Septiembre 2003

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
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Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Nutrición

Germán sentíase algo lacerado aquella tarde. Había renunciado a su empleo de distribuidor de libros “en aras del amor” tirando al aire su destino, la monde habiale indicado que fuera a Lima, aceptando el ofrecimiento de su “novia” del momento. ¿El rubro? La exportación autorizada, hacia el Japón, de seres humanos peruanos de raigambre japonesa. ¿Y para qué? Para cubrir en parte la aguda demanda de mano de obra en el país del sol naciente. Supertecnificado éste, sus autóctonos hacían muecas al trabajo muscular, manual y repetitivo, y es así como se requerían obreros, barrenderos, cargadores de bultos, para manipuleo de máquinas industriales, etc.

Así que se trataba de animar primero y reclutar después, habíale dicho Sonia, su última conquista, a aquellos peruanos mezclados con japonés (Aurobindo Furutani Quispe, por ejemplo, o Jacinta Sakamoto Cabezas) que desearan ganar dinero lejos de su pauperizada patria.

Y él había aceptado, como quien juega a los dados, con la misma ligereza con que baten las alas las golondrinas, pues ello formaba parte de su misma filosofía vital: “Total no tengo a nadie ni nadie a mi me tiene; además Sonia es una mujer que vale la pena: ¡se mueve y gime de una manera cuando ama!... aunque el frío de la horrible y húmeda Lima... Uff!

Y de repente se acordó del “Viejo”, reparando en cuán descuidado lo tenía. Precisamente había comprado un libro como para llevárselo, digno de él. Pero , ¿lo encontraría en su casa? Maldita la gana que tenía, sino, de buscarlo en la pocilga maloliente que él llamaba “su pensión”, donde el oscuro piso de tierra y los “mulos” de barro con olor a chicha agria se mezclaban con el humo de fogón de leña y el respirar de ratas y cucarachas. “¡Qué odiosas son las malditas barriadas, por mi santa madre!”. Y cogiendo del estante el grueso libro elegido, salió a probar suerte.

El Viejo estaba en casa, sentado en su cama, cortándose los callos. Su cuerpo largo y encorvado encogíase sobre el pie derecho, y por la puerta entreabierta, a la luz de un claro rayo de sol, Germán divisó su estrecho rostro cetrino, concentrado y astuto.

-¡Vaya! – dijo, incorporándose al verlo- por algo han estado revoloteando hoy por aquí las mariposas amarillas .

El brillo de su mirada delató por un instante su regocijo. Calzándose rápidamente un par de viejos zapatos adelantóse, y al darle la mano, apretó también con fuerza el brazo del joven, conduciéndolo con suavidad hacia la mesa de arrugado mantel.

- Siéntate, siéntate... justamente acababa ya de refilar mis juanetes. Y llegas a tiempo para comer manzanas ácidas, que uso para mi estreñimiento. ¿Cómo has estado?
- Ni bien ni mal, sólo un poco perplejo, así que lancé la moneda al aire, como usted me recomendó hace ya tiempo. La respuesta fue “sí”.
- Pues sea lo que fuere, debes estar seguro de que tu decisión es la mejor. No dependemos, fatalmente, de nosotros mismos, y esa humillante condición es sólo un factor de la Gran Humillación – en este punto el Viejo, que había estado anudándose los zapatos, sentóse de perfil en la cabecera de su mesa, cruzó la pierna y se dispuso a comer una marchita manzana, limpiándola con la mano – pero, ¿de qué se trata?
- De que mi novia del momento me lleva a convertirme en parte del equipo coordinador de la campaña gubernamental para el viaje laboral de peruano-nipones al Japón.
- ¡Ajá! No deja de ser una política inteligente, y hasta positiva. Cuando regresen a la patria, esos jóvenes hoy emigrantes traerán los hábitos de laboriosidad y férrea disciplina que han llevado tan lejos al país de los samuráis. Pero lo que jamás podremos alcanzar es su espíritu de familia.
- En otra ocasión me va usted a hablar de esa manía de ahorro y economía que mueve hasta al más pequeño de los japoneses. Pero ahora quisiera que me explique aquello de la “gran humillación”, porque me intriga- Germán era un lector voraz y, aunque cínico y escéptico, gustaba mucho de la profundidad en el pensamiento y del duelo verbal -.
- Significa que el hombre, diminuto ente de un vasto universo, es utilizado de una manera tan segura como que tú viajaras a Lima. En realidad, y supongo que te cansaste de las bicocas que ganabas como distribuidor de libros, la mujer que apareció ahora en tu vida, y aún esta conversación, son solamente pequeños actos del drama de tu pequeña vida... sólo que el guión no lo escribimos nosotros, ni tú ni yo, ni tu enamorada. ¿Y no es acaso humillante equivaler a un títere sin cabeza, a una bamboleante marioneta?

Germán se frotó la mejilla, como hacía cuando estaba desconcertado. Preguntó:

- ¿Está usted hablando del determinismo, a raíz de mi viaje y de mi cambio de vida?

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Carlos Bancayán
Nació en 1943, en Chiclayo, y cultiva la poesía y la narrativa. Expositor y articulista.
Trabajó en la Municipalidad de Chiclayo, en el área de
cultura. Da clases de oratoria, ciencias matemáticas,
física y química.
Integra la Asociación de Escritores Lambayecanos ADEL, e integró el Consejo del INC - Departamental
Lambayeque (1997).

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