Diciembre 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Una estampilla para Isaac

¿Isaac Asimov en una estampilla postal de los EE.UU.?

Está en marcha una campaña precisamente para lograrlo. Ud. puede averiguar más sobre el asunto, y sobre lo que se puede hacer para colocar el rostro de pródigas patillas del Buen Doctor en nuestro correo, visitando AsimovStamp (y hay una resonante dirección del siglo XXI para Ud., una que el creador de Susan Calvin y de R. Daneel y de tantos otros afamados personajes futurísticos encontrarían sin duda emocionante. Nada tan mundano, tan prosaico, tan envarado, como P.O.Box1  xxx, Church Street Station, New York, N.Y/ (Oh, no) Area51/Vault/4986, y no se olviden de las barras diagonales (lo que está en cursiva no va, por supuesto). Pero si no desea molestarse escribiendo todo eso, simplemente vaya a Google y busque “asimovstamp” y llegará directamente. Pobre Isaac, haberse perdido todas las deliciosas complicaciones de este mundo).

Si saliera una estampilla así, nosotros los aficionados a la ciencia-ficción saborearíamos, por supuesto, una reversión a los métodos postales arcaicos, al menos por un rato, por el puro placer de ver a Isaac mirándonos a nosotros desde el sobre que estamos a punto de enviar. No estaríamos, claro, comunicándonos unos con otros de esa forma, ya que todos nosotros, a estas alturas, estamos completamente inmersos en este mundo e-mail de apuntar y cliquear.

Pero pagaríamos nuestras cuentas de servicios con estampillas Isaac, las pegaríamos en los pagos de nuestras tarjetas de crédito, las pondríamos en las cartas que escribimos a los miembros del Congreso demandando inmediatas expediciones tripuladas a Marte, las...

¿Una estampilla Isaac?. ¡Que noción maravillosa! Pero en realidad, ¿es algo que podría suceder?.

Las reglas del Servicio Postal dicen que no pueden emitirse estampillas conmemorativas en honor de personas vivas. Es por eso que no tenemos estampillas Jimmy Carter, ni estampillas Ronald Reagan, ni ninguna en honor de Barry Bonds o de Clint Eastwood o de John Glenn. Otros países no tienen complejos para honrar a sus héroes del momento justo en el centro de sus quince minutos de fama Warholiana, pero nosotros requerimos primero un cierto período de ablandamiento.

Isaac, sin embargo, ha dejado de estar entre nosotros desde 1992, un tiempo más que suficiente como para calificarlo para la inmortalidad filatélica. ¿Y quien de entre los lectores de esta revista sería tan duro como para decir que él no merece esa inmortalidad?.

Consideremos algunas de las personas que ya han aparecido en las estampillas postales de los Estados Unidos. Hubo, allá por la década de 1940, una larga serie de estampillas de americanos famosos, que incluyó a personas tales como Mark Twain, Washington Irving, Eli Whitney, Alexander Graham Bell, Booker T. Washington, y John Philip Sousa, cuyos nombres son todavía (así lo espero) fácilmente reconocibles para los americanos de hoy en día, pero también incluyó a otros como Ethelbert Nevin, Daniel Chester French, y Crawford Long, quienes quizás no eran exactamente nombres familiares hace sesenta años y que hoy en día son material para un programa de preguntas y respuestas. La fama es algo de poco tiempo, algunas veces.

También encontré, hojeando los anales de las estampillas de correo americanas, una en honor del Dr. Harvey Washington Wiley (quien fue la fuerza impulsora detrás de la aprobación del Acta de Alimentos Puros y Drogas de 1906), Ramon Magsaysay (un anterior presidente de Las Filipinas), Lajos Kossuth (un líder político húngaro del siglo XIX), y Ephraim McDowell (quien realizó la primera operación abdominal exitosa en 1809). Incluso hay una estampilla en honor a Dante. Supongo que todas esas son figuras históricas significativas, aunque si estuviéramos hoy en día realizando una lista de las personas que deberían ser conmemoradas en nuestras estampillas postales, dudo que cualquiera de ellos hubiera estado entre los cien primeros.

