Septiembre 2003

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Oro de Pachacamac

Pachacamac, dios no conocido, que ellos
adoraban mentalmente.
Garcilaso Inca de la Vega
Comentarios Reales de los Incas

. . . que nos tembló la tierra de recio temblor y los
 indios que llevábamos, que muchos de ellos se iban tras
nosotros a vernos, huyeron aquella noche, de miedo,
diciendo que Pachacamac se enojaba porque íbamos allá
y todos habíamos de ser destruidos.
Miguel de Estete
Noticia del Perú

No me hubiera llamado la atención el episodio del movimiento de tierra ocurrido cuando la expedición de Hernando Pizarro entró el domingo 2 de enero de 1533 a Pachacamac, de no haber sido porque, revisando infolios en el Archivo Nacional de Lima, tropecé con un notable documento. Era uno de esos farragosos expedientes muy comunes a finales del siglo XVI, en el que un indio vecino de Los Reyes, para evidenciar la nobleza de su sangre y el rango de sus antepasados, recogía una singular referencia a ese oráculo que, al decir de los primeros cronistas, fue la Meca de esta parte de! continente.

El expediente era una petición hecha en 1578 por Catalino Aucca Apolaya, ante el Tribunal de Tierras, para que se le concediera una chacra en las inmediaciones de la ciudad. Como era de rigor, aducía la injusticia cometida por los conquistadores con su familia, al entregársele una minúscula propiedad en la parroquia de San Marcelo, que guardaba total desproporción con la extensión y riqueza de las tierras de las que habían sido despojados en Lurín. Con apretada e insegura caligrafía hacía una confusa referencia a unos encomenderos beneficiados por los repartos de sus chacras de Pachacamac, valle que, según Cieza de León, era en esa época "deleitoso y fructífero".

El origen de su desgracia lo remontaba al día mismo de la ocupación de la vieja ciudad sagrada. No dejaba de ser fuerte y hermosa la descripción del drama que cuarenta años antes había cambiado el curso de su vida. Tenía ese impagable valor documental de quien ha sido testigo presencial, a lo que se agregaba las especiales resonancias brotadas de su alma indígena. No es posible que transcriba literalmente el documento, por lo que lo trasladaré modernizado en breves líneas. Así mismo, adelantaré algunas consideraciones que ya tengo investigadas y cuidaré de copiar textualmente algunos fragmentos que sean imprescindibles. Me permito entonces desarrollar este breve pero apasionante compendio.

Apolaya iniciaba su relato afirmando, en su menuda y complicada caligrafía, que era casi un niño cuando aparecieron por el norte -como un vertiginoso vendaval- los hombres que venían de vencer a Atahualpa. Recordaba que era poco más del medio día y hacía un sol espléndido. Los caringas, mancháis, quilcaicunas, pachacamacs, mitimaes y peregrinos de todo el Imperio aguardaban con temerosa expectación. Apolaya anotaba que, en verdad, no debió sobrecogerles esa aparición, pues ya se hablaba en toda la tierra de los viracochas, de sus enormes animales y de sus bocas de fuego. Añadía: "... más angustia y desolación debían sufrir quienes conocían las antiguas profecías del oráculo del emperador Huayna Cápac, cuando tuvo su sueño atroz de los círculos de humo y de fuego. Ellos sabían que esos veinte hombres de a caballo y sus diez arcabuceros eran el rayo que acabaría con el Reino".

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Santuario: Pachacamac
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Luis Enrique Tord
Nació en Lima en 1942.

Doctor en Antropología, realizó cursos de perfeccionamiento en el Instituto de Países en Vías de Desarrollo (Lovaina).

Es miembro de la Sociedad Geográfica de Lima, de la Sociedad Bolivariana del Perú, de la Sociedad Peruana de Historia y de la Biblioteca Peruana de Cultura de la Fundación Augusto N. Wiese.

Tiene una abundante producción científica y cultural vinculada primordialmente al área de su formación profesional, reconocida con el Premio Nacional de Cultura "Antonio Miró Quesada" en 1971. "El Indio en los Ensayistas Peruanos: 1848-1948" le mereció el premio a la Investigación de la Historia Peruana "Luis A. Eguiguren", en 1978.

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