico, que lleva por titulo Silent Running, de Douglas Trumbull, se mueren los árboles en amplios y cerrados sistemas ecológicos espaciales. Tras semanas de ímprobos trabajos y de una interminable búsqueda en los manuales de botánica, se da con la solución: resulta ser que las plantas necesitan luz solar. Los personajes de Trumbull son capaces de construir ciudades interplanetarias, pero han olvidado la ley del inverso del cuadrado. Estaba dispuesto a pasar por alto la caracterización de los anillos de Saturno como gases coloreados al pastel, pero eso no.

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Carl Sagan
Humanos en Marte
Sonda Spirit en Marte
Pathfinder en Marte
Carl Sagan
Desde su inicio, ocupó un papel principal en el programa Americano del espacio. Fue consultor y consejero de la NASA desde principios de 1950; habló con los astronautas de Apolo antes de su viaje a la Luna; y fue un experimentador en las misiones de exploración Mariner, Viking, Voyager y Galileo. Ayudó a resolver los misterios de las temperaturas elevadas en Venus (un efecto de invernadero masivo), los cambios de estaciones en Marte (tormentas de polvo) y el color rojizo de la neblina en Titán (moléculas orgánicas complejas).

Debido a su extraordinario trabajo, el Dr. Sagan recibió la medalla de la NASA por su Logro Científico Excepcional, dos veces la medalla de la NASA por un Distinguido Servicio al Público y también recibió el Reconocimiento de la NASA por Logros en el programa Apolo.

El "Asteroide 2709 Sagan" recibio ese nombre en su honor. También recibió: el Reconocimiento de la Sociedad Astronáutica Americana John F. Kennedy, el 75° Reconocimiento de aniversario del Club de Exploradores, la medalla Konstantin Tsiolokovsky de la Federación Soviética de Cosmonáutica, y el Reconocimiento Masursky de la Sociedad Astronómica Americana:

Ganador del Premio Pulitzer, el Dr. Sagan es autor de muchos libros bestsellers, incluyendo Cosmos, el cual se volvió el libro mas vendido jamás publicado en Inglés. Y la serie de televisión ganadora de premios "Emmy y Peabody", ha sido vista por 500 millones de personas en 60 países. El Dr. Sagan recibió 20 Titulos Honorarios de universidades americanas por sus contribuciones al espacio, literatura, educación, y a la conservación del medio ambiente.

Murio de neumonia el
20 de Diciembre de 1996.
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