Abril 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Isaac Asimov, in memoriam

Hay un dicho popular que reza "del árbol caído todo el mundo hace leña". La interpretación más aceptada de este dicho es que, cuando un personaje de cierta importancia en cualquier ámbito pierde esa importancia, y queda en cierta forma indefenso, todos lo atacan.

Bien, algo parecido ocurre con Isaac Asimov ahora que está muerto. Durante décadas, los lectores de ciencia-ficción han disfrutado con la historia de las fundaciones, se han divertido con sus cuentos de robots, y otros incluso han ampliado sus conocimientos gracias a las obras de divulgación científica de Asimov.

¿Y ahora?

Bueno, pues ahora resulta que su prosa era simplona, sus personajes planos, sus novelas crudas, su egocentrismo extremo. Solo falta que digan también que fue un mal marido y un mal padre. Por suerte, murió antes que se le descubrieran perversiones sexuales, aunque es posible que los expertos en "estudios de género" ya estén trabajando en el asunto.

¿Qué pasó realmente con Asimov? ¿Fue un buen escritor de ciencia-ficción, o un escritor "fabricado"? (aunque los casos de escritores fabricados, premiados, entrevistados y fotografiados se dan más en los géneros literarios ajenos a la ciencia-ficción).

Existe un forma muy humana de ver las cosas, y es creer que éstas siempre han sido así. Vemos ciertas cosas y ciertos acontecimientos como inmutables, por que nuestra mente necesita algo para anclarse, necesita algunos paradigmas para crear un yo histórico. El que dichos paradigmas no siempre correspondan con la realidad no impide que se sigan produciendo, lo que a veces da lugar a anacronismos.

Un anacronismo es algo situado fuera del tiempo que le corresponde, sea pasado o futuro. Pero, humanos como somos, solemos pensar en forma anacrónica, y eso se refleja de maneras a veces absurdas.

Por ejemplo, hace un tiempo repusieron en la televisión la telenovela "Los ricos también lloran". Dentro de la trama, la villana finge un embarazo y le echa la culpa al hijo del millonario. Los padres de éste lo obligan a casarse con la villana. Mientras transcurrían estos sucesos, al principio me puse furioso y después me reí. ¿Acaso Luis Alberto no podía hacerse un examen de ADN para averiguar si el hijo era o no suyo? ¿Acaso un padre sería tan bobo de obligar a su hijo de ¡35 años! a casarse con una mujer que no quiere? ¿Qué nadie pensaba con lógica? Además de melodramática, la telenovela era absurda.

Así pensaba, hasta que me di cuenta de que estaba mirando una telenovela de 1970 con ojos del año 2004, cuando ya es común el examen de ADN, el cambio de costumbres, los celulares, la internet, los televisores de pantalla plana... En fin, tuve que reconocer que en el contexto en que se grabaron los episodios de "Los ricos también lloran", tales comportamientos eran lógicos y coherentes con el contexto espacio-temporal.

Con Asimov (y muchos otros escritores de larga data) se comete el mismo error. Leí una vez una crítica a "El fin de la eternidad", novela sobre viajes en el tiempo, por que la computadora que describe Asimov funciona con tarjetas perforadas. También por su trato machista, por lo poco detallado de la ambientación. Pero el crítico no tomó en cuenta que la novela fue escrita en 1955. Es decir, apenas 10 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, siete años antes del viaje a la luna, antes de Elvis Presley, antes de los Beatles... Y estamos hablando de los Estados Unidos de América. Tratemos nomás de imaginar cómo era el Perú en 1955. 

Imaginemos a un lector peruano (o hispanoamericano) de ese año que tuviera la suerte de leer "El fin de la eternidad" (un diplomático, por ejemplo). ¿Le parecería poco colorido el futuro? ¿Le parecería "poco inmoral" la conducta de Noys Lambent, la protagonista femenina? ¡Por favor! Recuerdo que en los ochentas, las primeras ediciones de las revistas pornográficas peruanas eran en blanco y negro, y los editores cubrían con una cinta negra el menor atisbo de vello púbico. Decir "condón" en voz alta era una grosería, y en Semana Santa las ciudades estaban muertas.

Entonces, una vez que quitamos el velo del anacronismo, ¿qué tenemos de Asimov? Pues a un precursor, a alguien que hizo primero lo que otros, obviamente, harían mejor después, pero contando con mejores medios y con un entorno cultural más abierto para experimentaciones con los roles sexuales, el cuestionamiento a la religión, la crítica social... 

No caigamos, tampoco, en el endiosamiento. A mi juicio, las novelas "post-fundación" que escribió Asimov incurren en absurdos que suelen ser bastante risibles, y el intento de hacer encajar toda su obra en el mismo universo fundacional es desmesurado y carente de objeto.

Pero nada quita la influencia de Isaac Asimov en nuestro presente y en nuestro futuro, y precisamente en América Latina donde sus obras se venden a niveles que ningún otro escritor de ciencia ficción (y de otros géneros) ha alcanzado. Tal vez por que en América Latina ya estamos hartos del pesimismo real maravilloso y estemos volviendo los ojos hacia el optimismo científico. Igual puede ser un camino errado, pero al menos, es un nuevo camino. Asimov era un entusiasta de la ciencia, del conocimiento, y ese entusiasmo impregna su obra.

Si tengo que escoger entre el pesimismo y la denuncia social (en realidad, un mero regodeo masturbatorio en la decadencia) que parece ser el callejón sin salida de la literatura actual, o la visión utópica (e ingenua) de Asimov, pues obviamente prefiero a Asimov.

Con todos sus errores.

© Daniel Salvo; 27-03-04.

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