Abril 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Guerras e invasiones en la Ciencia Ficción

El tema bélico no es extraño a nuestro género. De hecho en varias ocasiones ha ganado el apoyo de la crítica ya sea en contra o a favor de las guerras. Las batallas descritas pueden ser guerras intestinas o guerras contra alienígenas. Buenos ejemplos de ello son los dos extremos del espectro en la ciencia ficción: Tropas del Espacio (1956) de Robert A. Heinlein, ganadora de un Hugo, y La Guerra Interminable (1975) de Joe Haldeman, ganadora de un Hugo también, así como de un Nébula y un Locus.

Ambas obras son la cara y la cruz de este subgénero. En la primera el autor glorifica la vida militar en un mundo en guerra perpetua contra un enemigo alienígena con el cual nunca se llega a un entendimiento llamado "Las Chinches" por los soldados. Donde la ciudadanía solo se puede conseguir tras haber entrado en el ejército, y muestra el adoctrinamiento del soldado Johnny Rico que pasa de ser un chico que quería ingresar al ejército para impresionar a las chicas, a un militar fanático que no piensa sino lo que se le ordena pensar. 

En la segunda se recoge una aproximación más realista de la vida militar mostrándola como algo brutal e innecesario, mostrando a través de los ojos del soldado William Mandella, que tiene que luchar a velocidad sublumínica una guerra absurda de un milenio de duración contra otro enemigo enigmático llamado "Los Taurinos". Lo interesante de la segunda novela es que en cada sesión de descanso de los soldados se ven los cambios radicales que la humanidad ha sufrido tras siglos (homosexualidad mundial, reproducción clónica, etc.). Al final la guerra termina no con la victoria del hombre sino con un mutuo entendimiento entre humanos y taurinos que deja a un lado y para siempre a los soldados comunes. Pero con respecto a la primera novela hay un par de espinosas preguntas que se pueden hacer ¿quienes iniciaron la guerra: ¿las Chinches o los humanos?, y ¿al final estaban luchando una guerra de exterminio o de supervivencia?. 

Como punto intermedio entre ambas se puede citar la heptalogía de Ender, escrita por Orson Scott Card, y formada por El Juego de Ender (1985), La Voz de los Muertos (1986), Ender el Xenocida (1991), Hijos de la Mente (1996), La Sombra de Ender, La Sombra del Hegemon y Marionetas en la Sombra. En ella el joven Ender Wiggin es elegido por el alto mando militar de la Tierra para liderar una guerra contra la raza alienígena misteriosa de ocasión: Los Insectores. Se sabe que los pensamientos de los Insectores son instantáneos por lo que rebasan la velocidad de la luz y les da una ventaja de pensamiento en grupo impresionante pero también una gran vulnerabilidad: si la Reina Insectora muere, la colmena pierde su mente; al final el joven Ender será engañado para que extermine el mundo de los Insectores en beneficio de la humanidad, pero al final encontrará un capullo de Reina con lo cual podrá redimirse buscando un planeta donde insectores y humanos puedan coexistir en armonía. En los tomos posteriores Card toma un tono exageradamente melodramático respecto a los protagonistas más en tendencia a sus raíces mormonas lo que ahoga su originalidad como escritor de ciencia ficción. Al menos antes de su declive como narrador ganó tanto el Hugo como el Nébula por las dos primeras obras, que son de una calidad muy alta. 

Últimamente hay una aproximación más humanista hacia el tema de la invasión dando menos énfasis en la invencibilidad de la Humanidad que solía ser el típico tema de la era del mítico editor de Astounding John W. Campbell. Para citar un precedente, Campbell no quiso aceptar la novela del célebre Isaac Asimov, Guijarro en el Cielo (1950), porque en ella los terrestres eran los malvados con un plan para dominar toda la Galaxia. En sagas como la de los Ocho Mundos de John Varley hemos sido expulsados de la Tierra por Invasores con poderes casi divinos solo porque al parecer podían hacerlo, o en la novela Los Genocidas, del gran crítico de la ciencia ficción moderna Thomas M. Disch, la humanidad es literalmente aniquilada como si fueran una peste molesta sobre el planeta.