Sin embargo, un gran poeta, dos importantes líderes de otros países, y dos figuras de la historia médica americana... ¿podemos esperar ubicar a un simple escritor de ciencia-ficción entre ellos?.

Intentaré demostrar, en un momento, que Isaac no fue tan simple. Pero permítanme continuar ofreciéndoles, primero, los nombres de algunas de las personas que han logrado cumplir con las exigencias del Servicio Postal de los EE.UU. en tiempos recientes, para no ir a los austeros viejos días cuando se tenía que ser Washington o Jefferson para alcanzar la gloria postal.

Por ejemplo, hay un montón de jugadores de fútbol americano: Bronco Nagurski, Ernie Nevers, Walter Camp, Red Grange. Todos ellos, sin duda, grandes atletas. Pero simplemente jugadores de fútbol, no presidentes o cirujanos o creadores de poesía inmortal. Aquí hay un paquete de actores de cine: los muchachos del horror, Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney. ¿Fueron los muchachos que hicieron de Frankenstein o el amigo que usó la máscara del hombre lobo unas figuras culturales tan significativas?. Es cierto que nos asustaron tontamente cuando éramos chicos. Pero Isaac Asimov nos entretuvo, nos enseñó y nos deleitó, y nos ennobleció con su sabiduría.

Aquí tenemos una estampilla para Marilyn Monroe, y otra para Audrey Hepburn. Tenemos una para Wild Bill Hickok. Hellen Keller tiene la suya, lo mismo que Will Rogers (¿acaso alguien de menos de cincuenta sabe quién fue?) y que el editor de periódicos Adolph Ochs. El Dr. Scuss tiene una estampilla (bueno, está bien) y también la tienen la estrella de música country Roy Acuff y el director de música de películas Henry Mancini.

Por Dios, aquí tenemos una para el Pato Duffy, y una para el Príncipe Valiente, y otra para Dick Tracy (La Pequeña Huérfana Annie y Popeye también, y, para nosotros los de la ciencia-ficción, también aparece Flash Gordon). Aquí tenemos toda una pasarela de antiguas estrellas del béisbol, y al aviador Billy Mitchell, y al malo de la pantalla Edward G. Robinson. Irving Berlin. Houdini. Andy Warhol consiguió sus quince minutos de fama postal. Incluso E.T. tiene su estampilla. Y lo mismo sucede con una variedad de arañas, ositos de peluche, reptiles, plantas carnívoras, y murciélagos.

Ya habrán entendido. Los Estados Unidos emiten treinta o cuarenta estampillas postales al año, y en el total reflejan el espectro completo de la historia cultural y política del país, desde lo sublime hasta lo ridículo.

Bien, entonces, ¿por qué no una estampilla para Isaac Asimov, quien en sí mismo cubre todo desde lo sublime a lo ridículo, todo junto en un notable ser humano?.

“Apenas un escritor de ciencia-ficción”, alguien podría decir.

En parte es verdad. Fue un escrito de ciencia-ficción, cuyas Tres Leyes de la Robótica proporcionaron alimento ingenioso para tramas de historias fantásticas hace sesenta años, pero que también establecieron buena parte de la base conceptual para los robots reales que estarán por todas partes entre nosotros antes de que el presente siglo se haga mucho más viejo. Sus novelas de la Fundación contaron historias de imperios galácticos del futuro lejano, pero también trajeron a la vida la historia real de nuestro mundo en una vívida reconstrucción metafórica. En algunas obras clásicas como “El Pequeño Niño Feo” y “El Hombre del Bicentenario” Isaac introdujo una poderosa nota de compasión y de empatía en algunos gastados temas de la ciencia-ficción como la robótica y el viaje en el tiempo, y les proporcionó una nueva resonancia emocional.

