Octubre 2003

Volver

Editorial

Caminante estelar

Artículos

Energía, tecnología e historia
Luís Bolaños.

Mi experiencia como cibernauta de C-F
Daniel Mejía.

Jack Vance, la aventura perpetua
Isaac Robles.

Relatos peruanos

2984
Enrique Prochazka.

Las formas
Carlos Bancayán.

Relatos extranjeros
Disfraz
Sergio Gaut vel Hartman.
Velero 25
Jack Vance.
Reseñas

Jinetes de la antorcha
Daniel Salvo.

Los fines del mundo
Daniel Salvo.

La rebelión de los pupilos
Daniel Mejía

Tigre, Tigre
Isaac Robles.

Cine & Comic

 La liga extraordinaria
Víctor Pretell.

Arte C-F

Frank R. Paul
Víctor Pretell.

BitImagen

La bella y la bestia metálica
Luís Bolaños.

Ediciones Pasadas
2004
2003
Enlaces

Axxon online

StardustCF

Velero 25

Ciencia Ficción Perú

Tiempo futuro


caronte.quintadimension.com



Buscar en Caronte, el buscador de Ciencia Ficción, terror y Fantasía.
¿Te gusto nuestra pagina?, entonces:
¡Díselo a un amigo!
Tu nombre:

Tu e-mail:

e-mail del amigo:

Tu mensaje:

Quiero copia: 


Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Disfraz

El muchacho se acomodó la mochila y se dispuso a remontar la marea humana que cubría todo el volumen del coche. Pero no logró dar ni siquiera cinco pasos.
-Va a ser difícil. Él lo tiene bien ensayado.
-Creo que mejor será que lo interceptemos en la octava estación, afuera del tren. 
-Mejor. Cuente conmigo. -Por lo visto Julián había decidido confiar en el instinto de su reclutador. ¿Qué lo habría seducido de la propuesta? ¿Había detectado algo interesante o era uno de esos comedidos que se prende en todas? Esteban se sintió invadido por una serie de emociones turbulentas. Considerando que el mendigo debía hallarse a cinco vagones de distancia, contaban con el plazo justo para pensar una estrategia. Dos estaciones. Una y media, en realidad.
Por eso los descolocó ver al mendigo de regreso, avanzando dificultosamente, fuera de tiempo y distancia, recitando su cantinela monótona.
-A mí no me manda nadie; yo pido para mí. Para mí, pido. Tuve un accidente; necesito que me ayuden. Una moneda, por favor.
-Hablaba de éste, ¿no? -dijo Julián.
-Hablaba de éste -concedió Esteban-. Pero algo no encaja. No debería estar de vuelta. Registré una forma de actuar, invariable, o eso creí; esto no obedece al patrón.
-Está volviendo antes de la octava estación. ¿Se habrá dado cuenta? Usted dijo que recorría el tren en una dirección y en la octava cambiaba a otro.
-Era una hipótesis. Parece que ha sido refutada.

El mendigo estaba muy cerca, arrastrando la pierna, el brazo colgando, fláccido, el mismo discurso, con su desliz en "accidente".
-Si no hay rutina, no hay misterio -dijo el muchacho-. Sólo un pobre lisiado que trata de ganar unas monedas.
-¡Un momento! El brazo.
-¿Qué tiene?
-Es el otro. 
Inesperadamente, una mujer de tez oscura, largas pestañas y expresión cansada pareció interesada en la conversación, y sin que nadie le diera pie, decidió intervenir.
-Yo lo noté -dijo-. Cuando pasó a la ida el brazo y la pierna estropeadas eran las del lado izquierdo, y ahora arrastra el derecho.
-¡Exacto! -Sin profundizar demasiado, Esteban había sacado un par de conclusiones preliminares: los mendigos eran dos, idénticos o casi y recorrían el tren en sentido inverso; el mendigo era uno solo, pero el patrón no era un coche por estación, sino que se adecuaba a las decisiones de un operador que lo manejaba por control remoto. Eso explicaba el cambio del brazo y la pierna tullidos. ¿Disparatado? No tenía, de momento, nada mejor. Julián y la mujer parecían haber sintonizado e intercambiaban opiniones, especulando sobre el fenómeno del mendigo.
-Yo me atrevo a ir más lejos -estaba diciendo ella-. Creo que no es un ser humano.
-¿Pensó eso, en serio? -dijo Esteban-. ¡No me diga!
-Es muy loco, ¿no?
-Para nada; yo percibí o creí percibir algo similar.
-Silencio -dijo Julián-. Ahí viene. Encarémoslo. ¿Qué podría pasar?
-Eso. Saquémoslo de la rutina. -Sin vacilar, Esteban sacó un billete, no monedas, del bolsillo interior del saco y lo puso delante de la nariz del mendigo. Éste levantó la mano izquierda para recoger del dinero, a la vez que recitaba el agradecimiento de rigor.
-Que Dios lo bendiga... -Pero le billete había desaparecido, escamoteado por un simple movimiento de la muñeca. No hubo desconcierto en la expresión del mendigo, aunque sí un extraño y agudo silbido, como si una válvula hubiera liberado aire a presión.
-Una respuesta y el dinero es suyo.
-¿Qué le hace? -dijo una mujer mayor, de cabello cano-. No sea desalmado. Entregue el dinero y déjelo en paz. No lo provoque. ¡Es un pobre lisiado!
-A mí no me manda nadie; yo pido para mí -dijo el mendigo.
-¡Miente! Es una máquina de pedir.
- Para mí, pido. Tuve un accidente.
-¡Nunca vi algo así! -volvió a protestar la mujer mayor, furiosa-. ¡No lo haga sufrir! Hay que ser una buena porquería para...
-Pide para una entidad ajena a nosotros, por motivos que no conocemos. ¡No es un ser humano!
-¿Qué dice? ¿De qué habla? -Un hombre vestido con el uniforme verde y amarillo de una empresa recolectora de residuos avanzó sobre Esteban con el propósito de golpearlo. Sin proponérselo, la multitud impidió que lo alcanzara. Así y todo, algunas personas empezaron a tomar partido por el lisiado, quien, para cualquiera que observara la escena, era la víctima de un sádico, de un demente o algo peor. Hasta la mujer de pestañas largas y Julián empezaron a mirarlo con desconfianza, preguntándose si no habían quedado del lado de los malos de la película. ¿Estaría trastornado de antes o el proceso se había iniciado en ese mismo momento?

<<Anterior

Siguiente>>

a la pagina principal
Sergio Gaut vel Hartman
Nació en 1947, en argentina. Publica relatos de CF desde 1970 en revistas (ND, El péndulo, etc.) y fanzines. También es fundador del Circulo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía (CACFyF).
Tiene relatos como "Guía practica (abreviada) para entrar en contacto con culturas pretecnologicas" en ND 137; "Lapso de reflexión" en El Péndulo 6, "Los trepadores" en la antología Latinoamérica Fantástica. 
Nueva Dimensión 137
Latinoamérica fantástica
El péndulo 6

La mejor novela de
C-F según los resultados de nuestra encuesta.

Optimizado para 800x600