También están los relatos de guerras exitosas contra el enemigo extraterrestre como Avispa de Erick Frank Russell, la saga de los Dorsai de Gordon R. Dickson. En la primera se narra como un hombre solo puede ser un factor muy perturbante en la economía de guerra de los Sirianos. En la saga de los Dorsai se narra el establecimiento de una casta militar conformada por humanos genéticamente dotados para la guerra. 

Mención aparte es la saga de la Fundación donde se narra una prolongada guerra sociológica entre la Fundación y los diversos rivales que le saldrán al paso tras la caída del Primer Imperio Galáctico. La misión de la Fundación ha sido establecida por el sabio Hari Seldon: restaurar el Imperio. A lo largo de varias "Crisis Seldon" y usando más maña que fuerza lograrán eventualmente derrotar a las fuerzas del mismo Imperio en decadencia como ha sido predicho por Hari Seldon y su asombrosa ciencia: la psicohistoria.

No hay que olvidar las guerras religiosas que se ejemplifican en la saga de Dune del también célebre Frank Herbert. Su universo, como el de Asimov, es uno poblado solo por humanos pero donde la religión ha tomado proporciones descomunales, causando una antigua guerra entre hombres y máquinas llamada El Jihad Butleriano, que extermino las computadoras, y el destino de la humanidad gira en torno al planeta Arrakis, único lugar del universo donde se encuentra la Especia Melange, que prolonga la vida humana, causa una adicción incontrolable y da diversos poderes a los humanos. En este universo, el joven Paul Atreides, último heredero de la casa Atreides reclutará a los nativos de Arrakis, los Fremen, para un nuevo Jihad o Guerra Santa que lo volverá en amo y señor del universo humano. Posteriormente su hijo Leto Atreides II -elevado a la categoría de dios- reclutará un cuerpo de batalla llamado las Habladoras-Pez que serán leales al tener una comunión religiosa íntima con su dios.

Asimismo están omnipresentes los típicos relatos de las guerras nucleares que destruyen la civilización, tan abundantes en los cincuentas. El peligro atómico nos sigue acompañando como es visible en la película de Peter Hyams 2010: El Año En Que Hicimos Contacto protagonizada por Roy Schneider basada en el libro de Arthur C. Clarke 2010: Odisea Dos (1982), que es a su vez continuación de 2001: Una Odisea Espacial (1968) y que en su tiempo fue hecho película por el finado Stanley Kubrick. En la película, los EE.UU. y Rusia están al borde de la aniquilación nuclear, pero la intervención de una inteligencia divina manifestada en el enigmático Monolito que convierte a Júpiter en un Sol y envía un mensaje de advertencia a los humanos hace que desistan de sus propósitos bélicos.

En la ciencia ficción española no faltan las aventuras bélicas ya sea con la saga más clásica de ese país: La Gran Saga de los Aznar, donde la familia Aznar lidera a la humanidad a bordo del auotplaneta Valera, una nave-mundo generacional en contra de sus múltiples rivales extraterrestres. O bien en la saga de Akasa-Pupsa, ambientada en un lejanísimo futuro donde la humanidad está confinada al cúmulo globular de ese nombre y donde la Utsarpini pelea una guerra de expansión contra el Imperio. Lo original de esta saga es que las distancias entre estrellas son solo de días o meses-luz, de modo que las naves de fusión, los estatocolectores bussard y los veleros solares pueden servir de transporte práctico en vez de tomarse décadas en llegar a sus destinos como ocurriría en la Vía Láctea. 

En televisión también se ha documentado guerras espaciales como en las series Babilonia 5, donde se da una guerra de exterminio entre dos razas de un millón de años de antigüedad: los Vorlon y las Sombras, enfrentados por sus ideologías radicalmente distintas sobre como educar a las especies menores, y donde la humanidad y todas las especies jóvenes se ven atrapadas; o en Star Trek: Deeep Space Nine, donde se narra al larga guerra entre el Domino, la potencia que controla el cuadrante Gamma de la galaxia y la Federación Unida de Planetas, el Imperio Romulano y el Imperio Klingon, que se reparten el cuadrante Alpha y al final se alían para derrotar al Dominio.

En fin si algo se ha aprendido de este tour por la ciencia ficción bélica es que la paz quizá sea la mejor alternativa de todas.

© Daniel Mejía; 26-03-04

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