Un escritor de ciencia-ficción, sí. Pero no apenas un escritor de ciencia-ficción. En cientos de libros cuidadosamente construidos y en quizás un millar de obras más cortas, hizo que la ciencia y la historia fueran accesibles a dos generaciones de lectores. Isaac fue el Gran Explicador, tomando todo el conocimiento como su territorio y exponiéndolo en ese estilo maravillosamente lúcido, irresistible, inimitable, que era tan suyo. Entre las multitudes de sus libros encontramos algunos títulos como “La Guía de Asimov a Shakespeare”, “La Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología de Asimov”, “La Guía de Asimov a la Biblia”, “La Guía de Asimov a la Ciencia”, “El Paraíso Perdido Anotado de Asimov”, y más, y más, lo que para cualquier otro escritor podría ser un enorme monumento al descaro pero que en Isaac Asimov es simplemente un registro del campo infinito de su mente asombrosa. En una época en que la educación pública de los EE.UU. estaba produciendo los más lamentables de los resultados, Isaac Asimov funcionó como una universidad privada de un solo hombre, enseñando todo lo que cualquiera necesitaba conocer, a todos los que se ponían al alcance de su obra.

Fue también una personalidad pública invalorable. No me estoy refiriendo al Isaac que se encontraba a menudo en las convenciones de la CF, al payaso irrefrenable siempre rápido en una respuesta rimada improvisada, una canción, un chiste subido de tono. Me refiero al Isaac de los programas de noticias de la televisión, siempre la voz de la razón en momentos de crisis, explicando paciente el último acontecimiento espantoso, colocándolo en su contexto, explayándose en sus implicaciones para nuestra sociedad: un hombre serio, un hombre público, un ciudadano responsable e invaluable que era sencillamente más inteligente que la mayoría de los otros ciudadanos y que estaba deseoso de poner esa inteligencia formidable a nuestro servicio, cada vez que fuera necesitada.

Aún si no tenemos en cuenta todo eso, y lo miramos simplemente como “apenas un escritor de ciencia-ficción”, ¿cuál es la objeción para honrarlo simplemente por eso?. Sus cuentos y sus novelas proporcionaron placer a millones. Ya tenemos una serie de Artes Literarias que ha incluido a escritores tales como Ayn Rand, Ogden Nash, y Zora Neale Hurston. Cada uno de ellos fue importante de una u otra manera, ¿pero puede decirse que los trabajos completos de Asimov representan un logro menor que las inteligentes cancioncillas de Ogden Nash o que las tristes fantasías de acérrimo determinismo económico de Ayn Rand?.

¿O, si es que acaso no hay lugar para él dentro de los honrados por las Artes Literarias, por qué no toda una serie de estampillas para los escritores de ciencia-ficción”. El Servicio Postal se las ha arreglado para honrar a figuras deportivas, estrellas de cine, fotógrafos, compositores de música de películas, coreógrafos, periodistas femeninas, y a un enorme número de otros grupos especializados, incluyendo, de hecho, a las arañas, a los reptiles, a los ositos de peluche, a las plantas carnívoras, y a los murciélagos. ¿No podría acomodar una pequeña serie de estampillas para Isaac Asimov, Robert A. Heinlein, John W. Campbell, Clifford D. Simak, Theodore Sturgeon, y L. Sprague de Camp?. La Gran Bretaña ha podido otorgarle el grado de Caballero a Arthur C. Clarke. ¿No podríamos al menos colocar a algunos de nuestros grandes de la CF en nuestras estampillas?.

Una linda fantasía, ésa. Pero quizás su tiempo no haya llegado todavía. Comencemos simplemente con una estampilla para Isaac. Visite la dirección de Internet que proporcioné al comienzo de este artículo, para más información. O simplemente envía una nota al grupo que realmente decide qué rostros aparecen en nuestras estampillas:

CITIZENS’ STAMP 
ADVISORY COMMITTEE
C/O Stamp Development
475 L’Enfant Plaza, SW
Room 5670
Washington, D.C. 20260-2437 

¡Isaac en una estampilla! (diseñada, quizás, por Kelly Freas). ¡Qué idea deliciosa!. Comencemos a trabajar ahora mismo en ello.

1.- NT: Casilla de Correos.

© IASFM-Dic 2004: Reflections: a postage stamp for Isaac
Autor: Robert Silverberg
Traducción: Heber Rizzo Baladán
Tomado del Grupo Isaac Asimov-Yahoo Groups

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